La media memoria

También en Polonia andan  a vueltas con la “recuperación” de la memoria histórica, o para decirlo con mayor propiedad, con el proyecto de liquidar las responsabilidades del colaboracionismo con el régimen comunista derribado con el decisivo apoyo de la Iglesia nacional y, ni qué decir, tiene, con el peso definitivo del papa polaco. También allí hay institutos y entidades dedicadas a recuperar esa memoria y a desenterrar fantasma, pero bien entendido que sólo de un bando, pues los espectros del otro se toman por fantasmas familiares y no precisan exorcismo alguno. El propio arzobispo de Varsovia ha debido dimitir humillado antes de ser investido solemnemente en la catedral, convicto y confeso de haber espiado para la Seguridad Nacional, la temible “SB”, durante los años 70 y desde que fuera reclutado en la universidad en pleno torbellino del 68. Ni siquiera el papa –un papa que luchó en las fuerzas hitlerianas, por cierto—ha podido evitar la presión del nuevo régimen que esos dos iluminados que perece ser los gemelos Kaczynski tratan de montar a toda costa asentando su esqueleto ideológico en un anticomunismo elemental que sirve sobradamente para tapar otras muchas lacras del país y su clase política. Esos investigadores dicen ahora que la Iglesia que derribó el viejo régimen mantuvo, sin embargo, como miembros activos de los servicios secretos, nada menos que entre un diez y un quince por ciento del clero, una cifra tremenda, sin duda, que no resulta del todo fácil de explicar a la vista de aquel proceso que consagró la estrategia vaticana contra el imperio soviético. Ni una palabra se dice en esos informes –nada secretos, por cierto—de los clérigos ni de la jerarquía colaboracionistas con el nazismo primero, y luego con sus vencedores, un capítulo interesante del que, por supuesto, en el Vaticano saben más que nadie porque desde allí fue desde donde se organizó el rescate de la flor y la nata de las SS en colaboración con los servicios secretos aliados, por poner un ejemplo elocuente. Hay espías y espías como hay colaboracionistas y colaboracionistas. En Francia o en España, por no hablar de la Alemania de Adenauer en que tejía sus redes ese misterioso Markus Wolf, “el hombre sin rostro”, que parece sacado en una novela de Le Carré.
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En España no se ha entrado aún en ese capítulo –los memoriosos pueden ser lo que sean, pero no son tontos–, es decir, en el enojoso manglar del alineamiento clerical con Franco, quizá porque se considere no poco justificador el enorme estropicio perpetrado por el bando contrario en el clero tradicional. A nadie se le ha ocurrido pedir la mala memoria para el cardenal Gomá, pongo por caso entre cien, ni siquiera para esos curas montaraces que hicieron la campaña o la retaguardia con la cruz en una mano y la pistola al cinto, por la sencilla razón de que quienes desde el poder respaldan nuestra rencorosa campaña conocen bien el peso de la Iglesia en la sociedad española. Pero aunque lo intentaran me da que iban a tener poco apoyo vaticano, habida cuenta de que no es lo mismo ni mucho menos espiar para el diablo o caminar a su lado marxista que hacerlo para un régimen fascista. Cerca quedan las fotografías de Wojtila con el brazo por encima del hombro de Pinochet, un suponer, y más cerca todavía el escándalo de ese prelado argentino cuya connivencia con la dictadura militar no es un secreto para nadie. El pobre monseñor Wielgus debe pagar por haber elegido en su día  el bando malo y como si él fuera el único prelado que se las ha traído y llevado con el espionaje de la Guerra Fría o, incluso, con las situaciones tiránicas más abyectas. Si Ratzinger hubiera militado en el Ejército Rojo hubiera debido pagar un precio mucho más exigente que la calderilla que le fue respetuosamente exigida por sus servicios en las Juventudes Hitlerianas.

