Submarinos civiles

Durante la dictadura, es decir, cuando casi nadie, no sé si me entienden, las asociaciones de vecinos, infiltradas a tope por el PCE, terminaron convertidas en un instrumento político de primero orden que, naturalmente, el propio partido mandó desmantelar en cuanto se metió en los despachos. Hoy esas asociaciones, como acaba de demostrar sin recato y aunque no fuera en absoluto necesario, la onubense Federación de Vecinos Tartessos convocando actividades propagandísticas en torno y a favor del debate político más agudo que tiene planteado el partido en el poder, la Educación para la Ciudadanía, esas asociaciones son simples instrumentos electorales del PSOE, a cuya sombra viven y al que sirven travestidas con el uniforme de la civilidad. Tartessos es el PSOE como, probablemente, con otros dirigentes pudiera ser el PP o el partido que estuviera en el gobierno. Esperemos que no llegue, como a su homóloga le ha ocurrido en Sevilla, a verse imputada por fraude y facturas falsas en el seno de las mismas instituciones.

El ratón Pérez

No se sabe ni probablemente se sabrá nunca que hay de verdad y cuánto de calculada mentira en los choques entre los ministros benefactores y el ecónomo Solbes, que pastorea la grey como si el redil fuese suyo –que es lo suyo, desde luego– y se pasa el tiempo contradiciendo a los prometedores de aguinaldos para ser, a su vez, posteriormente, contradicho por quien de verdad manda. Ni lo sé ni me interesa, les digo la verdad, porque me traen al fresco estos malabares estratégicos y porque me parece que en todos estos encontronazos lo grave no sería, en última instancia, la erosión de una figura política sino el fondo de las cuestiones planteadas, concernientes todas ellas a derechos elementales de los ciudadanos –derecho (¿) a una vivienda, a la salud dental y demás– olvidados desde siempre por el Poder. Pero aún desde esta perspectiva hay diferencias notables entre la insensata promesa de ofrecer piso a todo el que perciba menos de 2.100 euros de renta (es decir, a más de los tres tercios de los contribuyentes) o, alternativamente, en las de desgravar alquileres o gravar viviendas vacías; y anunciar, por fin, el rescate de la salud dental del segmento acaudalado de la población, en especial, por lo que se refiere a una santa infancia cuyo futuro sanitario depende en buena medida, para bien y para mal, del cuidado que se le preste a sus bocas. El hecho mismo de que sea noticia la extensión del cuidado dental gratuito a la infancia constituye en sí mismo un escandaloso ‘mea culpa’ por parte de un Poder hecho a la idea, inasumible para cualquier espíritu medianamente solidario, de que es normal que la endodoncia (que es la odontología cara, pero también la razonable y efectiva) se reserve a quien pueda pagarla, dejando para el resto de los dentados la alternativa que separa la caries de la extracción. Y sin embargo, afrontar el problema de una vez tiene su mérito (al margen del debate electoralista) y desactivarlo supone reafirmar la lógica de la desigualdad hasta en la boca de los ciudadanos. Solbes lleva probablemente razón al objetar la medida, pero a Soria no hay modo de discutirle que la boca de un niño debería costar siquiera lo que vale.

