Lo que está ocurriendo con la inmigración, en especial con la clandestina, queda patente en la miserable historia del Centro de Internamiento para Extranjeros malagueño en el que un grupo de agentes habría abusado hasta la náusea de una pobres detenidas. Pero no olvidemos el resto: aquí se le han vendido “papeles” a algunos desesperados, aquí se abusa hasta la indecencia de esos desgraciados lo mismo a la hora de pagarles menos que a un trabajador normal que, a la de alquilarle un cuchitril para que se pudra hacinado con otros como él. Y todo eso lo sabe la autoridad, lo conocen al dedillo los alcaldes y las policías de los pueblos pequeños, las propias instituciones tuitivas que tienen a su cargo velar porque no ocurra lo que ocurre, como, por supuesto, lo sabe mejor que nadie el mismo Gobierno que lo consiente. Lo de las orgías será muy llamativo y muy canalla, pero forma parte de un abuso generalizado y permitido por activa o por pasiva. Con esos abusadores deberían compartir celda muchos otros, incluyendo a las autoridades que cierran los ojos.

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