Un proyecto de ley del ministerio del Interior que, en breve, debatirán la Asamblea francesa está provocando en los sectores más sensibles de la sociedad vecina un intenso debate que se centra, sobre todo, en media docena de artículos que ponen en manos del prefecto o del alcalde, es decir, de la autoridad gubernativa, el destino de los enfermos mentales. Denuncian los especialistas la tremenda confusión entre el trastorno mental, la peligrosidad y la delincuencia que inspira una norma que nos retrotraería a tiempos pasados en que la enfermedad de esa naturaleza estuvo estigmatizada socialmente como consecuencia de la pervivencia más o menos explícita de viejos mitos degenerados en prejuicios no menos efectivos. El insuperable tratado de Michel Foucault, “Historia de la locura en la época clásica”, aparecido a mediados de los años 60, descubrió la índole ideológica de las concepciones tradicionales de la enfermedad y el eficacísimo carácter simbólico de las respuestas históricas que sucesivamente fueron recibiendo males como la lepra, las venéreas y, finalmente, la locura, incomprensibles fuera del sentido trascendente que en cada momento les atribuía el grupo para justificar ese “espacio moral de exclusión” en que los pacientes serían recluidos con el argumento de la protección común. Más allá del humanismo implícito en el erasmiano “Elogio de la locura”, la imagen insensato que ofrece Modernidad poco varía, si no es para empeorar las cosas, respecto de la Edad Media que fletaba piadosamente aquellas “naves de los locos” cuyo trasunto pervive en los cuadros del Bosco. Ninguna sociedad ha sido capaz hasta ahora de integrar decorosamente la locura en su engranaje y no pocas entre ellas hallaron la mejor justificación de su impiedad en el estigma que, en cierto modo, la identificaba con la maldad. Poco varían, en el fondo, los pudrideros de dementes del XVII de los que todavía hemos conocido muchos de nosotros a pesar de la importante tarea de desestigmatización que se ha ido consiguiendo un poco por todas partes. Ver ahora que una ley sobre esta materia la hace el ministerio Interior y no el de Salud no deja de ser un buen aviso de por donde van los tiros en el neohumanismo del signo que sea.
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No tiene buen arreglo el tratamiento de la enfermedad mental. El intento de eliminar por las bravas los viejos manicomios, perpetrado en la España de los 80, dio de sí el discutible resultado que todos conocemos, es decir, el de la reclusión del enfermo en el hospital convencional una vez demostrada la inviabilidad y los colosales peligros del manicomio sin rejas que propuso la progresía recién llega al poder. Pero la medida que se atribuye a Sarkozy se complica por el hecho de que –como demuestra el papel decisivo que se atribuye a los responsables gubernativos—lo que hace la proyectada Ley es volver a la identificación absoluta o relativa del trastorno y la peligrosidad que, finalmente, acaba por sugerir cierto perfil delincuente en el enfermo mental. Europa vuelve, al cabo de los siglos, al triste “espacio moral de exclusión” justificado por el miedo pero eficaz, sobre todo, en función de su potencial simbólico, lo que significa echar por tierra –algo bueno hubo de tener el sesentayochismo—una larga tarea desmitificadora que luchó por borrar del inconsciente colectivo el imaginario feroz que pudo inspirar en su momento un panorama como el que aparece en el “Marat-Sade” de Peter Weiss. Sarkozy debería pensar que personajes como Baudelaire, Artaud, Van Gog o el propio Niestzche darían con sus huesos en la celda hoy como ayer, verosímilmente confinados por un poder que explota el miedo colectivo al tiempo que ignora los decisivos avances del conocimiento. Una vez más nos damos de bruces contra la nueva Edad Media, otra vez comprobamos el fracaso del progreso que imaginábamos irreversible. Decididamente, Tristán y don Quijote no tienen sitio en la postmodernidad.

25 Comentarios

  1. Erasmo, Foucault, El Bosco… Buena compañía para los divinos orates, los estigmatizados del común, las últimas víctimas de la impiedad humana. Nada más desconsolador que un manicomio, salvo quizá las actuales “salas” hospitalarias. Pero es verdad que algo se había conseguido en “desestigmatización” y que poryectos como el de Sarkozi pueden dilapidar el largo esfuerzo.

