El ciclo de verano

Terminaron las “Charlas” de Punta Umbría, las celebradas en verano en el Jardín de los Enebrales del hotel Barceló. Con un éxito creciente aunque previsible dada la categoría de los intervinientes (Pérez Mercader, Aberasturi, Rejón, Balbín, Ignacio Sotelo, Kepa Aulestia y Joaquín Leguina), un elenco de categoría y evidentemente más inclinado a la izquierda que a otra cosa, lo que no ha impedido una exquisita independencia de criterios en todos los intervinientes. Punta Umbría tiene con las “Charlas en El  Mundo” un privilegio excepcional que pocas poblaciones disfrutan en verano, incluidas las socorridas a manos llenas por el poder político con dinero público. Y los veraneantes una oportunidad de asomarse a mundos entrevisto a través de miradas de privilegio. Seguiremos, ya en Huelva, por sexto año consecutivo. Ante una respuesta como la que hemos recibido, a pesar de boicots y vacíos, sería inconcebible fallar.

Crimen y castigo

Vuelve la polémica penitenciaria en Francia, un país de 61 millones de habitantes que mantiene encerrados en sus cárceles a 64.000 reclusos y en el que la cadena perpetua está en vigor. Antier mismo la fiscalía de París dejaba entrever la posibilidad de condenar a perpetuidad a los etarras detenidos en Cahors –los matarifes de Barajas, entre otras cosas– agarrándose sobre todo al delito de secuestro de un menor, un eco, sin duda, de la inquietud sentida en el país por el fracaso de un sistema penitenciario (65.000 presos en una sociedad de 61 millones: comparen con nuestro caso) en el que seis de cada diez liberados condicionalmente reincide, y que recuerda estos días la previsión de Tocqueville de que la prisión es una escuela del crimen. En la Red está colgada una entrevista entre Sarkozy y el padre de una menor violada en la que, a pesar de tanto desmentido, puede escucharse al Presidente rozar la escabrosa tentación del restablecimiento de la pena de muerte para casos similares. Pero en España se hacen cálculos –los hace este mismo periódico– para concluir que los bárbaros de Cahors no serían castigados aquí por encima de los veintisiete años, una pena que, dividiendo sólo por los dos muertos del atentado que rompió por vez primera la tregua-trampa y olvidando el resto, que no es poco, supondría un coste real de trece años mal contados por cada vida arrebatada. A mucho menos le salía la vida ajena a De Juan Chaos y ahí lo tienen, “reponiéndose” a costa del erario. Por su parte, un colectivo de jueces que monopolizó el progresismo hace años, recordaba antier mismo, por si acaso, el doble impedimento constitucional a la cadena perpetua, a saber, la prohibición de penas “inhumanas y degradantes” y ese principio de “reinserción social” del delincuente que no excluye siquiera al contumaz. Ni aquí ni en Francia van las cosas como Dios manda, eso salta a la vista, pero no parece dudoso que en la opinión pública va abriéndose camino la idea entrevista de que es preciso hacer algo para frenar esta estampida de la brutalidad.

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No resulta razonable continuar ignorando esta crecida de la inquietud que tiene lo suyo de vindicativa, pero que hay que reconocer que no anda precisamente falta de motivos clamorosos. Nuestra desproporcionada población reclusa, por ejemplo, amenaza con convertirse en insoportable además del fiasco del sistema, pero no es menos evidente que cada día que pasa el retruque de que la pena no arregla nada se revela como una simple opinión que exige, al menos, ser comprobada (o al menos, falsada popperianamente) antes de que el sistema encalle sin remedio. Es verdad que hay un fuerte elemento ‘ideológico’ en la corriente de opinión que reclama la acomodación de las penas hasta lograr una efectividad al menos discreta, pero ese elemento no sería menor que el que subyace al apriorismo que proclama esos derechos constitucionales a los que la realidad está dejando en evidencia. Quizá es inaplazable el momento de abrir el debate sobre un modelo penitenciario nuevo que resulte razonablemente disuasor o, en última instancia, que no funcione como un estímulo al criminal, incluyendo la libre discusión en torno a la reclusión vitalicia tal como hoy se aplica –con garantías y mecanismos de reinserción judicial previstos– en las grandes democracias europeas y americanas. Nadie está pensando en la ergástula o en la celda de Papillón, por supuesto, sino en un derecho penal y penitenciario que no excluya ‘a priori’ (es decir, ‘ideológicamente’) la adecuación de la pena a ciertos delitos sumamente graves. En Francia se critica al “duro” Sarkozy pero no hay que ser un lince para entrever bajo los reproches una farisaica comprensión de que esto no puede seguir como va. El sistema que hoy tenemos, en todo caso, se ha demostrado (recuerden a De Juana) un puro sarcasmo. Quizá remar entre todos nos llevara más lejos que bogar cada cual a su aire.

