Todos en el burladero

El pleito de las balsas de fosfoyesos ha alcanzado se cenit con la sentencia de la Audiencia Nacional, ahora recurrida por Fertiberia, que declara prescrita la concesión administrativa que permitía a las empresas del Polo –y no sólo a Fertiberia, hay que insistir en ello– verter en la marisma esos desechos de la discordia que desde hace años centran la polémica entre quienes sostienen que su eventual perjuicio sanitario es nulo y quienes dicen que es muy grave. Lo grave, a mi juicio, es la cobardía política de partidos y sindicatos, que callan, miran para otro lado o salen por peteneras con eufemismos o pamplinas cuando se ven apretados, sin decidir nunca una postura leal con los ciudadanos y comprometida con un criterio de verdad. No se trata sólo de que CCOO y UGT estén en frentes distintos (cosa acaso explicable en claves orgánicas e incluso personales) sino en que esta es la hora en ni PP ni PSOE ni PSOE ni PP han cogido el toro por los cuernos. Saben que se juegan mucho electoralmente frente a una eventual catástrofe en el empleo, pero está obligados a decir “su” verdad y jugar éticamente esa carta.

El opio del pueblo

Por más despectivo que resulte el término “cultura de masas”, acuñado por la sociología crítica americana de los años 70, hay que reconocer que su éxito actual está basado en la confabulación de la curiosidad alcahueta de masas efectivamente sin otra capacidad posible, con la mostrada por un amplio sector social, tradicionalmente ignaro y siempre indiferente ante la cultura en todas sus manifestaciones, ante el enigma visto desde una perspectiva que pudiéramos llamar –sólo para entendernos, por supuesto– realidad “trascendente”. Las autoridades de Roswell, en pleno desierto de Nuevo México, administran con astucia el burdo asunto del ovni supuestamente estrellado en sus inmediaciones y los cadáveres de esos presuntos extraterrestres que han logrado hacer del pequeño poblado la capital mundial de esa ciencia sin contenido que es la ufología, hasta el punto de colocar a la entrada del pueblo vistosos carteles en los que se da la bienvenida –“Aliens Welcome”– a los eventuales visitantes del espacio. En Rennes le Château, el pueblecito del Languedoc que hizo célebre la leyenda del oro secreto de el astuto abate Saunier, el turismo papanata avanza cegado por la patraña de una leyenda de cátaros y templarios que peregrina a su mínimo cementerio y escudriña la iglesia de la Magdalena en busca de señales que permitan la confirmación de las disparatadas hipótesis, hábilmente administradas, a su vez, tanto por la diócesis como por el consistorio. A una abadía cisterciense de Tarragona, la de Santes Creus, acude también una riada creciente de curiosos ávidos de comprobar que, en efecto, en cierto retablo del XVII (¡un poco tarde para hablar en serio de templarios y rosacruces, en todo caso!) aparece al pie de la Cruz una Magdalena embarazada que “demostraría” por demás las fábulas y embustes puestos en circulación por le famoso “Código da Vinci”, ese monumento a la ingenuidad que ha logrado tomarle el pelo a medio mundo. Lo mismo que al monasterio pontevedrés de Santa María de Oia, ante cuyo retablo se dejan las pestañas detectivescas los seducidos por la jácara montada por el chismorreo hermético en torno a la difamada “discípula”. No creo que haya precedente de un esfuerzo colectivo comparable a esta monomanía ante la que Renán sonreirá, a buen seguro, desde su lejana perspectiva crítica.
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Desde luego no deja de ser grotesco que una sociedad que apenas lee ni se interesa por la historia esté respondiendo con tanto entusiasmo a la convocatoria de un puñado de intrépidos “iniciados” que les venden por toda mercancía una vaga leyenda que incluye desde las fantasías artúricas a las soplapolleces contemporáneas. Nunca tuvo más mirones la ‘Cena’ de Leonardo ni hubo más colas intrigadas ante la ‘Gioconda’ que desde que la teología mayor ha sido jibarizada por los nanomitógrafos a un laberinto de pamplinas esotéricas en las que a la pobre Magdalena le ha tocado el papel más arrastrado y el mito histórico que ha sido capaz de caracterizar a Occidente trata de ser reducido a una basura fabulística centrada en la presunta “descendencia de Cristo” y la rancia leyenda merovingia de la “sangre real”. Nada como la novedad, pocas cosas tan atractivas como la extravagancia, ninguna acaso como la ingenua trasgresión del saber acreditado a la hora de poner el tenderete en el zoco de los fisgones y los buscavidas. Balzac sostuvo –por la cuenta que le tenía, claro está– que frente a la “historia oficial”, por lo general mentirosa, se alzaba incólume la “historia secreta”, la mediavoz sin responsable, el cuchicheo libre. Y estos pelafustanes espontáneos han convertido de hecho esa “boutade” en uno de los más espectaculares negocios de nuestro tiempo. “Alien Welcome”: el cartel no necesita comentario. El trapicheo de este magdalenismo insensato, tampoco seguramente.

