No enmendalla

Dice el alcalde de Jabugo que el Pleno del Ayuntamiento no es lugar para hablar de transfuguismo, y yo creo que lleva razón, porque el lugar apropiado es la Mesa para el Seguimiento del Pacto Antitransfugismo, con sede en el Congreso de los Diputados. Claro que esa Mesa ya ha hablado y ha dicho todo lo que tenía que decir, a no ser que la incómoda postura en que esa honorable decisión dejaba al presidente del partido, Manuel Chaves, fuerce a la ministra de Administraciones Públicas y al propio secretario de Organización de la Ejecutiva, a tragarse sus propias palabras y mirar para otro lado. Chaves está demostrando que, ni siquiera en el supuesto extremo de un caso ya decidido por la Mesa, puede admitir su participación pasiva/activa en este caso indecoroso, aunque, ciertamente, no más que otros que se han producido en la misma provincia. No enmendalla, pues, y adelante con los faroles. El trasnfuguismo es el mejor negocio encontrado por el PSOE en Huelva. No es cosa de pedirle que lo tire por la ventana ética.

Mujeres al poder

La primera dama argentina, Cristina Fernández, es una dama de armas tomar. Hace pocos días estuvo en España abroncando a la plana mayor de nuestro empresariado en términos tales que uno de los aludidos, presidente de un gran banco, hubo de significarle, caballerosa pero enérgicamente, su mala disposición a recibir palizas de las visitas, incluidas las de las primeras damas. Fernández, como se sabe, anda crecida desde que fortaleciera a su marido ganándole el pulso a la ‘Chice’ Duhalde, antecesora en el puesto, y parece dispuesta a explotar la demagogia “piquetera” del tardoperonismo que anda quemando empresas españolas y amenazando con amargar de por vida a nuestros inversores como su invertir fuera sinónimo de colonizar y como si no estuviera visto y comprobado que no hay inversor que no haya llegado a su destino de la mano de un indígena. Argentina es pionera en esa tradición que inauguró Evita, evidentemente, o como alguna vez insinuó el propio Cortázar puede que la clave esté en que aquel país narcisista y edípico sea el corazón de una “América femenina” complementaria de la América macho que el fascismo surreal de Jiménez Caballero intuyó entreveía en el Paraguay de Ströesner, que él definía por derecho como “los cojones de América”. En Uruguay tropiezo con una encuesta propuesta a los lectores por un influyente diario para que elijan la presidenta ideal, pero me quedo con una frase estupenda pronunciada por una mujer en un debate sobre el tema: “La igualdad se probará cuando tantas mujeres incapaces lleguen al Poder como hombres incapaces hemos tenido en él”. No se trata, ya lo ven, de exigirle a las mujeres superioridad sobre sus competidores masculinos. Que haya más mujeres en el Poder –buenas, malas o regulares– es una mera cuestión de justicia.

                                                               xxxxx

Hay que reconocer que, sin embargo, el modelo político aportado por la mujer sigue siendo todavía el tradicional de los machos sin modificaciones significativas. Una mujer como la Thatcher o incluso como la Merkel no practican una política diferente a la de los varones, y es probable que tampoco difieran gran cosa las que, cuando llegue el momento, pudieran practicar la señora de Clinton, la de François Hollande o la mentada del presidente Kirchner. Es más, hay quien dice que cualquiera de ellas bien puede acabar siendo más dura que sus respectivos maridos, una idea realista que echa por tierra el innecesario argumento de la originalidad benéfica del “factor femenino” en la política del futuro. Una encuesta revelada por un instituto de opinión en USA revelaba hace bien poco que casi ocho de cada diez yanquis, machos o hembras, está ya “preparado” para ese cambio decisivo que, todo caso, ha de ser el gobierno de la mujer, sin necesidad de que ésta deba justificar su candidatura con las tradicionales y devaluadas promesas de idoneidad femenina. El varón ha venido maltratando el poder inveteradamente sin que nadie le exigiera garantías ni esperara de él otra cosa , y esa evidencia es la que confiere pleno sentido a quienes sostienen incluso que no habrá verdadera igualdad en tanto la vida pública no se amolde a los fracasos de la mujer de la misma manera que durante siglos se acomodó a los del hombre: sólo cuando haya tantas mujeres incapaces como varones inútiles se podrá hablar, en realidad, de igualdad política auténtica entre los sexos. Seguro que la bronca de la Kirchner a nuestros ‘managers’ no hubiera resonado tanto si el que la lanza es su marido, lo que no sólo puede hacernos recapacitar sobre el nuevo papel de las mujeres en la vida pública sino que tal vez nos invita a repensar, bajo una luz distinta, el papel de los machos en ese ámbito tan expuesto. Nada menos que Taine pensaba que dar el poder a la hembra es como entregar la navaja a un niño. Si hemos sobrevivido a este androceo no imagino que puede asustarnos del mando de la mujer.

