Lavarse las manos

Ha estado en las ‘Charlas de El Mundo” (en Huelva, dentro de poco estará a Sevilla) el doctor Badiola, experto máximo en zozobras epidemiológicas desde que lo conocimos al negro resplandor de la conmoción provocada por las epizootia de las “vacas locas”. Ha venido a hablar de la gripe aviar, ese azote que puso la piel de gallina al mundo civilizado (el otro, que es el más amenazado, como es natural, ni se enteró: como es natural) pero que desde hace algún tiempo suena con máxima sordina en los medios occidentales, fuertemente presionados, quien lo duda, por la mano invisible del poder. Badiola explica que la amenaza de la pandemia sigue ahí –“la tenemos a las puertas”, dice, pensando en que ya está en Francia–, rondando las asequibles murallas de esta ciudad alegre y confiada, que espanta sus pesadillas imaginando que estos sustos colectivos no son más que el negocio de la prensa. No lo son, sin embargo. Antier mismo se ha sabido que nuevos casos de contagio humano han sido detectados en China, en la región de Sichuán, y lo que resulta infinitamente más temeroso: ¡en Costa de Marfil! También estos días el ministro de Salud francés, Xavier Bertrand, anda promoviendo una campaña de higiene y prevención especialmente dirigida a los médicos, mientras que las grandes agencias sanitarias de los EEUU y Canadá disponen medidas preventivas a gran escala, por lo que pueda ocurrir, entre las que destaca el almacenaje masivo de máscaras y antivirales, y un consejo que Badiola certificó también por su cuenta: el lavado de manos. En Huelva, una guarda de Doñana se levantó en el coloquio para saber a qué atenerse y Badiola dijo conciliador que estaba seguro de que la Administración habría tomado las medidas imprescindibles para preservar a esa población más próxima, pero la guarda dijo que ni hablar, que ni guantes les habían dado. Mala cosa cuando lo que los expertos recomiendan es lavarse las manos como Pilatos. Hay que ser moderadamente optimistas, me pareció entender que es el mensaje del experto. Yo le daría un cierto giro a la consigna: seamos razonablemente pesimistas.

xxxxx

En resumen, lo que los sabios concluyen es que el virus famoso lo trasmiten las palmípedas precisamente por ser ellas relativamente resistentes a su acción, que hay que confiar en que no mute hasta darse traza a saltar al humano por vía aérea (hasta ahora parece que los contagios responden al contacto directo), y que si lo lograra no tenemos ni idea de cuáles serían las proporciones verdaderas de su estrago. La UE, mientras tanto, se entretiene en debates en que los grandes tratan de regatear subvenciones a los chicos, y desde luego nadie en ella (ni siquiera las potencias postcoloniales) parecen ocuparse de la catástrofe que le puede caer encima a las naciones míseras de África. Yo hace tiempo que dejé de coleccionar materiales sobre esta crisis y lo peor es que lo más claro que he escuchado entre las prevenciones sugeridas es lo de las ventajas de la higiene, lo del lavatorio de manos. Pero no se me cae de la cabeza la guarda de Doñana que la otra tarde dialogaba amedrentada con Badiola, su estupefaciente testimonio de que el control administrativo es no poco precario, la denuncia de un veterinario presente de que Medio Ambiente carece de albéitares en sus nóminas, la imagen de esos guardas sin guantes recogiendo entre los lucios las malvasías agonizantes o los cadáveres de ánsares. China se ha negado, por si algo faltaba, a colaborar con Occidente, y sólo a duras penas y tras presiones tremendas ha facilitado algunas muestras para el laboratorio. Nadie conoce al alcance real de la amenaza y los Gobiernos callan como muertos. Pero ni se crean eso de que la temida peste es un invento comercial de la prensa. Ahí tienen el último rebrote chino y el nuevo africano. A ver que nos dice Badiola sobre esto en Sevilla. Mientras, ya saben: lávense las manos.

