El hecho político más destacable del último tercio del siglo XX y del introito del XXI ha sido, a mi entender, el de unificar las opciones políticas y someterlas al Sistema. No existen ya como tales la Derecha y la Izquierda, al menos en el sentido conceptual que, todavía en 1996 permitían ensayar caracterizaciones desde la sociología y la antropología, como la que yo mismo publiqué escoltado por Vázquez Montalbán y Antonio Burgos. Y no estoy pensando ahora en España, sino en Europa entera, donde todos huyen de la depresión a trancas y barrancas a base de apretar bien la cartera ajena, en esa misma Francia donde un Hollande está batiendo todas las marcas de impopularidad y cayendo en picado desde que llegó al Poder, hasta llegar a este raro momento en que, según los sondeos, cuatro de cada cinco franceses sostienen ya que con Sarko les hubiera ido mejor a todos. ¿No era Hollande el remedio opuesto a Rajoy, no era la creación de empleo y no el “recorte” lo más urgente al decir de Rubalcaba? Pues miren por dónde, resulta que el socialista francés ha impuesto un recorte milmillonario a sus ciudadanos mientras el paro le sigue creciendo como a todo quisque en el seno de esta extraña Unión o, más difícil todavía, vean cómo el PSOE vota en contra del mantenimiento de los 400 euros (ahora elevados a 450) con el falaz argumento de que el “Muro” parlamentario contra el PP carece de fisuras. ¡La socialdemocracia “recortando” en París y rechazando una ayuda del Gobierno de Derechas a los trabajadores menos favorecidos en España! Esto se parece cada día más a la política de la Restauración y la Regencia, en la que Cánovas y sus mejores discípulos tuvieron la habilidad de reservarse para ellos las decisiones de alcance social dejando para los sagastinos y su descendencia la suerte de bailar con la más fea.

Todos, unos y otros, han asumido la lógica de un Sistema que ha logrado, a su vez, hipostasiarse a sí mismo en Naturaleza, convenciendo al personal de que la realidad económica no tiene más que un camino a pesar de la evidencia de que lo que tenemos delante no es una ruta sino un laberinto. Insisto, el PP aumentando la ayuda al trabajador y el PSOE oponiéndose sin más razón que la de “xoder”, como decía el alcalde gallego. Esta crisis va a consagrar la hipótesis del “fin de las ideologías”. No debimos tomarnos a la ligera a Daniel Bell y ni a sus franquicias españolas.

2 Comentarios

  1. unos y otros son iguales, por eso el PP eleva la ayuda y por eso el psoe, simplemente por razones competenciales vota en contra de la medida conservadora. Y nosotros en medio, como pasmarotes, viéndolas pasar. No.no debimos tomarnos ab roma lo del fin de las ideologías, lleva usted razón.

  2. Votar contra una ayuda mejorada a los más pobres, por el mero hecho de que la propone un partido de centro-derecha da la medida de esta social-democracia que no sabe ya dónde está de pie.
    (Por cierto, dos lectores me preguntan por ese libro suyo. ¿Me podría indicar por correo aparte cómo conseguirlo?

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