Unos por otros

El enredo fenomenal de la Oficina de Extranjería, que arrastra ya demasiado tiempo, va de mal en peor. No tienen más que escuchar a la responsable decirle al juez que la Subdelegación conocía puntualmente lo que en ella ocurría –y han ocurrido cosas, ciertamente, bien graves– o que la custodia de los expedientes perdidos correspondía al ordenanza, bien entendido que ese modesto funcionario no disponía ni de un mal candado para mantenerlos a buen seguro. Han pasado muchas cosas en esa ‘delega’ ante la indiferencia o, al menos, la inacción del responsable máximo, que no es otro que el Subdelegado, un personaje desconcertante porque, cada vez que se enreda la cosa, une a su discreto prestigio la evidencia de estos fallos garrafales. Las excusas que llevamos oídas en esa Oficina pasan hace años de la raya sin que Bago se de por enterado ni siquiera cuando se han producido situaciones injustificables. El ‘delegata’ no quiere problemas. Con ello no hace más que imitar a quien representa.

Neolítico rojo

El presidente venezolano Hugo Chávez está haciendo, según se dice, la revolución televisada. Habla en directo a los ciudadanos pero desprecia a las instituciones, se amiga con los caudillos del indigenismo como heredero de Castro, planta cara al Imperio y se pasa la libertad por la faja como los matadores seguros. Claro está que la revolución bolivariana es una cosa compleja, un concepto indefinible (Bolívar va para santo en aquel país de santerías) que debe compatibilizar usos actuales con viejas utopías sin dejar de pedalear para que la máquina no se pare. Su último invento ha sido el “trueke” (sic), el viejo intercambio no dinerario, el “do ut des” con que la Humanidad cebó sus primeras etapas hasta que descubrió el maldito parné. Así en el pueblo comunal de Bella Vista, en la comunidad de Uriche que está en estado de Yaracuy, el propio Gobierno ha impulsado una feria de intercambios en la que el mercado no funciona con bolívares sino con unas papelas llamadas “lionzas” en honor de una leyenda del candomblé, y utilizadas por un “Grupo de Trueque Bolivariano” constituido por medio centenar de “prosumidores” (agentes que producen y consumen a un tiempo) dispuestos a intercambiar sus productos –dulces o camisas, adornos o jugos de chicha– a razón de valores (precios, ay) establecidos por los propios agentes aunque revisados por un organismo oficial. Una “lionza” valdría mil bolívares pero no es convertible en moneda, lo que garantiza, a juicio de Chávez, que será usada para vivir y no para acaparar, es decir, para asegurar el “trueque solidario” que ya fuera entrevisto por Mauss o Malinowski y del que dieran noticias tantos viejos maestros, empezando por Adam Smith cuando habló de Malasia. El antropólogo Herkovits, al que todavía leíamos en la Facultad en mis tiempos, censó como pueblos de trueque a los isleños de Isasi o los jabin de Nueva Guinea, a los veldas y singhaleses de Ceilán (que aún no se llamaba Sri Lanka) y a los kpelles y golas de Liberia, pero recuerdo un poético texto académico en el que se contaba como ciertos pueblos malayos dejaban de madrugada en un calvero su miel o su caza para recoger por la mañana las ofertas que, con cotrapartida, les harían los cingaleses, una práctica que se denominó trueque o comercio “mudo” y que tal vez encerrara en su ingenuo seno el invento futuro del mercado. Vean qué modo de retroceder al Neolítico por la tele, en directo y en tiempo real.

