Prisas partidistas

Mientras hay autonomías que discretamente aplazan el estreno de esa piedra de escándalo que es la nueva asignatura “Educación para la Ciudadanía”, la nuestra ha decidido encabezar la movida e imponerla sin contemplaciones en el nuevo curso, a pesar de que todavía, al menos en la letra del BOJA, ni se sabe de qué va la vaina, y nunca mejor dicho. Les recomiendo el repaso que el profesor Gustavo Bueno le da al tema y a sus libros de textos en la revista ‘Catoblepas’, pero aún sin esas divertidas iluminaciones parece que lo lógico hubiera sido buscar un acercamiento con la importante masa ciudadana que se opone a la novedad o, al menos, aguardar a que los tribunales resuelvan los numerosos recursos planteados. Y menos mal que no han tirado aquí por la calle de en medio, como en Aragón, donde van a sancionar como “absentistas” (lo que rara vez se hace en este reino del absentismo) a los alumnos que no asistan a las nuevas clases. No es difícil conjeturar que una asignatura que nace bajo este signo de discordia durará poco en nuestro fracasado panorama educativo.

El color del defensor

Tiene lógica la designación de Manuel Rodríguez como “Defensor del Ciudadano” por parte de un gobierno municipal de signo radicalmente contrario; mucha menos tiene que los suyos se opongan a las claras o bajo cuerda, con voz propia o con la del PSOE. Y la tiene porque ese personaje ha demostrado durante años su dedicación plena así como su lealtad a los principios que en tan poco estiman sus compañeros a la hora del cambalache, es decir, cada dos por tres. Otra cosa es que como este “ombudsman” los ciudadanos vayan a disponer ya de tres “defensores” por falta de uno, un exceso que hasta puede que provoque interferencias más que beneficios. En una democracia deberían sobrar estos vigilantes del rigor, pero ya que hemos decidido instituirlos, lo menos es escogerlos bien, como acaba de hacer el PP eligiendo a ese dirigente histórico de IU, lo mismo que mantiene al frente de alguna empresa pública a personajes afines al PSOE.

