Los platos rotos

¿Quién paga aquí los platos rotos de la arbitrariedad político-administrativa, a qué bolsillos se cargan las facturas ocasionadas por los errores o por los “errores”, ya me entienden, de unas Administraciones que lo mismo conceden ilegalmente un casino de juego que venden una finca invendible sin informar al comprador de la carga que pesa sobre ella? Pues paga el ciudadano de a pie, el contribuyente que el mes que viene habrá de retratarse junto al caballo de cartón de Hacienda, el mismo que paga en silencio el gasto hecho por una Diputación que se lo monta rumbosa en El Rocío o los que ocasionará el caos consentido en Marbella durante tantos años. Debería existir la posibilidad de sancionar la arbitrariedad para que quienes miren para otro lado o se hagan el loco mientras se produce uno de esos disparates, peche con su culpa y efectos. Lo que no tiene sentido es que se diga –y se ha dicho incluso desde la Justicia—que un escándalo de facturas falsas como el del Ayuntamiento de Sevilla tiene mucho de ‘mediático’ cuando todos sabemos que el peatón pillado en algo similar da con sus huesos, irremisiblemente, en la cárcel.

Democracia virtual

Hay que agradecerle a la competencia que, habiendo apostado en un principio por banalizar el “rociazo” de la Dipu, haya optado luego por mostrar lo que piensan los ciudadanos sobre el tema. Y lo que piensan, en bastante más de un 80 por ciento de los casos, es que la Dipu no tiene por qué poner casa en El Rocío, algo ciertamente mucho menos expresivo (ésa es la pregunta que se plantea en la encuesta virtual) que los comentarios adjuntos. Mal trago para los diputados va a ser ese Rocío expuesto a la guasa y al cabreo, mal escenario para que el candidato/a a la alcaldía de la capital, vestido de corto o de flamenca, enseñe al fin la patita por debajo de la puerta, mala digestión la de esos langostinos gratuitos que de manera tan feudal ha decidido ofrecerse a sí misma en sacrificio una institución que nadie sabe para qué nos sirve pero que todo el mundo puede ver lo que nos cuesta. Hay que agradecer a esa encuesta su aportación a la democracia aunque sea virtual. Lo podemos entender mejor que nadie quienes fuimos los primeros en descubrir el pastel y en pronunciarnos en contra desde el primer instante.

Todo es relativo

 

El nuevo papa, Benedicto XVI, ha visitado Polonia. Lo hemos visto encapsulado en el “papamóvil” o a resguardo tras el cristal blindado del ventanal mientras policías de uniforme registraban a mano y le pasaban el detector de metales sobre la ropa talar a los mismísimos obispos. Es verdad que una vez un cura apuñaló a una reina, a nuestra Isabelona, pero no lo es menos que la imagen de un obispo cacheado por un ‘madero’ restalla como un latigazo en nuestra conciencia crítica. Polonia no es lo que era, según todos los indicios, ahora que nadie recuerda al fantasmón de Walesa y el ídolo Wojtila ha desaparecido, la dieta cárnica no llega ni por los pelos, el paro aumento de manera escalofriante y se ha ido viniendo abajo poco a poco el mito del paraíso feliz que aguardaba gratis a este lado del Telón de Acero. No sé, francamente, qué puede ofrecer un papa a ese país estafado al que su antecesor ya le había dado cuanto estaba dar en la mano de un pontífice. Su prédica contra el relativismo en un mundo que no sabe donde está de pie, porque ha perdido el norte al mismo tiempo que el sur, poco podrá conseguir en un país que, por lo que dice la estadística, no es ninguna excepción a la regla secularizadora, en la medida en que en él se desmorona el tinglado mítico e ideológico que sirvió para zarandear la dictadura pero que se viene abajo junto con el propio tinglado, a juzgar por los índices de defecciones en el mundo católico, en especial en el ámbito joven. ¡El papa predicando su cruzada contra el relativismo mientras la gendarmería obliga a los obispos a volverse los bolsillos y les pasa el detector sobre la púrpura! En Polonia hace falta trabajo, carne de vacuno, inversiones no esquilmatorias y no vocaciones. Si con los treinta mil curas que tiene es incapaz de frenar el derribo rápido de la fe colectiva es que los tiros no van por ese lado. Cuando el papa vuelva a Roma y tenga tiempo para ver el álbum de fotos, quizá repare en que tal vez haya ido a Polonia como quien va a vender polvorones a Estepa.

