Dos años ya. Dos años de enredos, de largas, de juegos malabares, de promesas incumplidas y largas cambiadas. Los campos quemados, quemados siguen, tal como quedaron tras las llamas a salvo la invasión posterior del nuevo matorral. Nada de indemnizaciones, apenas algo de repoblación, menos de compresión para una gente que lo perdió todo, hasta los enseres domésticos, mientras el presidente de la Junta si iba 40 días de vacaciones. A estas alturas ya, ni visitas, a ver pata qué, si sabemos que el tiempo todo lo gasta y no hay lluvia que no escampe. Sólo se oye aún el rumor de las quejas, el sordo ruido de la protesta creciente que –puesto que electoralmente cuenta poco—poco le importa a la Junta y a Chaves. Le han tomado el pelo a los perjudicados, a los ciudadanos en general, a los representantes políticos de las zonas afectadas y más que a nadie a los voluntariosos ecologistas que han traído y llevado como han querido. Dos años ya y la ruina ahí sigue. Vamos a ver por cuántos más.

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