La manga ancha

El éxito del PSOE en Gibraleón –con la misma lista que hubo de expulsar por tránsfuga ayer como quien dice– o el obtenido por la misma formación en Valverde llevando como fichaje/estrella a un trásfuga redomado, demuestran que al electorado –vamos a dejar, para el caso, lo de “pueblo soberano”– le importan tres caracoles del transfuguismo igual que le importan otros tres de la corrupción. Una especie de concepto idealista de la democracia lleva a creer que los pueblos se irritan y castigan a quienes mantienen en política posturas tan denigrantes, pero nada de eso es confirmado por la realidad, al contrario, a la vista está que se puede votar con entusiasmo a un tránsfuga como en otras situaciones se ha votado alegremente a los corruptos. Los políticos (el PSOE en Huelva ha batido el récord esta vez) perpetran esos atropellos éticos y morales porque saben que al pueblo lo traen sin cuidado, aunque cuando les toca a ellos el perjuicio clamen como profetas. La corrupción moral se ha popularizado, eso es todo. No dejemos de dar al César lo que es del César. 

El conejo azul

El primer ministro belga, Guy Verhofstadt, está promocionando su imagen en Internet encarnado en un conejo azul que, ciertamente, recuerda en algunos de sus rasgos lepóridos al ilustre representado. Don Guy explica –he supuesto que dirigido más que nada a la gente nueva– que él es un hombre sencillo, entusiasta de los espaguetis, amante del sol y enemigo sin reservas del racismo, que juega (muy malamente, por cierto) al fútbol regateando en el jardín con su perrillo ‘Guy’, un gozque blanco que pone un toque de íntima humanidad en la figura del prócer. También en España ha habido estas elecciones, felizmente superadas, un candidato que se ha publicitado, como ahora se dice, exhibiendo, no su rostro genuino, sino los trazos caprichosos de su caricatura, otra forma intuitiva de acercamiento a la masa a la que el político tiene la propensión, al parecer inevitable, a concebir y tratar como se trata generalmente a los menores, es decir, abusando de su ingenuidad. La política democrática necesita del disfraz o de la máscara, tal vez de ambos elementos, para construir ese icono que, en algunas ocasiones, mejora la imagen añadiendo o perfilando con astucia los rasgos más favorables, y en otras la desluce adrede (una candidata fracasada antier hizo subrayar sus patas de gallo para reforzar su respetabilidad) para conseguir otras efectos que a usted y a mí tal vez se nos escapen pero que en el submundo de la publicidad recobra todo su enigmático sentido. Esta misma campaña hemos podido aburrirnos hasta el hastío con ese repertorio de gallos, rottweilers, mansos corderos y lobos feroces, avestruces, tiburones, migratorias oportunistas y hasta amables saprofitos dispuestos a vivir opíparamente de la descomposición ajena, que desde mañana cambiarán el rictus para mostrar su verdadero rostro en tanto llega una ocasión nueva de echar mano del conejo azul. Siempre me intrigó el lema de Descartes, ese “Larvatus prodeo” (avanzo enmascarado) que nada tiene que ver con el embozo espadachín pero que dice mucho de la doblez humana.
                                                                  xxxxx
Parece que en las democracias clásicas el elemento decisivo de la fama era la voz. No se repara, si no es incidentalmente, en al aspecto de un personaje pero pocos observadores olvidan, en cambio, mencionar el efecto de su voz, excusando llegado el caso, nada infrecuente, tonos y timbres impropios del personaje. En la sociedad medial, en cambio, la imagen lo es casi todo, unas canas ennobleciendo las patillas, la discreta arruga que sugiere la experiencia, una calva senatorial, el gesto elocuente o el anzuelo pícaro que juega con la ventaja de la complicidad. Pero esa misma hegemonía de la imagen ha acabado por desgastarla y va habiendo ya por ahí quien ve en la parodia una capacidad añadida de seducción o un elemento más del hechizo y la fascinación, curiosa renuncia a la propia imagen que no cabe seguramente en la moral naturalista pero que encaja divinamente en el puzzle subliminal al que entre todos hemos reducido el reclamo. Por lo demás, no veo mayor impedimento a que la política se vincule al dibujo animado en una época en la que hay pocos referentes éticos comparables a los ‘Simpson’, esos herederos de ‘Carlitos’ y ‘Mafalda’ que triunfan en plena batalla contra el sesentayochismo. A uno, personalmente, no le disgustaría toparse por ahí con un conejo azul regateando con un perrillo blanco, suprema e inocente demagogia registrada en unos Países Bajos en los que sus reyes y reinas paseaban antaño cívicamente en bici como ahora nos proponen los comunistas de Izquierda Unida que hagamos los ciudadanos postmodernos para rizar el rizo de la desideologización. La política es un comic de fabuloso presupuesto. No está mal que sus barandas lo asuman aunque sea sin plena conciencia de lo que hacen.

