Las reglas del juego

En su brillante intervención en las sevillanas “Charlas de El Mundo”, el embajador de Israel, Víctor Harel, dijo y repitió que el gran error  cometido por su país en los últimos tiempos había sido aceptar la incorporación de Hamas a las instituciones democráticas. No es posible lo que no lo es, vendría a decir el Guerra, en especial si ni siquiera se cuenta con la menor muestra de aceptación de las reglas del juego por parte de quienes han hecho de la insurgencia su razón de ser y ven en la democracia –con todas las limitaciones que haya que admitir en las de esos regímenes incipientes– no más que un instrumento para lograr los mismos fines aprovechando las fisuras de la organización pacífica. Sus palabras eran como un lúcido pie de foto a las imágenes que nos llegan de Gaza y Cisjordania –la inconfundible iconografía de la guerra civil– pero también, hay que reconocerlo, por desgracia, aplicable a las que ilustran la confusa ceremonia del domingo en el País Vasco, con su casi medio centenar de Ayuntamientos en manos de los proetarras, el clima cuajado de amenazas y el miedo por doquier. En Gaza la experiencia ha servido para fortalecer a una banda terrorista que ha logrado la admirable paradoja de convertir a Al Fatah en la buena de la película y hasta es posible que a devolver a la memoria de Arafat cierto nimbo nostálgico de prestigio a la vista del bárbaro saqueo de su antigua residencia. En el País Vasco, la triquiñuela del Gobierno para abrir paso a los radicales servirá, sin duda posible, para hacer de esta legislatura un infierno y para ahondar sin tiento la zanja que divide trágicamente a una región y a un pueblo víctimas del chantaje consentido de una mafia criminal. La negativa de esos terroristas institucionalizados a condenar el terrorismo es absolutamente lógica, por supuesto. A ver si el Gobierno pretende que, a estas alturas, los terroristas pierdan su único argumento.
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Tomada en esos justos términos, el paralelismo entre la situación que se vive en Oriente Medio y la que se vive en el País Vasco es patente. No ha resultado fácil ese acceso de los proetarras a las instituciones –el Gobierno ha debido emplearse a fondo hasta conseguirlo–, pero sacarlos ahora de ese nicho será prácticamente imposible, como imposible ha de ser también, probablemente, restaurar un proyecto palestino compatible con la coexistencia múltiple en la zona. La diferencia es, de momento, que allá el conflicto no disimula ahora su condición de enfrentamiento civil, mientras que aquí ese conflicto sigue enmascarado por nuestro propio miedo a la realidad, pero activo bajo las especies de una beligerancia latente que no podrá seguir siendo disimulada por mucho tiempo. Sobre todo si ETA cumple su amenaza de atentar y nos encontramos con que ese medio centenar de Ayuntamientos de su cuerda se niegan a condenar la barbarie o –toda se andará– a homenajearla de acuerdo con sus códigos. Quienes han postulado contra viento y marea la posibilidad de una convivencia institucional entre demócratas y filoterroristas (o terroristas sin más, que también hay casos) podrán ensayar ahora los equilibrios dialécticos que quieran, pero está claro como el agua que las consecuencias de su insensato apoyo a la reaserción del independentismo terrorista en las instituciones democráticas constituía un absurdo cuyas consecuencias estamos viendo y cuyo alcance final no tardaremos en comprobar. Dicho con brevedad, en el País Vasco no existe hoy una democracia plena ni de lejos, y lo que es peor, no se ve el modo de reconducir la situación hasta el punto razonable en que se hallaba cuando surgió la estrategia permisiva que se ha venido llamando “proceso de paz”. Ahora saben en Lasarte, en Andoain, en Ondarroa o en tantos pueblos lo que es tener al enemigo en casa. Sacarlos va a costar Dios y ayuda.

