Fábrica de parados

La planta 41 de rodamientos de la clausurada Delphi se ha convertido en una oficina de paro: seis mesas y catorce empleados se afanan en tramitar inscripciones, calcular finiquitos y, en definitiva, en enterrar laboralmente a esos “parados con perspectivas” que es como los llama el presidente de su comité de empresa. Eso era todo, pues, o poco más, ése era el futuro esperanzador de que tanto hablado Chaves y ZP, al menos mientras no se demuestre lo contrario, y se va a demostrar cuando toree Cascorro. Desde luego el control laboral que ejerce el “régimen”, potenciado por las dádivas del “acuerdo de concertación”, es estupendo y no hay conflicto capaz de resistírsele más de un par de semanas ni líder sindical que escape a la disciplina, declarada o tácita, que lo mantiene atado al poder. “Parados con perspectiva”: esa planta convertida en oficina de paro es toda una ilustración de semejante camelo.

Valderas se gana el pan

Ha ganado Valderas el pulso a la militancia de su propio partido, IU, en Bollullos, su pueblo. Se trataba de ponérsela en bandeja al PSOE –una vez más– y Valderas, un especialista ya en ese negocio, ha cumplido su parte del trato. Es curioso, para empezar, que quien gobierne la coalición sea uno que no es capaz, elección tras elección, de ganarse el acta en su propia tierra, pero pocas dudas pueden caber de que ese fracaso no le impide servir fielmente a su eterno rival. En la legislatura pasada ya hicieron el negocio salvando al presidente de la Diputación de su traspiés en Valverde a cambio de generosas compensaciones en la institución provincial que, entre otras cosas, para eso está. En ésta sigue el juego, cada día más cerca del fin, cada minuto más lejos del proyecto que fundara Anguita ya punto estuviera de poner contra las cuerdas a Chaves. Valderas tiene que ganarse el pan, el hombre. Es un derecho, en fin de cuentas, que cuesta negárselo a cualquiera.

La mala educación

Un estudiante congolés de Ciencias Políticas de la universidad de Bruselas ha demandado ante la Justicia belga que se retire del mercado el memorable tebeo de nuestra infancia “Tintin en El Congo”. Bienvenu Mbutu Mondondo, que seguramente no tendrá en su maltratado país mejores causas que defender, se ha empeñado en esta batalla convencido de que la lógica que animaba el viejo relato –fue publicado, si no me equivoco, a principio de los años 30– constituye una manifestación incontestable de racismo y xenofobia aunque sólo sea porque presenta une versión ‘ingenua’ de la realidad nativa, sobre cuyo fondo proyecta el indeseable arquetipo del indígena haragán al que los esforzados colonizadores –el propio ‘Tintin’, claro, y hasta su perrillo ‘Milou’– han de obligar a trabajar con mano de hierro o a fuerza de ladridos. Casi ochenta años después la visión colonialista rechina, como puede verse, en la mentalidad de unas elites locales privilegiadas que han hecho suyo el paradigma axiológico de los colonizadores para aplicarlo restrospectivamente al retrato de sus abuelos y protestar en nombre de lo que nada menos que el ‘Centre pour l’Egalité des Chances et de la Lutte contre le Racisme’ ha calificado sin complejos de “actitud hiper-políticamente correcta”. No hay derecho a seguir vendiendo por ahí tebeos en que los aborígenes aparezcan como monos o como simples imbéciles a juicio de los protagonistas con independencia de la edad de la historia, eso es todo, y ello a pesar de que hace ya muchos años, por lo menos treinta, que Hergé, el genial dibujante de la serie, reconociera los prejuicios burgueses de una visión que, en todo caso, sólo se entiende en el contexto del que surgió. Nuestra educación sentimental deja mucho que desear, no cabe duda, sobre todo si se considera le repertorio mítico que se proporcionó durante la postguerra a la santa infancia.

