Principio del final

Lo que es inconcebible es que desde el PSOE se haya venido insistiendo tanto tiempo en la banalidad del “caso ERE”. El zambombazo que el martes le dio al caso la jueza no deja ya resquicio ni a la duda de que lo que aquí ha ocurrido durante 10 años 10 ha sido algo grave y, desde luego, chusco, algo que en modo alguno pudo llevarse a cabo sin el consentimiento de la cúpula desde antier en apuros. Y ahora ocurrirá lo que tenga que ocurrir, pero ahí tienen ya por duplicado otro “caso Camps”, sólo que en lugar del precio de tres trajes ha costado cientos de miles de millones. El PSOE cuenta con la ventaja de la torpeza del PP para explotar sus ocasiones. Ya verán como, ni por ésta, se deja de hablar de Bárcenas.

El Papa al habla

Un joven de Toulouse que escribió al papa exponiéndole sus dudas de cristiano homosexual ha recibido una llamada directa del pontífice para tranquilizarle en un tono benévolo y conciliador. El papa que, tras denunciar la existencia de un lobby gay en el Vaticano, durante su vuelo de vuelta de su viaje a Brasil se preguntó ante los periodistas quién era él para juzgar a una persona en esas circunstancias, parece empeñado en dar muestras de comprensión ante un fenómeno tradicionalmente satanizado por la moral eclesiástica, abriendo las puertas de par en par a los hasta ahora excluidos. Poco antes, a mediados de agosto, Francisco telefoneó también a un joven estudiante italiano que le había confiado su pérdida de la fe del mismo modo que, ya a finales de ese mes, llamó en persona a una mujer argentina que había sido violada a la que quiso transmitirle su apoyo moral. Paralelamente, la prensa dominicana descubre que, también a mediados del mismo mes, el papa habría destituido de manera fulminante a todo un nuncio apostólico, el de la República Dominicana, monseñor Josef Wesolowski, designado a principios de 2008 por Benedicto XVI, tras conocerse ciertas oscuras circunstancias que probaban la pedofilia del prelado. Es pronto tal vez para formarse una idea cabal del nuevo pontífice, pero no cabe duda de que, a juzgar por esos gestos tan inusuales como valiosos, algo ha cambiado en la Iglesia romana. A un distinguido obispo español tuve oportunidad de escucharle hace sólo unos días que, muy probablemente, al papa Francisco lo han elegido en el reciente sínodo no pocos cardenales para los que, hasta el momento de la votación, no resultaba idóneo. Para el obispo ello permitía entrever la mano del Espíritu Santo; para quienes lo escuchábamos con atención, en todo caso, la tesis en cuestión resultaba del todo plausible.

En bien poco tiempo, el nuevo papa ha demostrado firmeza y buen criterio en esas dos materias reservadas que han sido toda la vida las finanzas vaticanas y el tabú de la homosexualidad, dos ámbitos cruciales en los que sus dos antecesores no se atrevieron a entrar con decisión. Ahí hay un papa, pues, seguramente conservador en materia moral pero del que cabe esperar cambios decisivos que hasta ahora se creían imposibles, en función de los intereses creados y, hablando en plata, también de la propia corrupción de la curia. En cualquier caso, un papa al teléfono no deja de ser un acontecimiento sin precedentes.

La mordida sindical

El escándalo de los mangazos de la Unión General de Trabajadores (UGT) debería esclarecerse por la vía rápida, no sólo por un imperativo de justicia sino por el interés del propio sindicalismo. UGT le ha estado cobrando “mordidas”, según consta en sus documentos, incluso a Facua-Consumidores en Acción, una oenegé que se supone transparente y cerrada frente a toda coima. ¿Hasta dónde ha llegado el mangazo en cuestión, cuánto ha recuperado la Junta de Andalucía de esos dineros mal apropiados, es que no vamos a poder fiarnos ya ni de del, Sursum Corda? Méndez y Pastrana deben dar la cara y no la callada por respuesta. Al fin y al cabo, ellos no son nadie sin los trabajadores a los que deben explicar las circunstancias de esa corrupción.

