El trigo del predicador

Una cosa es predicar y otra, muy distinta, dar trigo. Una cosa es prometer en tiempo de campaña electoral y otra bien diferente cumplir esos compromisos que ya no resultarán necesarios al menos hasta la próxima campaña. El cálculo de este periódico demostrando que de las 30 grandes promesas realizadas por el PSOE en el año 2004 solamente se ha cumplido una, lo dice todo. Ni rastro del AVE, ni del disputado aeropuerto, ni del desdoble de la N-435, ni de la presa de la Alcolea, ni del parador serrano: nada de nada, palabras que el viento se levó al día siguiente de las elecciones. Lo que equivale a que Huelva importa poco al Gobierno y a la Junta salvo durante la campaña electoral en la que, como es lógico, cuida este curioso granero de votos vada día más gratuito como puede verse.

Nuestra ignorancia

Hay pocas situaciones tan embarazosas para los profesionales colaterales de la Cultura –y pongo por delante a la profesión periodística– como el brete en que los sitúa cada año la nominación del premio Nobel (o Nóbel, como se pronunciaba toda la vida). Me refiero, claro está, al premio de Literatura, porque en torno a los demás no hay caso, toda vez que la Ciencia, pura o aplicada, generalista o concreta, como tal suele considerarse ajena a la obligación cultural y, en consecuencia, basta con despachar la noticia con un suelto breve. El Nobel tiene mala prensa, como es sabido, a pesar de lo cual hay quien ha muerto medio loco lamentando no haberlo alcanzado y hasta quien, como Sartre, se ha permitido el lujo de devolverlo, que era una forma como otra cualquiera –aunque tal vez más efectiva, de revalorizarlo– pero insisto en que el galardón por antonomasia es el que distingue a los escritores en una larga saga que incluye desde Faulkner a Juan Ramón pasando por un pelotón de importantes desconocidos y hasta algún que otro mediocre primado por su circunstancia. Los científicos son escépticos o entusiastas, también según les vaya en la feria, no faltando entre ellos los casos de fraude hábilmente disimulado. Faustino Cordón contaba que un hallazgo suyo tuvo luego un Nobel en cabeza ajena, serendipia del tipo de la que les ocurrió  Crick y a Watson con el ADN, pero justificada en este caso –decía él– por el secretismo que supuso su decisión de publicar su descubrimiento en el boletín de una academia científica para pasar desapercibido. Algunos historiadores de la Ciencia, por su lado, han demostrado hasta qué punto resulta vulnerable un simposium de sabios tan aislados como para tragarse los camelos de unos falsificadores hay que recocer que no poco geniales.  Pero ya digo que en Ciencias eso sólo concierne al círculo, tan cooptativo y cerrado a cal y canto, de la “comunidad científica”, mientras que existe la generalizada convención de que todo aquel que se precie en el planeta culto debe estar al día de ese imposible “who is who” literario en el que –salvo excepciones dignas de todo aprecio– los académicos suecos eligen, como en un florilegio arcano, sus flores más exóticas.
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Un mal trago para las redacciones, ya digo, el campanazo súbito que año tras año nos plantea sin remedio el grave interrogante. ¿Quién es Orham Pamuk, quién Gao Xing Jian, quién V.S. Naipaul, quién ese húngaro que responde como Imre Kertész? Doy fe de que esas mañanas fatales los guionistas machacan los teléfonos pidiendo ayuda desesperada a los cuatro gatos que se suponen cultos hasta la extravagancia. Me honra tanto como me confunde haber sido despertado al amanecer en más de una ocasión y me mortifica no haber podido corresponder en tantas ocasiones a semejante confianza, entre otras cosas porque la edad me va reconciliando poco a poco con aquella chulada tan valleinclaniana de “yo no leo a mis contemporáneos”.  Por lo demás, no parece ser cierto que el Nobel se rija por criterios de conveniencia editorial pues cualquiera puede comprobar que algunas de esas tiradas no superan par nada la famosa y vergonzante ‘media’ de los tres mil ejemplares que dice mucho sobre el país presente. Poco o nada solemos saber de la minerva anual distinguida con ese premio sueco cuya cicateria amargó la vida a Borges, según dicen, a pesar de que aquel genio sabía de sobra que sólo la academia del tiempo parte y reparte dignidades perennes bajo el arcoriris de la fama. Léautaud sostuvo que el premio deshonra al escritor. Debo decir que el pobre acabó solo en una casona con diez perros, veinte gatos, una cabra, un pato y una mona.

Cárceles pudrideros

Me limito a reproducir los datos publicados y que nadie ha desmentido. Ocho de cada diez reclusos es o ha sido drogadicto; uno de cada cuatro padece problemas mentales; casi la mitad esta enferma de hepatitis; uno de cada cinco sufre del SIDA y la tuberculosis alcanza ya cifras más que alarmantes en unos cetros que estarçian, según dicen abarrotados al 173 por ciento de su capacidad real. La carencia de medios humanos y materiales agrava la situación de los casi quince mil presos que actualmente se pudren en nuestras ergástulas. Faltan sanitarios, faltan policías, faltan destinos adecuados para acoger a los que logran escapar en buscan de una muerte piadosa al otro lado de las rejas. La sociedad vive de espaldas a la cárcel, por supuesto, como vive de espaldas a la prisión. No sé si será peor este contradiós o la deliberada indiferencia de la autoridad ante una situación verdaderamente límite.

