Los intereses creados

El PSOE debería aclarar por la vía rápida el papel de “su” Junta de Andalucía en el largo, inacabable, rapaz, proceso de desmantelamiento y reflotamiento de la minería de Riotinto. Porque no se trata ya de que el IFA comprara terrenos a precios enormes para luego verdérselos a los “amigos políticos” a precio de saldo, de que primeras espadas de su elenco anden siempre por medio en todos los noveles o de que esos “amigos políticos” se paseen impunes ante sus barbas, sino de que todo un ex-consejero de Industria presida la multinacional que pretende vencer las hasta ahora invencibles dificultades que se han opuesto a la solución del problema y salida a flote de la actividad. Eso es sencillamente una vergüenza política que sólo se concibe en una comunidad aborregada en la que ha desaparecido enteramente el sentido del pudor político. Chaves debe explicar qué ocurre en Riotinto, quién está detrás de su ruina, de su expolio, de sus deudas y… de su negocio.

Puente de plata

El nuevo ministro de Cultura le ha puesto puente de plata a Rosa Regás para que deje la Biblioteca Nacional en paz y al personal tranquilo. Que me aspen, como suele decirse, si me creo que el motivo ha sido la sustracción de dos mapamundis pertenecientes a la “Cosmographía” de Tolomeo, o mejor dicho, de una edición incunable de 1482 que estaba reservada en exclusiva a los especialistas debidamente documentados, como si los especialistas, documentados o no, fueran incapaces de mangar libros y no todo lo contrario como bien sabemos. No conozco bibliógrafo más cumplido que Bartolomé José Gallardo, maestros de bibliófilos y bibliotecarios, cuya rapacidad mereció que don Juan Varela o Estébanez le llamaran “bibliopirata” y Unamuno, siempre en plan de llevar la contraria, “bibliopirata salvador”, pues creía que sin sus mangancias a lo peor esos libros se habrían perdido en un país macizo como es el nuestro. De él se cuenta anécdotas de las que prescindo en aras de la seriedad (don Vicente Salvá decía que “había robado en El Escorial y en todos los conventos”), pero por propia experiencia sabemos que la seguridad de ese templo de nuestros libros ha venido siendo proverbialmente cuestionable. Yo mismo recuerdo el huracancillo que se produjo en Madrid a principio de los 80 cuando se echó en falta precisamente unos mapas valiosísimos finalmente recuperados en Cuenca y en manos de un bibliófilo, así como el todavía mayor a que dio lugar años después el robo y posterior recuperación de toda una biblioteca astronómica en la que se incluían obras del propio Ptolomeo, Galileo, Ticho Brahe, Keplero o Newton aparte del famoso “Malleus maleficarun” o “Martillo de Brujas”, el famoso manual dominico que consagró la histeria renacentista contra aquellas infortunadas. Es más, ya en 1995, es decir, en plena “modernidad”, ejem, todavía era posible recuperar de manos ajenas una colección colosal de grabados u estampas que habían sido afanadas por los descuideros en ese templo sin vallar. No creo que a Regás la hayan echado por perder dos mapas. Ni me lo creo yo ni se lo cree nadie con dos dedos de frente.

