La fotocopia andaluza

Ciutadans per Catalunya ha anunciado su propósito de recurrir ante el Tribunal Constitucional nuestro Estatuto de Autonomía alegando que 39 artículos del texto andaluz están ‘calcados’ del catalán y otros 19 lo estarían ‘casi’. La formación independiente catalana dice que lo hace porque no quiere para Andalucía lo que tampoco quiso para Cataluña, pero la verdad es que lo que rechina en esta absurda historia, llevada a trancas y arrancas por los políticos en solitario, según el propio Guerra, es el hecho mismo de la copia, esa clamorosa falta de originalidad que está pregonando de modo incontestable la absoluta gratuidad del proyecto de reforma ideado por la Junta para cubrir la maniobra de sus “amigos políticos” en Cataluña. La verdad es que la iniciativa surgida en Cataluña supone un segundo revés para esta autonomía sin pulso ni la mínima capacidad crítica, en cuyo seno no se ha oído una sola voz quejándose siquiera de que nos impongan un estatuto ajeno y copiado. Se explica la elocuente abstención del referéndum que, bien miradas las cosas, lo lógico es que hubiera sido mayor. 

500 votos

Peor es lo de algún alcalde sorprendido tirando a la basura los votos rivales, desde luego, pero no es moco de pavo que 500 onubenses (de la capital, ojo) se queden sin poder votar por incapacidad del servicio de Correos. ¿Simple y circunstancial escasez de medios? Ésa es mala excusa puesto que los derechos hay que garantizarlos sin más, sobre todo, cuando el tema estaba previsto. ¿Parcialidad partidista? En ese caso estaríamos hablando de fraude electoral y esas son palabras mayores, pero a ver quien le mete en la cabeza a Huelva que la Administración que controla el PSOE deja que se pierdan 500 votos sin saber a quién corresponden, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que las encuestas pintan para el partido en el poder. Habría que averiguar qué ha ocurrido e irse derecho al Juzgado en caso de que pueda demostrarse, siquiera indiciariamente, connivencia o mala fe por parte de los gestores. Porque imaginen lo que ocurriría en el improbabilísimo supuesto de que el alcalde perdiera y la canditada ganara por esa cantidad de votos. ¿Era inevitable esta sombra de cambalache electoral? Eso debe responderlo el Gobierno, para empezar cesando al Subdelegado y al encargado del Censo. 

