Chiclana tendrá de nuevo al anterior alcalde, obligado a dejar el sillón por el dramático batiburrillo urbanístico plasmado en esas 30.000 viviendas ilegales que posee la ciudad. El PSOE ha aceptado, una vez más, el voto de una tránsfuga (de IU) para recuperar un Ayuntamiento, lo que da un a buena idea de lo importante que un Ayuntamiento puede llegar a ser para un  partido cuando en él el negocio alcanza cotas altas y rentables. Y en este caso, además. No cabe duda de que ese batiburrillo ha sido cosa de los sucesivos alcaldes del PSOE, por lo que reponer al mismo que hubo de ser defenestrado resulta de lo más sospechoso y un pésimo ejemplo. Hay más de una Chiclana en Andalucía. Que el partido de gobierno favorezca situaciones semejantes dice casi más de él y de Chaves que de los propios gerentes del desastre.

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