Más pero menos

Más de lo mismo, pero menos, seguramente, más hegemonía del PSOE, mayor peso tal vez de su “régimen” cuidadosamente edificado amplios sectores de la población rural, pero fracaso –otro más– en el intento desesperado por romper el cerco que la Andalucía más autónoma y menos dependiente le pone a esa hegemonía en las zonas urbanas. Sigue sin aparecer una alternativa conservadora (hablar de ‘derecha’ e ‘izquierda’ por referencia a las opciones andaluzas es pura arbitrariedad) pero ahí está el incremento notable del voto que ha de proceder, sin duda posible, del andalucismo en almoneda pero también de ocultos segmentos vergonzantes del progresismo convencional. Las futuras autonómicas validarán, probablemente, este esquema, que es de lo que se trata, aunque no me parece que esté tan claro que pueda decirse lo mismo de cara a una eventuales generales si se celebraran hoy mismo. Más de lo mismo, en resumen, pero menos. El PP no tiene grandes motivos para el contento pero el PSOE debe de tenerlos para una discreta inquietud. 

Provincia demediada

No puede discutirse la hegemonía provincial del PSOE. Sí que debe subrayarse que esa hegemonía divide en dos a una provincia, por un lado la Huelva rural –inmenso sumatorio de pueblos de población reducida–, y por otro, la Huelva urbana o para urbana, más moderna y, desde luego, desahogada económicamente a la cabeza de nuestro peculiar desarrollo. Las mayorías absolutas del PSOE en aldeas y pueblos son tan respetables como la que más pero no deben hacer olvidar las mayoría absolutas ganadas en localidades más abiertas y preparadas, también más independientes en su buenpasar, como las que, a la zaga de la capital, funcionan en Palos, Moguer, Lepe o La Palma. El PSOE es especialista en el pastoreo de aquellas comunidades pequeñas y dependientes –ésa es una herencia que les legó el dúo Navarrete/Marín Rite– mientras el PP se afirma en las más desarrolladas y ricas. Está haciendo falta un mapa de esta realidad que no cuestiona la legitimidad de nadie sino que las explica todas. 

