Cuelgues de verano

Poca seguridad tenemos sobre la persona real de William Shakespeare. Peregrinamos a Strafford-upon- Avon perseguidos por los fantasmas de Marlowe o el propio Bacon, sus presuntos sosias, pero confortados con el elogio universal. Mejor así: un genio entre brumas siempre seduce más. No sabemos si, en efecto, el genial autor fue una realidad o una sombra, pero no por eso se deja de especular sobre el personaje y sus circunstancias. Lo último –leo en The Inpendent—son una investigaciones llevadas a cabo por sabios sudafricanos según las cuales, fuera quien fuera el autor de Hamlet, habría sido eventualmente cocainómano y, sobre todo, fumador de cannabis, deducción no poco temeraria extraída del análisis de ciertas pipas cuya propiedad se le supone, y del empleo de la palabra “weed” (yerba) en uno de sus magistrales sonetos, aparte de otros indicios no menos apasionantes. ¿Serán Hamlet o Lear el producto psicodélico de un porrero insigne o terminaremos archivando estas conjeturas como ya hicimos con otras tantas? No lo sé, pero constato esa tentación intemporal de atribuirle a “la verde yerba de Estambul”, como decía Valle en “La pipa de Kif”, esa virtud iluminadora que Walter Benjamin cuenta que ensayaron en su día los grandes popes de la Escuela de Frankfurt, incluidos Adorno y Horkheimer. Yerba ha fumado toda la vida, además de nuestros legionarios, la crema de la intelectualidad, desde Gautier a Dumas hasta nuestros contemporáneos, lo cual no me parece que permita atribuirle al cáñamo sin más ni más virtudes inspirativas dado que, entre la muchedumbre de grifotas, las genialidades las han hecho siempre sólo los genios.

De Valle se cuenta que se trajo de México, tras su célebre aventura, un sofá relleno de marihuana que consumió durante semanas en su cenobio domiciliario mientras entretenía su hambre con los terrones de azúcar que, entre bronca y bronca, arañaba en los cafés, como de Shakespeare se dice ahora –con el concurso de la cromatografía de gases y del espectómetro de masas, nada menos—que extraía sus prodigiosas visiones del efecto de esa droga que, en países como Marruecos, es de uso general lo mismo en los palacios que en las cabañas, y que en Holanda se vende “a la carta” en los “coffees shops”. Los sabios tienen una rara manera de elegir sus temas de investigación y luego nos salen con estas monsergas que parecen querer descubrir la pólvora en casa del artillero.

El gran abuso

Nuestro Parlamento autonómico es expletivo. ¿O es que alguno de ustedes ha notado diferencia entre nuestra vida pública durante sus vacaciones de agosto? No puede notarla porque el Parlamento es totalmente previsible desde que existe, y allí donde está fatalmente asegurado el apoyo al Gobierno, la democracia es mínima, de hecho, sólo formal. A propósito de la inhabilidad de agosto, Paco Robles ha dicho en la competencia que, en realidad, cuando la Cámara es inhábil de verdad es a partir de septiembre, pero mientras tanto sus Señorías siguen trincando sus dietas de viaje y residencia como si trabajaran. ¡Qué chollo, el Parlamento para los parlamentarios! Son los únicos andaluces a los que les pagamos el veraneo entre usted y yo.

De película

Como al ministro del Interior le crecen los enanos, al grave incidente de la visita de Rato a su despacho acaba de sumársele la petición directa que el tremendo senador republicano Mc Cain ha cursado a Rajoy y a Obama solicitando que el FBI se haga cargo en España de la investigación sobre el paradero de una ciudadana americana desaparecida cuando recorría el camino de Santiago. No le inspiran confianza a Mc Cain las policías españolas ignorante quizá de la inveterada leyenda de que son las mejores del mundo, que no tienen más que ver cómo en un pis pas y sin despeinarse resolvieron el laberinto moruno del atentado de Atocha, o puede que por eso mismo. Los americanos tienen una fe ilimitada en el FBI a pesar de que hoy cualquiera conoce la infame y larga crónica del mandato de Edgar Hoover, el que chantajeaba a los mismísimos Presidentes y luego se travestía de vampiresa en la noche prohibida y, por otro lado, no tienen en mucho aprecio a las policías extranjeras que, a veces, como en el caso de España, muchos de ellos localizan en el Caribe. Juzguen ustedes mismos por la infinidad de películas que llevamos vistas en las que el sheriff local o las policías del Estado correspondiente compiten con los infalibles “federales” a los que no hay caso ni enigma que se les resista, una rivalidad que bien conocemos los españoles tantas veces desconcertados por los desencuentros entre nuestras propias policías.

