No sé cómo se le habrá quedado el cuerpo a mucha genet, pero en especial a la familia Jiménez Becerril, tras escuchar al presidente del Gobierno apoyar al asesino que dijo que “sus lágrimas son nuestras sonrisas” legitimándolo como un agente del “proceso de paz”. El mayor asesino en serie de  nuestra historia, parte en ese “proceso” secreto, el mismo vesánico que hace nada y menos amenazaba a la propia Justicia y proclamaba su contumacia, tratado con guante de seda –¡qué agravio para el Arropiero o el “mendigo del martillo”!—con el visto bueno explícito del jefe del Gobierno. No cabe mayor ignominia, no es posible concebir mayor insolencia oportunista, cuesta aceptar que desde la legalidad se puedan sostener esas posturas auténticamente cómplices e insensatamente injustas. El terrorista De Juana no es un arrepentido –ni siquiera era cierta su huelga de hambre—sino un instrumento de ZP en su calculada huida hacia adelante. La memoria de nuestros muertos planea sobre esta historia inaudita que están escribiendo con renglones torcidos entre los bandidos y nuestros gobernantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.