Trola electoral

Lleva razón la prensa que funciona al dictado del PSOE cuando asegura que hay falsas imputaciones en materia de corrupción urbanística. ¡Vaya si las hay! Ahí tienen la falsa noticia dada por uno de esos ‘medios’ onubenses de que la Fiscalía habría tomado medidas contra el aún alcalde de Aljaraque por un presunto negociete de esos que tanto abundan, noticia falsa que ha sido desmentida del tirón por la propia Fiscalía. ¡Claro que hay denuncias falsas, y hasta querellas (diecisiete lleva perdidas el PSOE, entre unas y otras, sólo contra el alcalde de la capital y su Ayuntamiento) pero, hombre, criaturas, no conviene precipitarse hasta no corroborar los datos. Porque a ver como compensa ahora ese ‘medio’ partidista al personaje ofendido, sin contar con que a ver cómo podría explicar tanto silencio reciente por su parte sobre escándalos de signo contrario. La prensa adicta es un  buen negocio. Hay casos en que, sin serlo, ni siquiera podría sobrevivir.

Suspiros de España

Abundan los comentarios críticos, algunos incluso demagógicos, en torno a la marea monarquista desatada por el nacimiento de la nueva infanta. Contrasta ese fervorín con el anacronismo de las banderas republicanas que han saludado su llegada a este país difícil, aunque se ha dicho con buen tiento que no hay que olvidar que el público de las bodas es el mismo que el de los entierros. El caso es que el nacimiento de una infanta sigue conmoviendo a esta sociedad tan poco sensible, aunque no resulte fácil determinar, me parece a mí, ni la composición ni los motivos de ese hecho innegable. Claro que si aquí hay público sobrado para seguir el embarazo de la mujer de Jesulín o los avatares de su primera hija, si sobran espectadores en este país para las telecomedias rosa de los maltratos de un bailarín que nunca bailó o para asistir en directo a la autopsia tardía de una famosa fallecida hace años, habrá que tenerlo en cuenta a la hora de valorar la sentimentalidad popular y sus manifestaciones. Que la clínica Ruber se convierta de vez en cuando en la Meca de la dinastía instaurada por Franco es un hecho social que debe inscribirse en la misma perspectiva en que conviene encuadrar la profanación de las cenizas de Encarna Sánchez, la patética saga de la ex-mujer de Álvarez Cascos o los pinitos danzantes de la nieta del dictador. “España es ansí”, que diría don Pío, o mejor dicho, así andamos en España a pesar de encontrarnos ya en el pelotón de cabeza de los países civilizados. Mucho más calado político tiene, a mi juicio, la ausencia de la Familia Real de la tragedia de Palencia, esos dos telefonazos o telegramas, no sé bien que fueron, en que el Rey y el Príncipe se interesaban por la suerte atroz de esas víctimas mientras se amontonaban a su alrededor los peluches sentimentales de la España emotiva. Suspiros de España. En un país en el que se dedica más atención a la tardanza del Rey en acudir a conocer a su nieta que a una catástrofe como la mencionada, algo no funciona, no tanto por parte de la masa emotiva como de los ‘medios’ que la deforman.
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No era demagogia protestar, como algunos hicimos, cuando el Rey –jefe de los Ejércitos también– no interrumpió su safari africano tras la muerte accidental de nuestros militares en el extranjero. Como no lo fue encomiar la cercanía con que la Familia Real supo acercarse al pueblo (no sólo a las víctimas) tras la matanza de Atocha ni lo es ahora extrañarse por su ausencia de un siniestro que ha impresionado hasta la turbación a la mayoría de los españoles. El sueldo hay que ganárselo sin excusas y no caben pretextos para que esos próceres no se hayan dignado desplazarse –¿cuántos helicópteros militares pillan uno y otro al cabo del año para ir y venir por el país?– para estar cerca de una ciudad conmovida y de unas víctimas especialmente dramáticas, que seguro que habrían sido visitadas si su infortunio implicara color político o tuviera alguna denotación simbólica. Simples ciudadanos de a pie no merecen, por lo visto, no ya que el Rey interrumpa su largo ‘puente’ (tampoco lo ha interrumpido para conocer a su descendiente) sino incluso que las visite sin aplazamientos. Dijimos cuando lo de Atocha que aquellas reales “lágrimas negras”, retransmitidas en directo por la tele y divulgadas a los cuatro vientos, tal vez hubieran hecho por la institución monárquica más que cualquier esfuerzo en este largo reinado. Ahora hay que decir que la ausencia del desastre palentino es probable que le pase su factura. Este pueblo se pirra por las calabazas convertidas en carrozas, por las llantinas demóticas vertidas desde arriba o por la calamidad que supone un chaparrón de aúpa sobre el tul ilusión de una princesa plebeya. Lo de Palencia, por lo visto, no entraba en el esquema de esa estimativa sentimental que nos retrata como una aldea fisgona desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca.