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Eso sí, el “trueke” vale sólo para los pobres, para la inmensa legión de pringaos excluidos del festín del petrodólar en aquel país riquísimo pero tan mal distribuido como la inmensa mayoría (o más). La deuda pública de esta Venezuela a caballo entre el pasado perfecto y el futuro más problemático asciende a 40.000 millones –no de “lionzas” sino de dólares– según el régimen, y a 70.000 según la oposición, y antier como quien dice el dictador anunciaba una oferta pública de bonos del Estado que alcanza los 1.500 millones de la misma odiada moneda imperial y a la que, obviamente no están convocados los “prosumidores” de Yaracuy sino los inversores puros y duros de toda la vida, qué duda cabe que incluyendo a los de la nueva clase política. En el ámbito ingenuo del indigenismo, hemos de ver todavía, probablemente, muchos numeritos como el del “trueque solidario”, pura prehistoria burocratizada para colorear el telediario y poner un fondo de arpas y maracas a los kilométricos discursos de ese pintoresco dictador que, ante la pasividad connivente de tantas democracias, anda preparando ya su mandato vitalicio. En el “mercado comunal” de Urachiche una enorme pancarta anima a los “prosumidores” con la consigna “Lleve pa’ que el indio traiga” que, como ven, no precisa comentario. Me he acordado de que Smith, hablando de “la riqueza de las naciones” aseguraba que jamás un perro cambió con otro un hueso de manera deliberada.

Apretar el cinturón

Datos de organismos especializados aseguran que la Andalucía opulenta que crece sin cesar por encima de lo imaginable sufre, sin embargo, carencias crecientes en amplios sectores de la población. El veraneo habitual, por ejemplo, ha acusado con dureza el impacto del subidón hipotecario (veinte aumentos en lo que va de año) como lo demuestran los datos sobre la retracción de la demanda de destinos lejanos y caros en beneficio de otros próximos y más baratos. Se habla incluso de que la mitad de los veraneantes habituales habrían suspendido este año ese autohomenaje que tal vez comenzaba a concebirse ya como un derecho definitivo. Hay buenos datos, como en el resto de España aunque no tan buenos como los de otras autonomías, en definitiva, pero el beneficio debe de afectar en exclusiva a los estratos altos y mejor colocados económicamente, no a los populares. La realidad acaba siempre corrigiendo al optimismo. Incluso bajo la canícula.

Rebelión en Almonte

¿Va en serio el plante del alcalde de Almonte, Francisco Bella, sus zurriagazos a la Administración autónoma que gestiona su propio partido, sus inequívocas críticas a los manijeros de Doñana y hasta su leña a los científicos del Parque Nacional, sin contar el rechazo de la famosa valla perimetral que ha hecho que los guasas llamen “Nuevo Guantánamo” a Doñana? ¿O se trata de un reparto de papeles según el cual a Bella le tocaría entretener al personal durante las aburridas calendas del ferragosto, lo mismo cuestionando la sacralizada política de protección del lince que prometiendo mano de hierro en el urbanismo de la costa? No lo sé, pero así empezó el singular alcalde Rafael en Ayamonte y ya vieron el desenlace. Lo que está claro es que ese alcalde del PSOE pone a parir a la Junta a la que acusa de obrar sin pedir siquiera permisos municipales o de adoptar medidas que, a su juicio, no tienen sentido. El tiempo dirá. Si acaba en el tejado es que iba en serio; si no le ocurre nada es que anda tocando el violón.