El partido distinto

Una de las noticias estelares de esta temporada ha sido la creación en Bélgica –país en el que votar es obligatorio, no se olvide– de un partido rebelde que propone oponerse las formaciones tradicionales votando negativamente a todo lo que se tercie si llegan a alcanzar un poder, a cambio de lo cual ofrecen a los ciudadanos, como compensación por su apoyo, nada menos que 40.000 felaciones. El partido se llama “Nee” (‘no’ en lengua flamenca) y, más allá de su pintoresca oferta, expresa bien el disgusto en alza, particularmente entre las poblaciones jóvenes, frente a una política en la que la Verdad ha dejado de tener importancia y la mentira se ha convertido en un instrumento cuya legitimidad no cuestiona nadie por la cuenta que a cada cual le trae. También en España se ha dejado oír, por fin, la voz de la disidencia democrática para ofrecer un terreno inexplorado en el erial de una izquierda que apenas es capaz, a estas alturas, de diferenciarse de su oponente, reducida casi en exclusiva a un par de marcas registradas con sus símbolos correspondientes. Poco se sabe del proyecto, que ha despertado, eso sí, una extraordinaria expectativa entre esa tropa hasta ahora dispersa que cada elección dilapidaba su voto bien depositando en la urna un sobre vacío, bien quedándose en casa a la hora de acudir al colegio, y que ahora entrevé la posibilidad de votar a personajes de reconocida solvencia moral y política, ajenos a la merienda partidista o escapados de ella tras haber intentado, por todos los medios, influir en su deriva. No tiene nombre todavía este nuevo convidado, que yo sepa, ni ha mostrado símbolo alguno, pero ha dejado claro de entrada que lo que se propone, como alternativa a lo que hay, sería la búsqueda de un estado federal sin complejos en el que todas las comunidades tuvieran idéntico techo competencial: una izquierda real al margen de los pleitos terruñeros, o lo que viene a ser lo mismo, una opción progresista sin más compromiso que el rescate de la utopía. Le va a caer encima la del tigre, eso es seguro, pero el mismo silencio temeroso con que el proyecto ha sido recibido en las sedes del partidismo convencional delata la inquietud que la idea despierta entre los políticos. Queda por ver el efecto que es capaz de provocar entre esos ciudadanos que llevan años protestando por la falta de alternativa real.
                                                                 xxxxx
Queda por comprobar cómo evita el nuevo proyecto de partido caer en el mismo laberinto del que trata de escapar, es decir, de qué manera consigue esa dirigencia rebelde evitar, cuando le llegue el turno, los mismos defectos que justifican su irrupción en la política. Stendhal sostuvo que la adhesión del hombre libre e inteligente al partido, a cualquier partido, está en proporción inversa a esa “esprit” que encaja mal por sistema en la organización cerrada, pero no creo que se trate tanto de inconformismo personalista como de legítima rebeldía contra la inevitable férula que el partido o la facción suponen. Lo que nos conduce a un nuevo interrogante: cómo podrá cohonestar su independencia efectiva con la disciplina inevitable esta nueva militancia que no se plantea como exterior al sistema sino como cuña que pretende adentrarse profundamente en él hasta alcanzar su médula sensible. Hay mucho votante de izquierda desconcertado desde hace años que ahora tendrá ante sí la opción de elegir una opción crítica con los partidos cuyo derrotero resulta ya inasumible y hasta puede que haya electores desnortados en plena derecha que vean en este brioso ensayo una salida a su pesimismo. Se ha dicho que cuando los partidos llegan a desear el fracaso del otro tanto o más que el propio éxito, es que la servidumbre está a la vuelta de la esquina. En la idea de ese grupo de rebeldes quizá haya que ver antes que nada un salto en el vacío para recuperar la libertad.

Las patas cortas

El camelo tiene cortas las patas. Nada más anunciar la Junta la buena disposición de, por lo menos, seis empresas a establecerse en la Bahía gaditana para llenar el hueco dejado por Delphi, una de ellas, Ficosa, fabricante catalana del mismo ramo, ha salido a la palestra para desmentir lo que no deja de ser un bulo de urgencia destinado a salvar los días que quedan de campaña. Aquí da igual ya que un consejero quede en evidencia o que los presidentes del Gobierno y de la Junta se vean desautorizados por sus promesas sin fundamento con tal de salvar los muebles y escapar al apuro. Los trabajadores de Delphi, como antes tantos otros, estarían siendo engañados a conciencia 

a no ser que las promesas y anuncios oficiales obedecieran –lo cual sería peor aún– a puro desconocimiento aliado con la temeridad. Indigna la indiferencia con que desde la política se plantean las respuestas a estas crisis vitales y extraña la pasividad de la comparsita sindical ante “soluciones” que de sobra saben los síndicos que son pura ojana. Nos quejamos de la eventual desesperación de esos engañados sin pensar en la responsabilidad que tienen quines con ellos juegan desde el Poder. 

¿Truco en Correos?

¿Por qué no ha funcionado Correos, por qué no han funcionado la Oficina del Censo, si el voto por correo es un derecho de todo ciudadano inscrito, qué puede justificar que muchos ciudadanos onubenses (se habla de miles) se queden sin poder votar en sus municipales? Si finalmente se confirman estas inquietudes el Gobierno sería responsable de un fiasco electoral que vaya a usted a saber si tiene más de desastre o de timo, pero que en ningún caso puede ser entendido como un mero fallo sin trascendencia. Si a un ciudadano que omite su deber de cotizar a Hacienda, el Estado lo cruje, no se explica por qué no ha de compensársele si por imprevisión, desidia o la causa que fuere el Estado priva a ese ciudadano de su derecho a elegir sus representantes. Y todo ellos sin pararse siquiera a pensar en la posibilidad de que el atasco se deba a algún cálculo electoral, porque entonces estaríamos ya en otro terreno más peligroso. Si hay ciudadanos cuyos votos se quedan atascados en Correos algunos cargos públicos deberían ser cesados por simple dignidad. 

