Hubo un tiempo en que se solía decir que en la guerra criminal de la ETA vasca los muertos los ponía Andalucía. Fueron, en efecto, 121 los abatidos por los asesinos: policías, funcionarios de prisiones, peluqueros, concejales, algún fiscal, algún médico y alguna madre. Y todo fue ocurriendo entre la ira y las lágrimas pero en medio de un silencio que perdura hasta hoy día. Por eso, a la vista de la repugnante exhibición terrorista exigiendo la libertad de los sicarios y consentida por el Gobierno de España, se echa de menos una voz grave que, por lo menos, denuncie la cobardía del sanchismo y nuestra propia pasividad. En nuestro Parlamento se han acordado denuncias extravagantes que ni nos iban ni nos venían. Por una vez, merecería la pena otra señalando la cobardía de quienes gobiernan la nación.

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