Un interesante informe de una ONG tan prestigiosa como China Labor Wacht, aparecido hace unos días, ha vuelto a poner de actualidad el debate sobre los abusos que las grandes marcas internacionales hacen de la mano de obra barata. Niños de ambos sexos, menores de dieciséis años muchas veces, trabajan como esclavos, en jornadas de catorce horas y más, en empresas subcontratantes del Tercer Mundo –sobre todo del Sudeste asiático—a cambio de salarios ridículos y en condiciones, a veces, infrahumanas. Pero si hace años provocó gran escándalo el descubrimiento de que Nike fabricaba sus productos en países africanos y en régimen de semi-esclavitud, ahora sabemos que la globalización galopante ha convertido en común y habitual esa práctica infame que recrea, de hecho, una nueva esclavitud, con el agravante de que ahora se conocen los nombres de esas firmas que pasan por ejemplares entre nosotros. Según agencias de de reconocida solvencia, como Intermón, esa práctica se halla generalizada por empresas tercermundistas que trabajan para Zara, Maximo Dutti, Stradivarius, Pull and Bear, Cortefiel, Benneton o Mango, del mismo modo que en otros países, sobre todo en Pakistán, menores prácticamente esclavizados trabajan para Adidas, Chicco, Inditex o Aldi (solamente en India se calcula que lo hacen 55 millones de niños), o en Tailandia, Indonesia, Filipinas o Vietnam una legión de niños y niñas se deja la edad de la inocencia en beneficio de Nike. Es muy probable que este negocio, por indignante que pueda resultar a muchos, no pueda detenerse ya, toda vez que se ha convertido en uno de los elementos de la estructura productiva mundial, de manera que podemos dar por hecha la existencia de una nueva esclavitud en todo el planeta. Las conquistas paulatina y dolorosamente conseguidas a medias por el progreso y por el movimiento obrero, sin ya pura leyenda.

Un nuevo colonialismo informa la actividad capitalista en esta era difícil que, paradójicamente, garantiza menos los derechos básicos de las personas y de los trabajadores que las de nuestros padres y abuelos. Baroja, evocando su aventura de panadero, no alcanzaba a comprender la actitud reivindicativa de los trabajadores, como no alcanzamos nosotros a ver en nuestra vestimenta o en nuestras zapatillas el símbolo de una explotación indecente. Hay que volver a empezar, por lo visto. El “eterno retorno” vale también para el mercado de trabajo.

3 Comentarios

  1. Los sindicatos tienen importancia en todas partes pero a veces da la impresión de que están establecidos donde las condiciones son más favorables, no donde más se los necesita.

  2. Me merece suma confianza Intermón como fuente, pero advierta que

    ZARA, Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka y Stradivarius son empresas del grupo Inditex, con origen en la primera, cuya casa matriz está en Arteixo, a escasos kms. de La Coruña.

    Les invito a pinchar en http://www.inditex.es/es/quienes_somos/nuestra_gente

    y si no es cierto lo que ahí se dice, merecería la pena poner en la picota a una de las empresas que más nos llenan de orgullo al viajar a cualquier capital del mundo.

    Personalmente me cambiaría una visión del mundo.

  3. Es que no se puede creer ya en nadie, y menos en quien en tan poco tiempo se convierte en una de las primeras fortunas del mundo. ¿Perros con longaniza? ¡Vamos, hombre!

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