Una infamia

Un día lejano, andando yo por le treintena, se me presentó a examen en la Complutense –¿a que parece Berlanga?– una chica, alegre y abierta, que no tenía brazos sino unos muñones semejantes a los que lucía por piernas. Recuerdo el desconcierto generalizado que su presencia causó en el aula pero, sobre todo, no se me quitó nunca de la cabeza el contraste que hacía este explicable embarazo con la jovialidad de aquella víctima que parecía arrancada a alguna barraca de feria. Cuando propuse los temas a desarrollar, la chica mutilada me hizo señas para que me acercara y me preguntó si podría examinarse oral ya que ni siquiera la pequeña mano en que terminaba uno de sus muñones le permitía coger la pluma. Y aceptada su propuesta, se sentó junto a mi mesa y, como entreteniendo su mirada en el lejano Guadarrama que se vislumbraba por la ventana en el horizonte, y recitó como una autómata las respuestas que le pedí. “¿Y qué quieres (entonces ya imperaba el tuteo docente) –me preguntó irónica– si no puedo hacer otra cosa que leer”. Nunca he olvidado esos ojos ni esa voz conmovedora más por su cálida positividad que por su dramática circunstancia, pero sí he olvidado durante años –mea culpa—la infamia de la talidomida, aquel fármaco alemán que desgració a tres millares de españoles deformados en su paraíso amniótico por el veneno con el que otros se enriquecían. Bien, el Tribunal Supremo, confirmando la sentencia de la Audiencia madrileña, acaba de rechazar la demanda de indemnización de esos desgraciados (20.000 en España) al estimar prescrita la responsabilidad que, en cualquier caso, pudiera recaer sobre el laboratorio alemán.

En otros países se ha hecho justicia –es un decir—se ha compensado económicamente a las víctimas, pero en España se les ha negado el pan y la sal por un quítame allá esas pajas procesales, como si las víctimas fueran responsables de la morosidad de la Justicia y de la astucia dilatoria de los abogados. Yo a mi estudiante no la he vuelto a ver desde que la despedí en la puerta del aula, tras el examen: “Has hecho el mejor examen del curso”, le dije todavía perplejo por su discurso. “Bueno, pues ya sabes, cuando quieras me invitas a bailar…”, remachó entre irónica y sarcástica. Extendiendo su brazo atrófico me dio un beso (también era la costumbre entonces) y se fue sobre su silla de ruedas. Nunca me he recuperado del todo de aquel brete conmovedor.

Ciudadanos blinda a la Presidenta

Suelen decir los políticos que las comisiones de investigación no sirven para nada. Y llevan buena parte de razón, aunque lo que no dicen es que esa inutilidad la propician ellos mismos con sus trucos y retrucos. Antier mismo –cuando todavía resonaba el palizón que Albert Rivera le dio a Podemos—C’s de Andalucía decidió con sus votos que la presidenta Díaz, como proponía el PSOE, no comparezca en la comisión abierta en el Parlamento hasta después de las elecciones, de manera que hasta entonces esa comisión se limitará a hacer el papel revolviendo documentos relativos al saqueo de los fondos de Formación. Desde IU dijeron que es la propia Susana Díaz quien manda en la comisión. Y eso tiene su lógica, pero ¿dónde me dejan la lógica de Ciudadanos?

El bañador de Fraga

El secretario de Estado Kerry ha venido a España para resolver de una puñetera vez el problema de la contaminación atómica de Palomares. Medio siglo mal contado ha hecho falta para que el Imperio se digne reparar los daños causados en su día por el accidente que provocó la caída de varias bombas atómicas en Palomares, es decir, la imprescindible limpieza del área gravemente contaminada. No ha vivido Fraga para verlo, aquel Fraga que se bañó junto al embajador yanqui cubierto –él, Fraga—con aquel bañador “king size” para engañarnos –a la vista está—con el camelo de que el accidente no comportaba riesgo alguno de contaminación, y no sé si Paco el de la Bomba, el pescador que la sacó enredada en su arte, andará aún por ahí, pero lo que es evidente es que contaminación había y la hay, dado que los dos Gobiernos se han puesto de acuerdo para proceder, al fin, a neutralizarla. Al viejo NO-DO que tanto bombo le dio al rescate y tanto exhibió las carnes de Fraga habría que añadirle estas nuevas secuencias que, como quien no quiere la cosa, demuestran la mendacidad política tanto del franquismo como de la democracia americana, el Imperio que al fin se digna arremangarse y bajarse a la provincia donde sus legiones, al pasar, causaron involuntariamente daños. ¿Qué daños? Ah, ésa es otra incógnita, porque no sabemos cuál habrá sido el efecto que, desde el año 66 acá, puede haber causado la radioactividad sobre el vecindario de la zona y su comarca. Fraga chapoteando en la playa frente a una nube de fotógrafos es ahora la viva imagen del embaucador. ¡Como para fiarse de los políticos!

