Ahora Isla Chica

Otra vez el tole-tole de la reclamación de terrenos municipales, de nuevo la polemiquilla que pretende hacer creer a los onubenses que la Ciudad de la Justicia no se construye porque el Ayuntamiento no cede terrenos. Se trata ahora del centro de salud de Isla Chica y resuenan los mismos argumentos así como las mismas réplicas: el Ayuntamiento recuerda que es la oposición la que ha impedido que la remodelación de Isla Chica esté concluida hace años, aparte de que la cesión de terrenos (como en el caso de la Ciudad de la Justicia) fue acordada en su día y acordada está. Es probable que Parralo huya hacia delante, como quien pisa las ascuas de una crisis interna del partido que sólo el verano está aletargando pero que está ahí, pero eso no debería ser obstáculo para que, mientras en el partido se decide su suerte y no, mantuviera en positivo la acción opositora. Los onubenses han pagado ya en demasía el precio de estas contiendas. Tras perder cuatro elecciones, lo inexplicable es que no lo hayan comprendido.

Ojo al limpiabotas

Mis amigos economistas me evitan estos días –supongo que igual debió de pasarle a nuestros abuelos cuando la otra vez– temerosos de pronunciarse sobre la crisis. Los pocos con los que logro hablar no se ponen de acuerdo, siempre entre Keynes y Friedman, cuarto y mitad de Hayes por si acaso, convencidos unos de que el problema hay que buscarlo en la superproducción, otros de que la causa está en el histérico soponcio de los mercados bursátiles, los de más allá en que lo que ocurre no es sino la consecuencia de la expansión monetaria derivada de la loca política de expansión. Cualquiera sabe, pero como la Humanidad es sierva de su propia memoria latente, el fantasma del miedo pasea de nuevo por esos mundos y no falta ya quien imagina, esta vez ve technicolor, la escena de los millonarios y hasta los brokers arrojándose por las ventanas cinematográficas de Wall Street, junto al aguafuerte de un nuevo proletariado empujado por el hambre Dios sabe hacia donde. Lo que pasó la otra vez sigue en discusión pero no lo que lo produjo, a saber, el desmadre inversor que dio en la locura de entramparse para invertir en acciones, venderlas para pagar la deuda y ganar la diferencia. Suele referirse la ocurrencia de Joe Kennedy, el epónimo mafioso de la truncada dinastía: cuando hasta el limpiabotas pronostica en la Bolsa es que la economía va sobrevalorada. O la anécdota del Churchill desconcertado viendo sobre el parquet londinense cómo se volatilizaba su copioso “paquete”. Pero la imagen fuerte es la de los suicidas del rascacielos sobre el chafarrinón amenazante de los nuevos pobres y ambas, en mi opinión, quedan lejos de este mundo tan distinto, aunque los que ladran en él sean los mismos perros con collares distintos. Estaría loco el planeta si se metiera de nuevo en la boca del lobo. Basta de momento con ajustarse el cinto y reducir el veraneo.

