Monstruos mediáticos

No sabemos aún que ha ocurrido de verdad en Portimao. Se ignora –asegurar lo contrario sería una temeridad– si la niñita desaparecida fue raptada como pregonan sus padres, murió accidentalmente o fue asesinada. El inconcebible ‘show’ montado por los esposos McCann –entrevista papal incluida– sigue su proceloso curso entre morosísimos hallazgos detectivescos, filtraciones policiales a la prensa y otras extravagancias. La que no aparece es la niña, ni viva ni muerta. ¿Murió tal vez a causa de una sobredosis de hipnóticos suministrados por los propios padres para ahorrarse la ‘canguro’ o la avasalló un tercero sin el conocimiento de aquellos? Cualquier pronunciamiento sobre el asunto sería igualmente audaz, tal como andan las cosas,  por más que la prensa –en especial la industria del ‘tabloide’ inglés, que ya sabemos como las gasta– da casi por cerrado el caso apostando por el parricidio. Lo que sí habrá que ir diciendo es que, desde una perspectiva discreta, la solución del enigma no sería lo de menos pero tampoco lo principal en el maldito enredo. No es pensable, desde luego, la tesis de la muerte accidental y la correspondiente improvisación del plan de ocultación y posterior falsa campaña por parte de la madre o del matrimonio, da lo mismo, porque resulta más que inverosímil la frialdad precisa para ello aparte de que faltan piezas en ese puzzle. Lo que sí empieza a abrirse camino es la evidencia de que, en una sociedad medial, la capacidad de los ‘medios’ a la hora de crear imágenes e imponerlas a la opinión es, ciertamente, casi ilimitada. La de esos padres itinerantes por medio mundo, que han logrado acaparar la atención universal, acceder a las más altas instancias y recaudar una pequeña fortuna en bien poco tiempo, es, desde luego, llamativa y exige, a mi modo ver las cosas, una autocrítica sin concesiones por parte de los ‘medios’ oportunistas pero también de una sociedad que tiene archidemostrada su pasión alcahueta.

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La conjunción de intereses mediáticos puede lograr hoy cualquier cosa, está visto, y esa es quizá la lección mayúscula que habríamos de extraer de esta crónica negra. Lo mismo en el plano político que en el privado, igual si se trata de sofronizar al personal para imponerles un jefe, que si el asunto es convencerlo para que compre (o deje de comprar) una mercancía cualquiera, o para que vibre, se emocione e incluso contribuya económicamente a la tragedia indesmostrada de la familia. Los McCann no han hecho la proeza, como quizá creen ellos mismos; ha sido el tinglado mediático el que ha posibilitado su hazaña acogiendo su iniciativa universalmente y sin mayores contemplaciones. Sí, ya sé que, de demostrarse la hipótesis de su culpabilidad, estaríamos ante un supuesto vesánico, ante una exhibición de cinismo realmente atroz, pero sobre todo, no lo olvidemos, ante lo que estaríamos sería ante una demostración de panfilismo colectivo sólo comparable al poderío casi sin límites de los actuales medios de influenciación de masas. Que sí, que el presunto crimen sería de los que hay que poner en la orla siniestra, que tanta sangre fría resulta difícilmente concebible. Bueno, pues a mí lo que me impresiona no es esa cuestión –la historia criminal es tan terrible como antigua– sino la demostración del poder mediático y el alcance de la publicidad. Y no me hablen de la proeza de Goebbels porque ése era otro negocio en el que al menos la calderilla (la moral y la otra) refluía al contribuyente. Lo de los McCann es pura obra propagandística, logro inconcebible fuera de esta sociedad medial en la que la realidad –por efecto no poco platónico– reside en la sombra proyectada más que en la cosa misma. Esa parejita no es más que el par de ‘extras’ que exigía el guión escrito al vuelo en las redacciones. Si alguien tiene que golpearse el pecho, de entrada, no es ella sino el mensajero.