Juego de fechas

Está resultando de lo más divertido el pasillo de comedias que se traen desde la presidencia de la Junta a propósito de la fecha en que habrá de celebrarse el referéndum para aprobar el nuevo Estatuto de Autonomía. Sobre todo por lo insostenible que es el intríngulis dado que pocos pringaos andarán preocupándose, a estas alturas, ni por la fecha de la consulta ni por ese Estatuto infumable que ha servido, eso sí,  al margen de para encubrir la barrabasada catalana, para mantener en el limbo durante una legislatura y media a todas las fuerzas de la autonomía. ¡Pues no dice IU a estas alturas que cede en su pretensión de que se celebra en día laborable con tal de que se decida una fecha más próxima al 28-F! Nos toman por tontos del bote, de eso no hay duda, y en buena medida parece que lo fuéramos por seguirles la corriente. Si el día que finalmente se decida hay mucha gente en las urnas para votar a ciegas un Estatuto que no conocen –¡y mejor que no lo conozcan!–, habrá que conceder que sí, que algo de bobada colectiva tenemos en lo alto.

Otro tránsfuga

Como ayer Gibraleón, hoy Trigueros: el PSOE onubense protege si es que no promociona a los “tránsfugas” de su partido, incluso tras haberlos expulsado por aquello del ‘qué dirán’. En Trigueros irá también como candidato respaldado por la ejecutiva provincial (y por tanto por la regional y por la federal) quien ha sido rechazado sin contemplaciones por la militancia por más que el veterano y discreto “fray Domingo” Prieto lo niegue en términos que nadie se cree menos que él mismo. Un fracaso rotundo de los pactos antitransfuguismo, una triste burla del reciente acuerdo parlamentario sobre la materia, un ejercicio de maquiavelismo de vía estrecha que pone en su justo lugar a quien lo propicia y demuestra el mísero concepto que los “aparatos” tienen de la opinión pública. Candidatos de ida y vuelta, como el avalado por el PSOE en Trigueros, prestigian bien poco a esa política que luego se queja del desprecio ciudadano.

Vuelta de hoja

Los observadores franceses han coincidido en calificar de “vuelta de página” el fin virtual de “Libération”, el mítico periódico de la izquierda francesa. La dura competencia con el periodismo informático y la prensa gratuita, junto a indudables presiones políticas, han conseguido que el diario fundado en 1973 por el filósofo Jean Paul Sartre junto a Serge July y otros rezagados de la esperanza, haya sucumbido a las exigencias de un nuevo accionariado cuyo liderato ostenta un clásico del capitalismo dinástico, Edouard Rotshchild, dueño actual de casi cuatro de cada diez acciones del popular “Lib”. La encrespada sociedad de trabajadores del periódico ha dado el último paso forzado en esa marcha al aceptar la condición ‘sine qua non” de Rothschild, que no era otra que la renuncia al derecho del colectivo a vetar las decisiones cruciales que pudieran condicionar la libertad de la publicación, un derecho que, no obstante, conservará, no se sabe si a título retórico o algo más, la persona que encabece la Redacción. El viejo proyecto libertario se pliega así, como anteriormente lo habían hecho otros, a la exigencia de homogeneización del criterio que impone a distancia el designio de uniformidad del pensamiento que parece ser el requisito previo de la revolución ‘neolib’, aunque la entrada en escena de personajes tan influyentes como el viejo fundador de “La Repubblica”, Carlo Caracciolo, o del “nuevo filósofo” Bernard-Henry Lévy permita albergar una última esperanza de independencia de criterio. El Mercado ha podido más, en definitiva, que la imaginación y la voluntad juntas, y al periódico –un “producto” como otro cualquiera en ese ámbito—no le ha quedado otra que sucumbir. Larga vida a la nueva ‘Lib’, por supuesto, pero el hecho de ver a Rothschild en el lugar de Sartre habla por sí solo.

