La escena servida por el telediario nos ha helado el alma. Una mujer joven, el suéter rojo, la larga melena desparramada por su suelo, sujeta a la furia de una banda salvaje, cientos de machos golpeándola hasta la muerte. Tras la lapidación, la mujer aparece ensangrentada, desnuda de cintura para abajo, las piernas cubiertas púdicamente por una chaqueta, un amasijo torturado e irreconocible al que algún verdugo minucioso asesta aún la penúltima pedrada. El delito, su conversión por amor al credo del islam, supremo desafío al fanatismo arcaico de los yezidistas, la prole de Mazda, la legión integrista y puritana que exige buenas costumbres e impone el tabú del pescado y la lechuga, aparte de venerar a Jesús y a su madre. Pura arqueología mítica conservada en un mundo orate, refrito salvaje del dualismo primitivo, pero conservado hoy día en la estricta observancia de un fanatismo rabioso. Odios de religión, los más feroces acaso. Recuerdo la sátira 15 de Juvenal (léanla en la versión cristalina del profesor Socas), aquella que refiere la historia de los dos pueblos enfrentados por el odio a los dioses ajenos. “Un viejo rencor, un odio imperecedero y una herida irrestañable arde hasta hoy entre las vecinas de Ombos y Téntira. La soberana locura de las masas de una y otra parte proviene de que cada comarca aborrece los dioses de su vecina”. Eso es todo. Un día salta la chispa y los perseguidores de un bando alcanzan a una rezagada “bajo los umbríos palmerales”, le dan caza salvaje, la descuartizan como a una pieza y se la reparten equitativamente para devorarla, “de modo que un solo muerto alcance para muchos, todo entero hasta roer los huesos”: la violencia hecha eucaristía. René Girard –“La violencia y lo sagrado”– resulta hoy más clásico que nunca.
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El problema es el del cascabel y el gato. ¿Está en condiciones el poder iraquí de exigir civilidad a un credo fanático como le pide el gobierno kurdo? Los organizadores de las campañas contra el salvajismo de las lapidaciones saben de sobra que no hay poder en el mundo capaz de frenar, en última instancia, esa barbarie primitiva que, por cierto, encuentra cierta vaga y ambigüa comprensión desde la aberración multiculturalista que extrañamente prospera en el ámbito de la “corrección política” occidental, ni que decirn tiene que en la entraña de los países más civilizados. Veo el martirio de Dua Jalil Aswad y me rebelo, en todo caso, contra la antigua insania ortodoxa que es capaz de perpetrar atentados tan inconcebiblemente crueles y, como de rebote, hacer posible las temibles e inevitables venganzas que ya están en curso. La índole religiosa de la noción de ‘honra’, sobre todo, funciona en las sociedades primitivas como la trilita asequible a  cualquier detonante. Hay miles de mujeres indias abrasadas con ácido por sus machos, una legión de niñas sometidas a ablaciones o infibuladas por sus propias familias y no pocas culturas en las que sigue vigente el derecho varonil a mutilar o dar muerte a las mujeres ‘deshonradas’ según sus absurdos códigos vernáculos. El telediario no ha hecho más que recordarnos esa realidad sin escatimar el horror ni perderse en disimulos, un buen estímulo, sin duda, para los contumaces del proyecto de ‘alianza de civilizaciones’ y los popes del multiculturalismo imposible. Miro ese cuerpo triturado, esa vida joven reducida a irreparable casquería, aguanto la mirada en la escena insufrible del suplicio y recuerdo la escena de Juvenal, los bárbaros de Ombos devorando a su víctima, el pánico de los vencidos, el regusto indeleble que esa despiadada comunión –“quien tuvo aguante para morder un cadáver, ya nunca come nada más gustoso que esa carne”–, el espectáculo deplorable de la bestialidad humana disfrazada de cultura. Ombos y Téntira no son una metáfora sino un arquetipo. Todavía hay mucho que aprender en los clásicos.