Un perdedor para un pueblo

Las candidaturas de IU están dando juego largo a los observadores. En especial la de Valderas, todo un coordinador regional obligado a ir mendigando apoyos provincia por provincia. En Sevilla ha fracasado, de momento, en toda la línea, y en Huelva, la asamblea provincial acaba de elegir al exalcalde de Bollullos, Francisco Camacho, como número 1 en la lista para el Parlamento autónomo… con permiso de Valderas, porque la suerte de Valderas, respaldado también como inimagnable presidente de la Junta, se decidirá el día 15 en el cónclave regional, de manera que ni sale, sale, y es rechazado –y la oposición no es despreciable– habrá que buscarle acomodo  a Camacho una vez más. Banderas ha perdido ya dos veces en Huelva y si lo intenta una tercera, tras al batacazo de Sevilla, será porque lo fuercen sus rivales internos, pero a regañadientes. Ni Valderas podía llegar a más ni Huelva a menos, ésa es la verdad.

Cates con nota

Para Pedro Ruiz Morcillo

Por más que le eche cara al asunto, la Junta andaluza no puede mantener indefinidamente oculto el temeroso nivel del fracaso escolar. Es obvio que a la Junta no le ha importado nunca ese fracaso, pero también no puede tolerar como si nada que la opinión se vaya inflamando ante la evidencia de un fracaso que los especialistas se encargan de sacar a la luz. Se puede uno pasar por el arco el Informe PISA y, ciertamente, Chaves y su consejera se lo pasaron aseando la faena con cuatro muletazos por bajo, del mismo modo que el Tripartido catalán se ha pasado el de la Fundación Bofill que pone de manifiesto que también allí se reparten membrillos gratis. Que al “régimen” se le da un bledo del nivel educativo lo demuestra, más aún que su pasividad ante ese desastre masivo, el intento de ocultarlo. Pero insistimos en que no es fácil mantener tapada una lacra que en los hogares y en la opinión se conoce de sobra y se lamenta sin remedio. Había que ponerle uno, pues, una cataplasma siquiera, y la Junta la ha encontrado y bien fácil.  ¿Que la estadística del fracaso escolar es aterradora, que crece sin pausa el pelotón de los torpes, que en España estamos en niveles ínfimos, sólo comparables a los portugueses y griegos, y encima que en Andalucía viajamos a la cola de España? Pues nada: se rebajan esas cifras y a otra cosa. ¿Y cómo?, se preguntarán inquietos lo mismo el padre de familia que el profesor o el contribuyente. Sencillo: subiéndole la nota a unos y otros, aprobando al que no sabe y subiendo al que sabe algo al cuadro de honor. ¿Y qué tendrán que decir a eso los sufridos docentes? Bueno, eso dependerá de la conciencia de cada cual pero, de momento, la consejería ha inventado un sistema que no tiene por qué no funcionar: incentivar a los profes a fin de mes en función de la mejora observada en los resultados. Hasta 7.000 euros podrá trincar el profe que “consiga” mejorar el rendimiento escolar, esto es, para qué vamos a engañarnos, los resultados conocidos: a más fracasados menos pasta y viceversa. Vean lo sencillo que resultaba cuadrar ese círculo de tiza que durante años ha encerrado angustiosamente a todos los padres menos a los de la patria.

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La educación no interesa gran cosa al Poder. Como acaba de escribir Félix de Azúa, en Cataluña, sin ir más lejos, ese Poder desprecia la educación y aprecia la “formación del espíritu nacional”, valora la ‘ideología’ y se desentiende del resto –del “trivium” y del “cuadrivium”–, considerado como conocimiento expletivo o saber rutinario. En Andalucía se limita a maquillar los resultados con absoluto desdén por las consecuencias y en términos a todas luces ultrajantes para los docentes, dado que, o bien se da por hecho que esos “objetivos” necesitan ser “incentivados” para lograr el interés del educador, o bien lo que se propone con descaro –y eso parece, desde luego– es ablandar con dinero el criterio calificador de quienes tienen el imperioso deber de enseñar primero y de clasificar luego a los enseñados en orden  sus méritos efectivos. Y encima por una miseria: 600 euros por profe solamente por apuntarse al plan este mismo año, 1.200 más al año siguiente, 1.800 si perseveran todavía otro curso y, en fin, 3.400 de propina si en el año 2013 han logrado el maquillaje completo. Es probable que nunca se haya maquinado un soborno tan humillante para “los que tienen que enseñar”, a los que, bien mirado, se les aplica el modelo sofístico de los tiranos clásicos con la diferencia de que lo que ahora se transforma en mercancía no es el saber sino el título. Nunca trató bien a sus maestros el país del ‘Dómine Cabra’, en el que el hambre del docente hacía de contrapunto de un raro prestigio segundón. Ahora les ofrece la sopa boba a cambio de sus conciencias. Sabíamos por Leibnitz que la educación hace bailar al oso. Si Dios no lo remedia puede que veamos bailar también al domador.

La Andalucía real

¿‘Andalucía imparable’ o ‘Andalucía parada’? No dudo que los expertos de Economía tratarán de darle, una vez mas, la vuelta al transparente. Pero ahí están los datos –no cualesquiera, sino los del Instituto Nacional de Estadística (INE), es decir, los del propio Gobierno– para certificar que este edén inalcanzable de las propagandas junteras oculta, en realidad, a una legión de pobres, la más grandes de las registradas en las autonomías españolas junto con la extremeña. El 30 por ciento de los andaluces vive bajo el “umbral de la pobreza” y muy por debajo de la media española y el treinta por ciento de 7 millones mal contados equivale a dos millones largos, no hay que darle vueltas. ¿Por qué ha de ser Andalucía la región más pobre de la nación, que es lo que le falta o que es lo que, tal vez, le sobra? Tras casi 30 años de mayoría absoluta no cabe duda de que este “régimen” satisfecho ha fracasado en lo más importante.