Supongo que será por la necesidad de distraer a la opinión, no poco atenazada por sus guerras, la amenaza terrorista o la persistencia de la crisis, pero nada menos que la ONU acaba de echar mano del mismo recuso que hace setenta y tantos años sirvió a Orson Welles para aterrorizar a su audiencia radiofónica. Diversos medios han difundido, en efecto, la noticia de que la astrofísica malaya Mazla Othman, actual directora de la Oficina de Relaciones  con el Espacio Exterior, sería designada en breve por el organismo internacional como “embajadora” permanente con la finalidad de que una eventual llegada de los esperados extraterrestres no pille desprevenida a la Humanidad sino con sus mecanismos de respuestas debidamente engrasados. Es verdad que la interesada ha aclarado con celeridad que la noticia era inexacta pero también que el proyecto existe y que ha fraguado como consecuencia del descubrimiento de esos exoplanetas que ha permitido cuestionar a fondo la estrategia negacionista que mi amigo Ignacio Darnaude concibe como un complot y llama en un reciente libro la elusividad, eventualidad que el propio Hawking –que últimamente no se pierde una– ha atacado a fondo con su aviso a los navegantes sobre la potencial existencia de una vida alienígena que podría acabar colonizando la Tierra como Colón colonizó las Américas (sic). Cada era tiene su mitologema y ésta que nos ha tocado vivir lo centra en el viejo sueño astral que se arrastra desde Luciano hasta Campanella, disconforme siempre con la limitación terráquea de la existencia inteligente aunque también siempre limitada al ámbito seductor pero inconcluyente de la metáfora. Uno, qué quieren que les diga, siempre se aferra, en última instancia, al apotegma de aquel lúcido visionario que fue Paul Éluard, ya saben, aquello de “Hay otros mundos, pero están en éste”. No comprendo como una mujer pudo dejar a un hombre así para largarse con Dalí.

 

Más prosaico en este momento, me apunto a la tendencia que ve en estos embelecos no más que sonajeros para distraer al personal, y que protesta ante maniobras tan infantiles destinadas a embargar el criterio público crecientemente inquieto ante nuestros problema reales. Un negocio fácil, en fin de cuentas, pues ya Loyola explicó que para quienes creen (en lo que sea) no hacen falta pruebas mientras que para quienes no creen sobran todas, pero al que una embajadora de la ONU nada menos para asuntos extraterrestres aportaría, sin duda, una notable credibilidad. Cuando Einstein dijo eso de “mira el cielo y aprende de ellos” apostaba, seguramente, por el misterio, pero a los vividores les estaba abriendo la puerta de par en par.

3 Comentarios

  1. Divertidísimo, maestro! Pero le advierto que yo en eso soy como Gala: también habría dejado a Pablo por Dalí. Además me encanta el chocolate Lanvin! Besos a todos.

  2. Una columna civertida, culta e inteligente. Curioso siolencio el de esta temporada. La diáspora estibal hace estragos y nos ha arrebatado desde doña Epi a con Griyo pasando por Marción y tantos otros. Una lástima.

  3. Nos ha parecido una bella columna, porque ya echamos de menos quesa pluma se desmelene alguna vez líricamente, como sabe, o, al menos, se eleve sobre la terrenalidad y nos muestre sus perspectvivas desde arrriba. Como hoy mismo.

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