Ventanilla equivocada

Anda Pepe Juan Díaz Trillo intentando estirar el chicle de la supervivencia hasta donde le es posible tras su defenestración como ex-candidato frustrado a la alcaldía de la capital, y en esa tesitura hace, el hombre, cosas tan poco razonables como exigirle al alcalde con el que nunca pudo en las urnas que apoye esa demagógica ley de la Junta que promete viviendas hasta al apuntador, porque, según él, “la necesitan los onubenses”. Bueno, en primer lugar lo de la vivienda a todo el que cobre menos de 3.100 euros no se lo cree no Pepe Juan cuanto más Chaves, pero ya puestos a quien tiene que exigirle apoyo no es alcalde sino al ministro Solbes que ha descartado sin despeinarse ese proyecto sin sentido. Ya saben los onubenses y andaluces en general que ni no llegan a tener esas viviendas que necesitan es porque Solbes se opone, no porque no las apoye el alcalde de la capital. Pepe Juan tiene que hacer méritos, el hombre, y eso explica estos yerros mayúsculos terciados de mentiras conscientes.

Lo que valemos

Una sentencia que acaba de conocerse condena a un sistema público de salud a indemnizar con 148.093 euros a un paciente confusamente atendido al que, finalmente, hubo de amputársele una pierna por debajo de a rodilla a consecuencia del error médico. Siempre que nos salen al paso este tipo de decisiones judiciales nos asalta el mismo comején: ¿en qué criterios se basarán los ‘ropones’ para establecer el precio de un miembro, cómo serán capaces de aquilatar hasta el último céntimo el precio de una pierna o de un dedo, el de un ojo o el de una falange? Sabemos que el cuerpo tuvo siempre un precio (lo saben bien los romanistas pero también los expertos en derecho gótico) y que, mal que bien, siempre hubo también en la curia esa tendencia a valorar selectivamente las distintas partes del cuerpo atendiendo a su función. El organicismo, es decir, la visión del mundo como un cuerpo humano –que ya apunta en las edades oscuras en cabezas señeras como la de Juan de Salisbury– aportó no poco a esta perspectiva, ya que la jerarquización analógica de las partes del cuerpo no tenía otro remedio que acabar proyectada sobre el criterio directo que los hombres empleaban para valorar sus cuerpos serranos, bien idealmente, bien forzados por la necesidad en caso de lesiones provocadas que exigían la indemnización del causante. Todo un catálogo apreciado ha surgido, al fin, de esa visión funcional del cuerpo, un catálogo que valoraba, o mejor, que ponía precio a cada órgano o miembro siguiendo el consabido criterio de su función práctica. Hay legislaciones, como la mexicana actual, que valora con un mismo 50 por ciento la pérdida accidental o provocada de un pie o un pene aunque reduce la indemnización notablemente en el caso de que lo perdido sean los dos testículos, pero aún lejos del exotismo, comprobamos que no son grandes las diferencias existentes entre esas valoraciones y las nuestras. La pierna perdida que da pie a esta reflexión sería valorada por la Caixa catalana en 30.050’61 euros, ni un céntimo menos (ni más), y compruebo que hay cierta coincidencia en las aseguradoras en cifrar el valor de ese miembro decisivo para la vida en el 55 por ciento del capital asegurado. El pulgar de un pie todavía vale lo suyo, pero ni se imaginan lo poco que merece, según los calculistas del Derecho, un anular o un meñique del pie. La Ley que indemniza a los lisiados tiene más aspecto de casquería que de código.

