Paisaje de playa

La Humanidad está recorriendo de vuelta el camino que hizo en el origen de los tiempos con la hermandad matriz de todas las especies. No tienen más que contemplar conmigo esta playa dominical, abarrotada de bañistas prematuros, cuerpos gloriosos o míseros ungidos con el protector solar que los dermatólogos recomiendan vehementes, todos acaparando su ración de sol con la vista puesta en el agua. Es el rebaño puntual de todas las primaveras, la vanguardia del veraneo que declara meridianamente la regresiva vocación anfibia que lo empuja a volver al mar del que salió hace cosa de cuatrocientos millones de años, allá por aquel devónico enigmático en el que el mundo emergía en dos mitades en medio del Océano mientras sobre sus playas incipientes, hasta las que llegaba el bosque primordial, vacilaban sus primeros pasos nuestros ancestros más lejanos, los peces primitivos. Cada año madruga más la manada embalsamando el aire salino con el espeso aroma del bronceador, sembrando la arena de sombrillas o alfombrándola de toallas para repetir sobre ellas el ritual laurentino de la parrilla ecológica, un par de conchas abisales protegiendo los ojos o rematando el top-less, indiferente al ritmo selenita de las mareas que festeja esta vuelta al origen como en su día debió celebrar la aventura de los peces sin mandíbula o de los lirios de mar. La democratización de la playa ha dado ocasión a la especie para mostrar su instinto básico, añorante acaso de su eterno buceo, de la poesía del abismo que conoció cuando aún dependía de las branquias y quedaba todavía lejos la odisea zoológica. No puedo evitar esta visión retrospectiva que la dudosa fragancia de aceites y pomadas me despierta cada año en la memoria como la magdalena de Proust alumbrara de pronto la imagen olvidada de los jardines de Swann y las ninfeas de Vivonne.
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¿Pero cuándo se produjo aquella invasión, cuando surgimos del agua como tímidos arcángeles para colonizar un probable bosque espeso dispuesto de antemano por esa Providencia indefectible que llamamos evolución? Este año me he bajado a la sombrilla un ‘Nature’ atrasado en el que se da cuenta del hallazgo de un pez pionero llevado a cabo por dos sabios americanos, una rara criatura todavía perteneciente a los sarcopteringios pero en la que ya campean ventajosos algunos caracteres futuros de peces y tetrápodos. Un hueso destinado a ventilar las branquias o el opérculo que impedía a los peces mover la cabeza fuera del agua desaparecen del inmenso registro natural para dar paso a animales que ven transformadas sus aletas en extremidades provistas ya de formas en las que aparece el brazo y se insinúa la mano. Me abruma esta vasta mitografía hecha de fósiles y conjeturas, este puzzle precioso que debería rebajarnos los humos sobre todo aquí, a la orilla del mar, en este museo mudo que cada día renueva sus colecciones en las vitrinas terrestres sólo para que las aplastemos indiferentes con esos pies descalzos que, de algún modo, simbolizan también el origen, el tiempo áureo en que las diosas surgían de la espuma orillera sobre la que jugaban, libres aún de la tiranía de las horas, la ninfa confiada y el sátiro rijoso. Una vez en Venecia –en Cavallino– conviví con una colonia alemana que no bajaba a la bella ciudad sino que madrugaba al ser de día para bañarse en la balsa mediocre del Adriático, soberbia muestra de desdén por la civilización. Muchas he pensado, en cambio, como esta misma mañana, que puede que aquí nos ocurra al revés, esto es, que alguna opción maniática nos haya devuelto a los orígenes, de espalda al esplendor ganado a través de los siglos, pero olvidados también del origen al que se nos enfrenta. Al atardecer, rojo y gris plateado, la playa otra vez desierta nos sugiere sin mucho éxito la metáfora original mientras la marea sube indiferente hasta borrar las huellas de esta nueva invasión.

Palo a los sindicatos

Parece lógico pensar que el palo propinado por un juzgado granadino a la consejería de Salud, a la que acusa de haber mantenido, durante el famoso y largo conflicto con sus funcionarios, una “actitud antisindical”, recaiga más bien sobre los satisfechos y autocomplacientes sindicatos llamados mayoritarios, que fueron los aliados de la Junta para liquidar el lío pero por los que los funcionarios recurrentes no se sentían representados. Es notable este goteo sin fin de sentencias contra la Junta –que, ni que decir tiene, pagan los ciudadanos son comerlo ni beberlo– pero más lo es, si cabe, esta desautorización frecuente de que están siendo objeto unos sindicatos que, salvo excepciones, que las hay, han encontrado en la docilidad una garantía para el mantenimiento de su “buen pasar” y, llegado el caso, de su opulencia. Aunque el hecho de que Justicia sea condenada también tiene su miga. Ambas circunstancias deberían hacer pensar a estos condenados o desautorizados impunes. 

El nivel de IU

Es tremendo pensar que por lo menos uno de cada cuatro Ayuntamientos pendientes de definir su signo partidista dependan, en realidad, de un personaje como Diego Valderas, político profesional simplemente porque lo es, pero incapaz reiteradamente no sólo de ganar su acta pos su circunscripción onubense, sino de conseguir que el partido de “su” propio pueblo, Bollullos Par del Condado, en cuya asamblea se oye protestar contra el famoso y socorrido “pacto de progreso” con el argumento de que cómo se puede pactar con los mismos a los que se ha estado denunciando por corrupción o con los que han “comprado a nuestros alcaldes y concejales”. La IU de Llamazares/Valderas, protectora de tránsfugas y encubridora de lo que se tercie, quiere poder a toda costa para justificar la nómina. La asamblea bollullera lo sabe bien y por eso plantea con valor moral y energía política esta protesta siquiera sea a título testimonial. 