El gasto electoral

Se habla mucho de gasto social pero no de gasto electoral, que es de lo que habría que hablar. En Andalucía ese gasto se acumula legislatura tras legislatura, a medida que el “régimen” va necesitando la mano del calafate para mantenerse a flote sin problemas o que el encuestador avisa de alguna falla propia o ventaja ajena. Incluso sin cumplir algunos compromisos cruciales como el salario social o el sueldo prometido a las amas de casa, aquí se subvenciona sin tasa, se distribuye estratégicamente el dinero del paro agrario, se le largan pelotazos milmillonarios a los “agentes sociales” cada mes de enero, se regalan cuentos a las paridas o, como quien no quiere la cosa, se anuncia un plan para proporcionarle vivienda a todo bicho viviente o a casi todo, porque ya me dirán cuántos andaluces cobran más de los 3.100 euros tope establecidos por los demagogos. Ya veremos qué pasa tras las elecciones, pero desde ahora hasta que se celebren el gasto electoral crecerá embalado y sin control posible.

No tienen arreglo

Oye uno a Barrero “razonar” en publico y pierde toda esperanza, hasta la más remota, de que alguna vez en nuestra vida pública pueda respirarse aire limpio. Oírle recordar que el alcalde de la capital ha fracasado dos veces en las autonómicas es de traca, habida cuenta de que él ha fracasado cuatro en las municipales, precisamente frente al anterior. Escucharle referirse a Javier Arenas como “ese viejo perdedor de la historia política de esta comunidad” no resulta menos estupefaciente si se tiene en cuenta que ese “fracasado” fue en su día brillante ministro y vicepresidente del Gobierno, que es bastante más de lo que ha sido Barrero en su larga carrera. No iremos a ninguna parte a base de disparar sin pensárselo sobre el rival, aunque lo que tal vez ocurra es que personajes como Barrero no piensen en ir a ninguna parte sino en quedarse donde están. La vida política, en Huelva quizá más que ninguna parte, va siendo ya puro navajeo, trola, globo-sonda, chantaje e insulto y nada hace presumir que vaya a dejar de serlo mientras esta tropa permanezca en el puente de mando.

