El abuso electoralista

Chaves reclama en Marbella un Ayuntamiento leal, colaborador y que no busque enfrentamientos, es decir, uno del PSOE, el de Paulino Plata. Si no cae ése no habrá subvenciones, dice entre líneas, con toda la cara del mundo, no habrá compromiso de la Junta de Andalucía con el municipio: no cabe mayor ejercicio de discriminación electoralista, de abuso patrimonial del dinero público para financiar el engatusamiento del electorado. Lo están haciendo un poco por todas partes, como lo demuestran los inútiles reveses propinados por la Junta Electoral que a Chaves, como es natural, lo traen al fresco porque sabe que, en el peor de los casos, romperán cuando nadie se acuerde ya de las elecciones. Pero hay en esa actitud abusiva algo profundamente antidemocrática por parte de quien, como él, acaba de descubrir, oh, maravilla, que un presidente elegido por todos, de todos es presidente y no sólo de los suyos. Entre grandes y pequeños abusos esta campaña, como casi todas, es desigual y ventajista. Tras un cuarto de siglo de hegemonía, esta objeción le debe de sonar al “régimen” a música celestial. 

El “correazo” de UGT

El sindicato/correa de transmisión, la larga mano del PSOE de toda la vida, no se está percatando de que su contienda con el gobierno municipal está poniendo en evidencia su servil sumisión al partido político que lo controla. Sus últimos boletines ilustrados no sólo traslucen un designio inconciliable de aniquilar como sea a los actuales gobernantes sino que no repara en el deplorable efecto que tiene que producir por fuerza la crítica por la crítica, la insistencia en flagelar aspectos de la gestión del Ayuntamiento que nadie en Huelva critica ni lamenta salvo la UGT y sus mandantes. Mientras tanto en Diputación se alinea con el mando dando la espalda a los trabajadores (al revés que CCOO) incluso en supuestos en que la Justicia se ha pronunciado a su favor, siempre satélite del partido, nunca olvidada de la mano que le da de comer. Esta legislatura ha sido, probablemente, la más destructiva y parcial, además de la más sucia. En la Dipu no van a tener despachos bastante para pagarle a esta panda de meritorios. 

Cherchez la femme!