xxxxx

Lo que es una vergüenza es que, tras varios trienios de mayoría de la autopostulada izquierda, nuestros niños continúen sin derecho a la salud dental, por no hablar de lo que supone que en Andalucía, tras casi treinta años de incontestable hegemonía ‘sociata’, los clásicos ‘empastes’ sigan vedados para los de abajo y los propios niños excluidos de la atención cuidadosa que se prodiga a los de arriba. Aunque si finalmente Solbes pierde la partida y se impone el electoralismo presidencial, habrá que revisar esa guasa que anda diciendo por ahí que ZP es capaz de permanecer insensatamente sentado al paso de la bandera americana pero que tiembla como un azogado ante el sillón del dentista. Este cuento, damas y caballeros, es toda una tomadura de pelo, un festival de despropósitos en el que, desde el patio de butacas hasta el gallinero, el teatro entero ha acabado asumiendo la lógica del entremés, indiferente a la evidencia de que el protagonista recitaba en cada momento el versículo que le soplaba desde su concha el apuntador. Yo creo, además, que el rifirrafe entre el ministro audaz y el sensato forma parte del libreto, quiero decir, que tanto la promesa de Soria como el frenazo de Solbes estaban previstas, son piezas de un mismo diseño propagandístico que pretende sugerir a los ciudadanos el ambiguo mensaje de que los mejores deseos se topan con la realidad como don Quijote se topaba de bruces con las tapias de la Iglesia. No hay mejor forma de valorizar el producto que demorar su venta. Para una Humanidad doliente que no ha conocido más que el dolor o la anestesia de santa Apolonia durante una eternidad, ya me dirán qué puede significar que el remedio se aplace todavía otra legislatura.

¡Nepote al poder!

La última de la serie afecta al portavoz de Chaves, cuyo hermano (según su propia señora) es el autor de la firma falsa de la factura falsa con que el Ayuntamiento de Sevilla sufragaba bajo cuerda, al parecer, sus gastos electorales, pero ya me dirán qué puede significar ese lance comparado con el montaje de la propia familia presidencial, o los que presuntamente han beneficiado a amigos o familiares de los altos dirigentes del partido. Ese mismo Ayuntamiento coloca a discreción, aparte de una legión de clientes, a mujeres y deudos de los concejales de la mayoría, y dice el alcalde que a él esa práctica le resulta “ética y legal”. Bajo el mando único de Chaves, mujeres y maridos, hermanos, cuñados, sobrinos y demás parientes y afectos han hecho del erario público controlado por el PSOE una huerta sin vallar. Teniendo en cuenta que no hay un pueblo que le ponga las peras al cuarto, la cosa resulta no sólo comprensible, sino hasta lógica.

Comentario insolente

El consejero de Empleo, máximo desconocido en este gobiernillo autonómico, ha respaldado al ‘delegata’ de su consejería que ha pagado con dinero público (las facturas están publicadas) comilonas y festorros espectaculares. Es normal, después de todo, porque, a estas alturas, no va a reconocer que ese cargo público –que entre otras lindezas, cobra dietas sobre gastos pagados– ha obrado por libre, sino que ha de fingir que nada hay en su actuación de objetable ni digno de censura. Ahora bien, que el consejero descargue descaradamente en el Interventor –¡con lo que los interventores han sido toda la vida, Dios mío de mi alma!– la responsabilidad del despilfarro constituye un insulto a la inteligencia de los onubenses y, desde luego, una injuria que ni ese funcionario ni su cuerpo deberían admitir sin réplica, si no quieren evidenciar que su alta función ha quedado reducida por el “régimen” a un mero trámite legalizador.