La guerra anual

El amigo a quien, en una reposada charla, le sugiero que la guerra, tal como la hemos vivido tras la Guerra Mundial, se ha convertido en un hábito por no decir en una necesidad, me mira con lógica desconfianza entre otras cosas porque él es francés y no cabe duda de que el paladín de la porfiada “acción de castigo” sobre Siria es su presidente Hollande. No he querido contradecirle de plano pero he ido trayendo a colación conflictos pasados y recientes en los que Francia ha tenido un papel principal cuando no exclusivo. “¿Pero, entonces, tu sugieres una especie de inevitabilidad de la guerra, algo así como una función fatal de la política que haría ilusoria una paz universal, no tan redonda como la que propuso Kant, pero más o menos tranquilizadora?”. Me he limitado, como decía, a las fechas y lugares en que Francia se ha visto involucrada en los últimos años, a saber, el conflicto del Tchad en 2008, la intervención en Afganistán en 2009, el disparate de Costa de Marfil en 2010, la invasión de Libia en 2011, la guerra de Mali en 2012 y, si Dios no lo remedia, la de Siria en el presente, es decir, fíjense bien, no esto ni lo otro, sino una guerra por año. ¿Qué se ha logrado con todas ellas, cuánto han costado, cuánto han ganado a sus expensas los mercaderes? ¿Justifica el derecho de intervención necesaria –que yo defiendo, quede claro—ese estado de guerra permanente? ¿Es la guerra, como quería Clausewitz, otra modalidad de la política, o es más cierta la idea de Sartre de que los ricos hacen la guerra y las víctimas son los pobres? Lo que yo creo es que hay gentes como Hollande que ven en esas exhibiciones corajudas un perfecto maquillaje de sus debilidades.

No es cuestión de discutir una por una las razones estratégicas que respaldan a cada una de esas guerras, pero la verdad es que tampoco hay quien pueda justificar que un país se meta en un berenjenal bélico al año, un poco como el que va rifando por el planisferio la violencia y la muerte. Hollande es un gobernante frustrado, cuya popularidad ha caído muy por debajo de su propio predecesor, y cuya dependencia de Alemania se confirma a medida que lo vemos doblegarse al liderato de la Merkel. ¿Será así de sencillo, se podrá dar razón de la guerra en función precisamente de la debilidad del líder? Me ha parecido lo mejor cambiar de tema y hemos pasado, en efecto, a hablar de la mar y de los peces. Un amigo es algo demasiado valioso para arriesgarlo por una opinión política.

La era de los ere

Al margen de las consideraciones que pueda sugerir el nuevo Gobiernillo, llama la atención un hecho: que el Senado se ha convertido en el refugio más seguro para los políticos amenazados por la instrucción de los ERE y las prejubilaciones falsas. El propio Griñán, su mano derecha Carmen Aguayo y hasta su heraldo Mario Jiménez, en la Cámara Baja se refugian, en efecto, buscando el amparo de un fuero al que sería mucho más democrático renunciar. ¿Se acuerdan de aquello de “no hay caso”? Pues lo había hasta el punto de que la sombra de esa juez imperturbable ha forzado un “tiempo nuevo” en la autonomía: la era de los ERE.

Palo y zanahoria

Los informes sobre la suerte de los profesionales del periodismo por esos mundos de Dios son concluyentes, por lo general, en que el periodismo es una profesión de riesgo. Cada año nos muestran esos informes el resumen de las violencias ejercidas sobre ellos, el número de víctimas mortales, el de secuestrados, incluso el de torturados aquí y allá, y no necesariamente en zonas de guerra. En Rusia se ha demostrado insensato llevar la contraria a Putin y a su “régimen” por más que con formas más sofisticadas que algunas utilizadas en países tercermundistas o en ciertas dictaduras bien vistas a pesar de todo. Ahora bien, no siempre la presión sobre esos profesionales se ejerce por las bravas, sino que, junto a la violencia, se abre paso el viejo procedimiento de la compra –o el alquiler, como diría González Ruano—de sus plumas y de sus voces. Lo leo en un acreditado órgano de prensa internacional que se refiere a lo que ocurre en Azerbaïdjan –“A los periodistas de oposición, se les vence, se les hace cantar o se les mata, aunque también se les compra”—a propósito del insólito regalo de un apartamento cercano a Bakú que el propio presidente, Ilham Aliev, le ha hecho a más de un centenar y medio de periodistas, ahora que las elecciones presidenciales están a un tiro de piedra. En Rumania, el debatido proyecto del Gobierno de entregar a una compañía canadiense la mayor mina de oro del mundo para que sea explotada a base de cianuro, no ha conseguido callar a una opinión pública incipiente pero sí a los grandes medios nacionales, que han silenciado con descaro los inhabituales incidentes callejeros protagonizados por grupos de oposición por lo general incompatibles entre sí. No es tan fácil intentar la coima con el periodista pero tampoco imposible, como sabemos de sobra en esta España en la que la expresión “fondo de reptiles”, ahora tan de moda, se acuñó pensando especialmente en los corruptos de ese gremio.

Eso del “cuarto poder” es una filfa aunque no quepa discutir el peso de los medios como factor decisivo a la hora de configurarse la estimativa pública. Pero la amplitud del negocio, el exponencial crecimiento del beneficio, genera un excedente con el que cada día es más fácil captar la voluntad ajena. Y fíjense en que, por supuesto a propósito, he hablado de Azerbaïdjan y de Rumanía, no porque ignore lo que aquí se perpetra sino por una elemental prudencia. No hay que olvidar que junto a la zanahoria va siempre el palo.