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En su precioso estudio del cuerpo en relación con el desarrollo histórico de la ciudad, un sabio como Richard Sennet traía a colación el caso de “El mercader de Venecia” –que tiene antecedentes diversos, incluida nuestra narrativa medieval– y en el que el judío ‘Shylock’ valora una libra de carne de su odiado rival justo en los tres mil ducados que dio en un préstamo del que éste había salido garante. Como se ve hemos avanzado mucho en este terreno, como lo demuestra la precisión centesimal con que hoy cualquier forense o cualquier ‘manguito’ es capaz de decirnos lo que vale, en realidad, un ojo o un brazo, una pierna o incluso nuestra completa capacidad de movimiento, una calculística que está proclamando a la legua la definitiva desacralización del cuerpo o, visto desde otro ángulo, el triunfo, probablemente irreversible, de la idea de ‘función’ sobre el concepto de ‘naturaleza’. Tengo entendido que el indemnizado de referencia ha precisado, además de esa ayuda crematística, el sostén de una asistencia psíquica que compense el daño invalorable de la mutilación más allá de esa mísera aritmética de la lesión que retrata, eso sí, en su perfil más auténtico, la cabeza que rige sin apelación la sociedad en la que vivimos. ‘Shylock’ no era, desde luego, un invento ocasional sino un paradigma de cierta condición humana consagrada por el mismísimo humanismo. Desde esa perspectiva, el mutilado de nuestra historia bien puede darse con un canto en los dientes con ese puñado de euros.

I + D + Cuentos

Una asociación de jóvenes investigadores “precarios” acaba de denunciar que la Junta de Andalucía, es decir su publicitada consejería de Innovación y no sé cuántas cosas más, lejos de aumentar como predica las ayudas a la investigación, anda reduciéndolas, empezando por los celebrados programas de “perfeccionamiento” y “retorno” que mantenían a los doctores que ampliaban su formación científica en el extranjero tanto como a los que regresaban a España, que ahora han sido abolidos de un plumazo. La Junta ha apostado por el “bernatsorianismo”, es evidente, o sea, por invertir en el escaparate más que en la bodega y cuidar más la exhibición que el trabajo de fondo, opción sin duda electoralista que contradice el espíritu que en teoría promete cuidar nuestra propia comunidad científica para evitar que se desperdicie o se disperse. El Atraso andaluz está garantizado, pues, al margen de las propagandas. Salir den el NO-DO no hará que las cosas varíen.

La fama del bandido

Es sabido que Fernando VII hizo al Tempranillo jefe de los ‘migueletes’, no sólo porque ese pacto le garantizaba el triunfo sobre los bandoleros, sino porque le pueblo soberano, tan apegado a la leyenda, vería con buenos ojos la redención y encumbramiento de un delincuente famoso pero “integrado”. El PSOE de Huelva, como Fernando VII, aunque salvadas las distancias, parece que anda proponiéndole a El Lute –el bandolero del franquismo– que vaya en las listas municipales de Niebla, a pesar de que este reinsertado mediático tiene pendiente un grave juicio por malos tratos que se celebrará en febrero y en el que la fiscalía se muestra no poco severa. Algo más que una extravagancia, evidentemente, incluso algo más parecido a un circo que a una democracia auténtica, una concesión a la galería que tiene más que ver con el espectáculo que con la razón cívica. Con todos los respetos para solicitado sea dicho, pero con ninguno para ese partido de gobierno para el que vale todo a la hora de amarrar el voto.