El saber virtual

Un proyecto ya prácticamente acabado va a permitir que, de aquí a poco, dispongamos en Internet de un diccionario cibernético capaz de traducir sobre la marcha informaciones de cualquier tipo a una docena de lenguas. Podremos enterarnos de lo ocurrido en la otra cara del planeta sea cual fuere el idioma en que la información haya surgido, de momento en francés, inglés, árabe, español, alemán, japonés, italiano, portugués o ruso y hasta en una versión simplificada del chino, pero los gestores del invento trabajan ya en su ampliación a otras lenguas vivas de modo que el usuario de cualquier rincón del planeta pueda disponer sobre la marcha, y sin limitaciones idiomáticas, de cuanto se vaya publicando por ahí. En la Red hay disponible ya una biblioteca coordinada por la universidad de Gand que reúne 300.000 libros pertenecientes a las universidades de Oxford, Stanford, Harvard o Princenton, una opción seguro que sin precedentes en la historia cultural de la especie que, tras las ampliaciones previstas, hará realidad la ilusión de un saber virtual asequible a cualquiera en cualquier lugar del planeta. Cada día encontramos noticias nuevas en el hervidero informático, como ésa que ofrece ya cierta editorial de mantener abierto un servicio de oferta eventual que permitirá a los clientes encargar la impresión de su libro al margen de stocks editoriales y demás engorros, y a las empresas del ramo editar libros sin arriesgar demasiado en la tirada toda vez que será la propia demanda la que irá determinando la impresión. En un “sitio” más o menos escondido encuentro la oferta de una versión aramea del ‘Padre Nuestro’ que permitiría escuchar la oración por antonomasia no en las versiones difundidas a partir de Lucas y Mateo sino en el molde original con que Jesús de Nazaret la dio a conocer a sus seguidores y parece que pronto dispondremos también de una fonoteca que hará llegar a nuestros oídos los textos admirados en la voz de sus propios autores. No hemos hecho sino echar a andar en esta senda, eso parece tan claro como que no tenemos ni idea de qué nos aguarda tras la vuelta del camino.
                                                                xxxxx
Disponer de la información planetaria aunque sea en esas pérfidas traducciones que, por ahora, nos deparan los servicios internáuticos, revolucionará no sólo las expectativas curiosas sino que acabará abriendo expeditivos accesos a una interacción social infinitamente más intensa de lo que en su día, no tan lejano, pudieron soñar los funcionalistas más audaces. Pero tener a mano también la biblioteca universal como jamás soñaron tenerla los manguitos de Alejandría ni los bibliófilos de Pérgamo es un hecho cuya trascendencia no parece razonable valorar todavía aunque es seguro que habrá de revolucionar un saber que, por vez primera en la Historia, puede proponerse como universal. Cualquier país en cualquier año produce hoy más volúmenes que los reunidos por los Ptolomeos y los Atálidas juntos, aparte de que, en adelante, ese saber no ocupará literalmente lugar sino que cabrá holgadamente, por inconmensurable que llegue a ser, en ese planetario nicho de silicio capaz de cobijar la experiencia del hombre en todas sus dimensiones. Pronto esa biblioteca de que hablábamos estará probablemente superada por nuevas soluciones que ampliarán sin fin el tesauro que hasta el último curioso tendrá al alcance de la mano mientras los nuevos “útiles” permitirán la reducción a un solo cuerpo del saber fragmentario que ha caracterizado hasta ahora a la evolución humana. No habrá, con seguridad, ningún hallazgo en la nueva era comparable a éste de la universalización del saber y su apertura universal. Falta por ver qué su hace de él el mono loco, prometeico y zumbado, que nha hecho del saber un conocimiento abierto justo ahora que parece que está dejando de leer.

El voto urbano

El voto urbano –el republicano, el que echó a los Borbones, no se olvide– es en Andalucía del Partido Popular. Lo era y lo es nuevamente desde ayer, pues no sólo conserva ese partido cinco de las ocho capitales y alguna ciudad notanble, sino que ha ganado la sonadísima batalla de Marbella y es hoy por hoy, ojo al dato, la fuerza más votada en todas las capitales incluido el viejo feudo comunista de Córdoba. El “régimen” del PSOE funciona, y de qué manera, pero no es capaz de romper el círculo de información y cultura, aparte de independencia económica, con que lo mantiene aherrojado  en su cortijo el sector de la sociedad andaluza instalado en la vida urbana.
Algo que debe dar qué pensar a tirios y a troyanos, a unos porque deberían preguntarse la razón de su incapacidad para penetrar en la Andalucía profunda, a los otros, porque resulta éticamente imprescindible que consideren si, para un partido que se proclama progresista, la permanencia en el poder vale la pena a este precio.