El Estado dimitido

Lo del asesino De Juana lleva trazas de convertirse en un inesperado pulso spenceriano: el Individuo contra el Estado. Prueba de ello es que para cada solución que el amedrentado Gobierno se saca de la manga, el terrorista dispone de un nuevo problema cada vez más desafiante. Ha logrado salir de la cárcel, instalarse cómodamente en el hospital acompañado de su séquito íntimo, pasear libremente por los alrededores o ir de compras, y finalmente, pretende largarse a su casa sin más zarandajas, es decir, zanjar de una vez por todas sus cuentas pendientes con la Justicia negándose a cumplir el resto de su condena. Nada tan provocativo, sin embargo, como el rechazo de la pulsera que garantiza su control telemático, por la sencilla razón de que esta negativa no tiene más base que la provocación misma. El Individuo contra el Estado: ese miserable ha llegado a interiorizar su papel revolucionario reivindicando la imagen de una insumisión que, obviamente, no es el fruto de su energía contestataria sino el resultado de la debilidad gubernamental. Grave ha de ser el compromiso del propio Presidente del Gobierno para que un ciudadano rete al Estado de esta manera insensata y, lo que es peor, claro está, para que obtenga su aquiescencia siquiera pasiva. Asistimos indignados estos días a episodios de extrema violencia ejercida gratuitamente por agentes de ese mismo Estado que se raja sin paliativos frente a un pringao con ínfulas de héroe cuyo único “mérito” es el de haber sido verdugo en veinticinco suplicios terroristas, y ese mismo contraste está proclamando la callada dimisión del Poder y el triunfo inconcebible del delincuente cuya resistencia supera esa capacidad coercitiva sin la que una organización sociopolítica no puede llamarse Estado. En este pulso entre el criminal y el gobernante lo único que tiene interés es el fracaso del segundo. El primero es un simple mindundi que volvería de cabeza a la celda de la que  nunca debió salir si su batalla contra ZP no estuviera ganada antes de celebrarse. Eso es lo que confiere relevancia política a este increíble caso: la derrota del Estado de Derecho, el triunfo del Individuo frente al Estado que, allá por los tiempos de Cánovas, el propio Spencer preveía bastante improbable.
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Hay que reconocer que la estrategia de quienes dirijen al controvertido sicario no es, en todo caso, ni simple ni inocente, porque la anécdota del rechazo de la pulsera supera, precisamente por su aparente nimiedad, todos los retos anteriores lanzados al poder legítimo. Los abogados de ETA saben que el debate sobre el preso anoréxico podía dividir a la opinión como la dividió, pero no ignoran que el que habrá de producirse si se consuma la chulería de arrancarse el control por las bravas incluirá necesariamente la premisa del fracaso del Poder, la evidencia del Estado dimitido, que es la imagen supina del éxito de la vieja insurrección. Aparte de que a ver desde qué ecuanimidad podría forzarse a usar ese control en adelante a la legión de convictos o peligrosos a los que los jueces obligan a llevarlo. En rigor, en la ya larga crónica de la pelea secesionista, no será fácil encontrar una manifestación más solemne de debilidad jurídica –incluidas las recientes defecciones perpetradas por el Gobierno y sus instituciones– por la sencilla razón de que De Juana ha elevado su desafío a auténtica befa de manera que el brete del Gobierno sometido no sea ya decidir sobre el presunto riesgo de muerte de un infame autolesionado, por ejemplo, sino el de aceptar que, ya recuperado y en forma, éste se carcajee abiertamente de un Poder que nada puede con él. No por él, hay que insistir, sino por el Poder mismo, más inestable, más hipotecado y más débil que nunca, un Poder, en definitiva, rehén de los delincuentes y sus socios. No es que gane De Juana, es que pierde ZP. Después de lo de la pulsera, incluso por goleada.

Cambio de rumbo

Chaves dice ahora digo donde dijo Diego para anunciar que no habrá autonómicas que valgan en el otoño sino que piensa agotar la legislatura y de paso decir que no tiene decidido si irá a las urnas solo o acompañado, es decir, separado del Gobierno o bajo su manto protector. Con esa duda en la recámara, porque con Chaves nunca se sabe, hay que decir que de este volantazo se infiere el mal balance que, a pesar de todo, hace el PSOE-A de las municipales, así como la inquietud ante el daño que sus expectativas de voto pueden experimentar tras los chuleos de ETA, el reto de De Juana o la alianza navarra con los secesionistas. Chaves no puede permitirse un bajonazo en el “granero” del partido, por lo que no tiene otro remedio que ponerse al pairo, de momento, y aguardar hasta saber por donde soplará el viento dominante. Pero lo que queda claro es que, tras las municipales, su previsión de legislatura ha cambiado. La oposición no hará nada de más preguntádose por qué. 

Brazo a torcer

Discreta providencia la del PSOE de Lepe al retirar –en el acto de conciliación previo a la fulminante querella interpuesta por el PP– las acusaciones de presuntas irregularidades que habrían sido cometidas por los querellantes pero que, por lo visto, mejor pensadas las cosas, ahora resulta que no lo fueron en modo alguno. Está bien lo que bien acaba, y buen fin es el de dar el brazo a torcer cuando no se lleva razón hasta el punto que acaba de demostrar el denunciante partidista. Quedan por ahí varias querellas, por lo demás, algunas de ellas de primer nivel (incluida la que el alcalde de la capital tiene interpuesta contra el jefe provincial del PSOE) y sería más que deseable que se tome nota de este giro prudente que ha dado el PSOE de Lepe, no sólo en evitación de males mayores, sino en beneficio de una política cuyo desprestigio pocas cosas abonan tanto como las propias denuncias de sus actores.