  2. 10:29
    Me temo que la locura –disculpen el término prohibido– lo vaya a tener igual de mal con la derecha que con la social…eso francesa, porque la clave está en la creciente demanda de seguridad en nuestras inquietas sociedades. Sarkozi busca tranqulizar a los votantes, pero Ségolène haría o hará igual, ya lo iremos viendo, cuanbdo le llegue la hora. El gran mérito de Foucault fue descubrir el mecanismo diabolizador que es el estigma aplicado a la enfermedad. Muchos médicos, la mayoría de nuestros psiquiatra deberían leer (o repasar) a Foucault.

  3. Quien leyera el “Pretérito imperfecto” de Castilla del Pino conocerá las dos corrientes en el cuasi nacimiento de la moderna(¿?) psiquiatría en España. Por un lado los oficialistas del lado de los López-Ibor y compañía, y por el otro los malditos, Castilla entre ellos, que por cierto no se ahorra el mínimo autobombo en sus memorias.

    Me tocó estudiar un manual de Vallejo-Nájera, hijo de psiquiatra importante -militar, por supuesto- y enrolado con los vencedores. Un pestiño. Luego escribía libritos como el intitulado “Locos egregios”. O sea, que un psiquiatra se permitía el descaro, la impudicia, de utilizar el término locura.

    Quede claro desde ya que la locura no existe. Quien tenga agallas, que se interne en el DSM-IV, o sea, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, compilado por la American Psychiatric Association. Canela fina que diría el admirado grave o llano, antes agudo. Aplicando con mínimo rigor un cribado diagnóstico, nos llevaríamos las manos a la cabeza al ver el porcentaje de población afectada. Y no es para tomarlo a broma.

    Otra cosa es que la reforma psiquiátrica de los 80 se hiciera con el culo, con perdón, con criterios que hoy llamaríamos de cartelón panfletario de primero de facultad. Que había mucho de desguazadero, de escombrera, de vacie social, incluso de cárcel encubierta lo sabe cualquiera que pisara alguno de aquellos manicomios de los 70 como yo lo hice. Que hoy se requiere de un esfuerzo importante para que miles de familias no se sientan destrozadas por la frustración más cruel al tener que asistir sin medios, sin ayuda eficaz, sin esperanza, sin conocimientos ni recursos a un miembro de ellas de difícil -por no decir imposible- tratamiento, cierto como el sol.

    Pero yo más bien me conformaría hoy con tapar la boca y ponerle la camisa de brazos largos a esos númenes que paren semejantes monstruosidades, como las que describe el Maestro.

  4. ¿recuerdan los periódicos de una buena mañana de los primeros 80? Decía “Cerramos el Manicomio” de parte de la Junta. Una multitud se precipitó des compuesta para saber qué sería de sus internos familiares, esos enfermos que no se pueden tener en casa ni siquiera en las jaulas de oro que pagan los ricos para los suyos. GM sabe con toda seguridad esta historia porque se la he oñido contar alguna vez y también se la he leído.

  5. La suerte de los enfermos de esa índole está echada en Francia y también en cualquier otro país: nadie quiere saber nada de esa enfermedad, y para ello el estigma –en el que pon be el acento jagm– le sirve de panacea. Lo que es fuerte en el proyecto de Sarkozi es la competencia gubernativa prescindiendo del tradicional informe médico circunstanciado, pero alguien ha dicho con razón por ahí arriba que lo mismo más o menos acabará haciendo la Royal o el que sea como no se aclare la actual situación de inquietud pública. Me pregunto por qué tanta dureza con el enefermo, por qué se ve en ´çel la peligrosidad que no se ve en tranto “normal” peligroso como nada suelto. Escuchen la tele tras cada parricidio: “Parecía tan normal”, “Era una persona educada, que se llevaba bien con todo el vecindario”, etc.

