El bien común

Algo no va bien este otoño en la España exultante. Sube el pan, suben los huevos, con perdón, suben la leche y el pollo, escala cotas desconocidas la escarcha cerrada y pobre de la humilde cebolla. Suben las hipotecas y se pronostica que seguirán subiendo aunque la ministra del ramo anuncie, nadie sabe por qué, que han tocado techo y diga que lo deseable sería que dejaran de subir. ¡Pues claro! Las expectativas ciudadanas decaen acompasadamente, como consecuencia, nada menos que diecisiete puntos, por más que ZP presuma de que los datos económicos son más optimistas incluso que él mismo. Algo no marcha en este otoño suavón que parece empeñado en demostrar que una cosa es el bien común y otra muy distinta el bienestar de los individuos, es decir, que la marcha de la economía puede ir por su vera como un cañón y los contribuyentes arrastrando el ala por el suyo. Platón (‘República’) ya preveía en su tiempo que ese bien común –que tanto ha dado que hacer a nuestros razonantes en todo tiempo y lugar– trasciende los bienes particulares, en función de que la felicidad del Estado debe ser superior y hasta cierto punto independiente respecto a la de los individuos (Ferrater) pero lo que hoy se trata de hacer desde el Poder no es validar esa hipótesis sino, pura y simplemente, vendernos dos veces la misma burra. ¿Cómo va a ir todo bien, mejor incluso de lo que es capaz de imaginar el responsable máximo, si colectivo por colectivo, individuo por individuo, van destilando impotentes la negra bilis de la adversidad, el fracaso del éxito? Eso tendrán que averiguarlo los ciudadanos por sí solos, a la vuelta del veraneo, filosofando hamletianamente, con una cebolla o una hogaza en la mano, sobre el ser y el no ser de esta realidad trucada por la economía y falsificada por la política. Lo que no es verosímil es que todo vaya tan bien si todo anda tan jodido, que estemos mejor que ayer si ayer teníamos más y debíamos menos que hoy. No estoy yo tan seguro de que, en este punto, Platón no llevara más razón que un santo.
                                                                 xxxxx
La clave de estas contradicciones puede que estén en el alejamiento de la vida pública respecto de la privada, en la lejanía con que desde el Poder se contemplan los trajines del hormiguero humano, o tal vez en el hecho más prosaico de que en el territorio exento del Poder propiamente dicho no existe la contrariedad. Si ZP no sabe lo que cuesta un café menos sabrá, probablemente, el precio de una cebolla, lo que, en cierto modo, puede ayudar a entender que la criatura se extravíe extasiada por los verdes campos del edén creyendo que todo el monte es orégano, aunque no debe hacernos olvidar que don Felipe II se interesaba vivamente por el precio del pan que era lo único que, por aquel entonces, iba en la cesta de la compra. Recuerdo un discurso de Jonson en el que confesaba que para hablarle al pueblo soberano del precio de los garbanzos -un tema muy del Fraga de los viejos tiempos– había debido consultar a su señora, otra estupenda metáfora que jugaba con el señuelo para chorlitos de que la primera dama iba al mercado cada mañana y bregaba entre los puestos con su cesta como otra cualquiera. Hay que convencerse, en definitiva, de que el bien común -y noten que insisto en apearle las tradicionales mayúsculas– no entra en la macroeconomía, esa suerte de bastidor metafísico en la cabeza de cuyos alfileres caben más ángeles de pie que en los silogismos de santo Tomás o en las peroratas de Egidio Romano. La realidad es que estamos viviendo un esplendoroso declive mientras la culta Europa levanta la cabeza calvinista y da por medio liquidada su crisis de crecimiento. Llevamos el paso cambiado, por lo que se ve, sobre todo ese presidente que no sabe lo que cuesta un café ni por donde le está saliendo al apaleado padre de familia esta cuesta de otoño en la que la antigua receta del pan y cebolla te sale ya por un  pico.

Cada oveja con su pareja

Dicen desde el PP que el proyecto de ley de Vivienda –una casa para cada familia por debajo de los 3.000 euros de renta– que se ha sacado de la manga la Junta postvacacional es un farol y un cuento chino. Pero no se fija –quizá porque tampoco es lo suyo– en las “condiciones” que la Junta del PSOE impone a los futuros beneficiados cuando dice que esa hipotética vivienda que ofrecerá al ciudadano será “digna, de calida y adecuada a su situación familiar, económica y social”, a ver qué se iban a creer. La verdad por delante: debe de haber tantas clases de viviendas como clases efectivas y tantos modelos de hábitats como niveles económicos. Del “a cada uno según sus necesidades” se pasó al “a cada uno según sus méritos” para desembocar finalmente en el “a cada uno según su posición”. Cada oveja con su pareja. La Junta del PSOE no engaña más que a quien se deja engañar.

Récord de paro

Ahí están ya los nuevos datos de paro en agosto, que sube en todas las provincias andaluzas y en Huelva, con 2.235 desempleados más, en términos más bien alarmantes que suponen un 8 por ciento de incremento. ¿Saldrá los vigías de la Dipu culpando otra vez al Ayuntamiento por aquello de que la capital tiene una tasa alta de paro, o acabarán de aceptar que la política empleo es responsabilidad en primer término del Gobierno y de la Junta después? Expliquen si no por qué baja en todas las provincias de Andalucía y por qué sube tanto en nuestra provincia, donde la construcción amenaza con un eventual batacazo y los servicios poco menos. Ser la sexta provincia del país con un avance más alto del paro es una mala noticia. Tratad de hacer de ella un “boomerang” contra el Ayuntamiento de la capital son ganas de que le recuerden a la Diputación su responsabilidad en la provincia.