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La Regás, hablando en plata, era un grano en el culo de un Gobierno picado de ‘progre’ que una mañana se desayunaba con la fulmínea diatriba de su directora contra la prensa libre y al siguiente había de soportar, entre soflama y soflama feminista, un elogio del espíritu bolivariano que no se le hubiera ocurrido hacerlo ni a la pobre Dian Fossey de sus gorilas en la niebla. No conozco ni una sola razón de peso para que esta escritora perfectamente minoritaria se hiciera cargo de nuestro primer centro libresco, salvo el peso residual de la leyenda de la “gauche divine” catalana de los 60 y 70 en el imaginario de la ingenua y peligrosa panda que nos gobierna, razón que no dejaba de ser pintoresca si se tiene en cuenta que por ese cargo han desfilado últimamente personajes como Juan Pablo Fusi, Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca o Luis Racionero, cada cual a su manera expertos entre los más respetables. La realidad era, como comprenderán, que un ministro que se precie no podía mantener en su sillón a un basilisco que ni siquiera podría atenuarse apelando a su talento o a su experiencia, ambos tan respetables como por demostrar. Una democracia no puede admitir que un representante tan significativo dé públicamente muestras de tanta insolvencia de criterio o de tan arriscada y fanática agresividad como en tan poco tiempo ha dado esta mujer sin mayor relieve pero con tantas aristas. Por eso la ha echado el ministro, más allá del piadoso expediente de la dimisión aceptada. Si encima le encuentran sitio en el Tripartito todo saldría a pedir de boca y nos habríamos visto libres de esa provocadora que celebraba que en España se leyera poco la prensa. No la suya, claro, sino la que hoy le dice adiós tan efusivamente.

Mucho hablar, poco invertir

Se ha conocido estos días un informe económico que pone en claro el perjuicio que soporta Andalucía, comparada con el conjunto nacional o con otras regiones, a la hora de recibir inversiones públicas. Resulta que la Junta, por ejemplo, es con diferencia la Administración autónoma más alejada de la media nacional, ya que aquí esa inversión está en 1.081 euros y en España en 1.702. Antier mismo denunciaba el PP que el Plan Director de Infraestructuras 1997-2007 lleva un retraso por incumplimiento del 90 por ciento, lo que hace completamente inverosímil que se logre en lo que queda de legislatura. Se habrá cerrado este decenio clave, sin cumplir siquiera los propios objetivos propuestos, mientras otras autonomías se forran literalmente gracias a la predilección, sin duda interesada, del Gobierno. He ahí un buen tema para animar las próximas elecciones autonómicas su fueran separadas de las generales. Como lo irán, vamos a dejarlo.

El lío de El Terrón

Vamos a ver en qué acaba, pues falta mucho por averiguar, la denuncia conservacionista contra el proyecto de construcción, por parte de la Empresa Pública de Puertos de Andalucía (EPPA), de un  puerto deportivo en El Terrón. De momento, la Unió Europea ya se ha dirigido a las autoridades españolas para interesarse por las circunstancias de dicho proyecto, lo que no deja de ser raro, al menos a primera vista, dado que lo lógico sería que la Administración comunitaria estuviera al tanto de lo que hacen sus miembros sin necesidad de denuncias de terceros. Y aparte, el Defensor del Pueblo Andaluz ha abierto también su expediente al estimar que “en efecto, hay un retraso por parte del órgano administrativo” a la hora de contestar a los denunciantes. En El Terrón han ocurrido muchas cosas, demasiadas, que no son razonables. Tendría guasa que, al final, se descubriera que algunas o todas ellas son tan absurdas como a primera vista parecen.

