Pendientes estamos de lo que decida el Juzgado de lo Mercantil de Sevilla sobre el pleito que se trae la inversora suiza Shorthorn Limited con el enigmático superviviente del conflicto minero riotinteño que es Carlos Estévez, “el de los gorilas”. Los suizos dicen sentirse estafados por éste tras invertir 2.000 millones de pesetas a cambio de nada y ante la inhibición de una Junta de Andalucía que tan buen trato dio a la otra parte cuando fue menester. Estas sagas tienen eso, que se acaba olvidando el guión, pero si no fuera así –si tuviéramos presente la historia completa– es probable que esa Junta inhibida se sintiera al menos incómoda con un enredo tan largo en el que han tenido voz, a lo largo de una crisis tan larga, todos menos los trabajadores. Shorthorn no se explica por qué la Junta hace lo que hace. Respalda a quien respalda y desoye a quien desoye. Ni Shorthorn ni, probablemente, nadie con sentido común.

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