El iceberg marbellí

Cualquiera sabe qué habrá bajo la superficie del iceberg de la corrupción visible en Marbella. No cabe duda de que intentar reducir esta gigantesca trama a manejo de unos cuantos desalmados es una simpleza, como lo es insistir, como hace la Junta, en que no se podía haber intervenido antes desde las Administraciones –¡estando probado incluso que alguna vez la propia Junta aceptó dinero corrupto de Gil!– para evitar que lo que comenzó siendo un saqueo municipal acabara convirtiéndose en un montaje mafioso de las proporcionas que ahora comenzamos a comprobar. Lo que ha ocurrido en Marbella, por debajo y con anterioridad a los negocios sucios, es una quiebra moral absoluta en la que al Poder le corresponde la responsabilidad de haberse inhibido sabiendo perfectamente lo que estaba ocurriendo en la vida pública y en la privada. De esa evidencia no va a poder librarse ni la Junta, ni el Gobierno ni la Justicia por más que hagan equilibrios dialécticos. No hay corrupción posible si el Poder no quiere. 

Otro marrón

Parece que esta vez no le han servido los tecnicismos al todavía ‘delegata’ de Educación para escurrir el bulto ante la Justicia que, en efecto, acaba de obligar a ese paje de la candidata Parralo que revise el expediente de una alumna y se atenga a los criterios impuestos por la Inspección que él se había saltado, según el juez, a la torera. Cuesta entender que un responsable de ese nivel se salte la norma y más que haga oídos sordos a algo tan elemental como que el criterio de la Inspección debe prevalecer en caso de conflicto, y no quiere uno pensar que actuaciones como la que el juez le reprocha al delegado obedezcan a criterios de parcialidad partidista o personal. Lo cierto y verdad es que un juzgado ha debido decirle a la Junta que se atenga a sus propias normas y no se salga de lo que sus propios funcionarios determinen. Otro marrón que le cae a este personaje hasta ahora invisible al que su arriscada noción de la autonomía le está complicando cada vez más su futuro político. 

La tiniebla voluntaria – Perfil de Fernando Múgica

No es posible predecir el resultado del juicio del atentado del 11-M. Lejos de aclarar el confuso panorama e ir liquidando las tensiones en la opinión pública, la verdad es que hasta ahora las sesiones del plenario más han contribuido a enconar el enfrentamiento irreductible que a otra cosa. Manes parece haber sentado sus reales en este país nunca recuperado de aquel estruendo criminal hasta conseguir partirlo bruscamente en dos mitades que siguen, entre irritadas y atónitas, las novedades que cada día se van conociendo. Es más, da la sensación de que –tal vez por defecto de una instrucción sumarial condicionada que ha funcionado, además, en un extraño régimen de secreto a voces– a cada nueva luz revelada se opone una tiniebla nueva. Cada mañana los españoles que se asoman a los ‘medios’ terminan estupefactos, una vez más, atrapados en una incómoda dualidad que les muestra un país mental dividido entre la Luz y la Tiniebla, sujeto a un forcejeo de esas fuerzas que, como los “dos reinos” maniqueos, se oponen entre sí en una forma dinámica que tiende sin éxito a la unidad. Quizá nunca hayamos vivido una situación de discrepancia en que las posiciones se presentaran tan ternes en sus respectivas ideas, pero si es obvio que la ciudadanía está hoy dividida en dos grandes bloques, no es cierto en absoluto, en cambio, que semejante disparate se deba a la existencia de dos bloques enfrentados. Hay, desde luego, un bloque de referencia que es el que reside en el sumario con el respaldo del Gobierno y el apoyo de un amplio sector mediático, decidido a liquidar “como sea” –y la expresión no pertenece a mi vocabulario– un enigma que quizá dejara de serlo, al menos en alto grado, si se permitiera abordarlo con todas sus consecuencias. Y hay, es cierto, un meritísimo proyecto de investigación periodística que, contra viento y marea, no habrá logrado, pues no era lo suyo, aportar una versión alternativa de lo ocurrido en Atocha, pero sí que ha echado por tierra la versión judicial, que es también la del Gobierno y sus socios. Demasiada gente en España tiene prisas por cerrar este proceso, como si el enigma mismo les quemara en las manos, mientras media España –el número crece constantemente en los sondeos– se abisma en una duda que cada día acrecientan nuevos hallazgos y sorpresas. Una kafkiana fractura que, eso sí, se resuelve a base de adaptar la realidad al deseo y seguir adelante como si nada de lo mucho que, a estas alturas, hace tambalear sin remedio la tesis oficial, fuera a temer jamás peso bastante para debelar este explicable montaje. Algún día resultará obligado reconocer a El Mundo el mérito de su esfuerzo enorme y solitario por buscar la Verdad en la medida de lo posible. Pero no sería raro que ese día los oficialistas sigan inmóviles en su posición, por encima (y por debajo, claro está) del peso de la evidencia. 