El estilo es el hombre

Se me ha venido a la cabeza el viejo apotegma de Buffón –“El estilo es el hombre”—leyendo –por incitación de Arcadi Espada que entrecomillaba ayer aquí un párrafo con las del beri—el texto e nuevo Estatuto recién perpetrado entre PSOE e IU: “Andalucía ha ‘compilado’ un rico acervo cultural por la ‘confluencia de una multiplicidad de pueblos y civilizaciones’, dando ‘sobrado’ ejemplo de mestizaje ‘humano’ (pfff, no se rían)… una unidad de fondo que “acrisola’ una pluralidad histórica…” y así sucesivamente.¡ Qué sintaxis, qué semántica y qué prosodia; Dios bendito! Si esto es todo lo que han sido capaces de escribir con cuatro años por delante estas minervas es para darles el billete de vuelta y sentarlos en la escuela. Sin entrar en el fondo, por supuesto, olvidando tautologías, saltando sobre obviedades y pamplinas expletivas. Julio Anguita ha entrevisto a Frankenstein en la futura Constitución. Aquí estamos viendo ya de cerca al hermano tonto del monstruo.

Almonte en directo

Mal cariz toma lo de Almonte, incluso tras tomar nota los barandas locales del relativo desmarque de la “Provincial” (seguramente sugerido desde la “Regional”) ante el caso de la casa, ya saben, el refugio ilegal del concuñado que, al parecer, utilizaba el propio monterilla. Que le han quemado la casa a un denunciador está claro como el agua, que hayan saboteado temerariamente el coche de otro es algo que la autoridad debe esclarecer sin demora, que el hotel del marbellí Roca sigue abierto sin papeles es una evidencia, que a partir del “permutazo” a favor del amigo de Bella, Almonte se ha demediado, otra. Ese pueblo partido en dos y pendiente de la tele local, con concejales adictos acribillando a los críticos, ese programa chaveziano dedicado al alcalde –“Una hora con Paco”–, ese cruce de amenazas de querellas y demandas más próximo de “Salsa rosa” que de una política decente, están haciendo del pueblo onubense una maqueta a escala de la Marbella más tópica. Bella debe poner orden en su pueblo, corregir lo imprescindible y pacificar los ánimos. Al fin y a al cabo él es quien ha permitido esta escalada pro acción u omisión.

Como si tal cosa

Dicen que las encuestas en Italia arrojan una mayoría abrumadora de convencidos de las relaciones mafiosas del anciano Androetti, sobre su implicación en el triste caso del asesinato de Aldo Moro, sobre el significado elocuente del beso ritual en la mejilla del ‘capo’ Totó Riína, y sin embargo, ahí lo tienen, poniendo boca abajo el Senado de la nación a sus ochenta y siete años y tras escapar por los pelos de varios procesos sicilianos, verificando con su resurrección política la evidencia de su propio aforismo: “El poder desgasta sólo a quien no lo posee”. Uno de los fracasos más elocuentes de la traicomedia democrática es la vuelta al poder de los delincuentes, convictos o presuntos. Volvió Papandreu tras llevarse el manso del Banco de Creta (20 millones de dólares, según decían entonces los yanquis y quienes no eran los yanquis) y hasta ganó por goleada unas elecciones. Lo intentó Carlos Andrés Pérez, el amigo de González y patrón de la Internacional, tras ser expulsado del poder por malversador. A punto está de retornar también Alan García, que en el 92 se libró por tablas saliendo de naja para Colombia tras ser pillado metido hasta las trancas en la ciénaga. Y en el poder sigue Chirac, como Berlusconi, uno y otro acogidos a sagrado bajo la púrpura, y ambos expuestos a que les caiga encima el responso en cuanto bajen del presbiterio, lo mismo que el ex-premier Juppé, todavía atrapados en la cadena que el ‘Canard enchaîné’ les echó encima, total por la rebajita que le hicieron en el apartamento parisino al hijo de papá, hace ya unos quince años. Con las maletas hechas pero con guardia de vista aguarda en Chile Fujimori, “el Chino”, después de su forzado exilio en Japón, y tras haberse llevado hasta las llaves de la caja y patronear la tiranía durante años. Da la sensación de que los crímenes de los mandatarios rompieran la tela de araña que es la memoria pública y que una rara prescripción amparara a esos altos delincuentes tan pronto reconciliados con el mismo personal que se desgañita exigiendo mano de hierro con la delincuencia menuda. Ése es uno de los fracasos morales más inexplicables de los sistemas libres. Pero el espectáculo empieza a ser inquietante incluso para quienes se inclinan ante esa impunidad. Antier mismo reclamaba Ibarra al fiscal del Estado que gaste con Vera la misma blandura que con los proetarras. Ya ven que aquí se ha vuelto normal hasta defender a un secuestrador que cumple pena por robar fondos públicos.