Cabeza bajo el ala

La ministra de Educación, vástaga de un árbol sabio e influyente, no puede con el ramo. Ahora acaba de salir a la palestra para anunciar que los alumnos de BUP que tropiecen incluso cuatro veces en el mismo curso podrán matricularse en asignaturas del siguiente, dado que lo contrario, a su juicio, podría ser una “invitación al abandono”. A eso le llamo yo, y le llama mucha gente, entregar la cuchara. Vamos a ver: para empezar, la media española de fracaso escolar supera en diez puntos al menos la europea, pero si desmenuzamos los datos para ver de cerca el caso, comprobamos que un tercio de los alumnos de ESO obtiene resultados negativos, que más o menos la misma cantidad repite curso, que algo más no acaba ese ciclo, que casi la mitad no supera el bachillerato y que la mitad cumplida abandona en la universidad. No querer reconocer este batacazo colectivo, continuar ignorando que su causa está en la normativa, es un reflejo que se comprende en el político pero que no tiene pase en el responsable de la educación del país, sobre todo si se tiene en cuenta que el fracaso de marras se produce en especial en el sistema público mientras que en la enseñanza concertada es notablemente menor y en la privada prácticamente asumible. ¿Qué ocurre entonces para que el Poder cierre los ojos y tire adelante, ciego como caballo de picador, sin tener idea de adónde se dirige aunque sabiendo de sobra de dónde viene? Pues lo que ocurre es que no tienen ni la más remota idea de qué hacer frente a esta catástrofe que compromete de modo tan irreparable el futuro de todos, y muy particularmente en no son capaces de asumir el probable coste electoral que supondría en este país mal informado la adopción por parte del Gobierno de las medidas drásticas que reclama hace tiempo la sociedad. Llevamos varios ministerios posponiendo el abordaje del problema y remitiendo sus efectos a un incierto futuro. Éste de la ministra Cabrera, contra lo que se hubiera podido esperar, parece que no sólo va a ser uno más en esa relación sino que acabará destacado entre los entreguistas.
                                                                  xxxxx
Hay un error en la consideración de que el fracaso en la escuela es un hecho autónomo, un contratiempo incardinado en el orden escolar sin conexión con los demás ámbitos vitales, es decir, con la familia y con la sociedad en su conjunto. Por el contrario, el alumno que fracasa –es decir, el que no alcanza los objetivos previstos para él por el sistema educativo– es víctima del modelo pedagógico, sin duda, pero también de un paradigma de convivencia (familiar, grupal) que ha pretendido y logrado a medias emanciparse de las exigencias colectivas, de un modo que amenaza a la propia convivencia. La idea de Sarkozy de restaurar en la escuela la ancestral y lógica costumbre de respetar al enseñante, por poner ejemplo sencillo, ha sido acogida por amplios sectores sociales como si de un escándalo o una pretensión extravagante se tratase, y ahora la ministra española consagra el derecho de los suspendidos a pasar, de hecho, al curso superior, o sea, el de exhibir su patente de corso frente a una exigencia social que ya no sabe no cómo plantearse el negocio. Lo que sí le ha salido bordado al Gobierno es el garlito de la nueva asignatura, la Educación para la Ciudadanía, a favor y en contra de la cual se consumen las energías que resultarían imprescindibles para reparar, en la medida de lo posible, este tremendo desgarrón generacional. Dentro de poco tiempo, cuando miremos atrás desde el muro de las lamentaciones, quizá no divisemos ya estos detalles en los que reside verdaderamente el auténtico quid de la cuestión. Nuestros chicos no estudian por la misma razón que  no obedecen, lo que remite el fracaso a los adultos antes que a ellos mismos y al Poder junto con los adultos. Pero constatar esta obviedad no va a arreglar gran cosa. Yo lo que sé es que, en poco tiempo, la raya que separa las clases sociales dividirá también la sociedad por el equinoccio de la competencia.

El poli malo

Al ministro Solbes la ha tocado el papel de “poli malo”. Él va por la vida de cerebro integérrimo que no se casa con nadie y le canta al más pintado, en nombre de la ciencia económica, las verdades del barquero, pero la realidad es que, ingenua o deliberadamente, el suyo es un papel legitimador: es el “poli malo” que necesita el debate político electoralista, la conciencia crítica sin la cual quedarían demasiado en evidencia las nalgas de los compravotos. Véanlo, por ejemplo, decirle que nones a la oferta de subvenciones de la ministra de Vivienda, al ofertón de Chaves sobre “viviendas gratis pa’tos” y al Ayuntamiento de Sevilla en su absurdo proyecto pseudoprogre de penalizar las viviendas vacías. Es decir, a tres que nunca pensaron de verdad en cumplir lo que prometían o que sabían que eso que prometían era irrealizable en la práctica. La verdad es que ni imaginamos siquiera qué sería de tanto “poli bueno” sin un contrapunto convincente como él.