  6. Mucho garantismo con los peligrosos de verdad y mano de hierro con los pobres enfermos. Esa es la norma habitual y seguirá siéndolo por más gestos piadosos que hagamos. Nunca la Humanidad aceptó la necesidad de “tratar” humanamente al enfermo mental. La evocación de los pudrideros que hace gm basta para confirmarnos en lo que todos, más o menos, hemos podido comprobar por nosotros mismos.

  7. No recuerdo el titular del periódico pero sí el eslógan con que se le dió nombradía, antes y después a la hazaña. Exactamente era: “¡Salta la tapia!” Muy sesentayochista: transgrede, pasa de, prohibido prohibir y cosas así.

    Un par de anécdotas: En un hospital andaluz se le dió a un médico adicto al Nuevo Régimen -recuerdo fielmente su nombre y apellidos- dos tochos de fotocopias de un manual de alta dirección para que se fuera “formando” ¡en francés!. El cuitado decía ‘pero si no me supe nunca el verbo avoir y hace años que no leo una letra de gabacho’. Pues dos semanas después era el nuevo director.

    Otra: tras el arrollador triunfo del 82, en otro hospital se producía el inevitable relevo. El manda que presidía aquello dio las gracias por los servicios prestados al cesante, pero llevado tal vez de mala conciencia, se explayó en ponderar los méritos del agraviado. A cierta altura del discurso sonó una voz al fondo ‘si tan bien lo hace ¡por qué coño lo quitais?’ Servidora estaba allí.

  8. Se queda corto al enumerar a los posible genios tomados por locos: Sería más fácil decir que, en uno u otro momento, a expensas sólo de las circunstancias, TODOS los espíritus “diferentes”, especiales, “anormales” por tanto, quedan fuera de la lógica del derecho. Las sociedades son implacables con los no integrados y la locura (o como llamemos a la péridida del control) son por definición inintegrables.

  9. Leo pero no suelo compartir la opinión del blog de jagm. Hoy intervengo para agradecerle su sensibilidad, que como madre y hermana de enfermos de esa naturaleza, sé apreciar mejor que la mayoría que habla de oídas. No es la primera vez que leo o escuco a gm referirse en estos términos al problema. Se lo agradezco en nombre de tantos desgraciados y de quienes también lo somos por vivir a su vera.

  10. Debería haber titulado “Oprobio de Sarkozi”, ese ídolo del PP. Pero no se nos escapa que, en esta materia, en todas partes cuecen habas. (También somos afectados por esa desgracia).

  11. 19:17 horas.
    Puesto en hora por cortesía para con don Griyo, mi admiración por esa columna piadosa (como tantas de las que escribe este lobo feroz), y en especial por el escrúpulo con trata ese “espacio moral de exclusión” que, como a persona de bien, le repugna a don ja y, seguramente, a la inmensa mayoría del blog. Yo sé que don ja sabe lo suyo de Erasmo (publicó un libro relacionado con el tema…) como a cualquier lector suyo atento debe de constarle que conoce bien a Foucault, a Lacan y cía, empezando por Freud y Iung, que tantas veces se menean bajo la sueprficie de sus prosas. En esta ocasión para tratar de un tema que es moral además de social, y que sobre todo, ha llegado a convertirse en un tema de “lesa humanidad”. LLeva razón en su comentario doñ Epi también y la mayoría de los hoy remitidos. Está bien, entre tanta algarabía noticiosa, ver en un periódico que alguien se ocupa –¡y desde la Cultura!– de un tema tan entrañable como es la situación de esos enfermos estigmatizados.

  12. He leido con mucha atención el artículo de nuestro anfitrión y los comentarios de los compañeros. Del proyecto del señor Sarkozy no sé nada, y bien que lo siento: podría opinar más cabalmente.
    Lo que sí sé, es que hay un tremendo problema en Francia de gente, no las llamemos loca pués parece que el término ofende, sino transtornada, peligrosa para ella misma y/o los demás, y que está en la calle….o en la carcel.
    Actualmente en Francia, si una persona parece peligrosa para si mismo o para los demás, la autorización para el internamiento de urgencia la da el prefecto. Tiene que haber un médico presente cuando llegue la policía.

