Murphy no falla

Ya conocen la llamada ley de Murphy, aquella que asegura que todo cuanto puede empeorar en la vida, empeora. La galería de retratos del “régimen” autonómico andaluz te convence de ello, a poco que eches una mirada al pasado de nuestro liderato que, mejor que peor, ha ido reduciendo su estatura intelectual y política sin prisa ni pausa. No pararé en nombres, para qué, pero al leer que ese artefacto de ZP que fue la hoy ex-ministra Susana Aído acaba de declinar la presunta posibilidad de dirigir el PSOE regional, concluye uno que, fatalmente, ese proceso de declive y jibarización de las categorías políticas tiene toda la pinta de apuntar al mismísimo “grado cero” del talento. Que Aído “renuncie” a dirigir Andalucía no es sólo una bobada, es, además, un insulto.

Así no hay manera

Por fin se cierra el “caso Astapa”, otro saqueo municipal, el ocurrido hace casi 11 años en Estepona. ¿Cómo quieren acabar con la corrupción si la Justicia se arrastra como una tortuga? Habrá corrupción –y no sólo en las instituciones políticas, sino en la sociedad en su conjunto— mientras, atolondrada o calculadamente, se mantenga un sistema judicial caquéxico y el consiguiente disparate interno que hoy rige a esa imprescindible Administración. Como en los ERE, como en Invercaria, como en la broma y rapiña de los fondos de Formación…, el “caso Astapa” demuestra que, mientras una instrucción se deslice por sistema hasta el límite de la prescripción, los filibusteros de cuello blanco se irán de rositas. La Justicia no se arregla porque los políticos no quieren. Ésa es una evidencia que desmoraliza a los jueces.

La cohabitación

El “régimen” andaluz del PSOE se ve forzado, para no estallar de entrada, a introducir la práctica política francesa de la “cohabitación”. Ahí están las listas aprobadas este fin de semana para designar a los delegados que representarán a la organización (¿) andaluza en el Congreso Federal, en las que aparecen, junto a los “susanitas” confesos, una considerable quinta columna de “sanchistas”, algunos de ellos declarados enemigos de la derrotada Presidenta. Que éstos no hayan podido ser laminados por el “aparato” regional, como ya es tradicional en Andalucía, pone de relieve el peso relativo de los disidentes, un colectivo que se ha calculado que –en consonancia con los militantes de base– alcanzaría a un 33 por ciento, esto es, más o menos, a uno de cada tres. Alguien calculó mal en San Telmo y, en política, los errores se pagan.

A mitad de la escalera

Conservo muchas notas sobre mis vivencias en los almuerzos madrileños que en el “Club 21” o en “Horcher” organizaba Miguel García de Sáez quien, de vuelta de su éxito en la Feria de Nueva York, brillaba por entonces como Director de la emigración española. Entre los comensales, que eran muchos y diversos, figuraban personajes tan atrayentes como Carlos Bousoño, el escultor Serrano o don Guillermo Luca de Tena junto a, por ejemplo, Gabriel (Gabi) Cisneros que por entonces estrenaba en el “Pueblo” de Emilio Romero su prosa magistral, o un agudísimo profesor de Hacienda, Lozano Irueste, aparte de algún torero famoso (don Antonio Ordóñez, por ejemplo) y entre ellos se hablaba –con la libertad que podían permitirse aquellos “intocables”– de lo divino y de lo humano, vale decir del porvenir de De Gaulle, de la tragedia de Kennedy, de los tejemanejes de El Pardo, de los “bandos” franquistas –fue estupenda la época del pulso entre Fraga y Solís provocado por la estafa de Matesa-, siempre con una punta de ironía incrustada en un referente no negociable: la intangibilidad del Dictador y la vidriosa polémica de su famoso humor.

Allí escuché por vez primera la respuesta cumbre que éste dio a un Rodrigo Royo quejoso de su suerte y del mal trato que, a su entender, le daba el Régimen: “Mire usted, Royo, haga como yo: no se meta en política…”. O a Gabi Cisneros en su primera experiencia como visitante de El Pardo cuando, preguntado sobre los peligros que se cernían sobre la Patria, el joven Gabi contestó: “Ante todo, Excelencia, pues…, esto …, mi General…, los comunistas”, para recibir un imprevisible y tal vez intencionado consejo: “¡Y los liberales, Cisneros, no lo olvide, y los liberales…!”. Recuerdo que José María Lozano ironizaba al recordar la pulla que Franco asestó a Foster Dulles: “Pero es que, verá, señor Secretario, lo malo es que la masonería es buena para Inglaterra, pero que en España sigue siendo buena para Inglaterra…”. Hace poco el profesor Olivencia me matizaba la anécdota que contaba con frecuencia García de Sáez, cuando tras el éxito de Nueva York explicaba a Franco la oportunidad que se ofrecía a España de recuperar a Picasso, tal vez organizando una magna exposición de su obra, a lo que Franco habría contestado: “Sí, claro, Sáez, seguro que sería estupendo organizarla, pero me temo que no se lo van a consentir…”. Y Miguel, que se reía de su sombra, probablemente en aquella ocasión no sonreiría siquiera.

Aquellos eran los respiraderos de la época, y éstas, las leyendas, hoy tal vez poco creíbles, que adornaban el paisaje de la Dictadura.

Tocar o no tocar

Una emotiva ovación de su grupo saludó antier a la presidenta Díaz en el Parlamento tras su tremenda derrota que, para qué engañarnos, es un poco la derrota de todos. Ella correspondió con sinceridad confesándoles por pasiva a sus compañeros que, una vez finalizada la batalla por el poder madrileño, “ahora toca” ocuparse de Andalucía. Si el autonomismo fuera riguroso esa declaración, a fuer de sincera, merecería una sanción fulminante y no una ovación, pero como todos sabemos que la “taifa” no es más que el trampolín para saltar hacia arriba, pues nos quedamos con las palmas. Ciudadanos (C’s) actuó diligente como mozo de espadas tras un breve episodio crítico –siempre hay un roto para un descosido— llevándole el acero, la toalla y el búcaro. Veremos que da de sí ese “ahora” partiendo como partimos del farolillo rojo.

Unidad de quemados

No le falta razón al presidente del PP, Juanma Moreno, al reprochar a doña Susana el tiempo perdido en este año y medio de ambiciones. Pedir su dimisión, sin embargo, como parece que hará hoy en el Parlamento, es ya otro cantar, porque si Díaz está “achicharrada” tras su espléndida derrota en su pelea con Sánchez, no está sola, desde luego, en la unidad de quemados. ¡Si nos pusiéramos a hablar de “achicharrados”, don Juanma, y a exigir sus dimisiones, no sólo el Parlamento, sino en nuestra política autonómica pleno, la vida pública andaluza se iba a quedar como un solar! Aquí entre nosotros costaría mucho encontrar a quien mereciera tirar la primera piedra. Aparte de que, ¿qué gana la democracia con contribuir a la debacle del PSOE? Algún día puede que tengamos juego limpio en nuestra política. ¿O no?