Al obispo de Huelva, gran persona, lo andan metiendo en el lío cofradiero los pugnaces semanasanteros que son tan implacables cuando se les disputa su cacho de poder. Me refiero a la polémica creada por ese pregonero que se siente discriminado por el Consejo y su presidente, y a la actitud partidista de éste –tan previsible, por otra parte—metiendo la política en la vida de las hermandades. Claro que no sé qué esperaba el cabreado después de haberle oído decir a éste algo tan estupendo como “Entiendo el debate pero no entiendo la crítica”. A la vista de tan pésimos ejemplos, yo que le Obispo mandaba quitar el palco de los figurones y a otra cosa.

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