Cada oveja con su pareja

Dicen desde el PP que el proyecto de ley de Vivienda –una casa para cada familia por debajo de los 3.000 euros de renta– que se ha sacado de la manga la Junta postvacacional es un farol y un cuento chino. Pero no se fija –quizá porque tampoco es lo suyo– en las “condiciones” que la Junta del PSOE impone a los futuros beneficiados cuando dice que esa hipotética vivienda que ofrecerá al ciudadano será “digna, de calida y adecuada a su situación familiar, económica y social”, a ver qué se iban a creer. La verdad por delante: debe de haber tantas clases de viviendas como clases efectivas y tantos modelos de hábitats como niveles económicos. Del “a cada uno según sus necesidades” se pasó al “a cada uno según sus méritos” para desembocar finalmente en el “a cada uno según su posición”. Cada oveja con su pareja. La Junta del PSOE no engaña más que a quien se deja engañar.

Récord de paro

Ahí están ya los nuevos datos de paro en agosto, que sube en todas las provincias andaluzas y en Huelva, con 2.235 desempleados más, en términos más bien alarmantes que suponen un 8 por ciento de incremento. ¿Saldrá los vigías de la Dipu culpando otra vez al Ayuntamiento por aquello de que la capital tiene una tasa alta de paro, o acabarán de aceptar que la política empleo es responsabilidad en primer término del Gobierno y de la Junta después? Expliquen si no por qué baja en todas las provincias de Andalucía y por qué sube tanto en nuestra provincia, donde la construcción amenaza con un eventual batacazo y los servicios poco menos. Ser la sexta provincia del país con un avance más alto del paro es una mala noticia. Tratad de hacer de ella un “boomerang” contra el Ayuntamiento de la capital son ganas de que le recuerden a la Diputación su responsabilidad en la provincia.

El ojo público

Días atrás he visto reproducido en la prensa española algunos el llamativo comentario aparecido a mediados de mes en ‘New Scientist’ sobre la vigilancia antiterrorista implantada sin contemplaciones por las agencias de seguridad americanas en aeropuertos y otros accesos a los EEUU. SE trata como puede imaginarse del viejo tema del ojo público, de la mirada escrutadora del ‘Gran Hermano’, del espía ubicuo e indetectable que la fantasía ha introducido en nuestra imaginación, pero esta vez, ni qué decir tiene, en términos absolutamente reales. Contaba esa crónica de Pawl Marks, si mal no recuerdo, que las diversas agencias seguratas han convertido esos puertos de llegada en auténticos observatorios en los que se hace esperar deliberadamente al viajero con objeto de que su fisonomía, sus actitudes y hasta determinados indicadores biológicos (ritmo cardiaco, movimientos oculares, características de la sudoración, etcétera) puedan ser valorados por una compleja maquinaria en la que se incluyen desde rayos láser a lectores de la retina pasando por objetivos capaces de evaluar el sentido de las intenciones más recónditas, de manera que cualquier indicio sospechoso pueda ser replicado sin pérdida de tiempo por los servicios convencionales de seguridad. Dicen que de ese control no escapa el viajero que toma le piscolabis en el bar ni el que forzado por la naturaleza acude pudoroso al ámbito reservado del retrete, un extremo realmente indecoroso pero que tiene viejos precedentes en los soberanos que no se recataban de evacuar lo que fuere menester ante la paciente cortesanía. La máquina, a la que se reserva un futuro aún más invasor, parece ser que tendrá capacidad para traducir las intenciones del texto abierto que, por lo visto, es la expresión facial y, más en general, la expresión corporal de cada individuo, lo supone un triunfo definitivo de la máquina sobre la mente que le pondrá difícil su designio a los perversos pero que, sin duda, también le va a dar un disgusto a más de uno y a más de tres inocentes a poco que gesticulen con alguna peculiaridad. No cabe duda de que el terrorismo ha ganado ya unos cuantos combates sin descender siquiera al campo de batalla.

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El terror tiene muchos frentes abiertos y no es ninguna tontería algo que ella señaló hace mucho un teórico en la materia, a saber que, una vez conseguido un nivel intenso de inquietud y cuestionada a fondo la seguridad, ni siquiera serán precisos los atentados mismos porque el propio miedo se encargará de embargar los sistemas defensivos, pasando, por supuesto, por encima (y por debajo si es preciso) de los derechos más corrientes del individuo que pasa a ser un sospechoso mientras no se demuestre lo contrario. Hoy hay que esperar una eternidad en el aeropuerto Kennedy o en muchos otros, pero ahora sabemos, además, que mientras aguardamos trámites y valijas, cien ojos nos vigilan atentamente midiendo nuestro ritmo cardiaco o tipificando nuestro gesto personal como espejo posible de la intención hostil. Y eso, como digo, supone ya haber perdido alguna batalla contra los bárbaros cuyo daño mayor a la sociedad occidental es probable que no sea otro que el despojo del individuo y el cuestionamiento eventual de sus derechos inalienables. Hay mucho miedo en USA, como lo hay en toda Europa, y si es cierto que el miedo guarda la viña, no lo es menos que tal seguridad va a ser sufragada a medias por justos y pecadores. Con el agravante de que los derechos se pierden con facilidad, ya lo ven, mientras que su restitución no suele estar garantizada hoy como no la estado nunca. El gran Leonardo dejo dicho que nada nace y agranda tan rápido como el miedo. Seguro que e él le divertirían mucho estos dispositivos con que el Poder anda desvalijando jurídicamente al individuo para salvarlo de lo peor.