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Se explica que un alemán heideggeriano como Ratzinger vea en la media luz relativista una amenaza mayor. Los metafísicos rara vez acaban de entender a los sociólogos justamente porque, frente al reino de la certeza, éstos apenas esgrimen el imperio de la duda, no por razones edonistas sino por imperativo hermenéutico. La relatividad, por ejemplo, bien pensado, no es ningún pudridero de la verdad sino un espacio mental propicio para la maduración, razón por la que oponerse a que las verdades sean “historificadas”, esto es, validadas con criterios vigentes, es probablemente comprometerlas sin remedio. Dicen que desciende a chorros el número de polacos jóvenes que se desengancha de esa “religión nacional” y que en Varsovia, sin ir más lejos, han despertado una buena mañana con un diecisiete por ciento de hijos de los comulgantes de Walesa que hoy se declaran ateos. Y la realidad es que nadie las tiene todas consigo cuando, como decía, al propio Papa hay que meterlo en una urna de cristal reforzado con fibras de policarbonato capaces de detener una bala o de incrustar un proyectil, o cuando en el control de acceso los carabineros no se conforman con hacer que los prelados pasen por el arco sino que las soban la entrepierna aparte de exorcizarlos con el detector, como haría un chamán son su rama, antes de dejarlos pasar al recinto reservado. Ya ven qué imágenes contundentes de la desacralización del mundo. La iglesia polaca habría perdido durante el año pasado –el de la muerte de Wojtila—nada menos que cuatrocientos mil creyentes. Creer que esa debacle puede detenerse con una simple propuesta de rigidez doctrinal será un rasgo muy teutón de este pontífice, pero lo probable es que no consiga gran cosa. Entre los grandes ‘shows’ de su predecesor no suele recordarse el fracaso del viaje a Francia. Ahora se fracasa ya incluso en Varsovia.

IU, de rodillas

 

El entreguismo de IU ha tocado techo o fondo con el negocio del Estatuto nuevo. Las ironías de su diputado Romero sobre las limitaciones del PA, por ejemplo, por venir de una partidillo que está en cuadro y va en caída libre. más parecen morisqueta para agradar al amo que fruto de una reflexión seria. Las recientes del coordinador Valderas descalificando al PP, tres cuartos de lo mismo. El cambalache y tapujo mantenido en Huelva frente al escándalo de la mansión alquilada en El Rocío por la Diputación del PSOE, una prueba de vasallaje insuperable. Los amargos tragos engullidos en Córdoba, donde los “socios” sociatas no se tientan la ropa para tildarlos de mangantes, una demostración para nota. El silencio cómplice ante el saqueo sevillano de las facturas falsas municipales, una vergüenza. La ausencia de Anguita ha resultado insuperable, eso es todo. Hoy IU no es más que una empresilla que garantiza el buen pasar a unos cuantos a cambio de aportar al PSOE la coartada imaginaria del izquierdismo posible.

No enmendalla

 

La Junta recurrirá el zambombazo judicial –otro más—propinado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía al recurso del PSOE contra la ejecución del Ensanche Sur por parte del Ayuntameinto. No quieren pensar ni a tiros en que el Superalcalde saque medio adelante siquiera esta obra fundamental durante su mandato actual y para ello han liquidado más pronto que tarde aquel espíritu de consenso que alumbraron con fórceps para salir como fuera del estúpido enredo de la Isla Chica. “Sostenella y no enmendalla”, ya se sabe, lo mismo en la ‘delega’ de Obras Públicas que en una Dipu que tira adelante con el caserón rociero a pesar de que las encuestas –incluso en una de la competencia, por lo general tan amable la institución—un 80 por ciento bien despachado de onubenses vota en contra de esa cacicada y se despacha a gusto en los comentarios. Hay que admitir que el PSOE se mantiene porque en este “régimen” un mono que pusieran en el cartel saldría elegido. Fuera de aquel, sospecho que las cosas irían cada día más por donde va la encuesta de la competencia.