    Generalmente, despues de unos dias de tratamiento el enfermo está mejor, se levanta la obligación , y poco despuès el enfermo mismo puede decidir salir . Generalmente también el enfermo deja inmediatamente de tomar la medicacion y vuelve a ser un peligro ambulante.
    Yo lo he vivido con un allegado, y sigo viendólo en muchas ocasiones, desde parientes de amigos, hasta en el Socorro Católico o en la iglesia donde acude toda una población de marginados, de enfermos que se creen perseguidos, agitados, esquizofrenos que a veces podemos tranquilizar pero otras veces no.

    Yo creo que todo enfermo puede salir si hay un medio de controlar que se cuida, que sigue su tratamiento, y si con él tiene un comportamiento sin peligro.
    Conozco un caso de una madre con un hijo adulto (30 y picos años)esquizofreno, que hay que internar regularmente, que arma escándalo, es agresivo, pero que vuelve a salir en cuanto puede y reincide en su comportamiento. Después de intentarlo todo, de informar a la autoridad, a los médicos, a las asistentas sociales, finalmente la madre, aconsejada por los médicos dejó de intervenir. Pués ahora, acaba de recibir una demanda para que pague sus deudas y ayude a su hijo, porque los padres tienen deber de dar alimento y cobijo a sus hijos.

    También hay una proporción altísima de detenidos que sufre problemas de salud mental y naturalmente la carcel no es el mejor lugar para curarlos.

    No sé qué decir. De todas formas está claro que las enfermedades mentales , más que el sida o el cáncer, serán el desafío de este siglo, en las sociedades occidentales.

  13. Pero si sólo son las 9H 37! No me digan que ya están todos en la cama!
    Yo que me esperaba una avalancha de protestas!

  14. 22:20
    Muchas gracias, Pater, pero le digo, como a D. Estuario que es el programa del blog y no nosotros los que deberían poner la hora.
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    Desgraciadamente me ha tocado esa desgracia muy de cerca aunque no tanto como a la Sra. Prat.

    Los enfermos mentales en general y los esquizofrénicos en particular son mucho menos peligrosos que el común de los mortales. Lo que los estigmatiza es que cuando cometen un delito, siempre en menor proporcdión que los “normales” salen en primera plana en todos los medios.

    Estos enfermos sufren la mayor indefensión porque cuando pierden sus trabajos a causa de una manía persecutoria o de una “crisis religiosa” la empresa y la Ley lo consideran un abandono voluntario por lo que, frecuentemente, pierden sus derechos pasivos y su derecho a ser tratados.

    Sepan que un buen porcentaje de los indigentes de nuestro país son enfermos mentales, muchos de ellos alcohólicos y tuberculosos como efecto secundario de su enfermedad principal.

  15. Me parece, señora Sicart, que lleva más razón ja que usted en este asutno, aunque sea en cuestión de matices. En Francia actualmente se exige informe médico circunstanciado, y el poryecto de Sarkozi prescinde de él para encomendar al prefecto o al alcalde la decisión. Ni que decir tiene que tan expeditivo procedimiento puede tranquilizar a los medrosos –justificados, pero medrosos– pero implica riesgos altísimos de abuso en la medida en que un político o funcionairo no tiene por qué saber valorar un estado mental.

  16. El miedo es tan comprensible como la actitud protectora. Lo absurdo, como doña Epi ha sabido ilustrar de modo tan gracioso, es la ideologización del tema. Lo de “Salta la tapia” debería haber llevado a los tribunales a los responsables en lugar de constar en su hoja de méritos.

  17. Doña Marta ha ido dura esta vez, aunque se comprende su intención recta. Esta discusión es interminable porque para comprender de qué estamos hablando hay que verse con un “enfermo” en casa, hablando como quien le habla a una pared, expuesto a su agresión o incluso a su autodestrucción. A algún psiquiatra se le han suicidado hijos. ¿No les dice estp nada?