El caos educativo

Un miembro de un “Equipo Redactor” de los “curricula” (digan “programas”, como siempre, y todos contentos) me cuenta que la consejería que dirige doña Cándida se ha inhibido de su deber de redactarlos , por primera vez en la historia de la autonomía, encomendando esa tarea a los mismos profesores, lo que ha originado un movimiento de deserción en la propia consejería de la que se han marchado no poco entre los viejos colaboradores. Con un dato curioso y desconcertante: que la editoriales “afectas al régimen” han ofrecido textos para la LOE que no comenzará hasta septiembre, sin ningún respaldo normativo, demostrando una vez más quién manada de verdad en esa parcela de la educación. Dicen los expertos que aquellos “curricula” abandonados constituían una nueva perspectiva docente orientada a la actualidad y no sujetas a rutinas trasnochadas. Otro palo, pues, al montaje de la educación que, verdaderamente, debe de ser inmortal si ha logrado sobrevivir al mandato de esta consejera.

El honor de todos

El alcalde de la capital, Pedro Rodríguez, ha retirado su querella contra el secretario provincial del PSOE, Javier Barrero, a propósito de la intolerable acusación que éste le formuló cuando el lío de las llamadas desde móviles a líneas eróticas. El alcalde, no hay que decirlo siquiera, es muy libre de perdonar u olvidar, pero al margen del escaso sentido que tiene renunciar a este intento de debelación de una ominosa calumnia (demostrada) está el hecho de que cuando se insulta de ese modo a un alcalde –según la teoría que mantuvieron en tiempos Julio Anguita o Marín Rite– es a todo el pueblo a quien se ofende. Con este asqueroso tema el alcalde ha sido calumniado y rechiflado no sólo por Barrero sino por Jiménez y otras rémoras, al veces en términos inaceptables incluso para la manga más ancha. Esto no es, en consecuencia, buena disposición ni apertura sino rebajamiento y entreguismo. Habrá que recdrodárselo en la próxima ocasión. Que llegará, puede estar seguro, que llegará.

El mito de Breogán

No conozco por esos mundos de Dios ningún caso semejante a la experiencia que vive la lengua española desde que el zapaterismo decidió que la fractura del idioma y, en su momento también la de del propio territorio, era un precio aceptable a cambio del Poder. Se nos pregunta enfáticamente dónde estaba la ruptura, qué es lo que se ha roto en España, como si ni fuera evidente la fragmentación progresiva de un Estado en el que algunas regiones rechazan la autoridad del Gobierno y Tribunal Supremo cada vez que se tercia. No concibo una región francesa en la que se consintiera la ocurrencia de arriar la bandera tricolor de los mástiles públicos desoyendo la orden de una corte suprema y del ejecutivo nacional, ni un condado inglés en el que la autoridad regional decidiera por su cuenta y riesgo eliminar de un plumazo en las escuelas la enseñanza del inglés. En la Alemania federal que conocemos y con tanta frecuencia es propuesta como ejemplo señero, el fracaso por exceso de la autonomía de los ‘lander’ ha forzado una especie de LOAPA tudesca destinada a rescatar del arbitrio localista ciertas competencias descentralizadas en su día por la Administración central. Y hasta en una Irlanda que no reconocería probablemente hoy el ‘Ulises’ joyciano parece que se trabaja con esperanza sobre la superación de unas disensiones que han destrozado al país durante muchos decenios antes de alcanzar el convencimiento de la inutilidad de sus propuestas. En cuanto a España, a la vista está que, por circunstanciales relaciones de fuerza entre los partidos, la audaz y afortunada experiencia ideada durante la Transición ha pasado de ser contemplada como “milagro español” a ser vista como un trágala que resulta urgente desmontar a conciencia, liquidando de una vez por todas la unidad histórica de la nación, lo mismo da si a base de explotar el oscuro mito lugareño, que si a taimados conciertos en torno al reparto del poder. Ninguna nación razonable, ningún Estado moderno, aceptaría ver dinamitada su lengua oficial por unas minorías. España lo está haciendo desde hace tiempo y va a rematar la faena más pronto que tarde.
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Desde ayer los niños gallegos asistirán a escuelas públicas de las que se ha proscrito la lengua de todos, considerada como la voz genuina de los oprimidos por los “crueles y duros, imbéciles y oscuros” ocupantes españoles, un ensayo de mistificación cultural y de perversión ideológica imitado de la ‘ikastola’ vasca que ha producido, en un clima de creciente irracionalidad, el fruto podrido de la “kale borroca”. Es decir, resumiendo, que han bastado tres años de funambulismo zapaterista para consagrar la “inmersión” catalana, reconsagrar la vasca e iniciar la aventura de desespañolización de la mítica Galicia celta de los ‘irmandinhos’, los foreros y los déspotas feudales que Valle retrató sin piedad. ¡Cómo que dónde está la fractura de España, cómo que la unidad histórica sigue intacta y sólo la malevolencia crítica puede alzarse con semejante alarma! Una leyenda de druidas entrevistos e hipotéticos caudillos ha bastado aquí –como bastó en el norte la fantasmagoría aranista– para fundar un proyecto destructivo que ha visto en el mercadillo electoral la ocasión sin sentido de destruir la realidad para sustituirla por la alucinada ilusión de una autarquía que nunca existió ni verosímilmente llegará a ninguna parte por más daño que cause a la propia región y al conjunto nacional. Pero no nos engañemos: no es el nacionalismo el que impone el disparate de las galescolas, sino un PSOE dispuesto a subastar incluso su ideal federalista con tal de ganarle por la mano al rival y mantener el poder. Cuenta Kepa Aulestia que en ETA conviven actualmente una panda de cincuentones contumaces con la basca de veinteañeros reclutada primero en el noviciado escolar y luego en la lucha callejera. Que lo mismo acabe ocurriendo en media España es sólo cuestión de tiempo.