Materialismo político

Los sabios están descubriendo en los últimos tiempos la tira de secretos neuronales. Han hallado, por ejemplo, la residencia de la Verdad, con mayúscula, dicen haber localizado aquella otra donde reside la capacidad de creer o no creer en la realidad trascendente, es decir, la fe y la infidencia, llegaron a asegurar que conocían la sede y los mecanismos de un montón de actos humanos, bien volitivos bien reflejos, hasta ahora atribuidos por la razón común a misteriosas inclinaciones relacionadas más bien con el espíritu o como quiera que le llamemos a esa área de la experiencia que no encaja fácilmente en la moldura material. Lo último que han establecido en la Universidad de Nueva York esos cráneos privilegiados es que la condición política de los individuos puede determinarse empíricamente con sólo observar el comportamiento funcional de la ‘corteza anterior cingular’ en la medida en que ésta es la sede neuronal donde tienen lugar los procesos cognitivos de los que depende la toma de decisiones, de tal modo que si la corteza se altera visiblemente cuando el individuo-cobaya es excitado por un supuesto de cambio inesperado no cabrá la menor duda de que le tal sujeto lo es de derechas de toda la vida, mientras que si ocurre lo contrario, quiero decir que si, excitada la cobaya en cuestión,  la corteza permanece relativamente inactiva, entonces, ah, no les quepa duda, ése que tenemos delante es sencillamente un ‘conservata’. No es ningún secreto, por supuesto, que las teorías sobre localizaciones cerebrales –en nombre de las cuales se han cometido atrocidades sin número, casi sin excepción sobre pacientes desdichados– suben y bajan por sí mismas hasta acabar reposando en el seno del descrédito más riguroso, y aunque en modo alguno esté preconizando con esta afirmación el futuro fiasco de este hallazgo neoyorkino, lo que no tengo inconveniente en sostener es que las actitudes del hombre, sus ideas y creencias, sus devociones, proceden sin duda de la propia vida, es decir, son simples productos de la ‘socialización’ y, como tales, valores o deméritos colectivos más que personales. Un francés muy gracioso decía que él amaba las ideas de izquierda pero quería a las personas de derechas, no les digo más.
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 Temo que, en lugar de aproximarnos conceptualmente a una eventual síntesis superadora del rifirrafe entre espíritu y materia, la ciencia ultramoderna, embalada en su carrera meritoria, está consiguiendo, siquiera de modo provisional, alejar posiciones y ahondar diferencias en este pleito clásico. Venir una mañana contándonos que se ha localizado sin error posible el punto exacto del córtex donde radican la verdad y la mentira, pongo por caso, es un ejercicio de irresponsabilidad lógica que cuesta imaginar cómo es aceptado más o menos pasivamente por la comunidad científica, entre otras cosas porque si siempre fuimos tan unánimes para combatir determinismos como el que implicaba la fisionomía bárbara de Lombroso o ciertas teorías psicoanalíticas de la culpa, no veo razón para que aceptemos así como así la idea de que ZP o Rajoy son lo que son ‘a nativitate’ y no por efecto y consecuencia lógica de sus respectivas experiencias privadas, es decir, de sus ‘medios’ vitales. Que hoy día no resulte fácil distinguir el hilo rojo del hilo azul, que cueste diferenciar a un Blair de un Sarkozy, no quiere decir que la paradigmática distinción dual haya perdido su sentido –como pretenden una izquierda tramposa y una derecha suicida– sino que la progresiva nivelación del “medio” no permite descubrirla a primera vista. Quizá por eso sostenía Bernanos (que había vivaqueado en los dos campos) que si bien podía existir una burguesía de derechas y otra de izquierda, pueblo no había más que uno. A los individuos los hace la biología pero a los ciudadanos los conforma la vida, así de sencillo. Comprendan que, por pura discreción, renuncie a seguir con los ejemplos.

La disputada Cuenca

El Parlamento de Andalucía ha reclamado al Tribunal Constitucional que desestime el recurso contra el Estatuto de Andalucía presentado por la Junta extremeña a propósito de las pretensiones de la nuestra sobre la cuenca del Guadalquivir. Una acción no poco rara, en principio, porque imaginen la que se organizaría si el alto tribunal hiciera caso a cada recurrido contra el derecho a recurrir de los demás, pero sobre todo porque supone un nuevo gesto sobre una pretensión de exclusividad competencial que –como decía el viernes pasado Joaquín Leguina en las “Charlas en El Mundo”– podría resultar explosiva si se plantea, por poner un caso, en cuencas como la del Ebro. Es un disparate empeñarse en causas que no resisten un análisis racional ni son compatibles con el necesario sentido común, sobre todo si, como en el caso al que nos referimos, no se ve qué grandes ventajas puede obtener la autonomía a cambio de tan flagrante abuso. Que sea un “partido hermano” el que recurre contra la Junta lo dice todo.