Calendario trásfuga

 

La salida del secretario de Política Municipal del PSOE, Álvaro Cuesta, a propósito del caso de transfuguismo de Gibraleón supera toda previsión razonable: lo ocurrido en el Ayuntamiento de ese pueblo con el transfugazo masivo de todo el grupo municipal del PSOE, “es anterior al Pacto Antitransfugismo” cerrado en el Congreso, bajo la presidencia del ministro de Administraciones Públicas, hace poco. Cuesta debe de tomar por tonto al personal y suponer que va a colar esa bola de que el enésimo pacto antitránsfugas del otro día es el único vigente, como si no supiéramos que hay varias docenas vigentes por ahí, pactos que casi nadie ha cumplido nunca y que todos han vulnerado, es cierto, pero que está ahí desde le principio de los tiempos. El PSOE puede “arrecoger” a esos tránsfugas si lo cree conveniente pero está claro que no sabe no por dónde empezar para vender la burra.

Fábrica de millones

 

Con los años y la experiencia he acabado descubriendo una ley que se le escapó a los clásicos: que una sociedad abierta con un gobierno socialdemócrata parece ser el ámbito ideal para que hacer realidad el sueño de la opulencia. No soy lector asiduo de la revista ‘Forbes’ y, por tanto, tampoco es que esté muy al día de cómo evoluciona por esos mundos de Dios y del diablo la industria milloneti, pero unos datos avalados por el Banco de Santader me ponen por delante una estadística difícilmente imaginable, según la cual solamente el “negocio del ladrillo”, como se ha dado en decir, crea anualmente de la nada una cifra redonda de magnates: 44.000 millonarios. Hablamos de millonarios millonarios, esto es, de afortunados que poseen millones contantes y sonantes el banco una vez descontado de su patrimonio total la vivienda habitual, los bienes consumibles o suntuarios (incluyendo el coche fantástico, yate y el avión) e incluso esos que de manera tan cursi se denominan bienes ‘intangibles’, pues qué se yo, el Miró que el señor Roca tenía en su cuarto de baño marbellí, pongo por caso. La verdad, no sé ni bien ni mla cómo se las averiguará un responsable sociata para explicar este milagro de los panes y los peces financieros, pues si echan mano de la calculadora verán que 40.000 millonarios al año suponen algo así como 916 mensuales y nada menos que 30 diarios. Y volvemos a lo de siempre: si es verdad –y no es posible seguir manteniendo al ambigüedad en torno a ese hallazgo—que en España la pobreza convencional o severa es la que es (en Andalucía, un ciudadano de cada cinco es pobre, aunque la Junta no admite más que 70.000…, ‘severos’, eso sí), si lo es que una mayoría proverbial, de familias llegan a duras penas a fin de mes y que las hipotecas resultan cada día más cuesta arriba, mientras ese ejército de potentados surge entre nosotros, es que una contradicción colosal rige el mecanismo de nuestros modelos políticos. ¡Treinta millonarios al día como quien no quiere la cosa, sólo en la ladrillería rampante! Quién sabe si este éxito fulmíneo del capitalismo especulativo acabará socavando la ilusión neoliberal como jamás pudieron hacerlo las utopías y revoluciones más agresivas.