Se entiende, por lo demás, que un malinformado prefiera sus bien dotados institutos y agentes tratándose de país que, frente a un Hércules Poirot o un Maigret, por no hablar de un Sherlock Holmes, ha de conformarse con el estupendo Pepe Carvalho de mi querido y añorado Manolo Vázquez Montalbán, o el Plinio pardillo de García Pavón que desentrañaba misterios en Tomelloso, pero no por eso ha de admitir que sus casos policiales los resuelvan agentes extranjeros. ¿Acaso no sabemos que en el país de Mc Cain se amontonan los casos por resolver, y no sólo los “expedientes X”, sino los comunes por los que más de un inocente, como es bien sabido, ha ido a la silla eléctrica o a la cámara de gas? Bastante tiene Rajoy con conciliar, si es que puede, a nuestra Policía con la Guardia Civil y a estas dos con las ertzaintzas y los “mossos” catalanes, que no nos faltaban más que los “federales” en este berenjenal. Eso sí, admirémonos del celo con que los yanquis defienden a sus ciudadanos.

Grandes problemas

Entre el comején que les ha entrado por depurar el callejero de memorias franquistas e iniciativas como la de suprimir los clásicos coches de caballo de Málaga, los “emergentes” –en este caso los de Ciudadanos—parecen enredarse en la madeja de los viejos problemillas con olvido de los graves que en la actualidad nos acosan sin darnos tregua. ¿Habrá en Málaga algo más urgente que cambiar los coches de caballos tradicionales –como reclama C’S– por vehículos eléctricos de época incluso tirados por bicicletas también eléctricas”? Desde Barcelona nos llega el eco de la Colau diciendo que jamás tuvo tanto poder ni tan pocas posibilidades de ejercerlo. Miren ustedes hacia Grecia, hagan balance de lo allí ocurrido para tener una idea caso virtual de lo que representan, para nuestra democracia, estas fuerzas novedosas

Pies de barro

Todo en China está diseñado a una escala que difícilmente entendemos los occidentales. Un emperador que se hace enterrar en una inmensa zanja rodeado de miles de guerreros de terracota, una represa, como la del río Yangtsé, sin rival en el planeta, o un ritmo de crecimiento desconcertante para los economistas aunque basado en la explotación implacable de un campesinado reubicado masivamente en las ciudades. Nos escribe Ramón Tamames para anunciarnos su viaje a Shenzhén, un puertecillo de pescadores que, en sólo cuarenta años, ha aumentado su población de 30.000 habitantes ¡a quince millones de almas!, como dice Ramón, y en el que nuestro ecónomo expondrá el ejemplo de la recuperación española en un momento tan crítico como el que vive China, tras asumir que ya no crecerá al diez sino al 7’5 por ciento, y después de devaluar su moneda, el yuan, dos veces en un par de días para recuperar el ritmo de sus exportaciones, lo que estremecido las Bolsas del todo el planeta. ¿Ven como no era sólo una metáfora eso de que si una mariposa mueve sus alas en China, una galerna asola los EEUU? El “comunismo capitalista”, ese oxímoron insuperable, empieza a vacilar tras su éxito fulgurante, acaso porque, como habían advertido nuestros expertos, es mala cosa basar el crecimiento en la inversión en lugar de hacerlo sobre el consumo.

China está conquistando el mundo sin mejorar su dieta ni las condiciones de vida de la mayoría de su población, es decir, manteniendo el paradigma del famoso “tazón de arroz”, aunque aumentando por días sus millonarios, y Ramón se ha llevado a China su pizarra para explicar que el éxito de la recuperación española debe atribuirse, sobre cualquier otra causa, a la internacionalización de la economía, sin despreciar los beneficios que puedan haber supuesto la sartenazo propinado al sistema bancario, la desregularización del mercado laboral y las tímidas reformas administrativas. André Michaux se quejaba en su segundo prólogo a “Un barbare en Asie”, no de su cortedad de vista, sino de no haber sido capaz de presentir lo que allí se gestaba y que iba a dislocar lo que parecía permanente, es decir, nuestra exclusiva concepción del mundo. Los occidentales –pensaba él—nos resistíamos a la completa transformación de estos países, actitud de la que Borges debía participar cuando concibió la traducción de Michaux no como un deber sino como un juego. A ver qué nos cuenta Ramón a su vuelta porque, si algo es seguro, es que nos lo contará.

En el filo de la navaja

C’S, es decir, Ciudadanos –socio de investidura de la presidenta Díaz– dice ahora que investigará “caso por caso” para averiguar que altos cargos públicos imputados judicialmente lo han sido por corrupción, supuesto en el que se exigirá su cese inmediato. Se jacta C’S de que, con su actitud moralizante, ya ha logrado “expulsar de la vida pública a dos Presidentes” –expresión, sin duda, exagerada—y anuncia que se mantendrá vigilante para mantener limpia como una patena la vida política, mientras desde el PP se sugiere que, en realidad, es fuerza “emergente” no es más que la muleta del “régimen”. El tiempo, que todo lo descubre, nos dirá a quién debemos creer y a quién no.