Una oportunidad finalmente desperdiciada fue la que brindó la Transición a Andalucía. Otra no menos interesante es la que ahora se abre ante su futuro. Todo el que busque choques y revanchas contribuirá a hacer un pan como unas tortas. Quienes, desde su legítima oposición y desde la exigencia moral, respeten la aventura del nuevo Gobierno demostrarán buen sentido. Demasiadas oportunidades perdidas lleva ya esta castigada tierra y justo sería darle, por una vez, la oportunidad de romper el malfario y levantarse a la altura que merecen sus capacidades. Tratar de impedirlo –algo muy probable, por desgracia— será tirar piedras sobre el propio tejado colectivo. Si Caín no alcanza a entenderlo, perderemos todos.

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