Información única

Dos militantes del PP han sido interrogadas en comisaría por haber repartido El Mundo en Carboneras, el pueblo almeriense cuyo alcalde fue inhabilitado por delito electoral y recibió del Gobierno de ZP, sin solicitarlo siquiera, el indulto-express más rápido de la historia. Ellas dicen que lo reparten en evitación de que, como suele ocurrir, los partidarios del alcalde y su partido agoten los ejemplares que llegan a los kioskos con informaciones críticas, algo nada novedoso, desde luego, desde que los Domecq mandaran comprar íntegra, según la leyenda literaria, “La Bodega” de Blasco Ibáñez. Hay otros pueblos donde ocurre lo mismo que el PP denuncia en Carboneras, y en alguno de ellos se sabe que los ejemplares acaparados, ni que decir tiene que con dinero público, fueron a parar a los contenedores. Pero si alguien cree que eliminando El Mundo se impide la información no hace más que demostrar la independencia no poco heroica de un ‘medio’ que debe competir con la inmensa mayoría adicta al régimen. 

Lamer la mano

En el mitin del 1º de Mayo se dieron cita entre los personajes públicos de primer nivel –contando condenados, imputados y querellados– al menos cuatro relacionados/as con el ‘mobbing’ o maltrato a los trabajadores. Por eso extraña escuchar al peón de confianza que desde al UGT trabaja en la campaña municipal del PSOE la denuncia de que en el Ayuntamiento de la capital “se ‘agrede’ (lo de los verbos defectivos mejor lo dejamos) a los trabajadores”, es decir, justamente lo que sus compañeros de CCOO dicen y repiten desde hace años que viene ocurriendo en la Diputación y algún fiscal ha corroborado alguna vez, y justo lo que los jueces han sentenciado que ha ocurrido en dos delegaciones provinciales de la Junta. Se explica que haya quien lame la mano que le da de comer, pero no tanto que intente morder aquella a la que su bocado parece poco probable que alcance ni antes ni después de las elecciones. 