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Hay más datos llamativos en ese fotomatón de las fortunas hispanas, entre ellos uno que, a mi modesto entender, resulta espectacular: que la mitad de todos los ricos de esta “nación de naciones” la constituye un club de 2.750 afortunados, la mitad más o menos de los cuales poseen fortunas que permiten calificarlos de ‘ultramillonarios’ según el criterio que marca esa raya roja en los veinticuatro millones de euros. Los estudiosos que han llevado a cabo la investigación de marras no se han parado en barras para calificar a este sector emergente como “la nueva clase”, es decir con el viejo concepto de Milovan Djilas que tanto dio que hablar por referencia a la ‘nomenklatura’ soviética. La avalancha costera, el cenit de la especulación, los mismos escándalos urbanísticos que traen de cabeza (pero menos) a los graves partidos políticos que padecemos, la proliferación de embarcaciones de recreo que abarrota nuestros pantalanes, los cada día más frecuentes aviones privados y, por qué no, hasta el ‘boom’ comercial del coleccionismo artístico, dan testimonio de esta realidad con la que evidentemente no puede la ética democrática no todos los buenos propósitos del mundo. Por lo demás, se pregunta uno que ocurriría si a esos ricos del ladrillo le añadiéramos los que surgen de continuo de otras tantas actividades en alza, incluso renunciando a contabilizar las rentas declaradamente mafiosas y los negocios delictivos que, como todo el mundo sabe, han llegado a ser el pan nuestro de cada día. Igual llegamos al “reino feliz de los tiempos finales” no marcando el paso tras una encendida marsellesa sino largando mordidas y reventando pagarés. Va a resultar que Marx un pringao, aunque le haya acabado dándole de comer a tanta gente.

Algo más que palabras

 

El presidente Chaves, tan celoso, como es su derecho y su deber, de su buen nombre y fama política, no puede salir dl actual embrollo de las adjudicaciones de obras públicas entre sus hermanos con un simple topiquillo sobre la honestidad de los suyos y esa pamplina de que caer cerca del Poder perjudica en la vida a los ciudadanos. Al contrario, le venga bien o mal, no tiene más remedio que pechar con los hechos, reconocer que carece de sentido el montaje (todo lo legal que él quiera, pero impresentable) de sus hermanos y adoptar alguna decisión que, sin duda no le saldría políticamente gratis, pero que resulta imprescindible. El cese de ese hermano munífico, para empezar, la luz sobre los negocios del hermano industrial y sus socios, incluso la garantía de que el Presidente no conocía semejante negocio y, desde luego, el reconocimiento de que no es normal. Por supuesto que no hará nada de todo eso, allá él, pero esta vez no se trata de insinuaciones y sugerencias de vidrio sino de hechos como planetas. Si el Parlamento no le pide esas necesarias palabras, es que está definitivamente muerto.

La cubierta voladora

 

Las cubiertas de complejos deportivos llevan camino de convertirse en un peligro político de primer nivel. En Sevilla, una que era propiedad del Ayuntamiento y que había costado un riñón. Desapareció sin dejar rastro (¿) y si te vi no me acuerdo. En Huelva, una empresa que da la casualidad que participa un hermano de Chaves instaló, con subvención de la dirección de la Junta que ostenta otro de los hermanos, una muy sofisticada en el Pabellón Deportivo que se vino abajo al poco tiempo, lo cual no ha sido obstáculo para que la consejería de Turismo (es decir, el mismo hermano/director) se la vuelva a adjudicar, en esta ocasión de manera directa. Son muy peligrosas las cubiertas, pero ya se ve que según y cómo, y que depende de quien que quien las instale tenga el arnés bien sujeto.

Modelos de familia

 