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Claro que, de prosperar la demanda de Bienvenu, la lista de proscritos podría ser interminable, comenzando por “El Guerrero del Antifaz” que combatió sin contemplaciones a la morisma, hasta aquel “Capitán Trueno” que llamaba moros a los moros (y con las del beri, por supuesto) o trataba como caníbales a los indígenas americanos. No cabe duda de que las aventuras de “Roberto Alcázar y Pedrín” funcionaron en la pedagogía franquista como una eficacísima “educación para la ciudadanía”, ni que decir tiene que fundada en sus valores exclusivos y dirigida a fomentarlos entre la gente nueva. No quiero ni imaginar la reacción del gigante chino si alguna vez se para a considerar la injuria insuperable que supuso la difusión del mito de Fu Man Chu (antecedente claro del futuro ‘Doctor No’) teniendo en cuanta cómo se ha subido a la parra por la simple retirada del mercado de unos juguetes venenosos. Pero de toda esta bronca propongo quedarme con ese concepto de la “hipercorrección política” que ha sacado a pasear aquella institución francesa seguramente alarmada por las consecuencias que pudiera acarrear una revisión ucrónica de las ideologías y propagandas. Imaginen la punta que se le podría sacar a la rebeldía socarrona de ‘Carlitos’ o incluso a la pachorra de ‘Mafalda’, una vez puestos a arrancar de su genuino contexto (en este último doble ejemplo, el del mayismo contestatario) a personajes y situaciones. Sin contar con que a todo mensaje, desde la Iliada a Ana Karenina o desde Flaubert a Boris Vian, se le puede aplicar idéntica disciplina siempre que extrememos nuestra percepción de lo correcto. Hace poco ha explicado Günter Grass la lógica de la adhesión al nazismo que movilizó a la sociedad alemana en su circunstancia concreta. Nadie está a salvo de su educación sentimental. Mucho me temo que ni siquiera Bienvenu.

‘¡Colócanos a tos!’

Ninguna prueba tan elocuente de la omnipresencia del “régimen” que domina a Andalucía como la propuesta del Consejo de la Juventud de Sevilla, un órgano del PC subvencionado por el contribuyente a través del Ayuntamiento, de que sus “voluntarios” perciban dietas de 16 euros por hora cuando asistan a reuniones. ¡Voluntarios pagados! La deriva acomodaticia del radicalismo ha hecho muchas tonterías pero quizá nunca hubiera alcanzado una cota semejante de cinismo y trinconeo políticos. La inmensa y creciente trama de “dependientes” –el gran tinglado en que se apoya su hegemonía– es cuidada sin remilgos por una izquierda que ha hecho del servicio público, salvo excepciones cada día más raras, una profesión de aprendices y mediocres. Pero eso de inventar el “voluntariado profesional” pasa de la raya incluso aquí. Lo de “¡Colócanos a tos!” que le gritan a Chaves en los mítines rivales va a dejar de ser una pulla para convertirse en una realidad.

La Junta guarda silencio

Nuevos ataques –incendios incluidos, persecución de trabajadores– a las empresas onubenses instaladas en Argentina, las mismas que la vicepresidenta del Gobierno aseguró que serían protegidas gracias a su mediación. Y la Junta, ni mu. A Chaves no le interesa la economía más que en clave partidaria, de manera que puede actuar como un abanderado de nuestras inversiones en Marruecos –un régimen corrupto donde los haya– pero no va a mover un dedo para defender a unos “emprendedores” andaluces que no son de su cuerda, a pesar de que se lo han solicitado las organizaciones empresariales. Hasta la Junta de Galicia ha echado su cuarto a espadas en esta historia deplorable de la que nada dicen tampoco, todo hay que decirlo, los partidos de Huelva, alguno por razones obvias, otros inexplicablemente. Si esta situación afectara a inversores de alguna autonomía “de primera”, no cabe la menor duda de que otro gallo cantaba.