 

Fernando Múgica, que es el lúcido peón de brega de esta faena interminable, vuelve hoy a ilustrarnos sobre este tenebroso asunto, cuya trama él recorre arriscadamente como un Teseo sin Ariadna. Él les repetirá, seguramente, que mienten quienes atribuyen a esta investigación crítica cualquier motivación que no sea la de aplicar –incómodamente para muchos, eso sí– la lógica estricta, que no tiene el menor fundamento la especie de que El Mundo señale a ETA como autora, pero sí que desde la Justicia y desde el Gobierno se ha forzado la exclusión radical de esta hipótesis en la que aún resuena el eco de las inquietudes electorales, incluso permitiendo o propiciando que determinados servicios policiales hayan actuado atentos a un guión no sabemos si ajeno o propio, que ha incluido hasta la falsificación. De la autoría del 11-M se sigue haciendo depender insensatamente la legitimidad que nadie discute a un Gobierno todo lo accidental que se quiera pero incuestionable, y lo malo es que ese error concierne al propio Gobierno, a sus aliados y a sus socios más que sus rivales. Ésa es tal vez la razón última de que ni siquiera un plenario, llevado hasta ahora con mano firme, resulte suficiente para dirimir el pleito de la opinión. El 11-M saltó por los aires algo más que unos trenes abarrotados de ciudadanos inocentes. Lo que consiguieron hacer volar los conjurados, fueran estos quienes fueran, hay que buscarlo en la entraña de la convivencia nacional, nunca tan precaria como hoy, pocas veces tan cainita. Cerrar los ojos ante esa evidencia es la verdadera conspiración como lo fue en su día cerrarlos ante la realidad clamorosa del GAL. Alguna vez, ya digo, un día que espero no lejano, no faltará quien agradezca desde la historia a azacanes como Fernando Múgica tantos trabajos y tan discreta tenacidad. 

 

 

Polvo enamorado

La rebusca de huesos se ha convertido en un negocio de moda. La subastera Christie’s acaba de colocarle a un pánfilo unos huesos de rinoceronte milenario en unos miles de dólares aunque no tantos como la fortuna que le ha sacado a otro por la huesa de un mamut que vino del hielo. En Argentina el hallazgo casual por un boyero de los restos fosilizados de un gliptodonte proporcionó un respiro, no hace mucho tiempo, a los asesores de la Casa Rosada enzarzados, para variar, en sus dobles disputas con el Banco Mundial y el propio peronismo sin Perón, mientras que en Francia los sabios descubrían que los restos de Juana de Arco conservados cerca de Tours pertenecían, en realidad, a una momia egipcia datada como mínimo en el siglo III antes de Cristo. En torno al enigma de Colón, reciente está el pronunciamiento de los investigadores confirmando que el esqueleto conservado en Sevilla es auténtico sin descartar la posibilidad de que también lo sean los huesos sepultados en Santo Domingo, conclusión que ha exigido el estudio del ADN mitocondrial a la espera de poder realizar otro en dos familias genovesas –los Colombo y los Colonna– a través, en este caso, del ‘cromosoma Y’. La penúltima, por el momento, concierne a don Francisco de Quevedo –“polvo seré, más polvo enamorado”, ay–, diez de cuyos huesos, entre ellos el fémur cojitranco que le amargó la vida, han sido identificados entre dos centenares que yacían en la parroquia manchega de Villanueva de los Infantes y entre los que han sido descartados algunos pertenecientes a animales (también con los de Juana apareció un sospechoso gato achicharrado que se trató de relacionar con el simbolismo de la brujería) y a otros muchos difuntos que con él compartían el sagrado de la sepultura. Diez huesos más para uso de fetichistas, pues, marchando otra de reliquias laicas para incluir en las guías turísticas y entenebrecer las visitas escolares. Hay quien ve en el enigma funerario de Mozart una desgracia añadida a las muchas de su triste final. Buen miradas las cosas, a uno le parece que, al contrario, ésa fue una de sus pocas ventajas.

