Se atribuye al consejero de Educación una frase estupenda que, ciertamente, resulta de lo más propia en un “míster” como él: “Los niños estarán más seguros en la escuela que en la calle”. ¡Tiempo, entrenador, tranquilo!, que tampoco es cosa de exagerar habida cuenta de cómo están realmente las cosas y de cómo parece que SE encuentran, según sus propios responsables, las aulas que esperan a la chiquillería. El optimismo nunca está de más, pero en situaciones como la que vivimos –véase la más que inquietante evolución de la pandemia durante el pasado mes– nada garantiza que su bienintencionado exceso no pueda resultar incluso catastrófico. Y si, encima, el sanchoiglesismo nos regatea el dinero que nos corresponde, para qué hablar.

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