Luchas callejeras

La alcaldesa de Pinto, como la que hace un homenaje a su colega de Móstoles, ha decidido cambiar los nombres de las calles bautizadas por el PSOE con nombres de políticos para nombrarlas, en su lugar, con los de músicos y compositores. La que llevaba la gracia del presidente Glez., por ejemplo, pasará a llamarse Albéniz, quién sabe si como un guiño a los mal avenidos Sarkozy, pero de esa falla incruenta no se ha librado ni el mismísimo Aznar. Es la interminable guerra del nomenclator, la batalla constante del callejero que, como alguna vez se ha señalado, podría constituir una de las fuentes más claras a la hora de contemplar el rostro cambiante y no poco convulso de nuestro pasado colectivo. La Gran Vía madrileña, inmortalizada por la zarzuela y todo, ha llevado sucesivamente, si no me olvido de alguno, cinco nombres por lo menos, sin contar sus primitivas rotulaciones parciales, y contando sólo los posteriores a la guerra civil: se llamó primero, en efecto, ‘CNT’, luego ‘Avenida de Rusia’, más tarde ‘Avenida de la Unión Soviética’, bajo el franquismo “Avenida de José Antonio’ y, finalmente, con la democracia, de nuevo ‘Gran Vía’ que es como, en cualquier caso, jamás dejaron de designarla ‘gatos’ y ‘manuelas’. Una curiosidad: al estallar aquella guerra, el Ayuntamiento capitalino mudó los rótulos de 200 calles, al finalizar la contienda, los de 125, y con la democracia sólo 27, aplicándose en este último caso el razonable criterio que proponía cambiar exclusivamente las designaciones que, a su vez, fueran mudadas por la dictadura pero no las de nueva planta que bajo ella surgieron, lo que determinó que los altos de la Castellana, sin ir más lejos, siguieran llamándose durante años ‘Avenida del Generalísimo’. En los cambios del callejero influye, en ocasiones, el buen sentido o el simple decoro, como cuando la ‘calle del Burro’ pasó a llamarse en Sevilla nada menos que ‘Alfonso X el Sabio’ o en Madrid, primero ‘Padilla’ y luego ‘de la Colegiata’, pero por lo general, esas mudanzas responden más bien a la inquina y el espíritu de revancha tal vez inevitable en la vida de los pueblos. La alcaldesa de Pinto quizá no se ha dado ni cuenta de que ha descubierto esa pólvora mojada en la santabárbara del subconsciente.
                                                             xxxxx
Los memoriosos de la hecatombe fratricida andan contribuyendo, por su parte, a enconar estos conflictos nominales, muchas veces cargados de razón y otras a rastras de una incierta irresponsabilidad. En Jerez ha habido recientemente su mijita de bronca con motivo de la restauración del monumento ecuestre al dictador Primo de Rivera, un gesto que hubieran aplaudido Unamuno o Valle-Inclán, seguro, pero que no está de más que contrastemos con casos famosos como es el de que Cronwell el regicida presida el Parlamento de Westminster o el de que Danton se erija dominante en pleno Saint Germain y no lejos de Cluny. La reyerta callejera sugiere, por lo general, falta de (in) formación histórica cuando no puro despiste frente al pasado, y tengo observado que es menos intensa y constante en los países de cultura más sólida, y al contrario, que se agita más y mejor en aquellos que consumen sus energías en el rifirrafe retrospectivo. A mí, en confianza, el gesto de cambiar nombres de políticos por nombres de músicos me mola cantidad, sin que deje de inquietarme, sin embargo, por lo que pueda tener de rencoroso ese nemotécnico tejer y destejer, ese quitaypón recurrente incapaz de asumir que el pasado de los pueblos no es purificable sino que precisa ser asumido en su totalidad en nombre de la concordia. A muchos nos revuelve las tripas tropezarnos todavía con esos símbolos franquistas que el Gobierno anuncia que va a eliminar por ley, lo que no quiere decir que nos agrade contemplar estos inacabables trajines, fieles reflejo de una convivencia banderiza. En Pinto y en Valdemoro, por supuesto, eso  ni se plantea.

No cuela

No cuela lo de que la purga a fondo que, según las informaciones, habría sufrido el equipo policial que ha investigó la “Operación Malaya”, responda a una simple remodelación interna del servicio, sin intencionalidad ni consecuencias políticas. No sólo porque esos policías ahora confinados –en “pago” de su celo– a comisarías de barrio fueran los mismos que venían denunciando que “arriba” no encontraban apoyo para seguir ahondando en la investigación, sino porque con ellos han ido desapareciendo del mapa muchos compañeros del mismo equipo. ¿En qué materia no quieren los de “arriba” que se profundice, acaso en la traída y llevada “proximidad” de la Junta a los fautores del histórico mangazo? La palabra del ministro no basta, claro está, para confiar en que estos manejos no afecten “de ninguna manera” al caso. Que haya que conformarse con ella no supone, ni mucho menos, que cuele la trola.

O conmigo o contra mí

La Junta se vuelca con los suyos. Ahí tienen a Obras Públicas –esa especialista en retrasar promesas formales– apresurándose para reforzar la imagen del nuevo gobierno municipal de Punta Umbría con esa “pasarela” peatonal y ciclista “de diseño” que va a unir el complejo hotelero de los viejos Enebrales (tan vinculados que más no pueden al propio alcalde) con el pueblo antiguo. O conmigo o contra mí es el lema implacable que emplea la Junta de Chaves para pastorear a los Ayuntamientos, volcándose con los “amigos” y tratando a los demás con la dureza del rival. Sin disimulos ni complejos, sin miedo a una opinión pública más dócil cuanto más apaleada. Y si no recuerden la mano dura con que fue tratado el anterior alcalde y compárenla con estas buenas migas.