Nada más conocerse los resultados del escrutinio de las presidenciales francesas, los líderes del PSF, los famosos “élephants”, se han lanzado como carnívoros sobrevenidos sobre el cadáver caliente de la candidata derrotada. No es ningún secreto que los capotitostes del PSF no aceptaron más que duras penas el liderato de Ségoléne, a la que llamaban con las del beri “la señora del jefe” (por François Hollande) y “la Zapatera”, y a la que han boicoteado como han podido durante meses por encima y por debajo de la estructura orgánica del partido. Lo que ha ocurrido en Francia tiene muchas interpretaciones posibles, claro está, pero sobre todas ellas se impone una salida de las propias covachuelas de la organización perdedora: que los que todavía se llaman ‘socialistas’ franceses no han acabado de comprender el profundo cambio social operado en la sociedad francesa. Francia no crece o crece muy por debajo de sus directos competidores (incluida España, su principal cliente), se está quedando rezagada en el progreso general de la ‘región’ europea y ello le está costando el alto precio de perder su condición de faro o referencia de las elites europeas. La irrupción de Ségolène (un 60 por ciento de las ‘bases’ tras ella) no ha resultado suficiente para superar esa grave situación, por más que la prodigiosa operación de imagen haya hecho concebir esperanzas a amplias zonas de una izquierda que jamás estuvo tan fraccionada como ahora. Pero números cantan y tras la derrota electoral parece que el combate no ha hecho sino empezar y que la inminente batalla reproducirá en el interior del partido en forma de crisis declarada, la tercera tras las que siguieron a los fracasos electorales del 95 y del 2002. Se busca un “socialismo desacomplejado” (Fabius), un partido realmente socialdemócrata (Strauss-Kahn), una Izquierda unánime dispuesta en orden de batalla –bajo su mando, por supuesto– contra la derecha emergente, liderada por la propia Ségolène. Pero se busca, sobre todo, deshacerse de la dama, recuperar el partido de los ‘machos alfa’ aprovechando el batiburrillo dentro del que Henri-Lévy la defiende a ella mientras Glucksmann se sitúa al lado de Sarko: el mundo al revés. ‘Bref’, como dirían ellos, que no saben cómo salir del agujero en que han caído. La imagen de Sarko descansando en Creta, como si con él no fuera la vaina, lo dice todo.
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Resulta muy curioso navegar por la prensa francesa estos días, en especial por la de orientación ‘progresista’, para percibir entrelíneas la sorda pugna que mantienen esos machos limitados drásticamente por el convencionalismo imperante a la hora de movilizarse contra la hembra que osó aspirar a todo. Como resultó elocuente la elemental estrategia audiovisual de Sarko al desviar sistemáticamente la mirada durante el debate famoso sin dignarse mirar a su contrincante ni por equivocación, algo que, por supuesto, a pocos habrá gustado tanto como a los ‘elefantes’ desbordados. Un comentarista guasón escribe que la Francia de las “femmes savantes” y los “salones ilustres” es historia hace mucho tiempo, otro que es una lástima que la Royal eligiera un terreno tan resbaladizo para librar su batalla histórica. No la quieren, eso es todo, aunque la respalde la mayoría peatonal, aunque su imagen fresca haya revolucionado las encuestas, porque no parece probable que el Neolítico –esta larga cultura de nunca acabar fundada en la hembra laboriosa y el macho institucional– deje paso de un día para otro a la nueva era. Dicen que la derrota se ha debido al intenso desplazamiento del voto socialista hacia el centro pero también se oyen voces reclamando “un socialismo de lo real”. Cuentos: el toque está en que no quieren a la dama, en que los viejos proboscídeos no conciben siquiera a una hembra al frente de la manada. Está dispuestos a abordar una auténtica refundación del partido antes que a aceptar la subversión en el rebaño.

Embelecos electorales

Los tres candidatos de Córdoba capital –IU, PSOE y PP– han salido airosos del debate fundamental de la campaña: todos ellos conocían el precio del billete del autobús. Ya ven qué mérito. Y los dos grandes locales, IU y PSOE (el otro, el PP, sigue en el lazareto diseñado en el Tinell), han dejado la puerta entreabierta a un eventual pacto de gobierno municipal tras las elecciones. Estupendo: es normal que la izquierda se concierte frente/contra su rival. Ahora bien, no escapará a los ciudadanos que esos mismos futuros socios de han estado acusando de ladrones todos estos meses pasados, disputándose a dentelladas la presa que ahora no descartan compartir atenidos a los estrictos modales de mesa. Que no se quejen luego cuando descubran que el personal no cree en ellos, que los toma por grandísimos oportunistas, que si los vota es porque no tiene otros disponibles en la oferta electoral. 

Despiste total

Se echa de menos a Andrés Bruno –supongo que algunos dirán que para bien y para mal, pero yo digo sólo que se echa de menos– porque con él delante no creo que la candidata se columpiara como se columpió antier en El Torrejón prometiendo la Biblia en pasta para aquellas viejas viviendas, como si esa rehabilitación ahora emprendida por la Junta de Andalucía fuera un regalo gracioso de Chaves y no una simple obligación que tiene esa Junta, como propietaria, de remediar su mal estado antes de escriturarlas a los vecinos, como esta acordado. Por lo demás, ¡mira que echar en cara a este gobierno municipal no favorecer a Valdocco, cuando el alcalde actual es miembro de esa obra desde antes de ganarse la vara! Despiste total. La candidata se ha pasado una legislatura en silencio pero, por lo visto, pensaba en las musarañas. Con Andrés Bruno es probable que no tuviera que mostrar estas lagunas que certifican su absoluta ignorancia de la realidad onubense. 