Lista más votada

El presidente Chaves ha sugerido, una vez cerrado a conciencia el cambalache, que se podría ir pensando para las próximas municipales en una reforma legal que permita gobernar al candidato más votado, aunque advierte que los gobiernos de coalición aportan más estabilidad al gobierno. Bueno, según como se mire, y sólo al precio de que, eventualmente, la opción más votada haya de quedar de mirona viendo como la votada en segundo lugar gobierna sujeta a las exigencias de la que menos votos tuvo. Con esa reforma en vigor, el PSOE perdería ahora mismo alcaldías clave e IU quedaría reducida a un grupúsculo enteramente marginal, y eso quiere decir que Chaves brinda al sol a sabiendas que esa meta quedaría, en todo caso, lejos si no inalcanzable. Eso sí, quizá nunca los resultados de unas municipales fueron más controvertidos que en esta ocasión. Hay que insistir en que la política de corto alcance es la causa última del auge que registra desde hace tiempo la abstención.

Cuarto mandato

Mano de hierro en guante de seda en la ceremonia de toma de posesión del alcalde de la capital. Sonrisas como dagas, gestitos reveladores de la más pura frustración, fugaces incidentes de una indecorosa y grosera ‘claque’ partidista, un discurso desde IU muy por encima de su realidad y posibilidades, otro de la candidata derrotada ingenuamente provocador –sacar lo de los tres puentes y el Ave no se le ocurre ni al que asó la manteca– y uno del alcalde que tuvo poco de circunstancial y mucho de demostración de poder. Quizá el PSOE no calculó bien las promesas electorales pero al PP le van a venir de lujo a la hora de dar la barrila durante una legislatura para la que la oposición va a necesitar más que nunca de “culo di ferro”. La verdad, no sé de que sonreían con cierta suficiencia algunos ediles/as de ésta. Sí entiendo –a la perfección–, en cambio, por qué aullaban, al fondo y aislados, los reventadores de la ‘claque’.

El cine escuela

En el juicio que se celebra en Sevilla contra un gitano, presunto (en fin, algo hay que decir) homicida de un celador que había atropellado sin consecuencias a su hija, el acusado le ha espetado al Tribunal por toda respuesta a sus preguntas un sonoro “Me ‘agarro’ a la ‘Quinta Enmienda’ ” que ha dejado fría a la sala. Eso para que vengan los desdramatizadores pretendiendo que los efectos mediáticos, especialmente los del cine y la tele, no son decisivos a la hora de explicar criterios y comportamientos de una audiencia que tiene en ellos su auténtica escuela de costumbres en un grado mucho mayor que cualquiera de sus predecesores históricos. La imagen de la Justicia cinematográfica divulgada por el gran cine americano ha influido en nuestra mentalidad tanto o más que el modelo de vida que difunde ha acabado por moldearla. Sabemos, por ejemplo, que en USA las policías refuerzan sus servicios cuando por la tele se emiten películas de mucha audiencia en las que se muestren violaciones, y que se hace así desde que se comprobó que, tras cada emisión de esa naturaleza, se producía en el país una cadena de violaciones similares a la exhibida en la pantalla. Como sabemos que las modalidades criminales obedecen, en buena medida, a modas impuestas por esos modelos visuales, en especial en cuanto se refiere a la violencia contra las personas, que un inevitable mimetismo acaba por consagrar, y hasta cabe suponer que la fascinación colectiva por aquella Justicia ejemplar haya pesado lo suyo a la hora de decidirse a introducir en el sistema español tradicional una institución postiza como el jurado que la verdad es que, tras las elocuentes experiencias de su fracaso, ahora no saben cómo quitarse de encima quienes ayudaron a instaurarla. El gitano de Sevilla “agarrándose” a esa inexistente ‘Quinta Enmienda’ constituye el mejor exponente de la devastadora capacidad de mimetización que el imaginario posee sobre la realidad.
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Nadie negará que la imaginación creadora ha influido siempre en las conductas. A don Alonso Quijano le secó la mollera la lectura obsesiva de esplandianes y amadises, y sabido es que el éxito romántico del ‘Werther’ goethiano desencadenó por toda la culta Europa una ola de amorosos suicidios (hasta el de Larra se trató de incluir en esa nómina alguna vez) calcados del desdichado personaje. Pero tampoco puede caber duda de que la acción socializadora de los medios audiovisuales es exponencialmente superior a la de los que le precedieron, entre otras causas por su alcance masivo, pero también, no cabe dudarlo, como consecuencia de la capacidad persuasiva de la imagen en ese proceso vivencial que Edgar Morin llamó “introyección” del sujeto en la imaginaria realidad propuesta por la imagen cinematográfica. En el espejo del cine se penetra, como en el de ‘Alicia’, en busca de un país tan irreal como el que subyace bajo el azogue de aquellos en que se reflejaban los espectros de Bram Stoker o Richard Matheson, pero eso no lo ha descubierto el gitano del cuento hasta que la jueza se lo ha hecho notar significándole que ese famoso expediente de mafiosos, racistas y ‘perros de paja’ no vale en nuestro viejo sistema. Las antenas de los bloques marginales o las que se alzan incluso sobre las chabolas no parece que estén sirviendo para mucho a la hora de escolarizar a la prole pero a la vista está que por ellas se recibe íntegro un mensaje foráneo que tiende a imponerse sobre el aborigen y hasta es capaz de conquistar la celosa automarginación de las minorías. ¡Un gitano invocando la ‘Quinta Enmienda’! Quizá fuera cosa de ir pensando en primar la pedagogía televisiva y olvidarse de esa escuela en la que la autoridad ha resultado no poco incapaz de recluir a generaciones enteras de marginados. O de poner un televisor en las aulas como ya se han puesto cámaras en los juzgados.