El profeta solo

No hay que darle demasiada importancia a la reacción oportunista del independentismo y del catalanismo en general ante la trágica muerte del cura Xirinacs. Los profetas son gente incontrolable y como tal no suelen ser aceptadas ni por los poderes que combaten ni por los que apoyan, como demuestra sobradamente la biografía de Xirinacs, el senador más votado de España que, sin embargo, fue evitado por todos y cada uno de los partidos catalanes en sus listas, legislatura tras legislatura, hasta llegar a este final solitario — su suicidio en el bosque parece una meditada ilustración de su aislamiento– que viene a ser el colofón de una vida extraviada en el laberinto de su radicalismo. El elogio unánime de esa tropa farisea, que parece dispuesta a sublimar en otro falso símbolo a un hombre demasiado conocido, pone en evidencia que ni siquiera al extremismo –¡y para qué hablar de las templadas burguesías!– aceptaron jamás las formas pero, sobre todo, el fondo, de una utopía contrahecha que ha rematado ingenuamente con esa inclusión de Italia entre las “potencias ocupantes” de una imaginaria Cataluña sometida. Ni siquiera en los tiempos famosos de sus “plantadas” en la Cámara o ante la ‘Modelo’ barcelonesa logró ese profeta solitario un mínimo respeto, como demostraron los desiertos hemiciclos que acogieron sus soflamas o las despreciables chuscadas que alguna vez le dedicara impunemente Cela. Ahora pueden decir unos y otros lo que les convenga, pero la verdad es que a Xirinacs no lo aceptó nadie en el catalanismo militante, fuera de una minoría exaltada, y que a ninguno de sus capataces se le pasó por la cabeza incluir en su proyecto a un iluminado que se declaraba amigo del terrorismo, encontraba en los etarras “una mica de noblesa” y prefería las “Lleis de Pau i Treva” del abad Oliva a la Convención de Ginebra. Un tipo peligroso, en suma, no sólo para Pujols o Maragall sino para el propio Carod.

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Algún día alguien desacomplejado abrirá la veda de los padres de la patria sacralizados sin ton ni son por esta democracia bizcochable e ignara. Dirá, por ejemplo, lo que todo el que haya leído su obra escrita sabe, es decir, que Sabino Arana era un insensato arrebatado capaz de fulminar el sentido común con las improvisaciones más peregrinas. O que Blas Infante, al margen su dignidad personal y su trágico fin, no legó un pensamiento coherente para basar la autonomía efectiva sino el testimonio idealista de un regionalismo insostenible históricamente y rayano en la comicidad en sus concreciones políticas. No creo siquiera que el insigne Castelao (Rodríguez de primer apellido, por cierto), a quien tanto admiro, aceptara ni loco ese título apabullante pero Artur Más se fue alguna vez al monasterio de Ripoll para ceñir la corona imaginaria en la cabeza de Gifré el Pilós antes de desayunar públicamente con el presidente del Barça. ¿Qué iba a hacer Xirinacs en semejante planeta, cómo entenderse con estos ‘comediants’ que lo mismo han pactado con el ‘españolismo’ de derechas o de izquierdas, indistintamente, cada vez que se lo han ofrecido? Jeremías o Ezequiel distinguían entre los profetas enviados y los que hablaban por cuenta propia, seguros de que junto a los genuinos “nabi”, hombres de Dios, figuran con frecuencia los “nabim” de Baal de que habla del Libro de los Reyes. Duro destino el del profeta convencido, falso o auténtico, ingenuo o cínico, y triste broma del destino ver a sus despectivos antagonistas grabar su nombre en el miliar de la memoria. Ni locos se tomarían en serio a Xirinacs ninguno de esos régulos de la taifa para los que, durante tantos años, no fue más que un payaso o simplemente un desquiciado. Como no se toman a los demás “padres” –en ninguna parte– los mismos que viven de su memoria reinventada. Un profeta se puede suicidar por esta razón y no enterarse siquiera.

El secreto a voces

Los trabajadores que Delphi empleará en Tánger van a cobrar un salario seis veces inferior al que cobraban los de Puerto Real. Eso es todo, así de fácil, y por eso mismo resulta llamativa la relativa conformidad de los responsables sindicales y representantes de los parados, ciegos voluntarios a la hora de valorar la actitud de la Junta. La propia voz de los trabajadores insiste en estas mismas páginas en que lo del futuro y la esperanza que se abren a la Bahía es una realidad que está ahí y, quizá por eso mismo, desde la Junta ni se sabe ni se contesta sobre cual ha sido el auténtico plan de esta deslocalización programada hace tanto tiempo como se necesita para establecerse en Marruecos. El tiempo pasa visto y no visto, en todo caso, y no tardaremos en comprobar que las promesas de nueva actividad e inversiones nuevas era puro camelo. Para entonces, eso sí, Delphi se habrá ahorrado ya sus buenos duros contratando en plan basura a los mismos que nos llegan aquí en patera.