Habrá otros motivos, cada caso será un mundo, vale, pero mal puede discutirse que tras el transfuguismo lo que empuja es la especulación urbanística. Ni siquiera el último y publicitado acuerdo cerrado en Congreso por los partidos bajo la presidencia del ministra de Administraciones Públicas, pasa de ser, como todos los anteriores, papel mojado. En Punta Umbría, por ejemplo, ante el escándalo que ha supuesto la aplastante demostración de que el anterior Ayuntamiento regido por el PSOE facilitó a sus “amigos políticos” valiosas parcelas a precio de saldo, el partido en el poder no asumirá su responsabilidad sino que, al contrario, va a utilizar a los tránsfugas del PP para arrebatar al gobierno elegido en las urnas la última palabra en el negocio que de verdad importa: el urbanismo. De nada servirán las declamaciones y los acuerdos mientras la partida se juegue en miles de millones. Fíjense en que Chaves –que ya parara el anterior megaproyecto auspiciado por su propio partido en esa localidad onubense—no dice ahora ni pío. La pela es la pela, por supuesto. Contada en miles de millones, ni qué decir tiene.

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