El ojo público

Días atrás he visto reproducido en la prensa española algunos el llamativo comentario aparecido a mediados de mes en ‘New Scientist’ sobre la vigilancia antiterrorista implantada sin contemplaciones por las agencias de seguridad americanas en aeropuertos y otros accesos a los EEUU. SE trata como puede imaginarse del viejo tema del ojo público, de la mirada escrutadora del ‘Gran Hermano’, del espía ubicuo e indetectable que la fantasía ha introducido en nuestra imaginación, pero esta vez, ni qué decir tiene, en términos absolutamente reales. Contaba esa crónica de Pawl Marks, si mal no recuerdo, que las diversas agencias seguratas han convertido esos puertos de llegada en auténticos observatorios en los que se hace esperar deliberadamente al viajero con objeto de que su fisonomía, sus actitudes y hasta determinados indicadores biológicos (ritmo cardiaco, movimientos oculares, características de la sudoración, etcétera) puedan ser valorados por una compleja maquinaria en la que se incluyen desde rayos láser a lectores de la retina pasando por objetivos capaces de evaluar el sentido de las intenciones más recónditas, de manera que cualquier indicio sospechoso pueda ser replicado sin pérdida de tiempo por los servicios convencionales de seguridad. Dicen que de ese control no escapa el viajero que toma le piscolabis en el bar ni el que forzado por la naturaleza acude pudoroso al ámbito reservado del retrete, un extremo realmente indecoroso pero que tiene viejos precedentes en los soberanos que no se recataban de evacuar lo que fuere menester ante la paciente cortesanía. La máquina, a la que se reserva un futuro aún más invasor, parece ser que tendrá capacidad para traducir las intenciones del texto abierto que, por lo visto, es la expresión facial y, más en general, la expresión corporal de cada individuo, lo supone un triunfo definitivo de la máquina sobre la mente que le pondrá difícil su designio a los perversos pero que, sin duda, también le va a dar un disgusto a más de uno y a más de tres inocentes a poco que gesticulen con alguna peculiaridad. No cabe duda de que el terrorismo ha ganado ya unos cuantos combates sin descender siquiera al campo de batalla.

xxxxx

El terror tiene muchos frentes abiertos y no es ninguna tontería algo que ella señaló hace mucho un teórico en la materia, a saber que, una vez conseguido un nivel intenso de inquietud y cuestionada a fondo la seguridad, ni siquiera serán precisos los atentados mismos porque el propio miedo se encargará de embargar los sistemas defensivos, pasando, por supuesto, por encima (y por debajo si es preciso) de los derechos más corrientes del individuo que pasa a ser un sospechoso mientras no se demuestre lo contrario. Hoy hay que esperar una eternidad en el aeropuerto Kennedy o en muchos otros, pero ahora sabemos, además, que mientras aguardamos trámites y valijas, cien ojos nos vigilan atentamente midiendo nuestro ritmo cardiaco o tipificando nuestro gesto personal como espejo posible de la intención hostil. Y eso, como digo, supone ya haber perdido alguna batalla contra los bárbaros cuyo daño mayor a la sociedad occidental es probable que no sea otro que el despojo del individuo y el cuestionamiento eventual de sus derechos inalienables. Hay mucho miedo en USA, como lo hay en toda Europa, y si es cierto que el miedo guarda la viña, no lo es menos que tal seguridad va a ser sufragada a medias por justos y pecadores. Con el agravante de que los derechos se pierden con facilidad, ya lo ven, mientras que su restitución no suele estar garantizada hoy como no la estado nunca. El gran Leonardo dejo dicho que nada nace y agranda tan rápido como el miedo. Seguro que e él le divertirían mucho estos dispositivos con que el Poder anda desvalijando jurídicamente al individuo para salvarlo de lo peor.

El caos educativo

Un miembro de un “Equipo Redactor” de los “curricula” (digan “programas”, como siempre, y todos contentos) me cuenta que la consejería que dirige doña Cándida se ha inhibido de su deber de redactarlos , por primera vez en la historia de la autonomía, encomendando esa tarea a los mismos profesores, lo que ha originado un movimiento de deserción en la propia consejería de la que se han marchado no poco entre los viejos colaboradores. Con un dato curioso y desconcertante: que la editoriales “afectas al régimen” han ofrecido textos para la LOE que no comenzará hasta septiembre, sin ningún respaldo normativo, demostrando una vez más quién manada de verdad en esa parcela de la educación. Dicen los expertos que aquellos “curricula” abandonados constituían una nueva perspectiva docente orientada a la actualidad y no sujetas a rutinas trasnochadas. Otro palo, pues, al montaje de la educación que, verdaderamente, debe de ser inmortal si ha logrado sobrevivir al mandato de esta consejera.

El honor de todos

El alcalde de la capital, Pedro Rodríguez, ha retirado su querella contra el secretario provincial del PSOE, Javier Barrero, a propósito de la intolerable acusación que éste le formuló cuando el lío de las llamadas desde móviles a líneas eróticas. El alcalde, no hay que decirlo siquiera, es muy libre de perdonar u olvidar, pero al margen del escaso sentido que tiene renunciar a este intento de debelación de una ominosa calumnia (demostrada) está el hecho de que cuando se insulta de ese modo a un alcalde –según la teoría que mantuvieron en tiempos Julio Anguita o Marín Rite– es a todo el pueblo a quien se ofende. Con este asqueroso tema el alcalde ha sido calumniado y rechiflado no sólo por Barrero sino por Jiménez y otras rémoras, al veces en términos inaceptables incluso para la manga más ancha. Esto no es, en consecuencia, buena disposición ni apertura sino rebajamiento y entreguismo. Habrá que recdrodárselo en la próxima ocasión. Que llegará, puede estar seguro, que llegará.