Y encima a los malpensados y, por supuesto, a la legión antiamericana, no será fácil convencerla de que el gesto de los EEUU no es enteramente generoso sino que tal vez con él nos esté ofreciendo esa baratija porque ahora que España tiene voz y voto en Europa y puede influir lo suyo en el Tratado de Libre Comercio, el famoso TTIP que andan abucheando por medio mundo quienes creen –con gran parte de razón—que ese acuerdo no es más que un privilegio de los países ricos que costará caro al mundo pobre, que ha de quedar más aislado si cabe, tras su posible firme, que hasta ahora. Fraga, Paco el pescador, la voz de Matías Prat, todo aquel mundo de hace medio siglo, resurgen brumosamente de un NO-DO en blanco y negro que mintió cuanto fue menester para contener una inquietud que ahora sabemos que estaba justificada.

Cosecha de otoño

“Qué están haciendo ustedes con nuestro dinero” (el juez de Invercaria a un imputado); “¿Y le dio usted un millón y medio de euros a una productora domiciliada en un gimnasio?” (el mismo); “La pobreza que afecta a más del 40 por ciento de los andaluces es una realidad inasumible”, (Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos); “No puede ser que se paguen antes las dietas de los diputados que el salario social o la ayuda a la dependencia” (la misma); “La honestidad es revolucionaria”, (José M. González “Kichi”, alcalde de Cádiz); “Frenar iniciativas de Oposición es la práctica más caciquil y fullera”, (Luis Carlos Rejón, ex–coordinador de IU-CA); “La mayoría de los expedientes, antes de 2011, fueron tramitados por el personal no funcionario de la Faffe que no seguía el más mínimo procedimiento administrativo”; (David Delgado, delegado provincial del Sindicato Andaluz de Funcionarios (SAF) en Málaga).

Vivir para el otro

Yo no me sé la crónica de las Hermanas de la Cruz, esa orden tan sevillana y andaluza que ha conseguido en un siglo y pico que Roma le canonice a dos de sus Madres o, por mejor decir, a dos de sus hijas, pero recuerdo que mi padre veía como un signo milagroso el hecho de que la II República consintiera su enterramiento conventual y le pusiera una calle céntrica en Sevilla que no le quitó ni el Frente Popular. Las veo desde niño en mi entorno familiar, vestidas con su eremítica estameña, silenciosas y diligentes, siempre al servicio de los enfermos y necesitados, como recuerdo la tabla recia en la que durmió hasta su muerte alguna de mis tías o su presencia amable y candorosa en el lecho de muerte de mi madre, grandísima aficionada suya, tal como ahora las veo de buena mañana apretar el paso camino de alguna faena, los ojos bajos como quien no quiere dar crédito a lo que ve. Lo que se fraguó en un piso alquilado por una zapaterita de banquilla, anda hoy trajinando por medio mundo y hasta ha conseguido de Roma dos canonizaciones nada menos, la de su humilde fundadora y la de una señorita madrileña, licenciada en aquellos años difíciles, elevada a los altares en tiempo récord y coincidiendo con el quinto centenario de la doctora Teresa, de Ignacio de Loyola y de Francisco Javier. He conocido pocas aficiones como las que despiertan estas azacanas a lo divino, ancladas voluntariamente en los rigores ascéticos de antaño, pero incansables frente a una desdicha que es siempre la misma. No sé en qué acabará formulándose el culto a santa María de la Purísima. Del de santa Ángela, baste decir que el canon no ha logrado arrebatarle a sus devotos el derecho a seguirla llamando “madre Angelita”.

Cuando sostuve hace tiempo en algún libro que cada época tiene su modelo de santo, se me escapó la evidencia de que, siendo ello probablemente cierto, existen en el mundo santos intemporales, como encallados en su recia voluntad solidaria precisamente desde la marginación, desde su renuncia heroica a una vida propia consagrada a los otros, a los demás, un día tras otro, llueva o ventee, sin requisitos ni condiciones. Dos santas en un siglo y pico lo dicen todo. Recuerdo que cuando las llamé para anunciarles que no tenía otro remedio que reducir mi vieja contribución mensual me colmaron de agradecimiento como si les acabara de regalar un tesoro. La caridad no tiene precio. Y ellas, que lo saben bien, la despachan al por mayor.

¡Qué lástima!

Veo en la tele el debate entre el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y el de Podemos, Pablo Iglesias. La razón contra la ocurrencia, el cálculo frente a la improvisación, el realismo frente a una utopía hace tiempo caducada. ¡Vaya paliza que le dieron al podemita! Y sin embargo, visto el debate desde Andalucía, muchos nos hemos preguntado cómo se compadece tanto sentido común y tan viva voluntad de regeneración, con el pacto leonino que Ciudadanos mantiene con un “régimen” andaluz del PSOE que ejemplifica a las claras justamente el envés de esos propósitos. ¿Es que tienen engañados a Rivera desde aquí o es que en Rivera no es oro todo lo que reluce? En ese debate se dijo que los ciudadanos exigirán con mayor rigor a los nuevos partidos que a los tradicionales. Rivera no debería olvidarlo, fuera él quien lo dijera o fuera el otro.