Teatro dentro del teatro

Elemental, demasiado transparente, la escenificación de la discordia imposible entre el PSOE e IU, mantenedor y mantenida, socios no sólo por justificables afinidades sino por imposición evidente de la necesidad. Demagogos, como dice Parralo que son los de IU, o no demagogos, cualquiera sabe que el domingo habrá dos maneras de votar a la Parralo: una, depositando en la urna la papeleta del PSOE, y otra, echando en ella la de IU. Ya puede Jiménez subirse a la parra (y va sin segundas), hay que ser pánfilo para no ver claro ese truco electoral de las dos papeletas destinadas a sumarse juntas. Lo cual es todo lo legítimo que se quiera, a ver, pero por la misma razón vuelve tan chocante el paripé de la peleilla, el camelo de los puntos sobre las inexistentes íes. Jiménez sabe que va de “doméstico” de Parralo en esta ocasión, como en la anterior lo fue de Cejudo en Valverde y durante toda la legislatura de la Diputación. Quien vote a IU votará a Parralo. Un IU saben que el cobrador del frac no se anda con cumplidos. 

Visita a Potsdam

Cuando visité Potsdam me costó hacerme a la idea de que aquella apacible ciudad hubiera sido durante tantos años el gran reducto de la Stasi, la policía política/servicio secreto/brigada criminal de la Alemania Oriental. Me contaron quienes me guiaban por aquel laberinto que los viejos sicarios de la dictadura seguían ocupando las viviendas oficiales de aquellos cuidados barrios confiscados en su día, incluso después de la espectacular apertura de los archivos secretos de la organización que permitieron a millones de alemanes contemplarse en el espejo cóncavo de la paranoia policíaca que los había vigilado durante tantos años. Los alemanes han logrado hacer un arte de la capacidad de supervivencia desde que, tras el hundimiento del Reich, las temibles SS y otros tétricos servicios lograron salvar el pellejo a la sombra de la obsesión anticomunista que les supuso la ayuda de la CIA no menos que la del Vaticano, una vez que se desplomó el proyecto de continuar la guerra contra los soviéticos compartido por los verdugos con el propio Patton. La imagen de una ciudad pacífica, como olvidada del pasado, atenida a la lógica de esa supervivencia discretamente consentida, no dejaba de sorprendernos con la sugerencia tácita de que la vía más rápida hacia la paz estable pasa por algunos olvidos forzosos. También en España defendimos en su día una amnistía que devolvió a la calle a muchos que sufrían persecución por la Justicia junto a un buen número de criminales a los que les faltó tiempo para reincidir en sus miserias. Como en Francia, donde algunos juicios famosos (Maurice Papon o Klaus Barbie) fueron liquidados con severas sentencias de imposible cumplimiento. O como en Inglaterra donde se ha olvidado adrede la complicidad de la propia Familia Real con el proyecto nazi y su proximidad a Hitler. Los pueblos que olvidan repiten sus errores, se dice, pero los que se aferran a la memoria hasta hacer de ella una rencorosa obsesión carecen de oportunidad para recuperar la paz. La Historia no hace justicia, no nos hagamos ilusiones. Eso de que “el que la hace, la paga” no es más que una monserga sublimatoria.
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Ahora le ha tocado el turno a Kapuscinki, acusado de colaboracionista con la policía polaca, cuando ya no puede defenderse, por los agitadores del insensato memorialismo puesto en circulación por los hermanos Kaczynski, que pretende investigar a todos en nombre de sabe Dios qué complejos o quién sabe si como recurso de distracción. Y a Günter Grass, a quien se retrata con el uniforme maldito junto a la imagen juvenil del propio papa Ratzinger. Sólo los recalcitrantes quisieron en Francia, insisto, reabrir la herida para lastimar a Drieu de la Rochelle, a Henry de Montherland, a Grasset, a Céline o a Paul Morand, como solo los ultra (y precisamente ultras fascistas) se ocuparon en España de destapar el pasado de los llamado “nuevo liberales”, en su día enrolados junto a Franco pero pronto alejados de su régimen con todas las consecuencias. Hay inquisiciones que sólo son necesarias en la mente de los Torquemadas, reparaciones sin sentido que a lo peor exigen los que menores títulos tendrían para ello. Grass dice que está hasta el moño de dar explicaciones que, por otro lado, no han dejado en ningún momento de reconocer que la adhesión política es un fenómeno eminentemente circunstancial y de época. Kapuscinski no puede ya decir nada pero resulta difícil para sus devotos o, simplemente, para sus lectores, ver en él un alma podrida y en su obra una escritura doble. Si la Historia pudiera ser un tribunal, en España habríamos de pasar revista la inmensa mayoría de unas generaciones que, empezando por el Rey, juramos a la fuerza fidelidad a los principios de la dictadura. Sin contar los verdugos de ambos bandos durante la guerra civil. Más o menos como en Polonia. Algunos, como esos gemelos Kaczinsky, no tienen ni culpa quizá porque tampoco tienen pasado.

