Acierto de la Junta

A propuesta del PSOE y con las enmiendas del PP e IU, el Parlamento autónomo acaba de aprobar una proposición no de ley que pretende indemnizar a las víctimas de la talidomida a las que el Supremo –medio siglo después—acaba de cerrarles las últimas puertas. Ni siquiera se conoce todavía el alcance real de aquella tragedia que dejó miles de personas dañadas en España pero que en varios países extranjeros, empezando por Alemania, vienen siendo resarcidos, en lo posible, hace ya tiempo. Un excelente acierto de la autonomía que, por una vez, da una lección al impasible Gobierno de la nación. Es muy probable que otras comunidades sigan ahora ese ejemplo de autonomía real y de sentido de la Justicia.

Los hijos terribles

Una sentencia del Tribunal Supremo ha ordenado a una hija devolver a sus padres, residentes en Cuenca, los bienes que estos le habían cedido en vida a causa del maltrato con que la heredera venía humillándolos. El caso es trascendente porque hasta ahora lo que el Tribunal Supremo tenía establecido era la pérdida del derecho a heredar por parte del heredero maltratador, ahora ampliada al supuesto de donación en vida, y viene de perlas a una realidad familiar gravemente deteriorada que demuestra el progresivo calvario de los padres a manos de sus propios hijos residentes en el domicilio paterno o no. El juzgador ha decidido que, aunque no medie una sentencia penal condenatoria, los padres podrán reclamar la donación que hicieron si se produce agravio físico o psicológico por parte de los hijos, criterio que, sin duda, aplaudirá con entusiasmo la muchedumbre que viene contemplando atónita el espectáculo que ofrecen esos hijos terribles. ¿Cómo imaginar que esa tragedia silenciada afecta en España nada menos que a 400.000 familias y que, desde hace unos años, son miles las intervenciones de la Fiscalía en nuestro país? Pues eso es lo que certifican las estadísticas y la triste realidad que no cesa de crecer desde hace unos años, conforme la mayoría de los expertos en que la causa de esa epidemia radica, en el silencio vergonzante de los padres, en la educación permisiva y la sobreprotección que reciben los futuros maltratadores. Ya era hora de que la Justicia pusiera pie en pared aunque, la verdad, es que falta mucho por hacer para dar por controlado siquiera el conflicto.

Y lo curioso es que la inmensa mayoría de los casos detectados corresponden a familias de clase media o medio-alta, siendo mucho menos frecuentes en las clases menos favorecidas, un poco como si la preparación cultural fuera un obstáculo en lugar de una ventaja a la hora de educar a la prole y mantenerla a raya. Sin duda la crisis económica ha influido lo suyo en esa tragedia, al limitar los recursos paternos y prolongarse considerablemente la dependencia domiciliaria de los hijos, pero es obvio que urgen medidas como esa sentencia del Tribunal Supremo para frenar la indefensión supina que aflige y humilla a tantas familias. Incluido un castigo ejemplar que haga temblar la mano de los agresores y conceda un mínimo de sosiego a tantos padres avasallados.

El opio del pueblo

Acosado por el maximalismo podemita que amenaza con devorarlo al tiempo que Ciudadanos devora al PP, cuentan que el líder del PSOE ha apostado por el fin de la enseñanza religiosa en escuelas y colegios, esa vieja aspiración que anima desde siempre al radicalismo tragacuras fiel a “El Motín” de José Nakens. Enseguida le ha salido al paso la presidenta andaluza dejando clara su posición contraria, por completo coherente con su peculiar populismo en la “tierra de María Santísima”, pues a ver con qué cara iba ella a presidir, junto a Rivera Ordóñez, en caso contrario la salida de la Esperanza de Triana o el salto de la reja de la Blanca Paloma rociera. En política las cosas suelen ser así, blanquinegras cuando no ambiguas, que es lo mejor para contentar, si no a todos, al menos a una inmensa mayoría, pero no somos pocos los que pensamos, en el caso del laicismo forzoso de la enseñanza, que esa decisión trata más bien de encubrir discretamente la crisis ideológica y la falta de claridad en los objetivos que campea en la autollamada izquierda actual. ¿O es que ignoran que la Constitución garantiza a los padres el derecho a la educación religiosa de sus hijos, y que el vigente Acuerdo Iglesia-Estado –no el Concordato, que no existe hace años—impone la obligatoriedad de esa enseñanza en todos los centros docentes? ¿Por qué no se descaran en los medios y denuncian directamente ese Acuerdo como ya propuso en su Congreso el desaparecido Rubalcaba? Me da que este personal confunde el concepto constitucional de Estado laico con el de Estado aconfesional.