14 Comentarios

  1. Reconozco que sólo leer el título he tenido que irme al gúguel dada mi infinita ignotancia. Allí leo un interesante ensayo de María Inés Peyrallo, con lo que siento que cumplo elproverbio de no acostarme hoy sin haber aprendido algo. Mesopotamia, Egipto, el Creciente Fértil. Nuestra civilización (?) en estado de lactancia.

    También reconozco que veo poco la tv y no he visto ese lodazal de sangre. Tengo que hacer propósito de enmienda. Pero lo que me aterra es que hoy, treinta o cuarenta siglos después el sapiens sapiens (otra vez ¿?) siga superandoal bonobo en violencia, en crueldad.

    Me da igual que me da lo mismo que lapiden a una mujer por hacerse islámica o por no cumplir los preceptos del islam. Al lado de eso, que la señora Ruayal quiera hacerse zapatera o que nuestro zapatero quiera hacerse dalai lama son vasos de agua tirados al mar.

    Vivo la postura cómoda (¿?) del agnosticismo. No sé si hay dios, dioses o músicas celestiales. Cuando cruce el umbral definitivo lo más probable es que entre en el reino de la nada, de donde salí en el momento mismo de la cópula fértil de mis padres. Pero desde mi don Ratzinger y su chubasquerofobia a los talibanes, todo esto de las religiones, al menos de sus fanatismos, me parece una monserga indeseable.

  2. Con amistosa severidad he de reprocharle hoy, Sor Horrorizada, su sesgado comentario sobre una columna que apunta muy concretamente a la barbarie religiosa y defiende los derechos básicos del hombre frente a ella. Sabe que me delieto con sus bromas y glosas pero me parecería justo que añadiera hoy otro comentario, más acorde con lo escrito, más sosegado, menos rabioso.

  3. Ah, querido amigo, ese recuerdo de Juvenal me devuelve la confianza cuando veo los intentos de eliminar nuestras Humanidades. Me sorprende su capacidad de asicuacuónj tanto como su cultura. Espero que los amigos del blog sepan valorar ambas cosas como es debido.

  4. Gracias por demostrar que está tan cerca de todos, uno más a la hora del telediario, y por esa sensibilidad que demuestra tantas veces sin preocuparse por el qué dirán unos y otros, los de más allá.
    También hoy “colgamos” la columna en el Tablón de Anuncios de nuestro centro escolar y lo utilizaremos para comentarios en clase. Gracias.

  5. Me limito, mi don Páter, a repetir -ya sé que es una estupidez la autocita- mis quince últimas palabras: …”todo esto de las religiones, al menos de sus fanatismos, me parece una monserga indeseable.”

    Créame que de corazón le digo que al escribirlo esta mañana, pensé dolidamente en usted. Pero le considero tan lejos del fanatismo, del dogma cerril, tan próximo a quienes como una servidora viven una duda mucho más inquietante que la fe del carbonero, que esperaba y espero, su absolutio a vehementi.

    Ulster, Kosovo, Irán, la desgraciada África, huelen tanto a fanatismo y dinero, a religión -aunque dudo mucho de que ni remotamente se pueda utilizar ese nombre- y a oro, que tal vez si desaparecieran, como un milagro inmenso de Dios, fíjese que uso la mayúscula, las religiones, tal vez se derramaría menos sangre inocente.

    Quedo de rodillas.

  6. 16:55
    No tengo palabras.

    Doña Sicard, aludida ayer por tres blogueros, me dice que su silencio se debe a que su ciber proveedor la ha dejado colgada y no sabe hasta cuando y también me dice que pasará un par de días en Madrid y que le gustaría contactar con alguien de la parroquia. Yo haré todo lo posible por coincidir con ella así como sincronizarla/nos con cualquiera de Vds. que esté interesado.

    Pueden escribirme a pgriyo(arroba)telefonica.net

  7. Pués hermana, yo también he tenido que hechar mano del google.
    Tengo por aquí dos tochos sobre mitología, uno griega y otro romana y nada. Es egipcia.
    Ayer en TV5 ví las horrorosas imágenes de la lapidación, además sin cubrir con el saco blanco a la pobre víctima.
    Aquellos que hablan, escriben y creen que es posible convivir con cualquier tipo de cultura están en un error. Con la nuestra, entre sus miembros, con sus contradiciones y diversas interpretaciones hay cierta convivencia. Hoy después de cientos de años de llegar a una especie de entente, hay aún pequeños brotes de violencia. No olvidemos que la última costó 50 millones de muertos.
    La cultura occidental gracias a la Reforma y después a la Ilustración ha hecho que las muertes no se provoquen en nombre de ningún dios.