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De lo que nadie va a librarnos es de otra discusión sobre los principios, de nuevo los galgos keynesianos contra los podencos liberales, las porfías sobre las perversiones del monetarismo y las condenas de la intervención del Estado en el juego presuntamente libre de la economía. Verán como la culpa es nuevamente de Marx y no del Pocero, verán como le cuelgan el sambenito al gasto social y no a la segunda o tercera vivienda, verán cómo unos le echan la culpa al despilfarro asistencial y otros a la hipoteca insensata. Pero esta vez la crisis no pasará a mayores –Dios me oiga– ni creo que volvamos a vivir los días negros que llevaron por el camino más derecho a la locura totalitaria empujados por el miedo a la libertad. Estaríamos locos, ya digo, si volviéramos a meternos en la boca del lobo, como si no hubiéramos tenido bastante con el tragantón anterior, como si no nos supiéramos de coronilla la lección de que se empieza discutiendo sobre la inflación o la máquina de hacer billetes y se termina descubriendo el “Ciclón B” en las cámaras de gas. No me olvido de la capacidad del hombre para tropezar en la misma piedra, pero confío en la “astucia del Sistema”, si se me permite la perífrasis hegeliana. Por otra parte el capitalismo ha aprendido mucho desde la otra vez, tanto que ha logrado merendarse a las alternativas a pesar de tantas contradicciones como revela cada dos por tres, y estos, en resumen, no son los años 20, la década feliz de la morfina y el charlestón, que pretendió hacer del mundo un cabaret mientras enmudecían las sirenas de las fábricas. No creo que la sangre llegue al río aunque sin duda habrá que vivir una temporada asfixiados por el ‘euríbor’ y con el alma en vilo por la truculencia de la realidad. Este mundo está loco pero no es tonto, pueden estar seguros. Tanto como que de ésta salen forrados unos cuantos que me juego lo que quieran a que resultan ser los mismos. Quizá lo que más me aturde es que el que no va a levantar cabeza tampoco ahora es el limpiabotas.

Fábrica de parados

La planta 41 de rodamientos de la clausurada Delphi se ha convertido en una oficina de paro: seis mesas y catorce empleados se afanan en tramitar inscripciones, calcular finiquitos y, en definitiva, en enterrar laboralmente a esos “parados con perspectivas” que es como los llama el presidente de su comité de empresa. Eso era todo, pues, o poco más, ése era el futuro esperanzador de que tanto hablado Chaves y ZP, al menos mientras no se demuestre lo contrario, y se va a demostrar cuando toree Cascorro. Desde luego el control laboral que ejerce el “régimen”, potenciado por las dádivas del “acuerdo de concertación”, es estupendo y no hay conflicto capaz de resistírsele más de un par de semanas ni líder sindical que escape a la disciplina, declarada o tácita, que lo mantiene atado al poder. “Parados con perspectiva”: esa planta convertida en oficina de paro es toda una ilustración de semejante camelo.

Valderas se gana el pan

Ha ganado Valderas el pulso a la militancia de su propio partido, IU, en Bollullos, su pueblo. Se trataba de ponérsela en bandeja al PSOE –una vez más– y Valderas, un especialista ya en ese negocio, ha cumplido su parte del trato. Es curioso, para empezar, que quien gobierne la coalición sea uno que no es capaz, elección tras elección, de ganarse el acta en su propia tierra, pero pocas dudas pueden caber de que ese fracaso no le impide servir fielmente a su eterno rival. En la legislatura pasada ya hicieron el negocio salvando al presidente de la Diputación de su traspiés en Valverde a cambio de generosas compensaciones en la institución provincial que, entre otras cosas, para eso está. En ésta sigue el juego, cada día más cerca del fin, cada minuto más lejos del proyecto que fundara Anguita ya punto estuviera de poner contra las cuerdas a Chaves. Valderas tiene que ganarse el pan, el hombre. Es un derecho, en fin de cuentas, que cuesta negárselo a cualquiera.

