Mis amigos economistas me evitan estos días –supongo que igual debió de pasarle a nuestros abuelos cuando la otra vez– temerosos de pronunciarse sobre la crisis. Los pocos con los que logro hablar no se ponen de acuerdo, siempre entre Keynes y Friedman, cuarto y mitad de Hayes por si acaso, convencidos unos de que el problema hay que buscarlo en la superproducción, otros de que la causa está en el histérico soponcio de los mercados bursátiles, los de más allá en que lo que ocurre no es sino la consecuencia de la expansión monetaria derivada de la loca política de expansión. Cualquiera sabe, pero como la Humanidad es sierva de su propia memoria latente, el fantasma del miedo pasea de nuevo por esos mundos y no falta ya quien imagina, esta vez ve technicolor, la escena de los millonarios y hasta los brokers arrojándose por las ventanas cinematográficas de Wall Street, junto al aguafuerte de un nuevo proletariado empujado por el hambre Dios sabe hacia donde. Lo que pasó la otra vez sigue en discusión pero no lo que lo produjo, a saber, el desmadre inversor que dio en la locura de entramparse para invertir en acciones, venderlas para pagar la deuda y ganar la diferencia. Suele referirse la ocurrencia de Joe Kennedy, el epónimo mafioso de la truncada dinastía: cuando hasta el limpiabotas pronostica en la Bolsa es que la economía va sobrevalorada. O la anécdota del Churchill desconcertado viendo sobre el parquet londinense cómo se volatilizaba su copioso “paquete”. Pero la imagen fuerte es la de los suicidas del rascacielos sobre el chafarrinón amenazante de los nuevos pobres y ambas, en mi opinión, quedan lejos de este mundo tan distinto, aunque los que ladran en él sean los mismos perros con collares distintos. Estaría loco el planeta si se metiera de nuevo en la boca del lobo. Basta de momento con ajustarse el cinto y reducir el veraneo.

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De lo que nadie va a librarnos es de otra discusión sobre los principios, de nuevo los galgos keynesianos contra los podencos liberales, las porfías sobre las perversiones del monetarismo y las condenas de la intervención del Estado en el juego presuntamente libre de la economía. Verán como la culpa es nuevamente de Marx y no del Pocero, verán como le cuelgan el sambenito al gasto social y no a la segunda o tercera vivienda, verán cómo unos le echan la culpa al despilfarro asistencial y otros a la hipoteca insensata. Pero esta vez la crisis no pasará a mayores –Dios me oiga– ni creo que volvamos a vivir los días negros que llevaron por el camino más derecho a la locura totalitaria empujados por el miedo a la libertad. Estaríamos locos, ya digo, si volviéramos a meternos en la boca del lobo, como si no hubiéramos tenido bastante con el tragantón anterior, como si no nos supiéramos de coronilla la lección de que se empieza discutiendo sobre la inflación o la máquina de hacer billetes y se termina descubriendo el “Ciclón B” en las cámaras de gas. No me olvido de la capacidad del hombre para tropezar en la misma piedra, pero confío en la “astucia del Sistema”, si se me permite la perífrasis hegeliana. Por otra parte el capitalismo ha aprendido mucho desde la otra vez, tanto que ha logrado merendarse a las alternativas a pesar de tantas contradicciones como revela cada dos por tres, y estos, en resumen, no son los años 20, la década feliz de la morfina y el charlestón, que pretendió hacer del mundo un cabaret mientras enmudecían las sirenas de las fábricas. No creo que la sangre llegue al río aunque sin duda habrá que vivir una temporada asfixiados por el ‘euríbor’ y con el alma en vilo por la truculencia de la realidad. Este mundo está loco pero no es tonto, pueden estar seguros. Tanto como que de ésta salen forrados unos cuantos que me juego lo que quieran a que resultan ser los mismos. Quizá lo que más me aturde es que el que no va a levantar cabeza tampoco ahora es el limpiabotas.

5 Comentarios

  1. 12:23
    “Este mundo está loco pero no es tonto”. Sí, Maestro, pero son los locos los que se suicidan, nunca los tontos.

    Los economistas, que junto con las multinacionales son los mayores enemigos del planeta, son profetas especializados en explicar por qué no se cumplieron sus predicciones.

    Lo que si es seguro es que cuando revientan las burbujas los limpiabotas están pringados hasta las cejas, muchos señoritos también, y al final los grandes empresarios recompran a precio de saldo las empresas que vendieron a los pringaos a precios disparatados.
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    La señora Griyo me invita a un viaje SIN ORDENADOR por el norte de Europa.

    Hasta septiembre, pues. No me llamen desertor.
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    Ah, un consejo: Si alguien quiere arriesgarse, por supuesto con poco dinero, compre “warrants” put y call a largo vencimiento de los mismos valores y seguro que ganará los put y perderá en los call o viceversa y además las ganancias serán inferiores a las pérdidas.
    En su momento les explicaré, si procede, por qué lo han perdido todo.

    ¡¡¡Aburr!!!

  2. Acabo de escribir una larga e indignada parrafada y se me ha perdido todo. Eso calma mucho y mis aires revolucionarios se me han calmado como de milagro.
    Decía que esto, sin ser lince, se veía venir. No podíamos predecir exactamente ni cuando ni con que fuerza, pero cuando el dinero que circula no corresponde a bienes creados sino a un aumento ficticio del valor de las mercancias, si el proceso sigue forzoso es que un día se detenga y todo el tinglado se venga abajo.
    Y decía tambien que ésto es la verdadera lucha de clases, entre el que trabaja o crea, y el capitalista que POSEE el dinero. El dinero ha dejado de ser un MEDIO para volverse UNA MERCANCIA que vale por si sola más que todo. La dejas en el banco quietecita y te forras más que trabajando. El accionista sólo quiere que sus acciones le renten aunque para eso sea necesario despedir media plana y pagar sueldos de miseria.Ahí está la inmoralidad y la perversión.
    Ya sé que lo que estoy diciendo es elemental pero a veces hay que volver a lo básico. Mientras no resolvamos esta perversión, mientras que el dinero valga más que el trabajo, mientras que no encontremos forma de poner coto al poder del capital nos encontramos ante esa paradoja: el capitalismo, que busca el enriquecimiento del individuo, termina arruinando la sociedad en donde se asenta. Es lo que estamos viviendo.
    Hay que inventar algo nuevo, ¡RAPIDO!

  3. Cálmense mi querida amiga que todo esto es predecible desde hace mucho. Se desconoce la intensidad pero no su llegada.
    Que el sistema tiene un poder de neutralización monstruoso. Y si no puede neutralizar, pués de nuevo un genocidio de millones de seres.

    Mañana una nueva andanada de mensajes alienantes, y la rabia se convierte en rutina.
    Tengo previsto viajar el día 4 para Valencia, estar dos días en el recinto de las Ciencias y las Artes, el 6 bajo a Aguilas hasta el 21, y el 23 visitar Praga y Budapest.
    Me iré ligero de equipaje, como los hijos de la mar.

  4. He leído dos veces la columna, la segunda mucho más despacio. La tercera, remarcando con fosforito verde las frases principales. Luego he subrayado -en rojo, of course- las palabras clave.

    He hecho los deberes. Espero que los estrictos del blog me aprueben. Yujuu!

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