La mayoría inútil

No es edificante le paisaje que han plasmado los pactos bajo la mesa. Hay demasiados ganadores de las elecciones relegados a la oposición, demasiados perdedores aupados al gobierno. La aritmética simple ha hecho que algunos que han perdido apoyo hayan ganado poder y viceversa. ¿Qué es legítimo? Más bien habría que empezar a decir, simplemente, que es legal, es decir, que es así porque lo dijo la ley hace 30 años, todavía en la noche de los miedos, y cuando había en España una preocupante legión de partidos y partidillos. Cada vez tiene menos sentido que, por ejemplo, en Sevilla IU o en Córdoba el PSOE, saquen una tajada mayor que el cuchillo mientras que el PP, que ganó en ambas capitales, se enfrente a una legislatura mano sobre mano. Esta ley Electoral está superada y lastima el sentido común. Si no quieren que la abstención siga su marcha ascendente, habrán de modificarla para que la mayoría directa signifique algo más que nada. 

Las asambleas de IU

La etapa Valderas va a saldarse en Huelva con un rasgo sobresaliente: la liquidación de las asambleas. ¿Democracia interna, libre discusión asamblearia? Vamos, hombre. Para esta IU, que ya no le ve la matrícula a la que dirigía Anguita, lo único que cuenta es la conveniencia de los jeques, incluso si el precio de esa conveniencia es destruir el “órgano de la base” (¿les suena?). Ahí tienen cómo se las aviaron para destruir la activa asamblea de Valverde y aquí tienen ahora cómo andan triturando la de Bollullos, atentos en siempre al compromiso feudal con el PSOE de aislar al mismo PP que, en otros tiempos, sirvió para forzar a Chaves al único ensayo de sensatez que ha vivido nuestra autonomía y que, por cierto, como aquí recordaba ayer Rafael Unquiles, le sirvió a Valderas de escabel para empinarse muy por encima de su estatura. A IU le quedan veinte pelados antes de que el PSOE la obligue a recoger el rancho en fila. Ciertamente Cervantes llevaba más razón que nunca cuando dijo que “lo primero es el buen gobierno de las tripas”.