Una de psiquiatras

Encuentro en el ‘The Miami Herald’ la noticia de que el exiliado cubano Gustavo Villoldo, que habría sido quien organizó la captura del ‘Che’ Guevara hace cuarenta años, anda subastando una serie de objetos que pertenecieron al guerrillero, en entre los cuales figura un mechón de sus cabellos, para usar la fórmula que hizo famosa la canción de Adamo. Parece incluso que la subastera, la colosal ‘Heritage Auctions of Dallas’, considera que la oferta “podría suscitar gran interés” dado que nunca habían circulado por el mundo fetichista objetos relacionados con el discutido héroe, aunque, ciertamente, la afición por la cabellera no constituye ninguna novedad. Si se ha hablado mucho de los mechones de Napoleón que han acabado trasluciendo la causa real de su fallecimiento, en los últimos años hemos visto subastados desde los pelos del astronauta Amstrong hasta los de Britney Spears, y si en Francia era detenido no hace mucho un cartero que ofrecía en Internet mechones de la momia de Ramsés II que habría conseguido su padre, egiptólogo de profesión, en las tiendas ‘e-Bay’ de Los Ángeles está en marcha la subasta de un mechón ensangrentado del presidente Lincoln, justo el que hubo que cortarle antes de extraerle la bala magnicida. En Conneticut vive un majareta, un tal John Reznikoff, que ha llegado a poseer la mayor colección pilosa del planeta, un muestrario que incluye desde los inevitables mechones de Napoleón a los del propio Lincoln pasando por los de Albert Einstein o Marilyn Monroe. La psicología humana es un pozo sin fondo, no cabe duda, y la fantasía fetichista una cisterna no poco cenagosa en la que los maestros del coco han visto ribetes aberrantes, igual si se trata de una reliquia certificada que en el caso del ingenuo coleccionismo de los parafílicos. ‘Hay gente pa to’, creo que dijo Rafael si es que no fue el Guerra.
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 Fetiche es palabra portuguesa que ha hecho fortuna (significa, como es sabido, hechizo, encantamiento, magia, en definitiva) y fetichismo un concepto al que aquellos maestros han prestado singular atención, desde el Freud que vio en él, en efecto, el objeto de una parafilia que expresaba la sustitución simbólica del pene (no de cualquier pene, dice en 1927, sino “de uno muy particular en influyente en la niñez”) al Lacan convencido de que la perversión no era sino el “negativo” de una neurosis. Más allá de doctrinas, en todo caso, tengo para mí que la actual relevancia del tema no se entiende si no es en relación con la progresiva cosificación (‘reificación’, ¿se acuerdan?) que la circunstancia del día ofrece, por no decir que impone, a la conciencia. Este mono loco ha pasado de manejar objetos (‘habilis’) a coleccionarlos sin tasa ni medida, hasta hacer de la vulgaridad, o incluso de la excrecencia, un inapreciable tesoro por el que bebe los vientos y puja en las subastas, como si la vida consistiera básicamente en poseer –en poseer cualquier cosa, pero poseer–, transidos por la intuición animista, simpatética, de que el objeto incorpora la esencia remota del sujeto, permitiéndonos participar de ella en consecuencia. ¿Y en qué otra cosa consistió el descocado éxito de la reliquia medieval (¡y moderna, que es lo malo!), el culto al “Santo Prepucio” o a la sangre de Pantaleón? El fetichista husmea hoy el rastro de Elvis lo mismo que los reyes y magnates antiguos encargaban a los viajeros a Oriente trozos del “Lignum Crucis” o los despojos del apóstol Marcos. Y Guevara –presente en millones de camiseta enfundadas por quienes ni lo conocieron– bien puede hoy ocupar ese lugar simbólico hacia el que mira arrebatada esta especie sin remedio. Mil quinientos dólares, una miseria, le ofrecen de salida al “gusano” Villoldo por su dudoso trofeo. La ventaja del psicoanálisis es que nunca han de faltarle esta miserias que la propia organización social sabe convertir diestramente en mercancía sólo con dar un martillazo en el ambón.

Duros a real

Ha batido todos los récords demagógicos la promesa de Chaves de repartir viviendas baratas a todo andaluz que perciba menos de 3.100 euros de renta. ¿Habrán echado bien las cuentas sus edecanes, sabrán de verdad qué número de andaluces viven con menos (y con mucho menos) de esa pasta, no ignorarán acaso que  el salario medio andaluz anda por los mil trescientos y pico de euros (bastante por debajo del nacional, por cierto), lo que permite suponer que las colas de pretendientes iban a dar la vuelta al planeta? Que no cunda el pánico, en todo caso, porque una cosa es predicar y otra dar trigo: ¿dónde está a estas alturas el “salario social” de Chaves, cuándo se pagó lo prometido por las vacaciones del ama de casa, cuántos años ha tardado en abonarse el chequecito para los libros del nene? A Solbes le toca en esta comedia hacer de heteronomista forzado pero inútil. Será la propia realidad la que demuestre a los andaluces que una vez más Chaves los ha engañado.