La lengua inútil

Si ha habido unanimidad en algo tras las elecciones francesas y el triunfo de Sarkozy sobre Ségolène ha sido en atribuir el éxito de aquel a la clara rotundidad de sus palabras frente a la obligada refracción del lenguaje utópico utilizado por su rival. La sugestión de un lenguaje concreto, desacomplejado, directo ha acabado imponiéndose al atractivo de una estudiada salmodia de conceptos obligadamente vidriosos y escurridizos, adecuada a la estrategia anfibológica del amagar y no dar que es propia de los grandes promisores. La política es cada día más un oficio de palabras, una disciplina prosódica y una servidumbre léxica, que ha de medir el impacto sobre el magín medio procurando no pasarse ni quedarse corta, para lo cual, según los expertos, al menos en España basta y sobre con las famosas 600 palabras habituales en la vida pública. De ahí el valor añadido del silencio, ese viejo ideal estoico, cuya paciente práctica durante sus largos años de diputado mudo le han valido a ZP, sin ir más lejos, la más alta magistratura. En la primera “salida” sociata, a González lo salvó su parla y a Guerra lo perdió su lengua, y eso es algo que se saben al dedillo los diseñadores del nuevo estilo que parecen inspirados en la célebre capítulo del orwelliano “1984”, aquel que describía el “newspaeak” o neolengua imprescindible al pensamiento unificado base de la dictadura. Lo malo es que cuando una democracia alcanza un punto en que los discursos son intercambiables entre las opciones que se disputan el poder algo falla en el sistema de conceptos. Y en Francia, por lo menos, parece que algunos se han orientado oportunamente al optar por restituir su fuero al lenguaje y su feudo a la razón. Veremos si cunde el ejemplo o perseveramos en la senda de los vanoparlantes.
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Días atrás traían los periódicos la noticia del hallazgo de una tribu primitiva capaz de vivir instalada en el “carpe diem” sin pronombres con que ordenar los sujetos, sin tiempos verbales con que encajar la experiencia, sin números con que manejar el ábaco mental con que cuantificamos la linfa de la vida, sin noción de parentesco ni capacidad para subordinar oraciones a la principal, algo que se venía creyendo imposible no sólo desde la visión de Chomski, como se ha insistido, sino desde la ilusión estructuralista hoy medio olvidada. Hombres que, sin embargo, viven felices, al parecer, perdidos en el corazón del bosque, concordes en la lucha por la vida, ajenos a toda trascendencia, convencidos de que son ellos y no los sabedores que tratan de iniciarlos en los arcanos del conocimiento quienes tienen la cabeza en su sitio, las auténticas “cabezas rectas”, que es lo mismo que dirían –de poder– esos bonobos o lo que fueran en cuya expresión gestual han descubierto recientemente los etólogos el germen eficacísimo de un lenguaje pionero hecho de signos breves y sonidos improvisados. La recuperación de la democracia habrá de pasar, sin duda, por esta reconquista de la lengua que es la grímpola que distingue la nave-almirante de la civilización de la escuadra filibustera y los galeones bucaneros, como parece que han comprendido los franceses puestos en el brete de elegir entre la oración incómoda pero terminante y el vago sermón desacreditado por tantas decepciones. Quizá empecemos a salir del miedo a las palabras para reivindicar el fuero del sentido, no desesperemos de que tal vez estemos en el alba de una era reconstituyente en la que el pan vuelva a ser el pan para que el vino pueda volver a ser el vino. Sarko ha ganado hablando claro y duro a quienes le oponían la ambigüedad ilusionista, es decir, restaurando el primado crítico de la razón sobre la equívoca estrategia de una prosodia encriptada en el gesticulario simiesco. La “neolengua” es una estafa. Todo indica que, en Francia, acaban de descubrirlo.