    No hay que olvidar que toda cultura, religión, lengua, ideología etc..tiende a la HEGEMONÍA.
    La convivencia cuando es con culturas de raiz no asumida, es imposible.

  8. Curioso consuelo el del Abate: tras la Reforma y la Ilustración, las muertes no se provocan ennombre de ningún Dios. ¡Gran conquista! Hoy –con Hitler o Stalin, en Vietnam o el Congo, en Biafra o las Malvinas– sólo se provocan en nombre del interés, el petróleo, por ejemplo, y a veces, como en Vietnam, incluso sin interés definido. Muy tragacuras siempre, don Abate, me cae usted estupendamente, sobre todo por el lado ingenuo.

  9. ¿Y por qué en lugar de tanto Google y tanto diccionario no se ha dirigido la basca bloguera a la fuente citada, es decir, al propio Juvenal? Las Humanidades antes aludidas se caen no sólo porque las empujen sus enemigos políticos sino porque las sustituimos todos por cualquier sucedáneo.

  10. Me temo que abunda demasiado el exhibicionista que trata de mejorar al titular cada día. Eso es legítimo, pero no acabo de acostumbrarme desde mi vieja actitud abierta a la cultura.

  11. Cómo no agradecer la histora preciosa de Juvenal, tan bien relacionada con la escena escalofriante que hemos visto en la tele. Creo que la batalla contra el ingenuo multiculturalismo y demás está ganada a medio plazo, pero conviene insistir en ello, subrayando las diferencias que, por desgracia, nos separan. En Francia, la llegada de Sarkozy tarerá cambios, seguramente menos traumáticos de lo que querría Royal pero tan eficaces que tendremos que copiarlos. Mientras tanto, a ver qué sale del juicio contra los supuestos/inverosímiles terroristas de Atocha.

  12. Mire, mi don Gramático, si una servidora fuera capaz de leer a Juvenal en latín, me sentiría gozosa. Como no lo soy, antes que a una traducción, que puede ser mala, prefiero recurrir a los estudiosos. Siempre he preferido la foto buena de un cuadro antes que una mala copia. El libro de los gustos tiene sus páginas en blanco.

    Y a mi don Nemo: Da usted en el clavo, al menos en lo que a mí respecta. Soy una exhibicionista incorregible. ¿Por qué cree si no que calzo la blanca toca almidonada? Tendría que ver además la faramalla de rosarios colgantes, velos de colores y cruz al pecho con que me engalano. ¿Pasa algo? Si le molestan mis exhibiciones solo tiene que saltárselas y punto pelota, mon ami.

    Usted me envía un ajo y yo me pico. Yo le mando una chalota confitada. Mi vieja actitud hacia la cultura ha sido también siempre abierta. Lo que pasa es que cuando tiro una piedra, dejo la mano en el aire para que se vea que fui yo. No la escondo.

  13. Calzar no procede en esa forma, Sor Mosca. En cuanto a la excusa de la ignirancia del latín y el desdén por los tradutores –“traduttire traditore” y demás–, excusa vana. El propio Gz. Marín le ofrece una versión muy aprecxiable. Hay otras.

  14. La alusión a Rene Girard y a su clasicismo es dificil, porque nunca ha sido clásico. Aunque quiza llegue el dia en que lo sea, pero para ello antes deberiamos tomarnos en serio lo que Girard explica con su teoria mimetica y que ya no nos valen la resoluciones sacrificiales. La revelacion acontecio hace 2 milenios y seguimos en la meconaissance. De seguir asi de nada nos serviran nuestras muletas rituales. Como dijo Nietzsche: 2000 años y ningun dios nuevo.
    Cristo ha resucitado.

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