xxxxx

Una intolerable lenidad distorsiona el criterio público ante el crimen del poderoso. Se le perdona con facilidad al saqueador del Estado lo que de modo feroz se reclama que sea castigado en el delincuente peatonal. La gente no ignora quién es Andreotti o cuánto arrambló Alan García pero está tan dispuesta a echar pelillos a la mar y devolverles la tiara como a exigir que se sancione al pringao que mete la mano en el cepillo o se deja encandilar por una mordida de poca monta. ¿No cuestiona este hecho la legitimidad democrática, incluso su razón, hasta hacer que cruja en su entraña algo irreparable? Admitir que desde Perón a Arafat , desde Mobutu a Sukarno y desde Filesa a Banca Catalana, los mismos que libremente elegimos para que gestionen nuestra legalidad son delincuentes magníficos, constituye una suerte de perversión que los manuales no contemplan y los pueblos, reconvertidos en electorados por la ética subliminal de las propagandas, no consideran –a la vista está– causa bastante para su rechazo. Vuelven una y otra vez, hayan hecho lo que fuere, hayan defraudado, mentido incluso matado: todo indica que la cosa no tiene remedio. Toda Atenas sabía, muy probablemente, que Pericles no era precisamente un bendito y, sin embargo, ya ven qué buen nombre le ha quedado. Los Pérez, los García, los Fujimori, los Papandreu, tantos otros merecerían que esta Atenas complaciente se volviera de pronto una Esparta cabal. Puro cauterio: la democracia, tal como va, o arde o se pudre.

Dos Andalucías

Desde ayer media Andalucía aparece detrás del nuevo Estatuto autonómico y otra media delante. Se han dado traza y modo a forzar la exclusión de esa mitad cerrando pactos bajo la mesa y haciendo de una verbena una feria que ya veremos cómo acaba. Chaves ha conseguido lo que quería: cubrir a su partido, que ZP no se quedara sólo ante la ignominia constitucional perpetrada en Cataluña y, de paso, más poder para el soviet regional, control de la Justicia que ha de ser independiente y otras regalías. La “bisagra” de IU también: más escaños para que resulte más fácil acceder a la nómina del Parlamento y vayan ustedes a saber si algún otro regalito. Lo que nadie dice con claridad es qué ventajas tendrán los andaluces porque la ley nos conceptúe como “realidad nacional” (lo de “nación”, como en Cataluña, no se han atrevido), Chaves controle mejor o peor los pleitos del TSJA o su poder administrativo tenga más margen, o porque Diego Valderas pueda, al fin, volver al Parlamento colándose por el agujero agrandado en la urna. Se acaba de consumar el mayor camelo de la autonomía a costa de partirnos por gala en dos. Dos Andalucías: PSOE e IU han conseguido lo que no lograron los enemigos del autogobierno.

La patata caliente

“Si la casa del alcalde de Almonte es ilegal la Justicia debe intervenir” (copyright: Mario Jiménez, “el autodidacta”). Ya ven qué forma de pasar la patata caliente, qué descaro al echarle a los jueces una tarea –aclarar qué está pasando en el urbanismo almonteño y no sólo en esa casa tan particular del cuñado del alcalde—que obviamente corresponde antes que a nadie al Ayuntamiento, al gobierno municipal que ejerce el PSOE almonteño, al alcalde Paco Bella, más afectado que nadie por andar por medio su amigo y su cuñado. A estos políticos sobrevenidos, sin otra base que la adquirida en los pasillos partidistas, les parece un hallazgo que la Justicia intervenga en caso de ilegalidad y ni se paran a considerar la responsabilidad política que concierne a los partidos en que, presunta o demostradamente, se producen. En Almonte, se pongan como quieran ponerse, han ocurrido cosas que reclaman una explicación política si el partido que gobierna no quiere aparecer como corrupto. Echarle la patata caliente a los jueces es un truco tan viejo como inocentón.