La estima pública

Andamos metidos en raras operaciones de valoración de la Historia que están dejando en evidencia la arbitrariedad de la estimativa pública. Por duplicado, además, pues TVE competirá con A3 en su aventura de confeccionar un ránking de españoles ilustres, influyentes o simplemente famosos elegidos en directo por los ciudadanos de a pie. Son empeños paralelos al desencadenado por Mayor Zaragoza –y, ciertamente, por lo que ya sabemos, no menos peregrinos y absurdos– de elegir las siete maravillas del mundo de acuerdo con un criterio hodierno, cuyo resultado está siendo, como era de esperar, de lo más pintoresco, pues ahí van ya emparejadas el portento troglodita de Petra con la metáfora industrialista de la Torre Eiffel o el Partenón con la Estatua de la Libertad. El único que ha estado puesto en razón ha sido mi amigo Juan Antonio Cebrián, ese noctílope inspirado, que ha propuesto a propios y extraños elegir de madrugada entre los tesoros españoles que duermen el sueño de los justos en el limbo de nuestra grave ignorancia de la maravilla española. Pero por lo que sabemos ya a través de la encuesta de Antena 3,  es de justicia decir que, probablemente, estas pruebas no sean hacederas, no sé bien si porque la memoria es inevitablemente presentista o porque nuestra noticia del pasado, mitos aparte, es sencillamente grotesca. Ver a Picasso por delante de la doctora Teresa o a González –el del “GAL y el gol”: la fórmula es suya– anteceder a la reina Isabel, desde luego, da la medida de un resultado boecio que tal vez no pueda ser otro, como ver a ZP antepuesto a don Alonso el Sabio resulta igual de chirriante que toparse a Fernando Alonso entre Goya y Machado y cuatro puestos por delante de Franco, al Emperador Carlos tras Lola Flores e Indurain, a Felipe II precedido por Rocío Jurado o a don José Ortega pisándole la bata de cola a la Pantoja. No cuestiono, por supuesto, la virtualidad de la encuesta; únicamente digo que cuando un paisanaje  sitúa a Dani Pedrosa y a Pau Gasol por delante de Carrillo y don Pelayo, es que en la duramadre colectiva se han hecho trizas las claves de la estima. Es evidente que con esta idea de dónde venimos no vamos a ninguna parte.
                                                                xxxxx
Alguna vez se ha sostenido que la dificultad de toda historia reside en que si se trata de hechos antiguos carecemos de auténticas certezas mientras que si nos aplicamos a hechos próximos tenemos demasiadas. Y puede que algo de eso suceda en realidad, pero lo que esta irresponsable memoria me sugiere es que el recuerdo, la conciencia compartida, socializada, del pasado que se fue para no volver, no puede sujetarse a ningún criterio mayoritario por su propia índole subjetiva. Es imposible pedirle objetividad a un encuestado que ignora casi todo sobre Quevedo pero es bombardeado sin tregua con noticias sobre Leticia Rocasolano, ni extrañarnos porque en una encuesta sobre españoles ilustres el tercer puesto lo ocupe un corsario genovés. La memoria no es demasiado justa pero, desde luego, no es democrática, es decir, no es susceptible de ser medida verosímilmente con arreglo al criterio de las mayorías que han de atenerse a su
limitada información y a sus caprichosas preferencias. De otro modo habríamos de concluir que una memoria como la publicada por Antena 3 viene a darle la razón a esos pesimistas que, como el Chateaubriand de las “Memorias de Ultratumba”, asocian a la estupidez esa apreciable facultad de las personas. Es más, no faltará quien saque la cuenta por el revés y acabe extrapolando a la democracia esta insuficiencia clamorosa que revela tan lamentable incapacidad de los pueblos para jerarquizar sus valores y, en consecuencia, para valorar a sus hijos. Y la  verdad es que, a la vista de un recuento en el que sale Bisbal y se olvidan de Valle, tentado está uno ponerle collares aristocráticos a los perros que guardan la viña.