Más sobre el fracaso

Sigue la pantomina (ingenuamente tragado por el PP y algunos sectores reaccionarios) sobre la Educación para la Ciudadanía. El TSJA niega a los padres reclamantes, ingenuas criaturas, que se posponga esa “enseñanza” (¿) como solicitaban en su recurso, el PSOE monta toda una campaña para “convencer” a la mayoría silenciosa, algún vocero agresivo acusa a los conservadores en términos alarmantes. Estupenda cortina de humo para que no se vea el caos informe de una enseñanza difícilmente restaurable, para que no se conozca el grave alcance del fracaso escolar denunciado en su día por el Informe PISA y ahora en un estudio la encuesta Etefil elaborada por el INI y los ministerios de Ecuación y Trabajo, es decir, por el propio Gobierno, desmostrativo de que lo que falla en Andalucía estrepitosamente es la enseñanza pública y no la concertada y, menos aún, la privada. Lío, ruido, humo para que no se vea lo que no debe verse. Y los otros tan lilas, entrando al trapo. Lean es informe (www.magisnet.com) y van a ver lo que vale un peine.

El ciclo de verano

Terminaron las “Charlas” de Punta Umbría, las celebradas en verano en el Jardín de los Enebrales del hotel Barceló. Con un éxito creciente aunque previsible dada la categoría de los intervinientes (Pérez Mercader, Aberasturi, Rejón, Balbín, Ignacio Sotelo, Kepa Aulestia y Joaquín Leguina), un elenco de categoría y evidentemente más inclinado a la izquierda que a otra cosa, lo que no ha impedido una exquisita independencia de criterios en todos los intervinientes. Punta Umbría tiene con las “Charlas en El  Mundo” un privilegio excepcional que pocas poblaciones disfrutan en verano, incluidas las socorridas a manos llenas por el poder político con dinero público. Y los veraneantes una oportunidad de asomarse a mundos entrevisto a través de miradas de privilegio. Seguiremos, ya en Huelva, por sexto año consecutivo. Ante una respuesta como la que hemos recibido, a pesar de boicots y vacíos, sería inconcebible fallar.

Crimen y castigo

Vuelve la polémica penitenciaria en Francia, un país de 61 millones de habitantes que mantiene encerrados en sus cárceles a 64.000 reclusos y en el que la cadena perpetua está en vigor. Antier mismo la fiscalía de París dejaba entrever la posibilidad de condenar a perpetuidad a los etarras detenidos en Cahors –los matarifes de Barajas, entre otras cosas– agarrándose sobre todo al delito de secuestro de un menor, un eco, sin duda, de la inquietud sentida en el país por el fracaso de un sistema penitenciario (65.000 presos en una sociedad de 61 millones: comparen con nuestro caso) en el que seis de cada diez liberados condicionalmente reincide, y que recuerda estos días la previsión de Tocqueville de que la prisión es una escuela del crimen. En la Red está colgada una entrevista entre Sarkozy y el padre de una menor violada en la que, a pesar de tanto desmentido, puede escucharse al Presidente rozar la escabrosa tentación del restablecimiento de la pena de muerte para casos similares. Pero en España se hacen cálculos –los hace este mismo periódico– para concluir que los bárbaros de Cahors no serían castigados aquí por encima de los veintisiete años, una pena que, dividiendo sólo por los dos muertos del atentado que rompió por vez primera la tregua-trampa y olvidando el resto, que no es poco, supondría un coste real de trece años mal contados por cada vida arrebatada. A mucho menos le salía la vida ajena a De Juan Chaos y ahí lo tienen, “reponiéndose” a costa del erario. Por su parte, un colectivo de jueces que monopolizó el progresismo hace años, recordaba antier mismo, por si acaso, el doble impedimento constitucional a la cadena perpetua, a saber, la prohibición de penas “inhumanas y degradantes” y ese principio de “reinserción social” del delincuente que no excluye siquiera al contumaz. Ni aquí ni en Francia van las cosas como Dios manda, eso salta a la vista, pero no parece dudoso que en la opinión pública va abriéndose camino la idea entrevista de que es preciso hacer algo para frenar esta estampida de la brutalidad.