El dinero de ellos

Coincidiendo con el forzado descubrimiento del enorme “pelotazo” perpetrado por el alcalde de Sevilla, la decisión del consistorio marbellí de encargar a un bufete de altos vuelos la tarea de recuperar lo afanado por sus ediles infieles y alguna otra, sólo el calor salvará al Poder de una indignada reacción ciudadana que contiene, de hecho, la resignación con la que ese Poder cuenta. Apenas una voz se ha levantado en medio de la galbana y ha sido para exigir al partido de enfrente que haga público, a su vez, lo que afanan sus ediles, como si lo que pudre la vida pública fuera el pulso que se traen los partidos y no la clamorosa evidencia de que el sentido patrimonial la ha estragado hasta un punto seguramente irreversible. Nadie está haciendo más que los ciertos políticos por degradar su actividad ni menos por regenerarla en una democracia que parece haber asumido como normal que el dinero público sea saqueado legal o ilegalmente.

Abandono absoluto

Si hace unos días se denunciaba el abandono de los quemados del gran incendio de hace tres años en las provincias de Huelva y Sevilla, cuyos montes ni siquiera han sido limpiados todavía, tras el incendio del domingo en Niebla, los propios trabajadores del Infoca –calificando de “abandono absoluto” la situación de la zona quemada– descubrían lo que la Junta consigue ocultar hasta que no tiene remedio: que los trabajos de limpieza y conservación del monte que se vienen llevando a cabo resultan insuficientes. No se ignora que esa tarea es vasta y compleja pero menos debe olvidarse que el riesgo que corre esta provincia, devastada por el fuego verano tras verano, hace imprescindible un plan general, público y acordado que comprometa a todas las Administraciones y sea capaz de borrar la imagen pública que las representa como inútiles montajes partidistas que entregan al azar la suerte de todos. Debería aclararse, para empezar, cómo de “absoluto” era esa “abandono” denunciado ayer en Niebla. Y debería existir un cauce para reclamar la responsabilidad a quien corresponda en casos semejantes.

La tregua del fútbol

Mientras resonaban incesantes salvas de artillería, miles de ciudadanos han disparado sus armas en Bagdad nada más pitar el árbitro el fin del partido Irak-Arabia Saudí disputado en Yakarta. Chiitas, sunníes y kurdos, irreconciliables en medio de la sangrienta tragedia, han concelebrado la victoria común que da a ese torturado país la Copa de Asia, como lo hacían en lo antiguo eleos, pisanos e hijos de la implacable Esparta al llegar la Olimpiada. Todavía Pausanias vio en el templo de Hera el disco de hierro en el que, con “letras dispuestas, no en línea sino todo alrededor de él”, podía leerse el viejo pacto tripartito aconsejado por el Oráculo y en el que no pocos helenistas han visto un paso decisivo hacia la futura unidad de los helenos, el mismo del que habla Aristóteles si hemos de creer a Plutarco. Es posible que, sin la famosa “tregua olímpica” –aquella “ekechetria” pregonada entre los pueblos por los “espandóforos” o mensajeros de la paz– la historia común del Mediterráneo hubiera sido otra bien distinta a la que conocemos, como es seguro que en el desarrollo de la comunidad griega clásica aquellos armisticios jugaron un papel básico aunque sólo fuera porque estaban abriendo el camino a la conciencia helénica. Lo que no conseguía el sabio ni el oráculo, aquello ante lo que fracasaba el consejo del sabio y la súplica de los indefensos, lo decidía soberanamente  el deporte, la actividad por aquel entonces religiosa que en raras ocasiones fue profanada durante el plazo pactado, en el que portar armas era considerado por la Pitia como la peor herejía. “Hemos alcanzado nuestro sueño. ¡Dios es grande!”, clamaría por la tele un ‘ultrasur’ integrista. “El fútbol ha unido al pueblo iraquí mientras los políticos fracasaban”, decían otras voces. Seguro que Apolo le habrá guiñado un ojo a Alá.