El doble empleo

Los futbolistas de la nueva era gozan de un pingüe doble empleo: el deportivo y el publicitario. Hasta Zidane ha sucumbido a la tentación y ha posado con unas gafas de marca que le confieren, según Rubén Amón, una incierta sugestión clerical, lo mismo que a Thuram le proporcionan la suyas de concha, un punto arcaico, el toque pseudointelectual que buscan esos entrenadores coquetos, como Floro o Fernando Vázquez, que introdujeron en el fútbol macho la mariconería de los psicólogos de vestuario. Rubén ha recordado –no se pierdan esa pieza magistral– la aventura crepuscular de Marcello Lippi aunque se haya olvidado de aquel par protector que llevaba Edgar Davis y que, tras largo debate, acabó siendo admitido por los estrechos reglamentos. El propio David Beckham anda publicitando gafas de sol, y en Argentina hace tiempo que arrasan las gafas retro de aviador que popularizó el Cholo Simeone, ese tifón inextinguible. De la metrosexualidad a la pasarela no había más que un paso, y ahí tienen ya a desfilando con el torso desnudo a un Freddie Ljungberg vestido por Calvin Kleim que hace furor entre las hembras de medio planeta. Los dos grandes sueños fallidos del presidente Calderón, a saber, Kaká y Cristiano Ronaldo, no sólo le han dado calabazas a su chequera sino que han fichado, aquel por Armani (como Cayetano, ojo), y éste por Pepe Jeans. Las gafas ha sido siempre, si bien se mira, además de un calvario de chicos acomplejados, una tentación o un capricho de los héroes modernos, al menos desde que los Beattles hicieron famosas sus antiparras y los roqueros lograron poner de moda las famosas ‘Wayfarer’ de colores, toque de bruta coquetería y complemento del lisérgico. Uno recuerda a Audrey Hepburn, oculta tras sus enormes gafas oscuras y comiéndose un croissant ante el escaparate de ‘Tiffany’s’, y llega a pensar que cualquiera tiempo pasado fue mejor.
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Nadie esperaba que el negocio exponencial de los grandes clubs llegara a ser algún día la merca de camisetas con un número y un nombre idolatrado a la espalda. Pero eso es lo que hay, y tal vez no podía ser de otra manera en esta lonja idiota en la que sólo el club del mencionado presidente lleva gastada en fichajes esta temporada la bonita cifra de setenta mil millones de las viejas pesetas, y supongo que otro tanto se habrá pulido su eterno y politizado rival al que la independencia soñada podría acabar convirtiendo en su día, por más componendas que se arbitren, en un “primus sine pares”. Un futbolista anuncia hoy indistintamente un yogur o un cupidito para el pelo, unas zapatillas deportivas o una crema depiladora, como los toreros comienzan a placear las creaciones de la moda viril en ese mundo, cerrado y no poco sórdido, donde sólo imaginar que el nieto del Niño de la Palma iba a compaginar la tauromaquia con la publicidad exhibiéndose en un escaparate hubiera resultado escandaloso hace nada y menos, cuando todavía Hemingway bajaba a los sanfermines para admirar al abuelo. El héroe se ha convertido en un icono, cosa que, si no ando mal informado, ya ocurrió, en alguna medida, en el mundo clásico, en el que los atletas olímpicos eran imitados por los sofistas y los gladiadores circenses podían poner en el candelabro (vale) lo mismo un casco orientalizante que un rapado funcional. Sólo que hoy ese mensaje es universal y la camisola del gran club que tal vez tejen en China, se vende incluso donde no hay fútbol, como la zapatilla que a lo peor fabrica un niño esclavo que trabaja por el rancho y unas monedas, permite que a Tiger Woods, el rey golfista, le arreen veinte millones de pesetas diarias por llevar en los pies el logos de ‘Nike’. Los sociólogos dicen que la publicidad organiza a su propio destinatario. Coca-Cola arrebañándole la última moneda al nómada africano no les quitará la razón.

Somos mundiales

Ahora resulta que en Andalucía hay más niños “superdotados” de los que se creía y desde luego muchos más de los que la Junta reconoce, como admite ella misma, que ya es decir, y la federación que se ocupa del tema y problema denuncia que carecemos de medios para aprovechar ese tesoro que “si no se cuida, se pierde”. Sería cosa de echarles el test ése a los próceres responsables, en la seguridad de que nos íbamos a llevar la sorpresa del siglo comprobando, tal vez, la probable superioridad de los abandonados sobre los gestores y mandamases. Un 2 por ciento, en suma, dicen que pasa de la raya de la normalidad intelectual, lo que no deje de ofrecer materia para una compleja reflexión sobre el fracaso escolar en el que también descollamos espectacularmente. Quizá caminemos hacia una sociedad de genios y fracasados al mando de una pandilla de mediocres. El día en que por fin sepamos a qué atenernos será, seguramente, tarde para la mayoría de los primeros.