Insisto, este brindis no pretende tanto liquidar ese pleito tan antiguo como de agarrarse a él para esconder la evidencia del vacío mental que aflige a nuestra Izquierda, abducida en lo económico por la exigencia neoliberal y, en consecuencia, sólo distinguible de su rival por las más antiguas consignas emocionales. La religión es el opio del pueblo, dijo Marx, antes de comprobar que la anfeta del materialismo dialéctico acabaría arruinado a medio mundo y encerrando al otro medio en un gulag. Y no saben, por lo demás, que acaso no exista mejor remedio para desarraigar la religión de la enseñanza que dejar hacer su trabajo a una catequesis convertida en asignatura obligatoria. Si Sánchez tuviera ideas graves en la cabeza y no se viera entrillado por ambos costados, fijo que no se metería en un pleito tan impopular tal como hace –mucho más lista que él– la antigua catequista Susana Díaz.

Los ERE se van por el sumidero

Algo debe de haber olido en la sentina de los ERE cuando ese personaje sin duda singularísimo que es el ex –director de Empleo, Francisco Javier Guerrero—entra y sale del juzgado de la nueva jueza Núñez Bolaños con cara de fiesta y contándole al público, en tono festivo, que “las cosas se están poniendo en su sitio”, de paso que acusa sin ambages a la Intervención General y a la ex-consejera de Griñán, Carmen Martínez Aguayo, actualmente entretenida, según parece, en su consulta médica del sevillano centro de salud del Patrocinio. Aunque la verdad es que oler, lo que se dice oler, en ese Juzgado, lo huele ya hasta el más ingenuo. Todo indica que el plan del fiscal-consejero Llera va por el mejor de los caminos.

Una infamia

Un día lejano, andando yo por le treintena, se me presentó a examen en la Complutense –¿a que parece Berlanga?– una chica, alegre y abierta, que no tenía brazos sino unos muñones semejantes a los que lucía por piernas. Recuerdo el desconcierto generalizado que su presencia causó en el aula pero, sobre todo, no se me quitó nunca de la cabeza el contraste que hacía este explicable embarazo con la jovialidad de aquella víctima que parecía arrancada a alguna barraca de feria. Cuando propuse los temas a desarrollar, la chica mutilada me hizo señas para que me acercara y me preguntó si podría examinarse oral ya que ni siquiera la pequeña mano en que terminaba uno de sus muñones le permitía coger la pluma. Y aceptada su propuesta, se sentó junto a mi mesa y, como entreteniendo su mirada en el lejano Guadarrama que se vislumbraba por la ventana en el horizonte, y recitó como una autómata las respuestas que le pedí. “¿Y qué quieres (entonces ya imperaba el tuteo docente) –me preguntó irónica– si no puedo hacer otra cosa que leer”. Nunca he olvidado esos ojos ni esa voz conmovedora más por su cálida positividad que por su dramática circunstancia, pero sí he olvidado durante años –mea culpa—la infamia de la talidomida, aquel fármaco alemán que desgració a tres millares de españoles deformados en su paraíso amniótico por el veneno con el que otros se enriquecían. Bien, el Tribunal Supremo, confirmando la sentencia de la Audiencia madrileña, acaba de rechazar la demanda de indemnización de esos desgraciados (20.000 en España) al estimar prescrita la responsabilidad que, en cualquier caso, pudiera recaer sobre el laboratorio alemán.

En otros países se ha hecho justicia –es un decir—se ha compensado económicamente a las víctimas, pero en España se les ha negado el pan y la sal por un quítame allá esas pajas procesales, como si las víctimas fueran responsables de la morosidad de la Justicia y de la astucia dilatoria de los abogados. Yo a mi estudiante no la he vuelto a ver desde que la despedí en la puerta del aula, tras el examen: “Has hecho el mejor examen del curso”, le dije todavía perplejo por su discurso. “Bueno, pues ya sabes, cuando quieras me invitas a bailar…”, remachó entre irónica y sarcástica. Extendiendo su brazo atrófico me dio un beso (también era la costumbre entonces) y se fue sobre su silla de ruedas. Nunca me he recuperado del todo de aquel brete conmovedor.

Ciudadanos blinda a la Presidenta

Suelen decir los políticos que las comisiones de investigación no sirven para nada. Y llevan buena parte de razón, aunque lo que no dicen es que esa inutilidad la propician ellos mismos con sus trucos y retrucos. Antier mismo –cuando todavía resonaba el palizón que Albert Rivera le dio a Podemos—C’s de Andalucía decidió con sus votos que la presidenta Díaz, como proponía el PSOE, no comparezca en la comisión abierta en el Parlamento hasta después de las elecciones, de manera que hasta entonces esa comisión se limitará a hacer el papel revolviendo documentos relativos al saqueo de los fondos de Formación. Desde IU dijeron que es la propia Susana Díaz quien manda en la comisión. Y eso tiene su lógica, pero ¿dónde me dejan la lógica de Ciudadanos?