No sabemos a ciencia cierta (el debate entre los expertos está abierto hace años) cual es el beneficio real de la prohibitiva política proteccionista de la Junta de Andalucía. Hay quien dice, por ejemplo, con voz autorizada, que eso de criar linces para repoblar no está tan claro, como hay quien pone en duda las estrategias adoptadas para proteger, a precio de oro, a otras especies amenazadas. Pero lo que no hubieran podido esperar ni los más críticos es que, durante años y años, los propios técnicos hayan estado estafando al erario millones de euros en beneficio propio. Un duro golpe para los planes conservacionistas quizá, aunque sobre todo un palo para una política juntera siempre diletante y más atenta a las apariencias que a lo que de verdad se cuece en su propio puchero.

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