El topo divino

El milagro de la multiplicación de los topos trae en vilo a medio mundo y, ciertamente, no es para menos. Cálculos nada pesimistas, a juicio de los expertos, cifran en cerca de muchos millón el número de esas criaturas que estarían socavando los viejos reinos, dando buena cuenta de sus raíces suculentas, y en no menos de medio millón de hectáreas las afectadas por la sigilosa invasión que lastima ya a doscientos pueblos. Ante la perspectiva de perder la cosecha, un ejército de viticultores anda movilizado con una prolija máquina de guerra que incluye desde el agua al ultrasonido, tubos-trampa o artilugios ruidosos, pasando por palos y escopetas, más todo un muestrario exterminador en el que figuran el gasóleo, la naftalina, el carburo o el alcanfor, y finalmente, el recurso a rozas y petardos con que ahuyentar la plaga. Nada tan camusiano se había visto hace mucho en los campos de Mío Cid para desolación del paisanaje que intuye oscuramente la sugestión de la plaga mientras el ecologismo más arriscado, además de descartar el uso defensivo de venenos y redes eléctricas, reclama paciencia confiando en que el frío del invierno dé al traste con esa prolífica nación que se reproduce en camadas de diez cada veinte días, lo que, calculando como el buen cubero, arroja un balance de trece mil descendientes anuales por pareja. Me he acordado que el año que viene será, en el calendario chino, el consagrado a la rata, prima segunda de este inesperado azote al que, desde luego, conviene mejor que a aquella, si cabe, las cualidades de fertilidad y propensión al despilafarro que le atribuyen en Oriente. Y también de que el topo fue una bestia respetada por el griego clásico –Asclepio (Esculapio) topo habría sido en un principio– que, inspirado por la imagen de su existencia subterránea, llegó a ver en él al auténtico psicopompo que guiaría las almas extraviadas por el laberinto final y, en esa medida, al gran sanador no sólo del cuerpo sino también del alma. Anden, váyanle con ese chasco a los labriegos que ven venirse abajo sus viñas y arruinarse sus patatales, a ver qué opinan de las viejas mitologías.

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La imagen de esos campos desolados está dando la vuelta al mundo sin dejar de plantear la cuestión de cómo ha sido posible que nadie previniera un riesgo semejante a pesar de que, según parece, quienes saben del rollo no lo descartaban, antes bien, lo venían avisando desde hace años. Pero es el contraste de esa misma imagen con la que tenemos en mente del mundo actual lo que vuelve inaceptable la idea de una derrota humana en esta oscura batalla librada en toda la línea por ese ejército primordial frente al que ni siquiera sabe qué hacer, a juzgar por el batiburrillo de las providencias adoptadas, esta especie nuestra, presuntamente sabia, que señorea el mundo. Las benditas lluvias de la otoñada y un invierno clemente prometen, además, una nueva explosión demográfica para la primavera próxima, cábala que, de ser cierta, cobraría, sin duda, esos tonos apocalípticos que a los “verdes” les están viniendo como anillo al dedo para rebotar el tema desde las gazaperas hasta la capa de ozono y cargar, ahora con argumentos tan sombríos como fuertes, contra el fortín en el que crece seguro el cambio climático. Si no fuera por lo que es, la verdad es que resulta estupendo el mítico espectáculo de la impotencia del hombre ante la plaga, la silueta del labriego inerme, desconcertado ante la invasión, como arrancado del ‘Éxodo’, agarrando la azada y apretando los dientes, impotente ante la astucia de una Madre Naturaleza que da a unos munífica lo que a otros arrebata, ajena a la desolación e indiferente a la plegaria. Creo que fue Giraudoux, ese apasionado del secreto del cosmos, quien sostuvo que en el mundo no hay nada perfecto aparte de la calamidad. A mí, para qué engañar a nadie, a quien me gustaría escuchar ante este azote es a Miguel Delibes.