  18. La revolución psiquiátrica de los 80 fue fenomenal en Andalucía, que es lo que yo conocí de manera directa. Lo que dice doña Epi (que evidentemente es de la misma parte del país que yo) es fiel retrato del ambiente que entonces se vició, con los psoquiátricos “repartidos” entre los “pecés” emergidos de la clandestinidad con aureola y los sociatas recién “apuntados” al pesebre. En una ciudad decidieron la política de puertas abiertas y al día siguiente se habían perdido tres enfermos, apareciendo uno (una) muerta en medio del campo.

  19. En España, ya lo ha dicho Episabia, había que escoger entre la psiquiatría franquista (López Ibor y el resto) y las diversas antipsiquiatrías, muchas de las cuales dejaban al propio Lacan a la altura del betún. No fue sólo en Andalucía donde se abrieron temerariamente las puertas sino en muchos lugares. La desesperación de los médicos especialistas ya en el hospital chocó siempre (soy testigo de vista, como colega) con los médicos burócratas que iban a hacer la “reforma sanitaria” que aún esperamos.

  20. También del gremio, aunque en otra especialidad. Llegué un poco después de la época referida, pero veo que las cosas no han cambiado o más bien que de aquellos polvos vienen estos lodos.
    Don Griyo no descubre nada cuando dice que muchos pobres son enfermos, pero es más racional comprender que la enfermedad (esa enfremedad estigmatizada como tantas otras) se oculta entre las familias pudientes. Los “locos” ricos, o como ustedes quieran llamarles, tienen por lo general un hospitalito discreto, en un buen y tranquilo barrio madrileño o barcelonés, donde ser recluidos. Los pobreticos no tiene más que una sala común, que en lo fundamental es igual a las que aparecen en los horrorosos grabados del XVII a los he supuesto que se refería jagm.

  21. ¿Por qué tanto miedo doña Marta Sicart? Acérquese a esos enfermos con prudencia pero con cariño, que suele funcionar. Además, ¿qué otra solución queda, la de Sarkozi, prefecto-loquero-camisadefuerza-celda y electroshok? Incluso las instituciones piadosas (religiosas) han sido duras con estos enfremos, más que duras, incomprensivas. No es raro que lo seamos los de a pie.

  22. Recuerdo el manicomio de mi infancia, en mi ciudad: una nave rectangular con una cara cerrada por una malla metálica, y dentro los locos (entonces no había tutía) paseándose de arriba abajo, o moviendo la acebza con el ritmo obsesivo común a todos los animales anjaulados.
    Por las mañanas los duchaban con agua fría y el electroshok era común, casi generalo, naturalemente “a pelo”, sin mayores precauciones, entre otras cosas porque no las había. Los niños íbamos a ver a los locos e incluso a bromear tratando de hablarles. He visto luego muchos luagres horrorosos pero ninguno peor.

  23. Conclusión saludable: lean o relean a Foucault, ese libro tremendo, brillante, insuperado. Una de las ventajas de este azacán es que nos fuerza a volver a la biblioteca muchas vecs y, en no pocas ocasiones, para a lo mejor rectificar viejos juicios e impresiones.

  24. 00:29
    Casos reales:

    Un compañero mío, víctima de una crisis religiosa, pactó su despido, entregó su indemnización y sus ahorros de toda la vida a una comunidad religiosa. Dos meses después no tenía empleo, dinero ni comunidad.

    Otro compañero mío, víctima de manía persecutoria, abandono su trabajo y huyó a Hispano-América. Varios años después nos escribió unas terribles cartas demenciales a todos sus antiguos compañeros y amigos.
    Poco después pude saber que vivía en un pueblecito a costa de su madre anciana y enferma con una pensión minuscula sin salir para nada de su casa y sin recibir ningún tratamiento.

    Otro compañero mío, de la misma empresa que el anterior, murió achicharrado en la ducha de un hospital psiquiátrico tres días después de ser ingresado.

    Un cuñado mío fue ingresado ILEGALMENTE (contra su voluntad) por mí y su psiquiatra para evitar que perdiera empleo y derechos pasivos.

    Algunos blogueros, afortunadamente para ellos, solo saben de la locura lo que vieron en la película “Alguien voló sobre el nido del cuco”.

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