Basura electoral

La campaña amenaza con ser la más sucia de la crónica democrática, le menos democrática, simplemente, de las vividas hasta ahora. El fax (auténtico segíun la Policía Científica) de la factura falsa del Ayuntamiento de Sevilla enviada desde el grupo del PSOE, la convocatoria del macrobotellón para el último día convocada en Granada desde la sede regional del PSOE, los rufianescos insultos del candidato del mismo partido por un pueblo malagueño, las promesas explícitas de ayuda discriminatoria por parte de Junta y Gobierno para los Ayuntamientos de su propio color, los varapalos de la Junta Electoral al gobierno regional con motivo de su propaganda ilícita, el uso de medios materiales de la Administración por los candidatos del partido en el poder…: demasiadas cuerdas para un solo violín. La dignidad exige perentoriamente a Chaves siquiera un gesto decoroso frente a tanto abuso y tanta insensatez. El partido que gobierna en Andalucía hace más de un cuarto de siglo no puede permitirse actuar como un pícaro o algo peor en unas elecciones. 

IU, fiel escudero

Resulta curioso escuchar al candidato de IU prometer, como si pudiera, lo que nunca pudo y es dudoso que, tal como va el valderismo, pueda alguna vez. Pide, exige, avisa IU sobre lo divino y lo humano, incluyendo su propósito de demoler la central de Endesa “dentro de la ley”, menos mal, en cuanto llegue al poder. Pero ¿a qué poder se refiere, de qué poder habla una fuerza minúscula a la que ha acabado de desacreditar su sumisión al PSOE durante la pasada legislatura, y que está ocultando su principal realidad, a saber, que votar a IU será el domingo lo mismo que votar al PSOE en función del pacto tácito, pero conocido de todos, que la coalición mantiene con el aquel en la capital y a nivel provincial? IU ha elegido ir de escudero fiel por la vida política a cambio de que el señor le pague las facturas, es decir, se ha convertido en una franquicia del PSOE para recoger el sufragio de los votantes que de ningún modo se resignan a votar su derechizado modelo. Votar Jiménez es votar Parralo, en una palabra. Eso, tan legítimo, por supuesto, debe saberse de antemano y tendría que ser la propia IU la que lo declarara para no estafar a muchos de sus votantes. 