Otras inquisiciones

Gran escandalera se ha organizado ante la noticia de que en un colegio público de Jaén la Junta ha mandado quitar el crucifijo de la pared, una medida que encaja como la mano al guante en el clima ‘retro’ de revancha y guerracivilismo que prospera en la España de ZP desde que éste anunció que era nieto de fusilado. En España hace mucho que la presencia de crucifijos en la escuela es motivo de porfías y de cosas peores, tristísima razón por la que hay entre nuestros muertos maestros que se la buscaron por mantenerlos en el aula pero también por mandarlos retirar. Uno de los más sonados acontecimientos de la universidad franquista fue la descomunal respuesta que dio el régimen (y la sociedad, todo hay que decirlo) a la ocurrencia de un energúmeno de lanzar un crucifijo por la ventada de una facultad complutense, pero, francamente, uno creía que la guerra de los crucifijos pertenecía al pasado imperfecto y no a este presente tenso que estamos padeciendo. La Junta, por ejemplo, funda su providencia en el mandato legal que excluye los símbolos religiosos de las aulas (aunque no de mesas y pupitres, ojo) y llevaría en ello más razón que una santa a poco que dispensara la misma obediencia a otros mandatos legales que se pasa por el forro cada vez que se tercia. ¿Por qué va a ser más grave la presencia de un crucifijo colgado de la pared que la inobservancia del número de alumnos por clase, pongo por caso, que la Junta tolera con evidente indiferencia? ¿Qué es peor, la presencia de esa reliquia en las clases o la de los camellos en la puerta o en el patio del cole? Pues por lo que se ve es más urgente descristianizar la escuela que ponerla al día, de la misma manera que para nuestros dirigentes resulta prioritaria la enseñanza del chino mandarín (no es coña, ya lo saben) al cuidado de nuestra propia lengua. Hay que garantizar a toda costa el carácter laico de la enseñanza. Lo demás, por lo visto, puede esperar.

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Es posible que la beligerancia de la Iglesia, unida a la vetustez de algunos de sus criterios, esté produciendo un efecto rebote no sólo entre los fanáticos del “progresismo tradicionalista”, tan atento siempre a las virguerías más insignificantes, pero es necesario reconocer también que, desde que el PSOE se vio desbordado por el PP, vivimos una intensa campaña anticlerical que busca identificar simbólicamente, por la cuenta que le trae, derecha y catolicismo. Volver a la guerra de los crucifijos, en todo caso, no deja de ser un contradiós en un país cuya enseñanza, por razones históricas, no funcionaría sin el concurso de la docencia confesional, y cuya sociedad tenía prácticamente cicatrizadas las brechas del pasado hasta que, desde hace poco, el propio Gobierno anda empeñado en reabrirlas. El escritor de cabecera de ZP, sin ir más lejos, decía ayer mismo que ésta es la España de unos nietos que no toleran ya la “libertad condicional” de la Transición, lógica perversa que, caso de instalarnos en ella, nos eternizaría en la revancha consagrando, de paso, la famosa España demediada, la España doble a la que tanto debe nuestro atraso secular y que tanta sangre ha costado durante siglos. Estos días tengo entendido que la Junta piensa ampliar la “ratio”, es decir, el número de alumnos por aula, de manera que, puesto que donde caben tres caben cuatro, vamos a liquidar de un plumazo los problemas creados por la aglomeración generacional. ¡Y van a liarse a descolgar crucifijos mientras las criaturitas se aprietan como piojos en costura a vueltas con el abecedario y la plastilina! En Italia un juez ordenó a un parvulario no hace mucho quitar un crucifijo a petición de un morito ofendido pero una sentencia superior acaba de establecer que una cruz en la pared del aula no viola la laicidad de la escuela. Como se ve, aquí vamos por detrás y por delante de Italia lo mismo en materia de crucifijos que en la cosa de las mafias.