La llamada del papa Ratzinger en su última homilía sobre la familia a favor de la presencia en la vida de los abuelos –ese “tesoro” impagable de la memoria familiar—ha despertado especiales simpatías entre ciertos sectores sociales y, como es natural, alguna inquietud e incluso disgusto en otros. Los abuelos son un “tesoro”, ha dicho el pontífice –que sabe más por viejo que por diablo–, que puede enriquecer mucho la convivencia y esa misma afirmación supone, no cabe duda, un paso decidido hacia la recuperación de la olvidada “familia extensa” que va despareciendo del mapa a medida que el neolítico desarrolla sus posibilidades civilizatorias cifradas más bien en la “familia nuclear”. Los modelos familiares no son adoptados caprichosamente por las sociedades sino que son el resultado adaptativo de la vida a las circunstancias socioeconómicas y no el producto de una caprichosa elección, de modo que si en la protosocociedad (“comunidad” todavía, en el sentido de Tönnies) la convivencia aglutinadora garantizaba una mayor rentabilidad del trabajo colectivo, en las fórmulas que siguieron se apostó ya por la eficacia del esquema celular puro, esto es, la familia nuclear constituida por padres e hijos en exclusiva, de la que es modelo mítico reconocido la ‘Sagrada Familia’ neotestamentaria que Engels revisó a fondo, en sus implicaciones de largo alcance social, sobre las huellas de una antropología como la de Morgan que, a mi juicio de lego, la verdad es que apuntaba en otras direcciones. Pero ¿cómo integrar hoy a los abuelos (a los pobres, porque a los ricos no hay que explicar cómo) si su exclusión de la convivencia nuclear ha sido impuesta por la limitación del territorio vital, es decir, por la drásticas limitación de la vivienda? Cuando los campesinos se trasladaron en masa a la ciudad llevaron consigo los penúltimos abuelos; la generación siguiente, con más o menos artificio, los envío por la vía rápida al moridero.

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Hay algo de anacrónico, más bien de tardío, en el empeño teórico de sacralizar la familia llamada ‘tradicional’ como si fuera la fórmula única descubierta por las estrategias de la convivencia humana. No tienen más que ver que, coincidiendo con el rapapolvo papal (que tampoco ha sido tan áspero, vamos, todo hay que decirlo) unos sabios han anunciado que disponen ya en el laboratorio de esperma artificial, es decir, de la replicación industriosa de la semilla humana conseguida, de momento, a partir de células madres embrionarias y, tal vez más adelante tal vez de óvulos procedentes de células madre, lo que abriría la prometeica posibilidad del apareamiento de una persona consigo misma. Hace poco le seguí la pista hasta perdérsela a un joven que buscaba las huellas genética de su padre en un banco de semen y a través de Internet. Con todo lo cual no pretendo decir más que estamos viviendo una de esas barojianas vueltas del camino que abren nuevos horizontes imprevisibles mientras que cierran sin remedio las antiguas visiones. Las nuevas fórmulas familiares (y las que vengan: ya en España hay reclamaciones para despenalizar la poligamia, por ejemplo) prosperarán en la medida en resulten funcionales a los objetivos del parsoniano ‘Sistema Social’ y sanseacabó. Familias monoparentales, familias extendidas como ahora se dice, tríos o cuadriláteros, da lo mismo siempre que en la práctica encajen en el engranaje productivo, y por más que la familia convencional recupere y hasta refuerce su prestigio. Porque no se trata de predicar el beneficio de los abuelos sino de decirle al padre de familia dónde y cómo reubicarlo en el pisito abarrotado que de por sí impide ya la intimidad elemental. Ratzinger echa una mirada nostálgica al clan y la tribu cuando lo que no se tiene en pie es la propia familia nuclear, náufraga en el piélago urbano. Gide decía que odiaba a la familia. El papa ha llamado al abuelo para templar gaitas.

Siempre hubo clases

 

Los trabajadores sevillanos de Astilleros, tras acusar de “embustero” al presidente del Gobierno, le andan pidiendo a Chaves que medie con la Sepi para ver si se logra el cumplimiento de los acuerdos y se salva el trabajo amenazado en las factorías. Hemos dicho y repetido que no hay más realidad que la posible y que, en el caso, de esas empresas ruinosas, no es descabellado buscar fórmulas que liberen al común de los ciudadanos de la carga que supone mantenerlas artificialmente. Ahora bien, reciente está el insólito acuerdo de oro logrado entre sindicatos y Sepi en Televisión Española, y no se entiende por qué habría que aplicar unos criterios férreos en un sector y entregarse con armas y bagajes en otro. El toque está en que ha habido muchos años para buscar una alternativa razonable y práctica al viejo problema y apenas se ha hecho nada definitivo. Pero igual podría servir de modelo el acuerdo de Madrid y adaptar en Astillero el concierto de la TVE.