Son innumerables las noticias y estudios que circulan a propósito de la creciente epidemia de suicidio juvenil. Los datos son abrumadores, sobre todo, porque desde la perspectiva adulta no resulta fácil imaginar la causa del disparate y menos aún concebir que esas decisiones supremas se adopten en régimen de pactos colectivos. Una cosa está clara en medio del desconcierto y es que el factor decisivo que influye en esa tragedia es el uso insensato de Internet, curioso confesionario en el que la ‘basca’ ha encontrado un cauce propicio a la comunicación desesperada con presuntas “almas gemelas”. En Japón, sólo en el 2003, hubo más de cien suicidios pactados que presentaban una peculiaridad aún más bizarra: que los suicidas eran desconocidos entre sí, a salvo el contacto informático: un grupo de jóvenes, casi adolescentes, se cita en un descampado, y muere asfixiado por el monóxido tras asegurar el cierre absoluto del vehículo; otro se concentra en un piso y cumple el ritual cada cual abismado en un rostro ajeno al que el rito de la muerte lo une como una atracción fatal. En Colombia, un estudio ha determinado que el suicidio juvenil es la cuarta causa de muerte en la población adolescente y joven. En Gales la oportuna intervención de la policía frustra un plan de autodestrucción juvenil que se había cobrado ya siete muertes por ahorcamiento. En Francia, otra investigación afirma que la causa de la mayoría de los intentos no es otra que la disforia, como ahora se dice, sentida por el joven ante su peso, que unas veces considera excesivo y otras exiguo, aunque la propia investigación revela que esa percepción subjetiva carecía de fundamento en un altísimo porcentaje de casos. Y en fin, en USA, una universidad relaciona el fenómeno con el nivel de vida, estableciendo que el incremento del bienestar va acompañado de la multiplicación de los suicidios de gente joven. Otro crespón negro para esta sociedad desconcertada. Y tal vez otro ‘mea culpa’ imprescindible.

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Un dato que me parece capital es el silencio social ante un fenómeno de esa trascendencia. Nadie quiere hablar, pocos se prestan a sacar conclusiones. ¿Responde el suicidio joven a un fracaso adulto, es la familia un marco que empieza a resultar inservible, acaso la abundancia es abono del desequilibrio que, en definitiva, implica una moda semejante? Porque de una moda se trata, de una moda que ha hallado en Internet un cauce incontrolable o poco menos, y una garantía de secreto que armoniza y encaja bien con la índole neorromántica de muchas manifestaciones juveniles actuales. Cuando Goethe relató el suicidio enamorado del joven ‘Werter’, una epidemia semejante recorrió Europa hasta el punto de que no faltó quien propusiera la proscripción de la obra. Pero todavía entonces el guión fatal contenía un argumento humano –“demasiado humano”, diría Niestzche–; hoy no obedece más, al parecer, que a la acción conjunta del ‘spleen’ y la comunicación virtual, al prestigio de una transgresión mitificada propuesta por un desconocido. Larra sentado ante el espejo revolver en mano, el suicida de Alenza contemplando el precipicio desde el acantilado, constituyen un anacronismo narcisista, marcan la distancia real entre el romanticismo genuino y el de recuelo, la insalvable inmensidad que separa la realidad clásica de la virtualidad postmoderna. Por cada joven efectivamente autoinmolado, otros trescientos han podido intentarlo, según los estudiosos. Sin saber bien por qué quizá, puede que atrapados en el cepo de un simple error óptico, desesperados, en todo caso, aislados en su leonera, incomprendidos seguramente. Algo no funciona en la entraña de la sociedad opulenta. Se ha dicho que el suicidio es la duda que va en busca de la verdad. Puede que sea más bien una dolencia que nos afecte a todos.

8 Comentarios

  1. Pués no amigo JaGM, el suicidio es la decisión de acabar una existencia en la cual tú no participastes en su gestación, siendo el único verdaderamente interesado.

    Ya que no eres su iniciador, es un gesto enorme ser su ejecutor final.

    Nuestro existencia se diluye como una lágrima en el océano.

    La mía la amo tanto…. que la aguantaré hasta el último suspiro, como mi admirado Buñuel.

  2. A la conocida secuela del joven Werter que menciona el Anfi, le opone la actual “inmensidad que separa la realidad clásica de la virtualidad postmoderna”. El romanticismo del XIX solía estar impregnado de espiritualidad, de sentimientos enaltecidos, de frustaciones amorosas o como el ‘pobrecito hablador’, por su visión deprimente del mundo que le había tocado vivir. (Leí en una ocasión un trabajo sobre la ‘depresión en la historia’ que metía en dicho saco de nuestra actual epidemia, desde el vacío espiritual de los místicos a los suicidios por amor o venganza de los enamorados).

    Lo cierto es que las leyes van por detrás de los adelantos e inventos del progreso. Internet como instrumento de cultura o como estanque de pesca para los pederastas. Lo cierto es que hace algún tiempo yo escribí en la caja de búsqueda de google la palabra ‘suicidio’ y la respuesta era una invitación al desistimiento. Hoy la vuelvo a repetir y me aparecen ” 236.000 resultados ‘de suicidio sin dolor”. ¿No hay quien le ponga puertas al campo?

  3. 15:57
    El suicidio, cuando no es el resultado de una enfermedad, es la estupidez más grande que puede hacer un ser humano.
    Predicar la grandeza del suicidio juvenil no sé cómo calificarlo.

  4. Excusad mi ausencia, pero tengo mis motivos. Pero no he querido callar hoy para apoyar la intención de ja. El comentario del Abate, extravagante como poco y de lo más tópico, por lo demás.

  5. La muerte del sacerdote Lluís María Xirinacs, fué un acto libre y meditado con gran dignidad. Fué un profesional de la religión…. heterodoxo.
    He aquí lo que dejó escrito:

    “en pleno uso de mis facultades marcho porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio”, si me queréis hacer feliz no me busquéis. Si alguien me encuentra le ruego que, esté yo como esté, no quiera él perturbar mi soledad y mi silencio”. Gracias.

    El que por problemas en las conexiones neuronales recurre al suicidio, no invalida a aquel que lo hace conscientemente.

  6. Debemos seguir estos dáis porqu eme consta que ja estará fuera de España y no escribirá. ¡¡¡Él, en su genio¡¡¡ Propongo que nos sigamos reunando en el casinillo, auqnue sea a base de “fuera” de contexto”. Un saludo.

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