Recuerdo un chiste de Forges, en alguno de los momentos confusos del pasado, que representaba a una orquesta en la que cada músico sostenía una batuta frente a un director que soplaba perplejo en un saxo: el mundo al revés. Y el chiste se me ha venido a la cabeza ante el espectáculo que está dando el Gobierno y su entorno frente a una coyuntura en la que hasta los más conciliadores ven ya una crisis profunda, galopante y de imprevisible alcance. En un solo día, en efecto, he escuchado al bachiller Pepiño apelar a doña María Moliner para desvirtuar, bajo la autoridad de aquella excluida de la Academia, la realidad de una “crisis” reducida a “cambio muy marcado en algo”, al vicepresidente económico admitir que los famosos 400 euros de poco van a valer ante este desplome incontrolado del bienestar, al director del Banco de España avisar que la solución del lío pasa por evitar “las tonterías presupuestarias” y al portavoz Alonso (que no descarta hacerse con el carné del partido en el próximo congreso) anunciar la inminente parusía de ZP y calificar de “situación difícil” la que atravesamos. El Gobierno y su partido funcionan bajo presión como una orquesta que fuera por libre, mientras el director se refugia bajo la cama, helada la sonrisa por el aluvión imparable de malas nuevas financieras que salen cada minuto por el teletipo. Pero, en fin, al menos ya se habla del asunto, ya ha dejado de ser antipatriótico constatar, agobiado por la hipoteca, que “España va mal”, aunque sea a compás de medio mundo, que 400 euros no eran más que una propina electoralista y que fundirse en tres meses el 80 por ciento del cacareado superávit es un  rentoy que ha acabado por hacer visibles todas las luces rojas del sistema. Una cámara de tv puede borrar a Pizarro o eclipsar a Rajoy, pero una crisis podría devorar a un Gobierno que ha tratado de pasarla de matute como un alijo semántico.

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La crisis se nota en el mercado y el Gobierno no baja a él sino que lo conoce de oídas. ZP no sabía hace poco el precio de un café y es probable que siga ignorando hoy el de el litro de leche o la docena de huevos, el par de zapatos o el litro de gasoil, pero desde los empresarios nos llega una voz autorizada que echa por tierra todos los eufemismos al asegurar que la crisis que atravesamos (que está empezando a dar la cara) “es la caída más brusca, súbita e intensa del crecimiento del PIB y del empleo desde que tenemos estadísticas”. Y eso, obviamente, no se produce de un día para otro, sino que, a pesar de la estrategia mentirosa mantenida por motivos estrictamente electorales, hay indicios serios de crisis desde hace un par de años largos, informes que avisaban sobre la baja productividad que nos hace incompetentes en el mercado exterior o sobre el riesgo no poco demencial de la famosa “burbuja inmobiliaria”, es decir, el hecho paradójico de un país de millonarios endeudados hasta las trancas cuyas propiedades costaban lo que no valían aunque estuvieran muy por encima de su capacidad de pago. Dicen los expertos que las crisis sobrevienen, y en ese sentido, son inevitables, pero que sus efectos pueden ser previstos y paliados por medidas correctoras imprescindibles. Es decir, justo lo que el Gobierno no podía hacer, forzado por su propia negativa a admitir la realidad, y también, probablemente, porque carece de un criterio unificado y sólido a la hora de decidir las recetas que hacen falta. La economía es un laberinto fácil de recorrer cuando el hilo de Ariadna de la bonanza nos conduce a la salida. Cuando pintan bastos, por el contrario, la economía es mucho toro para maletillas sin experiencia como estos teóricos de la “desaceleración”. Este Gobierno toca de oído, al parecer, y por ello puede que lo devore la crisis. Lo malo es que, para entonces, ese leviatán previsible pero deliberadamente ignorado ya se habrá zampado a media España y parte de la otra media.

7 Comentarios

  1. No harán nada hasta que el agua nos llegue (LES LLEGUE) al cuello, ya van a verlo. Que nos coja confesados.

  2. No se puede resumir mejor, por desgracia para todos, porque lo que sugiere la columna es de lo más temeroso. No es justo esta inactividad del Gobierno ni la ausencia de la oposición, mientras las familias se arruinan. Sólo los que nos conformamos con lo indispensable –gracias a Dios– podemos mirar con cierta distancia estas tribulaciones.

  3. Ellos no se arruinarás. ¿Saben quiénes son ellos? Pues entonces ya saben por qué no hacen nada.

  4. El dato leído es aterrador: No se conoce una crisis equivalente desde que existen estadísticas. Tampoco nunca el cántabro había ganado tanto dinero. Nunca se vendieron más coches de altísima gama. ¿En qué país, en qué hemisferio vivimos?

    Mantenemos una administración de país muy rico, con gente que gasta en una comida lo que una familia necesita para quince días. ¿Van los bancos otra vez a vender pisos a bajo precio? ¿Habrá calcetines llenos de dinero para cuando las vacas estén más flacas, que sea más fácil tumbarlas?

    ¿Saben qué les digo? Que ni estrujándome las meninges me sale hoy una mínima frase jocosa. Jefe, porfa, no nos vuelva a meter en estos asuntos. Volvamos a la ciencia, a la antropología, a la literatura. Pero esto, no. Usted, no.

  5. Estoy con Ecónomo, esto va a ser de padre y muy señor mío. Los datos de hoy mismo son elocuentes. Y mientras tanto estos payasos enrocados en su negativa y los demás, como monos de imitación (perdón, como Grandes Simios), siguiéndoles la tabarra. Dicen la que Izquierda es mala gestora en tiempos de crisis. No lo sé, pero ni estos ni los anteriopres son de izquierda y ya ven cómo vamos, de cráneo.

  6. Solbes es el tío más embustero que he esuchado. Lo digo con cabreo porque debnop confesar que a mí también me engañó, incluso después de haber dado el petardo que dio en tiempos de González. Hasta creo que lo del ojo tuerto de la tele era mentira.

  7. Quizás la crisis azote más por Hispania que por aquí, pero se hace sentir por toda Europa.
    Se veía venir hace meses, por no decir años, pero estamos en un sistema que es como un coche embalado del cual no puedes apeatrte ni es sueños.
    Mal nos veo a todos.

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