El tabú del barbero

La natural tendencia femenina a aliviar la indumentaria con la llegada del buen tiempo ha recrudecido en Irán las medidas represivas contra cuanto signifique la occidentalización de las costumbres. En su virtud, trescientas mujeres han sido detenidas por la policía bien por llevar ropa ajustada en exceso, bien por llevar ‘demasiado’ cabello fuera del velo obligatorio, es decir, por practicar el “mal velo” contra el que anda empeñado el régimen islamista. Los varones tampoco se han librado de la furia del integrismo, como lo demuestra la circular policíaca recibida en las peluquerías de caballero en las que se prohíbe a rajatabla el corte de cabello “a la occidental”, así como otras perversiones abominables tales como el cuidado de las cejas, el maquillaje del rostro o el uso de corbatas o pajaritas, cada día más difundidos, a pesar de los celos rituales, en el androceo de ese país productor de uranio enriquecido. Se disuelve como un azucarillo, pues, la ilusión de la apertura promovida por Kathami, el inspirador de ZP, es decir, el proyecto de una evolución controlada en la que las llamadas “civilizaciones” –¡como si existiera más de una!– podrían ir acercándose hasta alcanzar una distancia crítica en la que estabilizar el entendimiento entre ellas. Es inmemorial y, en consecuencia, primitiva, la obsesión reglamentista de las religiones del Libro sobre el cabello y la barba, como sabe el lector de la Biblia que se haya detenido un momento siquiera en el Levítico o en el Deuteronomio, pongo por caso, o el de esos textos islámicos que lo mismo prohíben el apretón de mano de una mujer ajena que el ajedrez, la música frívola o el suicidio, pasando por la posibilidad de afeitarse la barba para conseguir trabajo en un mundo ajeno que mira con recelo las barbas intonsas. ¿Una “alianza de civilizaciones”? No parece verosímil que sus profetas logren alguna vez ponerse de acuerdo con un universo semejante de países que hace siglos que superaron el tabú del barbero.
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Desde luego no puede olvidarse que ese tabú no es ajeno al cristianismo primitivo, en términos que han hecho cavilar a algunos psicoanalistas (Freud, Kerenczi, entre otros) sobre el alcance simbólico del vello en sus diversas modalidades. Los mismos mitógrafos clásicos intuyeron la cuestión, como bien sabe quien conozca el episodio en que Medusa seduce nada menos que a Neptuno enamorándole con su cabellera. Y no olvidemos al apóstol Pablo cuando a amonesta a las cristianas por dejarse crecer el cabello hasta hacer un velo de él (Corintios, 11-15) o prohíbe a las fieles rizarse el cabello por razones que han sugerido alguna vez interpretaciones banales al psicologismo barato pero que no dejan de ser sugerentes. No ha faltado quien viera en los mimos que el Cid dedicaba a su luenga barba un símbolo de su honor –“juro por esta barba/ que nadie me mesó…”)– pero también, de paso, una seña distintiva que proclamaba su oposición a las prohibiciones rituales de la morisma. Ahora bien, todo eso es agua pasada, mientras que los trescientos arrestos femeninos de Teherán y la circular de su policía a los peluqueros es actualidad pura y dura, mal que les pese a Kofi Anan y demás imitadores de Kathami, incluido ZP, algo que podría ser considerado, sin duda, de menor cuantía si se tratara de un país menor o marginal, pero que no puede menos que  resultar inquietante en grado sumo cuando se produce en uno que se dispone, contra viento y marea, a incorporarse al club atómico y a “borrar del mapa”, según la expresión de su primer ministro, a otro clásico del tabú capilar como es Israel. Cortar el pelo es controlar: Sansón (Jueces,16) pierde la fuerza divina del “nazir” al perder la cabellera, el rey Wamba debe meterse monje cuando es rapado también mientras dormía. El vello tiene su pegada simbólica. Los fundamentalistas saben lo que hacen.

Administración de partido

Los tránsfugas del PSOE en el poder en el pueblo onubense de Gibraleón han dejado en mantillas al ex-presidente Borbolla cuando proclamó en el Parlamento que los funcionarios no debían ser imparciales sino partidarios de quien en cada momento gobernara. Han dicho, en efecto, esos tránsfugas que cualquier funcionario municipal “pillado” hablando siquiera con alguien del PP “irá a la calle”, en función de lo cual están haciendo revisar las llamadas telefónicas dispuestos a despedir –“sin ningún miramiento” y aunque los jueces digan que se trata de despidos improcedentes– a cualquiera que ose dirigirse a un edil ajeno a esa mayoría artificial. Dicen los inquisidores que lo harán “aunque se le tenga que poner una cámara en el culo” a cada funcionario, lo que da una imagen de ese soviet de lo más deplorable. Los culpables no son, en cualquier caso, los pardillos que en su taifa hacen y deshacen sino los dirigentes que desde Huelva, Sevilla o Madrid consienten semejantes tropelías.