Sueldos municipales

El presidente Chaves ha sugerido a la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP) que elabore una especie de norma para regular los salarios que se ponga a sí misma la clase política dedicada al ámbito municipal, en el que últimamente se han levantado espectaculares escándalos, como en Mijas o Sevilla, a causa de lo percibido por sus alcaldes. El presidente no se sabe/no contesta cuando se le pregunta por los sueldos excesivos de los suyos, pero no está mal que, por lo menos, se pronuncie de esta manera indirecta que viene a reconocer un abuso consentido –por él más que por nadie– desde hace muchos años. Aunque no faltara quien diga que, tal como va el negocio, lo de los sueldos viene a ser lo de menos en este patio de Monipodio en el que demasiados ediles se han hecho millonarios a ojos vista en tan poco tiempo. Hay que aplaudir esa iniciativa de Chaves y, de paso, recordarle que hay más de una Marbella en esta barataria andaluza.

Algo suyo se quema

La Junta ha decidido echar mano de la Unidad Militar de Emergencia para que vigile y patrulle tanto por la Sierra como por la costa de la provincia en vista de los “incendios intencionados y negligentes” se están centrando en tierras onubenses. De hecho, tras el incendio que obligó al desalojo de vecinos en Moguer, un segundo siniestro se producía ayer en la misma zona, aparte del ocurrido en El Rompido que llegó acercarse peligrosamente a una urbanización. Vuelven los incendios, pues, y con ellos la cantinela de que la negligencia es, en realidad, de la Junta, por aquello de que “los fuegos de verano se apagan en invierno”, es decir, previniendo con trabajos de limpieza y control del monte y matorral sin esperar a que lleguen las llamas. No se olvide que en años anteriores el fuego rondó el propio parque nacional de Doñana, afectando al preparque en más de una ocasión, aunque este verano parece que se centra más bien en áreas de veraneo. Incluso desde fuentes ecologistas se sostiene que nada sustancial ha cambiado en nuestra prevención de incendios tras la gran catástrofe que abrasó la provincia. La Junta sabe bien, como demuestra esa interesante providencia, lo mucho que queda por hacer en Huelva.

