Hace poco un líder de la izquierda griega, Alexis Tsipras, ha reclamado un nuevo Plan Marshall para la Europa de hoy desatando una dura contestación especialmente en Alemania. Pero como Tsipras, muchos observadores europeos claman por una reforma urgente del sistema de relaciones de la Unión que, reforzando las reglas del Estado de Derecho, logre superar una situación como la actual, con vistas a una Europa realmente federal que de verdad controle su comercio y el tráfico de sus finanzas internacionales además de disponer de una política exterior definida. Lo que no se puede consentir es que los EEUU y la UE cierren a  cencerros tapados un gran acuerdo de comercio e inversiones, el TTIP, en el que los países miembros no han tenido la menor participación, y en el que la impronta ultraliberal, desde el más depurado sectarismo librecambista, ha conseguido reducir al mínimo las eventuales y legítimas interferencias de los diversos países en terrenos tan sensibles como la propia regulación financiera o la protección del clima: cualquier cosa, o casi, será lícita en adelante invocando el progreso en beneficio de los grupos de intereses más potentes y sin la menor consideración por el bien común. ¿Cómo combatir el euroescepticismo en la Europa de la corrupción –¡que en Italia alcanza el 4 por ciento del PIB!–, de las desnacionalización de las decisiones y hasta de las mafias que allana el camino a personajes como Beppe Grillo? Europa es el futuro, el único futuro posiblemente, pero con dificultad podrá sobrevivir y escapar a la crisis si no detiene y repara el deterioro de las democracias que funcionan en su seno. Lo actual se parece demasiado al caos para poder garantizar siquiera la normalidad.

 

Esta cruzada ultraliberal, a la que están sucumbiendo los Estados soberanos, no es algo nuevo. Al contrario es un episodio más de un viejo enfrentamiento que nos hace recordar las palabras pronunciadas por Roosevelt en 1932: “Nos explican que las leyes económicas – sagradas, inviolables, inmutables—provocan movimientos de pánico que nadie puede prever, pero mientras ellos se entretienen con ese señuelo hay hombres y mujeres que mueren de hambre”. La austeridad por sí sola resta pero no suma y, desde luego, no multiplica. Son los ciudadanos europeos quienes tienen que reclamar el protagonismo que les ha arrebatado una Unión encerrada hoy en un círculo vicioso del que sólo se benefician ciertos sectores privilegiados.

7 Comentarios

  1. El ultraneoliberalismo ha vencido, hay que admitirlo sin más. Otra cosa es que este mundo se resigne a soportar su tiranía mucho tiempo. Ya hay indicios inquietantes de movidas urbanas, por ejemplo, que avisan sobre un futuro incierto. Cerrar los ojos o mirar para otra parte es suicida.

  2. La Historia no es tan lineal, tiene sus vueltas y revueltas, al cabo de las cuales nunca es predecible qué hallaremos. Quién puede saber lo que nos aguarda tras la crisis, suponiendo que la crisis no pierda su sentido temporal y haya venido para quedarse. Otra Europa: ese título sí que no tiene réplica.

  3. De lo del TTIP me había hablado el amigo Miller, pero no he visto nada o se me ha pasado, en los periódicos. Estados Unidos y Europa se enfrentan de cara a la galería pero juntan sus manos por debajo de la mesa. Ambos representan lo mismo, a los Slim, a los…., en fin, ya saben a los de Forbes y a otros que no aparecen en Forbes.

  4. ¿Unos Estados Unidos de Europa? ¿Los jefes de taifa autónoma reducidos a Gobernadores americanos? Ni lo sueñen. Seguirán dándose la manita bajo la mesa, como ha dicho Pangloss y que salga lo que tenga que salir.

  5. Amén viene de «amam», hebreo, que significa fijo, seguro, firme. Por eso se finalizan con esa palabra las preces y también los deseos de que las cosas resulten como uno las desea. Se lo digo a don Epi porque su gracia lo merece y a todos porque mi deseo sería el de formar un solo espíritu con la comunidad. ¿Qué nos dice de las palabras de Roosevelt, don Ecónomo, no le sugieren tremendos paralelismos?

  6. Gracias, mi don Páter.

    V. R. sabe mejor que yo que la traducción al español «Así sea» recoge perfectamente el sentido original de deseo cumplido.

    Sin embargo, dentro de su anfibología, «decir amén» es estar en pleno acuerdo con lo dicho anteriormente y ese era mi propósito.

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