                                                                 xxxxx

Cuando hace poco el acontecimiento deportivo internacional convocó en una capital europea a una legión de prostitutas de todo el planeta alguien recordó, tal vez para aplacar la reacción pudibunda registrada, que también en Olimpia (y algo de eso cuenta Epícteto nada menos) se daba cita el puterío internacional al que se le garantizaba la vuelta a casa con el botín de la bacanal esgrimiendo la pena de muerte sobre quienes osaran cuestionarla. Pero por encima de las estrategias políticas que la tregua suponía es absurdo no ver la sanción religiosa, el marchamo de lo sagrado haciendo de salvoconducto de quienes no hacían otra cosa que respetar la voluntad divina, tal vez porque, como advirtiera alguien hace tiempo, el verdadero espíritu deportivo participa inevitablemente del espíritu religioso. Aquel sabio camaleón que fue Drieu La Rochelle creía que, en el deporte, el hombre recupera sus derechos, o lo que viene a ser lo mismo, reconquista la disciplina que es la única libertad placentera que le es dado experimentar en esta vida. Démosle su margen a la metáfora, pero admitamos que no deja de resultar sugestiva semejante tesis a la vista de esas escenas que nos llegan desde Bagdad mostrándonos una ‘peña’ entusiasta en la que se entremezclan los mismos que hasta antier –chiítas, sunníes y kurdos– se han estado persiguiendo y probablemente vuelvan a perseguirse desde pasado mañana. La broma del “Dios redondo” que pacifica como un apolíneo y enloquece como un dionisiaco, ha resultado más cierta que otra cosa a la vista de esas escenas inconcebibles de la reconciliación provisional plasmada en una tregua olímpica que seguramente naufragará en el charco de sangre pero que no deja de ser elocuente. Dios es grande, sin duda, y los políticos tienen mucho que aprender de él en esta liga desconcertante que extrae su capacidad pacificadora precisamente de la rivalidad. El fútbol triunfa allí donde los políticos fracasan. La lección de Bagdad debería propiciar una teología de la pasión que necesariamente iba a encontrar en el balompié su mejor argumento.

Carrera de obstáculos

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Córdoba ha sido bien explícito en una entrevista que ayer le concedía a este periódico. No porque afirmara que se enteró por la prensa de que tenía en el equipo a un asesor falangista (“auténtico”, eso sí) sino por el desahogo con que augura el final de la alcaldía de Rosa Aguilar a la que vaticina que dará “el salto” antes de que finalice la legislatura para la que fue elegida. Cinismo o lapsus freudiano, lo mismo da, para ese portavoz la política es una  carrera de obstáculo en la que el Ayuntamiento de Córdoba, por ejemplo, no sería más que un incómodo trampolín desde el que saltar hacia cargos situados más arriba. Vean como para conseguir averiguarlos a fondo lo mejor es dejarlos que hablen por su cuenta y riesgo, abrirles el micro y aguardar a que se cruce el gazapo sinvergonzón o la confidencia trapacera. Los electores deberían tomar nota, en todo caso, de este espíritu y de estas intenciones que reducen la noble política a una vulgar carrera de prtendientes sin mejor oficio.