Estrategia de la emoción

Gran revuelo ha provocado el proyecto de castración de pedófilos anunciado por Sarkozy. Como si fuera una novedad. Porque desde hace años sigo esa milonga sé que, desde que en 1996 se abrió el mismo debate en los EEUU, se han multiplicado las intentonas. En California se autorizó por vez primera la castración opcional de los violadores que, como luego en Florida, sería forzosa para los reincidentes. ¿Acaso no sostiene Amnesty Internacional, esa bendita mosca cojonera, que siete de cada diez violaciones son obra de quien ya había violado antes? Clinton auspició la ley Megan que obligaba a los estados a informar públicamente de la libertad de los violadores, pero países avanzados como Alemania o Suecia o Dinamarca dieron el paso de optar por la castración preventiva, abriendo una moda que tuvo éxito especial en Hispanoamérica, en países como México, Colombia, Chile, Perú o Costa Rica, y que parece animarse a la vista de los frecuentes hallazgos de redes pedófilas internacionalmente organizadas, por lo general a través de Internet, pero también por algún caso tremendo como el reciente del pedófilo de Roubaix, ése miserable que chulea a la opinión –y a la Justicia– preguntándose la razón por la que debe abstenerse de profanar a los menores y alardeando de su impunidad, al parece incluso inverosímil, en un montón de casos ocultos. En la Francia jacobina y celosa de sus libertades quienes se oponen a la propuesta acusan al Presidente de poner en marcha la “estrategia de la emoción” para explotar el miedo creciente a la inseguridad de muchos sectores sociales. La “otra Francia”, ni que decir tiene, apoya sin fisuras un recurso extremo que no tiene por qué, en su opinión, forzar el espíritu de la ley. Y en España, ya se sabe, como en las corridas mediocres, división de opiniones: calla el PP y admite el PSOE la posibilidad de su aplicación en “casos extremos” mientras IU habla de “terapias” y las víctimas de violación piden “más madera”, a ver. Realmente algo hay que hacer más allá de las lamentaciones. Yo creo que lo que subleva a sus oponentes es la habilidad de ‘Sarko’ para pillarlas al vuelo.
                                                                xxxxx
No entiendo bien, en todo caso, estos escrúpulos de una civilización que consintió durante siglos que se mutilara a los niños cantores para conseguir que sus tesituras alcanzaran desde las de la soprano a la de la mezzosoprano de modo que pudieran sustituir a las hembras de coro prohibidas por el canon y los decretos. Incluso en el “universo feliz” de los ‘ilustrados’ estaba vigente la práctica de bañar al adolescente en leche caliente y sedarlo con narcóticos antes de proceder a emascularlo, una práctica que sólo desaparece, que yo sepa, ya en pleno romanticismo, al filo del último tercio del XIX. Ahí tienen a Farinelli aclamado por toda la culta Europa desde Venecia a Londres pasando por la corte española, pero hay otros muchos (los Marchesi, Cesari, Pacchierotti, Velutti…) sin contar la legión de desdichados que se quedó en el arroyo, mutilada, compuesta y sin novio. Digamos que el ‘alumbrado’ europeo distingue, en última instancia, entre la mutilación de un muchacho y la de un malhechor por el hecho de que la primera concierne al ámbito artístico, exento de normas en su fuero exclusivo, y la segunda al de la simple y vulgar necesidad. Curioso por lo menos, no me digan que no. Y más curioso todavía, para mis cortas entendederas, tanto tacto a la hora de proteger a un malvado y tanta indiferencia frente a la tragedia de los inocentes. Vean la imagen de ese bárbaro proclamando su derecho –“Me gustan los niños, ¿y qué?”– y luego hablamos. No les digo más que en el Red pudo verse hace poco la violación de un bebé. Que digan los de IU dónde están esos “remedios” o los del PSOE qué entienden por “casos extremos”. La obsesión por la seguridad fue tradicionalmente el gesto de la minoría reaccionaria. Hoy se ha convertido en la exigencia de la mayoría.