Verdades que escuecen

El conocido provocador Michael Moore, azote de Bush y fiscal kamicace de muchas miserias americanas, va a iniciar una nueva cruzada contra el sistema de su país, en esta ocasión centrado en la crítica del sistema de salud de la primera potencia mundial que a él le parece –y no es ningún secreto– manifiestamente mejorable. En el festival de Cannes se estrenará en esta ocasión un alegato contra ese sistema comparado nada menos que con el de Cuba, país al que ha viajado subrepticiamente en compañía de cinco afectados por la catástrofe de las Torres Gemelas que no encuentran en su país, según dicen, la atención el cuidado que les ofrecerían en los hospitales del castrismo. La tesis de Moore podrá ser desatentada, una vez más, si se quiere, pero viene a coincidir con no pocos estudiosos que vienen denunciando hace años la involución de un sistema de salud que ha dejado ya prácticamente a la intemperie a cuarenta y cinco millones de personas en función de un rígido criterio de gestión que viene aplicando a los centros sanitarios –lo mismo con republicanos que con demócratas, a pesar de las apariencias– los principio de la libre empresa, es decir, la regla de que un ciudadano tiene derecho a recibir del común justo el equivalente de lo que ha contribuido, pero ni un perrín más. Tiene ese fabuloso sistema, igual en el área pública que en la privada, más medios y mejores tecnologías que ningún otro, pero nadie discute hace tiempo que a él no tiene acceso colectivos cada día mayores de ciudadanos descalificados a pesar de la insistencia de la OMS en que el derecho a la salud es inalienable y el repetido eslogan que mantiene que entre las diversas formas de desigualdad existentes en nuestras sociedades desarrolladas, ninguna equiparable a la injusticia en el sistema de salud. Moore será un provocador, eso no se discute, pero sus denuncias –recuérdese “Bowling for Colombine” o “Fahrenheit 9/11”– caen indefectiblemente como sal sobre la herida. Por algo será.
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La estrategia estatal seguida, insisto, por ambos partidos, viene consistiendo en reducir progresivamente los servicios gratuitos, como me explicó hace años cenando en el Village neoyorkino el gran preboste de esa gestión que es el psiquiatra sevillano Luis Rojas-Marcos. Moore, sin embargo, sostiene, en consonancia con la opinión de muchos investigadores, que la causa de una política tan injusta como eventualmente explosiva radica en los nexos decisivos que reúnen al poder con la farmaindustria, por un lado, y con las compañías de seguros, por otro, nexos reforzados, al parecer, tras cada campaña electoral en razón de las famosas contribuciones voluntarias que esas poderosas compañías entregan a los partidos dominantes. De poco valdrá esta vez, pues, la intriga burocrática que pretende buscarle las cosquillas al cineasta por haber viajado indocumentado a la dictadura caribeña o el rifirrafe patriotero que le acusa de lastimar el prestigio patrio, toda vez que sus conclusiones habrá de ser, muy probablemente, aplicables a los países europeos que viven idénticos o parecidos riesgos desde hace tiempo. Y “Sicko”, el documental en cuestión, batirá seguramente nuevos récords de taquilla en virtud de la paradoja de que pocas cosas tan taquilleras como el testimonio de la injusticia o el retrato de la desdicha humana, dos fallas del psiquismo colectivo a las que Moore ha cogido con destreza las medidas y a cuyo éxito contribuye, por explicable paradoja, las inquisiciones que el poder moviliza contra este tipo de denuncias demoledoras. Demasiada gente en USA reconocerá la verdad de fondo de la crítica de este cine rebelde. Las democracias financian espontáneamente las críticas que se le dirigen y tal vez en proporción a la hostilidad y resistencia que les oponga el poder. Algo que no podría ocurrir en Cuba, ciertamente, donde tampoco se muere nadie abandonado en una calle.

La pamplina electoral

“Recomiendo la meditación oriental a mis oponentes”, Pepe el de La Punta, candidato al PA por Ayamonte. “Voy a dejar claro que me alegro mucho de que un hermano mío sea candidato a la alcaldía (de El Arahal)”, Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía y del PSOE. “No somos tránsfugas, porque un tránsfuga cambia de partido para cambiar un gobierno y nosotros seguimos gobernando”, Juan Carlos Benavides, alcalde de Almuñécar. “La Junta Electoral de Zona de Marbella limita el funcionamiento de la democracia”, Paulino Plata, candidato del PSOE por Marbella. “La candidata de Huelva tiene un motor potente”, Felipe González, expresidente del Gobierno. “Aznar no nos ganó en el 96, perdimos nosotros”, el mismo. “Este partido nació entre trabajadores y ha vivido, vive y vivirá para defender a los trabajadores, a los más humildes”, José L. Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. “Los partidos tradicionales ya no representan a los ciudadanos”, Alonso Alarcón, candidato independiente por Mijas.