La hora de todos

Los jueces que durante doce años ha  instruido el sumario para el juicio que habrá de dilucidar las responsabilidades políticas del presidente Chirac en el asunto de la financiación ilegal de su partido o en los trajines financieros del llamado “affaire Clearstream” (trama de lavado de dinero negro para uso de altas personalidades políticas) intitulaban el caso como concerniente a un misterioso “monsieur X” que todo el mundo sabía, naturalmente quien era, pero que la liturgia democrática, exquisita en sus modales galicanos, imponía tratar con delicadeza por puro sentido institucional. ¡Señor X! ¿Les suena a ustedes de algo esa incógnita clamorosa que en su día granjeó al juez Garzón tan dilatada fama y tanta beata gratitud de los ingenuos? Pues les suene o no, ahí tienen ya el ex-presidente francés sentado ante sus Señorías y contándoles el viejo cuento del envergue de que si alguna vez los partidos vivieron como curas de las instituciones o de la ayuda “voluntaria” y, por descontado, “desinteresada”, de las grandes empresas, fue sólo por la razón elemental de que sobre el particular planeaba un grave vacío legal, al menos hasta finales de los años 80 en que comenzaron las sucesivas reformas de la normativa sobre el particular. ¿No ocurrió lo mismo en Alemania, en USA, en el Reino Unido? ¡Pues acabáramos! Si los partidos se metieron en aquel torbellino de gastos (nadie se enriqueció, ojo, a salvo cuatro gandules) no fue más que porque el “interés general” les reclamaba una presencia que la “explosión del gasto mediático” convirtió en faraónica, qué coños. Se hizo lo que se pudo –lo mismo por la derecha que por la izquierda– pero hubo que atravesar aquel desierto legal aceptando aliviarse con la cantimplora ajena. Gracias a ello Francia goza hoy de “un sistema público, equitativo y transparente”, no se olvide. Sin olvidarlo tal vez, los jueces ven, en todo caso, indicios en su contra y hay ya quien cruza apuestas sobre si su condena será mayor o menor a la que la cayó al pobre Juppé cuando hubo de comerse solito el marrón de toda la basca. Lo que sea, sonará.

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Me interesa en este drama el fondo y la forma, la hábil componenda alcanzada (negociada) para salvaguardar a un tiempo el fuero de la Justicia y la honorabilidad de la institución, dado que un juez no había encarado a un prohombre de la política desde que fue a visitar a Lionel Jospin por otro caso oscuro, y teniendo en cuenta que, como dice cínicamente un “apparatchik” tan relevante como Jean-François Probst, al fin y al cabo nadie le dijo nada ni pió a Mitterrand cuando los líos de sus colaboradores o cuando el suicidio de Grossouve, o incluso tras la voladura terrorista del barco ecologistas “Rainbow Warrior”. Cuando la Convención hubo de juzgar primero y decapitar después a Luis XVI, el cambió el tratamiento de “majestad” por el de “ciudadano Borbón” no para humillarle sino para conferirle un derecho que, a su juicio, resultaba más genuino y avanzado. Al designar ahora al Presidente como “monsieur X”, aparte de consumar un redomado virtuosismo formalista, se estaba afirmando precisamente la obligación inexcusable de la Justicia de no eximir de su fuero a los notables. Justo al revés que aquí. El citado Probst –una buena pieza– lo ha expresado de manera inmejorable: “Es posible que Chirac resulte alguna vez ‘responsable’. Lo que jamás será el Presidente es ‘culpable’ ”. Insisto, ¿les trae esta historia algo a la memoria? Un fotógrafo de este diario fue severamente tratado por conseguir –era su trabajo– una instantánea de González declarando como testigo ante el tribunal. ¿Ven la diferencia? Admitir que la crisis de las democracias es un mal general no implica, en absoluto, igualar a todas ellas por un mismo rasero. Dice Probst que la política, como la ‘andouillete’ (una especie de ‘botillo’ berciano) debe oler a mierda porque es lo suyo, pero no demasiado.

Magia aritmética

Si ustedes ha escuchado al desconocido consejero de Trabajo de la Junta hablar de la voluntad de la Junta de paliar en lo posible la tragedia laboral que supone el cierre de Delphi en la bahía gaditana, olvñidense porque ahora resulta que no era para tanto. Si por casualidad ha oído a los bien subvencionados sindicalistas gritar en las ‘manifas’ eso tan rotundo de “¡Somos 5000, ¿dónde nos metemos?”, no se inquieten porque resulta que, bien hechas las cuentas, no “somos” más que 1.800 los afectados por el cerrojazo patronal. Chaves ha dicho incluso que el cierre de Delphi va a resultar benéfico en la medida en que las empresas que van a venir (¿cuáles, cuándo?) a la Bahía van a crear más puestos de trabajo (¿cuántos, dónde?) que los que proporcionaba la cerrada. Un buen “pacto de concertación” es una victoria: la garantía de la “paz social” que, traducida del jergón político, quiere decir de los sindicatos. Ya ven: en Cádiz resulta que no era tan grave el problemón de Delphi. Un paso más y acabamos ganándole dinero.