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Se comprenden supercherías como la del sepulcro de Cristo hace poco falsificado en Jerusalén –como poco antes el del apóstol Juan– por algún mercachifle avisado. No tanto, desde luego, ni mucho menos, esta trata de huesos que se traen entre manos, como si en ello les fuera la vida, muchos sabios que tal vez harán mejor dedicando sus capacidades a causas más prácticas. Aunque, claro está, el móvil de estas andanzas, muchas veces prohibitivas desde una perspectiva presupuestaria, habría que buscarlo, antes que en ninguna presunta curiosidad generalizada por la Cultura, en ese fetichismo cuyo papel en el psiquismo contemporáneo me parece a mí que está por estudiar pero que, de ser viviseccionado con maña, seguro que alumbraría muchos rincones oscuros del magín colectivo. Por otra parte, me confirman varios amigos docentes en la sospecha de que apenas una ínfima minoría de universitarios se interesa hoy, siquiera alguna vez, por la obra insigne de este Quevedo en la identificación de cuyas reliquias se ha volcado munífica la Complutense. Imagino lo que hubiera guaseado el poeta si alcanza a ver estos trabajos que lo emparejan con el hombre de Orce y nos lo ponen a la altura mediática del mamut de la Christie’s o la momia de la ‘Doncella’. Y vuelvo a aquellos versos mañarianos –“…y vi que estuve vivo con la muerte,/ y vi que con la vida estuve muerto”–, esencia decantada del barroquismo más íntimo, hogaza candeal de esa Contrarreforma a contrapelo que viene a ser como un romanticismo adivinado o como la catequesis del más escepticismo más ambiguo. Quevedo sabía de sobra que no somos nadie. Lo que dudo que intuyera es que acabaría siéndolo acaso enterrado y revuelto entre doscientos desconocidos y algún perro sin dueño.

Revelación insólita

La revelación por parte de la Junta de que la multinacional Delphi venía trasladando a otros chiringuitos suyos instrumental adquirido con las subvenciones andaluzas es de las que deberían poner en pie de guerra a los ciudadanos conscientes. Porque ¿cómo es posible que un gobierno regional endose un fortunón a unos aventureros tan sin garantías que ni se ha enterado de con el producto de esa rapiña institucional se estaba financiando a la propia competencia que un día acabaría por destruirnos? ¿Y los sindicatos, tan poco ven los sindicatos tras los cristales ahumados de la pingüe “concertación”, que ni siquiera han detectado este saqueo de la industria subvencionada? Muchas cosas saca a la luz y pone en cuestión el conflicto de Delphi: que la Junta carece de un plan propio de desarrollo, que su sistema de fomento no es más que un gigantesco e inútil salidero en beneficio de cuatro logreros, que la estrategia de “concertación” no es más que un mamoneo institucional para callar, ensordecer y cegar a sindicatos y a patronal.

Treinta monedas

En el tercer puesto de la lista de Valverde irá el comunista Donaire, salvador y paje del perdedor alcalde Cejudo desde las pasadas elecciones. Se repite la historia en el PSOE valverdeño puesto que el propio Cejudo logró auparse al partido hegemónico desde su concejalía comunista, entonces auxiliado por los guerristas a los que más tarde traicionaría con todas las de la ley a cambio de la Diputación. En política, no sólo no se detesta sinceramente, sino que se paga a manos llenas el transfuguismo con la sola condición de que convenga, y Valverde se ha convertido en paradigma de esta regla indigna. Eso sí, IU que no proteste si se ve partida en dos o si se considera burreada por este penúltimo tránsfuga (que ya está en la otra lista, aunque la legislatura no ha acabado), ya que lo normal es que quien siembra vientos recoja tempestades. La única ventaja del descarado anuncio es que los votantes de izquierda en el pueblo ya no podrán llamarse a engaño a la hora de votar ni la cambalachera coalición a la de pactar eventualmente tras los comicios.