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El control efectivo de la Opinión por parte del Capital resulta tan inevitable, en este sistema, como inquietante, incluso para quienes no disfrutan precisamente con modelos demediados como el que vive en el momento actual la prensa española, porque el contraste de pareceres y, en consecuencia, la información no mediatizada, han de seguir siendo tan imprescindible a las democracias como hasta ahora si se pretende mantener intacta la confianza de la opinión. Todo indica, sin embargo, que proyectos como el derivado de la revolución del 68, que Sartre logró articular poco después, han dejado de ser posibles hoy o, cuando menos, han de vivir expuestos de continuo al irresistible asalto del gran capital que, como es lógico, tratará de imponer en cada caso y habrá de conseguir en la inmensa mayoría de ellos, una estrategia liquidadora del utopismo de la independencia sustituyéndolo por esa ficción dilecta de las socialdemocracias de pacotilla a que se ha visto reducida, en los últimos tiempos, buena parte de la prensa crítica europea. ‘Lib’, por ejemplo, no era un papel cualquiera sino un verdadero icono de la izquierda francesa y, al menos desde que Internet facilitó su lectura a distancia, también de la europea en general, pero la “dictadura del balance” no hace excepciones y ‘Lib’ había perdido un significativo número de lectores o, por lo menos, de ejemplares vendidos en el kiosko. Y Rothschild no ha hecho nada imprevisible en ese trance sino algo tan perfectamente adecuado a la lógica del sistema como es comprar la libertad del periódico exigiendo incluso renuncias de significado tan inequívoco como la que se ha visto forzada a tragar la hasta ahora poderosa asociación de asalariados de la casa. Uno menos, pues, otra voz con sordina –ya veremos–, quién sabe si un nuevo cristobita en manos de un ventrílocuo de intenciones desconocidas aunque, desde luego, no inimaginables. ¡Sartre contra Rothschild! Ese combate está decidido, como es natural, antes incluso de que la campana suene en el rincón.

La cuerda floja

Seguimos trabajando en la cuerda floja de los contratos temporales, sin que la entrada en vigor de la reforma del mercado laboral haya contribuido gran cosa a aliviar nuestra situación. Una vez más, tristemente, los datos echan por tierra el optimismo oficial de la Junta, señalando a Andalucía en la cola de España, junto a su inseparable Extremadura, con la mitad de empleos fijos creados que el conjunto nacional, una tasa de temporalidad en el empleo que duplica sobradamente la española y lam más baja tasa de contratación, exceptuada aquel acompañante. Hay provincias, como Huelva o Jaén, en que se han registrado poco más de tres contratos fijos de cada cien, mientras en algunas, como Gerona, casi se conseguían los veinte. Esto va imparable, según la Junta, no hay quien nos pare, por lo visto, pero a la hora de la verdad no hay indicador solvente que no nos descubra abatidos y a la cola de España y de Europa.

El Recre, un buen síntoma

No me parece del todo casual el éxito apabullante del Decano en la Liga de las Estrellas, situado ya en “zona euro” y con un puñado de triunfos espectaculares en su haber. Es raro que las cosas se produzcan por casualidad, es normal que obedezcan a esa lógica de conjunto que rige la vida de los grupos. Huelva, provincia y capital, no son lo que eran, ni mucho menos, pero sobre todo ésta última parece decidida a avanzar a grandes zancadas sobre la pista que durante siglos contempló delante con indiferencia. No se resigna Huelva, evidentemente, a perpetuar su papel de olvidada ni de segundota, y a esta determinación responden proyectos tan distintos como los aplazados cambios en infraestructura transporte, la transformación del urbanismo capitalino, el estallido de los servicios y, por qué no, la energía precisa para que un equipo que tenía un pie en el abismo haya escalado tanto en pocos años que ya se habla de él como “la revelación” del campeonato. Y no politicen, por favor, que eso a nadie beneficia. Lo único positivo es ver en el triunfo deportivo una señal de progreso.