La mala educación

Un estudiante congolés de Ciencias Políticas de la universidad de Bruselas ha demandado ante la Justicia belga que se retire del mercado el memorable tebeo de nuestra infancia “Tintin en El Congo”. Bienvenu Mbutu Mondondo, que seguramente no tendrá en su maltratado país mejores causas que defender, se ha empeñado en esta batalla convencido de que la lógica que animaba el viejo relato –fue publicado, si no me equivoco, a principio de los años 30– constituye una manifestación incontestable de racismo y xenofobia aunque sólo sea porque presenta une versión ‘ingenua’ de la realidad nativa, sobre cuyo fondo proyecta el indeseable arquetipo del indígena haragán al que los esforzados colonizadores –el propio ‘Tintin’, claro, y hasta su perrillo ‘Milou’– han de obligar a trabajar con mano de hierro o a fuerza de ladridos. Casi ochenta años después la visión colonialista rechina, como puede verse, en la mentalidad de unas elites locales privilegiadas que han hecho suyo el paradigma axiológico de los colonizadores para aplicarlo restrospectivamente al retrato de sus abuelos y protestar en nombre de lo que nada menos que el ‘Centre pour l’Egalité des Chances et de la Lutte contre le Racisme’ ha calificado sin complejos de “actitud hiper-políticamente correcta”. No hay derecho a seguir vendiendo por ahí tebeos en que los aborígenes aparezcan como monos o como simples imbéciles a juicio de los protagonistas con independencia de la edad de la historia, eso es todo, y ello a pesar de que hace ya muchos años, por lo menos treinta, que Hergé, el genial dibujante de la serie, reconociera los prejuicios burgueses de una visión que, en todo caso, sólo se entiende en el contexto del que surgió. Nuestra educación sentimental deja mucho que desear, no cabe duda, sobre todo si se considera le repertorio mítico que se proporcionó durante la postguerra a la santa infancia.

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Claro que, de prosperar la demanda de Bienvenu, la lista de proscritos podría ser interminable, comenzando por “El Guerrero del Antifaz” que combatió sin contemplaciones a la morisma, hasta aquel “Capitán Trueno” que llamaba moros a los moros (y con las del beri, por supuesto) o trataba como caníbales a los indígenas americanos. No cabe duda de que las aventuras de “Roberto Alcázar y Pedrín” funcionaron en la pedagogía franquista como una eficacísima “educación para la ciudadanía”, ni que decir tiene que fundada en sus valores exclusivos y dirigida a fomentarlos entre la gente nueva. No quiero ni imaginar la reacción del gigante chino si alguna vez se para a considerar la injuria insuperable que supuso la difusión del mito de Fu Man Chu (antecedente claro del futuro ‘Doctor No’) teniendo en cuanta cómo se ha subido a la parra por la simple retirada del mercado de unos juguetes venenosos. Pero de toda esta bronca propongo quedarme con ese concepto de la “hipercorrección política” que ha sacado a pasear aquella institución francesa seguramente alarmada por las consecuencias que pudiera acarrear una revisión ucrónica de las ideologías y propagandas. Imaginen la punta que se le podría sacar a la rebeldía socarrona de ‘Carlitos’ o incluso a la pachorra de ‘Mafalda’, una vez puestos a arrancar de su genuino contexto (en este último doble ejemplo, el del mayismo contestatario) a personajes y situaciones. Sin contar con que a todo mensaje, desde la Iliada a Ana Karenina o desde Flaubert a Boris Vian, se le puede aplicar idéntica disciplina siempre que extrememos nuestra percepción de lo correcto. Hace poco ha explicado Günter Grass la lógica de la adhesión al nazismo que movilizó a la sociedad alemana en su circunstancia concreta. Nadie está a salvo de su educación sentimental. Mucho me temo que ni siquiera Bienvenu.

‘¡Colócanos a tos!’

Ninguna prueba tan elocuente de la omnipresencia del “régimen” que domina a Andalucía como la propuesta del Consejo de la Juventud de Sevilla, un órgano del PC subvencionado por el contribuyente a través del Ayuntamiento, de que sus “voluntarios” perciban dietas de 16 euros por hora cuando asistan a reuniones. ¡Voluntarios pagados! La deriva acomodaticia del radicalismo ha hecho muchas tonterías pero quizá nunca hubiera alcanzado una cota semejante de cinismo y trinconeo políticos. La inmensa y creciente trama de “dependientes” –el gran tinglado en que se apoya su hegemonía– es cuidada sin remilgos por una izquierda que ha hecho del servicio público, salvo excepciones cada día más raras, una profesión de aprendices y mediocres. Pero eso de inventar el “voluntariado profesional” pasa de la raya incluso aquí. Lo de “¡Colócanos a tos!” que le gritan a Chaves en los mítines rivales va a dejar de ser una pulla para convertirse en una realidad.