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No resulta razonable continuar ignorando esta crecida de la inquietud que tiene lo suyo de vindicativa, pero que hay que reconocer que no anda precisamente falta de motivos clamorosos. Nuestra desproporcionada población reclusa, por ejemplo, amenaza con convertirse en insoportable además del fiasco del sistema, pero no es menos evidente que cada día que pasa el retruque de que la pena no arregla nada se revela como una simple opinión que exige, al menos, ser comprobada (o al menos, falsada popperianamente) antes de que el sistema encalle sin remedio. Es verdad que hay un fuerte elemento ‘ideológico’ en la corriente de opinión que reclama la acomodación de las penas hasta lograr una efectividad al menos discreta, pero ese elemento no sería menor que el que subyace al apriorismo que proclama esos derechos constitucionales a los que la realidad está dejando en evidencia. Quizá es inaplazable el momento de abrir el debate sobre un modelo penitenciario nuevo que resulte razonablemente disuasor o, en última instancia, que no funcione como un estímulo al criminal, incluyendo la libre discusión en torno a la reclusión vitalicia tal como hoy se aplica –con garantías y mecanismos de reinserción judicial previstos– en las grandes democracias europeas y americanas. Nadie está pensando en la ergástula o en la celda de Papillón, por supuesto, sino en un derecho penal y penitenciario que no excluya ‘a priori’ (es decir, ‘ideológicamente’) la adecuación de la pena a ciertos delitos sumamente graves. En Francia se critica al “duro” Sarkozy pero no hay que ser un lince para entrever bajo los reproches una farisaica comprensión de que esto no puede seguir como va. El sistema que hoy tenemos, en todo caso, se ha demostrado (recuerden a De Juana) un puro sarcasmo. Quizá remar entre todos nos llevara más lejos que bogar cada cual a su aire.

El gasto electoral

Se habla mucho de gasto social pero no de gasto electoral, que es de lo que habría que hablar. En Andalucía ese gasto se acumula legislatura tras legislatura, a medida que el “régimen” va necesitando la mano del calafate para mantenerse a flote sin problemas o que el encuestador avisa de alguna falla propia o ventaja ajena. Incluso sin cumplir algunos compromisos cruciales como el salario social o el sueldo prometido a las amas de casa, aquí se subvenciona sin tasa, se distribuye estratégicamente el dinero del paro agrario, se le largan pelotazos milmillonarios a los “agentes sociales” cada mes de enero, se regalan cuentos a las paridas o, como quien no quiere la cosa, se anuncia un plan para proporcionarle vivienda a todo bicho viviente o a casi todo, porque ya me dirán cuántos andaluces cobran más de los 3.100 euros tope establecidos por los demagogos. Ya veremos qué pasa tras las elecciones, pero desde ahora hasta que se celebren el gasto electoral crecerá embalado y sin control posible.

No tienen arreglo

Oye uno a Barrero “razonar” en publico y pierde toda esperanza, hasta la más remota, de que alguna vez en nuestra vida pública pueda respirarse aire limpio. Oírle recordar que el alcalde de la capital ha fracasado dos veces en las autonómicas es de traca, habida cuenta de que él ha fracasado cuatro en las municipales, precisamente frente al anterior. Escucharle referirse a Javier Arenas como “ese viejo perdedor de la historia política de esta comunidad” no resulta menos estupefaciente si se tiene en cuenta que ese “fracasado” fue en su día brillante ministro y vicepresidente del Gobierno, que es bastante más de lo que ha sido Barrero en su larga carrera. No iremos a ninguna parte a base de disparar sin pensárselo sobre el rival, aunque lo que tal vez ocurra es que personajes como Barrero no piensen en ir a ninguna parte sino en quedarse donde están. La vida política, en Huelva quizá más que ninguna parte, va siendo ya puro navajeo, trola, globo-sonda, chantaje e insulto y nada hace presumir que vaya a dejar de serlo mientras esta tropa permanezca en el puente de mando.