Que el ex-alcalde Pacheco atraviesa un mal momento político, un momento crepuscular, no tiene discusión y peor lo hubiera atravesado de no mediar el pacto con el PSOE para, a cambio de entregarle a él el codiciado urbanismo (que en tiempo tanto criticaba a sus compañeros) a cambio de arrebatarle la alcaldía al PP. Pero el lío de la famosa empresa familiar denunciada y la eventualidad de que es ex-partido, el PA, lo denuncie ante la Agencia Tributaria, le pone las cosas definitivamente feas si es que no peligrosas. De poco van a servirle en esta ocasión, en todo caso, sus consabidos exabruptos, sus amenazas a periodistas y su chantaje virtual incluso a las familias de los profesionales, porque de lo que se trata es de aclarar que ha ocurrido en esa empresa y no de si los periodistas o los políticos rivales tienen ocultos muertos en sus armarios. Porque no se trata de “chulear” (sic) de manos limpias sino de probar su limpieza. La historia de Pacheco es la crónica de una tragicomedia sin fin. Parece que se ha empeñado en no hacernos gracia ni del último acto. 

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